Gabriel Fuks: “La ley es muy buena pero si ponen al Fino Palacios se cae a pedazos”

El legislador habla de la creación de la policía porteña y opina sobre las discusiones en el kirchnerismo.
Foto: Georgina García | Zoom
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Luego de haberse aprobado el traspaso de un sector de la Policía Federal al ámbito metropolitano, finalmente la Legislatura porteña sancionó el pasado 17 de noviembre la ley de Sistema Integral de Seguridad Pública, que crea la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Gabriel Fuks, integrante del bloque Corriente Nacional de la Militancia, ex titular de Cascos Blancos y especialista en seguridad, fue uno de los legisladores que participó del debate. En diálogo con Zoom, habla de ese proceso de discusión, las resistencias de un sector de la Policía Federal, y de los avances y problemas que implica la aprobación de esta nueva legislación. “La ley es buena. Vamos a ver ahora cómo se gestiona”. Según Fuks habrá dificultades en el control político de la fuerza ya que “vamos hacia una situación de deterioro social” pero rescata que los legisladores trabajaron para que en la ley “no estuviera el huevo de la serpiente”. Para el legislador hay que tener “una concepción política y también ideológica” y “salir de las discusiones maniqueas” en los temas de seguridad. “El Indoamericano era gobierno de Cristina y la Policía Federal tiró con armas de fuego. No es que nosotros somos especiales y ellos son tontos”. Fuks, además, habla de su salida del bloque del Frente para la Victoria y las discusiones internas en la Legislatura, y relativiza los enfrentamientos al interior del espacio. “La tensión a la que llegamos por omisión del debate es superior a la tensión que existe por posicionamientos diferentes”.

 

¿En qué consiste la ley de Seguridad Pública?

Lo que se votó es una nueva ley de seguridad, cuyo epicentro es la fusión de dos policías: la Policía Federal, traspasada a la Ciudad de Buenos Aires, más la Policía Metropolitana, que había sido creada como un acotamiento a la Ley Cafiero. La nueva ley lo que hace es dar cuenta de un proceso que empieza a darse hace unos tres o cuatro años, cuando en el conjunto de las fuerzas políticas comienza a haber consenso sobre la necesidad de transferir la Policía Federal, o al menos una porción importante de ella, a la Ciudad de Buenos Aires. Lo que hizo Macri, en enero de este año, después de ganar las elecciones, fue poner a votación un acta acuerdo entre la Nación y la Ciudad para transferir un sector de la Policía Federal, unos 19000 agentes, aproximadamente. Y ahí comenzó este proceso, que fue complejo en varios aspectos.

 

¿Cómo cuales?

Fue complejo por alguna actitud un poco secretista de parte del Gobierno de la Ciudad, de cómo manejar esa situación. También porque la transferencia de la Policía Federal supuso una resistencia de muchos de los actores internos.

 

¿Por qué causas?

Hay varias. Algunas normales porque cualquiera que le cambien el trabajo o las reglas de juego de trabajo se preocupa y se asusta. Y otras no tan normales, porque cualquiera al que le cambien la inercia organizacional del manejo de redes de poder importantes también se preocupa. Y lo más normal es que el que maneja las redes de poder utilice a los que están preocupados por cuestiones normales, como si su hijo va a ir al Churruca mañana o si tiene jubilación. Todo eso generó una situación de tensión y de resistencia al traspaso. Después hay algunas otras complejidades. Por ejemplo, que la Ciudad no deja de ser la sede del gobierno federal, por lo que independientemente de este proceso, existen cuestiones jurisdiccionales que es necesario aclarar y que, a veces, tienen un componente político muy importante. Más allá de eso, se dio un paso importante. Hay una ley de casi seiscientos artículos, muy debatidos, y desde la oposición metimos casi setenta artículos de alta complejidad, no de forma.

 

Foto: Georgina García | Zoom
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¿Qué avances o cuestiones positivas resalta de la ley?

En primer lugar, desde la oposición intentamos que la ley contemplara los avances en seguridad ciudadana y en libertades democráticas de estos años. Que la gestión política del conflicto quedase incorporada en la ley y que no se pudiera retroceder en ese punto. Por ejemplo, el no uso de armas letales en la movilización social. Estamos en una ciudad donde la protesta social es una cuestión cotidiana y, vale decirlo, va a ir en aumento. Es imposible pensar que esto no va a ir en aumento con un ajuste fenomenal como el que estamos viviendo. Y estamos en una ciudad, además, donde la policía transferida viene siendo resistente a ese traspaso. El no uso de armas letales, en ese sentido, fue fundamental para poder avanzar en un voto mayoritario. Después, otro punto a favor, y que fue una propuesta mía estrictamente, fue la separación de los Bomberos de la Policía Federal, que es un anacronismo absurdo. Ahora van a pasar a ser una agencia separada, dedicada a la gestión de riesgo.

 

La ley contempla la creación de Foros de Seguridad Pública, uno en cada comuna.

Sí, se incorporó una ley que preexistía pero muy ampliada

 

¿Qué margen tienen estos foros para poder hacer una evaluación de la actuación policial?

Todo depende. La ley es muy buena pero si uno pone al Fino Palacios se cae a pedazos.

 

¿Por ley qué potestad tienen?

Tienen amplísimas potestades. Para recoger denuncias de los vecinos, participar del mapa del delito, generar propuestas, habrá un comunero de seguridad. Tienen amplísimas potestades y creo que pueden tener más porque también la práctica es la que va a definir. La ley define estas cosas que estoy diciendo y otras más. Pero indudablemente lo más importante es captar la participación ciudadana.

“No se puede ser aséptico, porque en la Argentina hay una cultura de las armas, las corporaciones internas de las fuerzas policiales son fuertes”

Una de las críticas de parte de la oposición fue a raíz del artículo 91. que autoriza a la nueva policía a detener personas que se nieguen a identificarse.

Sí, esa fue una discusión. Quizás para mi gusto otro punto que quedó, y que no tenía que haber quedado, es el tema de los adicionales. Es un tema controversial. Hay una costumbre de que si yo quiero mejorar mi sueldo debo trabajar con los adicionales. Eso generó resistencias. Y la verdad es que los adicionales no son necesarios. Lo que uno tiene que hacer es mejorar los salarios de los policías.

 

La Policía Metropolitana no contemplaba los adicionales

No, no tiene. Ahora la nueva fuerza va a tener por una negociación no escrita entre gobierno y la policía traspasada. En el origen el gobierno no iba a mantener los adicionales. Las tensiones a las que yo hacía referencia al principio los obligaron a mantenerlos.

 

Foto: Georgina García | Zoom
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A principios de año usted escribió un artículo de opinión donde alertaba que el traspaso parecía estar más en manos de la corporación policial que de la autoridad política. ¿Eso cambió en estos meses o se mantuvo?

Fue achicándose en algunos aspectos. En este aspecto me parece que hubo una transacción. La forma en que está expresado en la nueva ley el problema de los adicionales no es como era exactamente en la Policía Federal pero se mantiene ese circulo ahí. Y esa cuestión no está totalmente reglamentada, lo cual es un problema. Yo quiero ser muy serio con esto, no soy de pontificar. La silla en la que está sentado el ministro [Martín] Ocampo es una silla eléctrica, no es un lugar en el que cualquiera dejaría tranquilo a sus hijos en su casa, no es un lugar relajado. Ahora, en esos puntos es donde los niveles de decisión política deben ser democratizados al máximo y la capacidad de acción corporativa debe ser achicada. No es una lección que le doy. Respeto lo que él ha hecho, voté la ley. Pero tengo una posición política que es distinta y una experiencia en los temas de seguridad que me llevan a tener algunos resguardos. No obstante lo cual, creo que la ley es muy buena en un 80%, o sea, es un porcentaje muy alto. Aceptamos porque aceptaron la propuesta que hicimos sobre el tema de la gestión política de la movilización social. De todas formas, creo que habría que haber avanzado un poco más.

 

¿Ahí quedó un gris?

Quedó un pequeño gris. Fue bastante clara finalmente la ley pero creo que habría que haber puesto, por ejemplo, la figura del mediador político, que es un tipo que va y negocia. Eso no está claro. Además, hay muchas formas de la manifestación. No es que la manifestación es una columna que avanza por una calle y hay una valla policial. Esa es una de las formas. El Indoamericano es otra forma. En el Indoamericano murieron dos personas por uso de armas de fuego. Lo que nosotros planteamos es que no queríamos ser cómplices de un Kosteki y Santillán, de un Fuentealba, de lo que pasó en el Indoamericano. El Indoamericano era gobierno de Cristina y la Policía Federal tiró con armas de fuego. No es que nosotros somos especiales y ellos son tontos. Quiero salir de las discusiones maniqueas en estos temas. Pero es claro que hay que tener una concepción política y también ideológica en algunos aspectos de esta discusión. No se puede ser aséptico, porque en la Argentina hay una cultura de las armas, las corporaciones internas de las fuerzas policiales son fuertes. La ley es buena. Vamos a ver ahora cómo se gestiona.

“Hoy somos tres bloques que estamos distendiendo la autocensura en el debate político. Porque en muchos de los casos la hegemonía política de los últimos momentos del gobierno de Cristina subsumió el debate político a casi nada”

¿Hay posibilidades de que haya un mayor control político?

Eso depende de muchas cosas. Hay que contextualizar. Vamos hacia una situación de deterioro social. Eso no va a ayudar a esto que vos decís, porque en un país de crecimiento económico y cierta situación de cierta paz social es mucho más fácil pensar eso. La Policía Metropolitana fue una ley muy buena. Mucho de la nueva ley viene de la ley que fundó la Metropolitana. Y sin embargo la Metropolitana fue la que desalojó la Sala Alberdi de la manera más absurda, la que se boxeaba con los manifestantes en los talleres protegidos del Borda, la que participó junto con la Federal de la represión espantosa del Indoamericano. Y por supuesto la Metropolitana fue la que hacía escuchas y espionaje. La ley no la habilitaba para espionaje. Y eso era en otro momento y también era una policía local y todo lo que queramos. Ahora, lo que intentamos muchos legisladores era que, al menos en la fotografía del momento que votáramos la ley, no pudiera decirse que las falencias que seguramente van a producirse tengan que ver con omisiones en la ley. Trabajamos para que ahí adentro no estuviera el huevo de la serpiente. El huevo de la serpiente está en la sociedad. Y está también en una situación de desigualdad, en un ajuste que va a seguir, en la estigmatización de lo diferente, en la persecución del inmigrante. Está también en todo eso. Yo creo que una de las revoluciones culturales del kirchnerismo y del pos 2001 fue instaurar la gestión política de la protesta social. Entre el 2003 y el 2010 no hubo ningún muerto por protesta social en la Argentina. En 2010 estalló. ¿Por qué? Bueno, porque primero no es una decisión que uno hace con una verbalización. La Policía Federal, conducida por nuestro gobierno, fue la que liberó la zona para que lo maten a Mariano Ferreyra. La Policía Federal coactuó con la Policía Metropolitana en la represión del Indoamericano. Hubo un momento de nuestra gestión, en la etapa de Nilda Garré, donde hubo un avance muy importante en la concepción de democratizar a las fuerzas de seguridad y en instalar protocolos para no criminalizar la protesta social. Pero esto también coexistió con mecanismos autoritarios, con ideas de manejar las fuerzas con más testosterona que la testosterona que las fuerzas podían manejar y tonterías semejantes, que también se aplicaron al desalojo de Papa Francisco. Yo creo que hay que ver toda la película. El objetivo es que en las leyes, por lo menos, quede reflejado esta fotografía de época. Pero no como una fotografía estática, sino para que el día de mañana, cuando algo pase, no haya sido la trampa de la ley la que permitió que eso pase sino las tendencias autoritarias que subsisten en la seguridad argentina.

 

Foto: Georgina García | Zoom
Foto: Georgina García | Zoom
En enero el bloque del Frente para la Victoria, que por entonces usted integraba, se abstuvo en la votación del traspaso de la Policía Federal a la ciudad. En esta ley de creación de la policía la legislatura votó mayoritariamente a favor. ¿Qué cambió en estos meses?

Me abstuve porque fue un acuerdo interbloque. Yo estaba a favor de votar por la transferencia de la policía. Lo que había sucedido es que pocos días antes había ocurrido lo de Milagro Sala y evidentemente era un condicionante y lo sigue siendo. Igual, yo creía que había que votar a favor. Y eso fue parte del debate político por el cual nosotros no somos un bloque ahora. Lo cual, de todas formas, tampoco es que eso fue un estallido. Hay diferencias políticas, razonables. Recién veníamos del 10 de diciembre, no había pasado un mes del traspaso de gobierno, y había una situación de shock. En mí no pasó gran cosa.

 

¿La votación de esa ley no fue un estallido?

No, pero fue un punto que marcó un quiebre.

 

¿Y cuál fue el estallido que lo hizo abandonar el bloque del Frente para la Victoria?

Nosotros éramos siete bloques el año pasado. Y ahora somos tres. Todos los que éramos hoy somos tres bloques que estamos distendiendo la autocensura en el debate político. Porque en muchos de los casos la hegemonía política de los últimos momentos del gobierno de Cristina subsumió el debate político a casi nada. Entonces, cómo se reconstruye hoy un movimiento popular, desde dónde, con qué alianzas, eso es parte también de lo que pasa en la legislatura. Y cómo uno explica sus posiciones políticas con reflexión y no con autocensura. Hay compañeros que piensan que es desde un peronismo más alejado del kirchnerismo, y que yo valoro, porque son compañeros con los que tengo una interacción cotidiana y una gran valoración, es desde donde van a reconstruir. Otros piensan es que desde un kirchnerismo duro y cerrado. Y otros, sin tener la palabra mágica, pensamos que es desde una zona del kirchnerismo pero con amplitud y poniendo el oido en otro lado es desde donde lo vamos a lograr. Posiblemente ninguno de los tres tenga razón pero así es como debate el movimiento popular. Yo creo que no podemos pensar ni al kirchnerismo ni al peronismo si no es en algún tipo de confluencia con los nuevos actores que están saliendo. Y hay nuevos actores. Y cada día va a haber más. Pero no se trata solamente de decir “bueno, a ver quiénes son los nuevos actores así los sumamos a nuestro frente”. Hay que interactuar, trabajar con ellos.

 

¿En quién piensa como nuevos actores?

Yo creo que hay muchos. Algunos que ni conocemos, porque estamos viendo que en los colegios secundarios y en las universidades hay procesos de recambio. En el movimiento obrero también hay procesos de recambio, lentos, porque tampoco fuimos lo suficientemente rápidos para los procesos de recambio en la etapa que gobernó el kirchnerismo, ¿no? Pero aparecen elementos como [Sergio] Palazzo, o los actores vinculados a la lógica social que impulsa Francisco. No importa la edad que tengan ni cuanta acción política tuvieron. Todo eso va a dar lugar a nuevas cosas. Hay nuevos procesos y hay que discutirlos. Por supuesto que las coyunturas son coyunturas y la coyuntura electoral es una etapa particular y nadie escapa a eso. El año que viene ya hemos abierto un poco la discusión, será más fácil y menos tensionante el sentarnos en la mesa. Porque la tensión a la que llegamos por omisión del debate es superior a la tensión que existe por posicionamientos diferentes. Lo más importante es que lo que discutamos no sea en cenáculos de sabiondos, sino que sea con un oido donde está el pueblo. Yo no milito en el Movimiento Evita y creo que el juego que ellos hacen abre un escenario pero es apenas un escenario, pero me parece muy torpe decir que los buenos no son ninguno de los que marchan de San Cayetano al centro. Sacar un documento como el que sacó La Cámpora me parece una torpeza política. Son discusiones casi sesentistas, ni setentistas. La discusión es programa máximo, programa mínimo, es decir, la toma del poder por el proletariado o nada. Son discusiones de la izquierda que están superadas por la historia. Todo vale. Y después veremos. Pero veremos cuando el pueblo decida. No cuando nosotros decidamos cuál es el camino que va a tener esta etapa.

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