La era post Gaddafi

El alineamiento libio frente a occidente puede complicarse mucho más que en los tiempos del líder derrocado. Al Qaeda quiere tomar las riendas de la Primavera árabe. La paz parece un sueño imposible.

Es extraña la lectura que han hecho las potencias occidentales, léase la OTAN, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, del ordenamiento libio en la era post-Gaddafi, que bien no sabemos si ya se ha iniciado o a cuánto estamos de que se inicie.

Según las recientes declaraciones de Mustafá Abdel Jalil, la cara más representativa del Consejo Nacional de Transición (CNT) y quien fue nada menos que Ministro de Justicia hasta febrero pasado del tirano prófugo, el alineamiento de Libia frente a occidente puede complicarse mucho más que en los tiempos de Gaddafi.

Mustafá Abdel Jalil acaba de anunciar, en su primer discurso ante 10.000 personas en Trípoli, que bajo el mandato del CNT Libia se convertirá en un Estado regido por la sharia (ley musulmana). Lo que convertiría a Libia, en un país teocrático a imagen y semejanza de Irán o Sudán. O hubo un traspapeleo de discursos o los problemas OTAN – CNT acaban de empezar.

El martes 13 de septiembre el nuevo líder de Al Qaeda, el egipcio Ayman al Zawahiri, tras la muerte del viejo agente de la CIA y fundador de Al Qaeda, Osama Ben Laden, anunció que su organización estaba involucrada y tomando las riendas de lo que se conoce como la Primavera Árabe. “Estamos frente a una nueva expansión islamista” sostuvo el Doctor Muerte, como lo llaman los medios occidentales, con motivo del décimo aniversario de la demolición de las Torres, el mediático 11-S. Anunció en una grabación que su organización está abasteciendo a las revoluciones árabes y que los nuevos líderes de Túnez, Egipto y Libia se unirán al verdadero Islam.

Es cierto que en la Primavera Árabe, desde que se elevó a su máxima expresión el capítulo Libia, todos los procesos están en un impasse. En Egipto se está jugando a un gatopardismo muy peligroso y que por momentos parece no dar para más. El rápido proceso judicial que se instaló contra Hosni Mubarak, durante varias décadas presidente, y algunos de sus secuaces, y la condena que podría sufrir quien traicionó al mundo árabe con sus espurios tratados de amistad con Israel, y que eclipsó e impidió una solución durante treinta años a la problemática Palestina-Israelí, parece ser que no conforma a los egipcios. Este último viernes, en el marco de las protestas por la muerte de cinco guardias de frontera egipcios a manos de soldados israelíes, fue atacada la embajada israelí en El Cairo. La represión contra los manifestantes dejó otros tres muertos egipcios y más de mil heridos. Y a los diplomáticos israelíes pidiendo socorro a la embajada norteamericana.

Hay que anotar, un dato no menor, desde la caída de Mubarak. Miles de combatientes y militantes islamistas han recuperado su libertad después de largos años en prisión.
La situación en Túnez, a ocho meses de la caída del dictador Zine el Abidine Ben Ali, sigue tan confusa como siempre. A pesar del llamado a elecciones generales para el 23 de octubre, no hay dirección política. Los partidos son sellos de goma, sin liderazgos ni otra dirección que el intento de la toma del poder. Hay cinco ciudades en estado de emergencia y el Estado no controla ni a la policía. Las clases populares no reconocen líderes y sigue la crispación continua. El presidente interino, Fouad Mebaza, habilitó un registro para poder votar en las próximas elecciones de manera obligatoria y tan sólo el 16% de los votantes lo hizo. Como si todo fuera poco, la inteligencia occidental detecta un importante crecimiento de la rama local de Al Qaeda en Yemen.

Zawahiri asegura que los Estados Unidos van a perder otras importantes cabeceras de playa en la zona de la Arabia Saudí, las monarquías del Golfo Pérsico, Marruecos y Argelia. Todo esto sin mencionar la cada vez más compleja y sangrienta situación en Siria.

El recién asumido director de la CIA, David Petraeus, como para confirmar los dichos del doctor Ayman al Zawahiri, advirtió el mismo martes 13 que la rama yemení de Al Qaeda se ha convertido en la más peligrosa de las redes terroristas internacionales.

Libia: ¿la última flor de la primavera?

El asesinato del comandante de las fuerzas rebeldes armadas de Libia, Abdel Fattah Younes, quien había sido hasta febrero 2011 ministro del Interior de Gaddafi; quien junto a su número dos fue hallado con dos de sus asistentes en Bengasi el 28 de julio pasado, dejó bien claro que el CNT no es una unidad abroquelada, sino un conjunto de especuladores que van por lo suyo.

Los más fanáticos estaban intentando que la ley coránica Sharia, cuestión ya aceptada, sea el código de justicia teocrático de la nueva Libia. Mohammed Busidra, líder de una coalición de fuerzas islamitas que van desde los Hermanos Musulmanes libios (ligados al partido del mismo nombre en Egipto que fue la mayor fuerza contra Mubarak y al Hamas palestino) hasta el Comando 17 de Febrero de los hermanos Al-Sallabi y el Grupo de Combate Islámico Libia (antigua sección de Al Qaeda), quizás deba sentase a negociar con Hillary Clinton, la secretaria de Estado norteamericana, acerca de la nueva Libia. Una foto difícil de encuadrar.

El CNT aguarda con ansias a que el Consejo de Seguridad de la ONU con una nueva resolución sobre Libia apruebe una misión de asistencia política, el levantamiento del embargo de armas y el desbloqueo de fondos a las entidades libias, como para ir posicionándose a la realidad que comienza a soplar. Mientras tanto, Amnistía Internacional (AI) denuncia que las venganzas y las ejecuciones extra judiciales contra las fuerzas leales a Gaddafi y los prisioneros de guerra del CNT, están siendo incontenibles; que las tropas del CNT no responden a sus mandos y ejecutan a cualquier sospechoso habiendo caído en un círculo sangriento de ataques y represalias.

Los ataques de Muamar Gaddafi contra los manifestantes civiles fueron un crimen contra la humanidad, que habilitó a la OTAN con la resolución 1973 a intervenir en Libia y desparramar centenares de misiles entre los ciudadanos que venía a liberar. Los muertos ya sobrepasan los sesenta mil, y nadie sabe cuántos civiles más están por asesinar las fuerzas libertadoras del petróleo como la francesa Total, la italiana ENI y sus seguros servidores del CNT.

Las detenciones arbitrarias, la tortura y los secuestros ya son moneda corriente en todas las ciudades tomadas por los mercenarios pro-colonialistas, que la semana pasada habían comenzaron a exterminar a la población negra. Esta semana el diario croata Vecernji List denuncia sobre la suerte de ochenta y cinco presumibles mercenarios pro Gaddafi asesinados en la ciudad de Misrata, sin juicio previo. De ellos, once serían ucranianos, diez colombianos, nueve croatas y doce serbios, entre otras nacionalidades.

Hoy el CNT no consigue llenar el vacío institucional y de seguridad que ha generado con esta hecatombe sobre Libia, donde los triunfadores se van posicionando y las rivalidades están próximas a emerger. Mientras, Gaddafi se ha convertido en una entelequia que recorre el desierto y la Paz, en un sueño ya imposible.

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