,

Agustín Laje: el blanqueador de dinero menos pensado

La relación entre Milei y Agustín Laje atraviesa su momento más tenso, entre reproches, silencios y las sombras que rodean a la Fundación Faro. Por Ricardo Ragendorfer

No sin una pizca de sentido común, el tipo atinó a decir: 

—Si el gobierno no logra mejorar el metro cuadrado a la gente, el péndulo se puede ir hacia otro lado. La gente no come batalla cultural. 

Tales palabras fueron publicadas el 25 de agosto en el portal de Infobae. Lo cierto es que Javier Milei no las tomó a bien. Y su respuesta, a través de un mensaje de WhatsApp (que el periodista Alejandro Bercovich acaba de revelar por C5N) fue tan breve como previsible: 

“¡Traidor hijo de puta! ¡Ya vas a ver!”.  

Y a continuación, no vaciló en bloquear al destinatario.

Es notable que éste fuera Agustín Laje, considerado nada menos que el timonel del intelecto libertario, y a quien muchos hasta veían, llegado el caso, como el posible heredero político del líder. 

¿Acaso se está ante un sorpresivo cisma en el primer anillo del régimen?

Claro que en torno a la figura de Laje ya había un mar de fondo.

A la derecha de Atila

Nacido en un hogar cordobés a principios de 1989, sus primeros recuerdos se remontan a la época menemista. Pero por razones inexplicables, desde su niñez, esta criatura solitaria se convirtió en un adorador de la última dictadura. Y años después, ya adolescente, abandonó la carrera de Ingeniería en Sistemas y obtuvo una beca en la Universidad Nacional de Defensa de los Estados Unidos con el propósito de estudiar Tácticas de Contraterrorismo. Luego cursaría la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Córdoba. Y una vez recibido, escribió algunos libros cuyas ediciones fueron solventadas por la mamá. Todos giraban en torno a una misma hipótesis: la sobrevivencia de las ideas comunistas tras la caída del Muro de Berlín, debido a la aparición de lo que él llama “marxismo cultural” y sus malformaciones más peligrosas: la “tercera ola del feminismo” y la “ideología de género”. Así de rebuscada es la cosmovisión de este sujeto.   

Al respecto, su obra más lograda es El libro negro de la nueva izquierda (2016), concebido en coautoría con el historiador fascista Nicolás Márquez. 

Sería injusto soslayar la influencia de este último —especialmente después de desatarse la pandemia— en cierto sector juvenil de la ultraderecha vernácula.

Alguna vez, en un pasado ya remoto, Márquez le había soplado a la oreja de Laje un consejo que lo marcó para siempre: 

—¿Vos querés ser un militante? La derecha ya tiene muchos. Pero carece de intelectuales, ¿entendés?

Laje entendió. Y a partir de aquel instante, quiso ocupar ese lugar. 

Pero todavía le faltaba que los planetas se alinearan para dar el gran salto y convertirse en lo que ahora es: una versión desmejorada de Giovanni Gentile, a quien Benito Mussolini solía citar con deleite.    

Claro que ello llegaría precisamente con la aparición de Milei en su vida. Y, por cierto, tal circunstancia fue fruto de un obsequio del destino. 

En 2019, Milei ya conocía de mentas la existencia de este cordobés que se daba dique con su sapiencia teórica. Hasta había leído algún texto suyo, y se lo solía cruzar en los actos proselitistas de La Libertad Avanza (LLA). Por esos días, solo se saludaban con un leve cabeceo. Pero no tardarían en intimar. 

Laje jamás olvidaría el primer diálogo que ambos mantuvieron, en el que Milei, satisfecho por las coincidencias filosóficas que afloraban entre ellos, se despidió de Laje vociferando en su honor un ruidoso “¡Viva la libertad, carajo!”.

Quizás, en ese instante, Laje evocara la figura de Gentile con la fantasía de que su alma había reencarnado en él. 

Desde ese preciso instante, su influencia en el espacio comandado por Milei creció como una bola de nieve, transformándose en su oráculo. Es decir, en alguien que estaba, simbólicamente, más allá del famoso triángulo de hierro, en cuyos vértices inferiores brillaban Santiago Caputo y Karina Milei. 

Sin embargo, desde ese momento parece haber transcurrido un siglo. 

En este punto, habría que ver cómo se encadenaron los acontecimientos para decantar, con la velocidad de un rayo, en la crisis actual.

El baloncesto de la fortuna 

Corría la noche del 6 de febrero de 2025 en el estadio Crypto.com Arena de Los Ángeles cuando dos traders de la City porteña disfrutaban del partido de la NBA entre los Golden State Warriors y Los Angeles Lakers. Se trataba de Jeremías Walsh y Mauricio Novelli. Junto a ellos estaba Laje. 

¿Qué diablos hacía un pensador de su estatura (mide 169 centímetros) en compañía de un dúo abocado a una tarea tan terrenal como lo es la especulación financiera? Pues bien, el lazo entre ellos no era mantenido en secreto. 

En este punto es necesario retroceder en el tiempo, hasta recalar en el 13 de noviembre del año anterior. Aquel día había tenido lugar un hecho crucial en esta trama: el lanzamiento de la Fundación Faro, el think tank doctrinario de LLA. Eso ocurrió durante una cena en un salón del lujoso Yacht Club de Puerto Madero con 400 invitados, en su mayoría empresarios de fuste, cuya admisión fue a cambio de 25 mil dólares por cabeza. Una ganga.  

“Javo” y Karina fueron los anfitriones. 

Había que ver a Laje durante aquella velada. Sonriendo de oreja a oreja, parecía tocar el cielo con las manos. Y no era para menos, puesto que Milei lo había convertido en el director ejecutivo del flamante cenáculo. Una estructura que tendría un rol en la superficie y otro –aún más decisivo– en su lado oculto.

Desde una de las mesas, Novelli y Walsh compartían su alegría.  

Ahora, a modo de curiosidad, cabe evocar aquel estadio de Los Ángeles, dado que en su nombre palpitaba una premonición.

Porque al caer el sol del 14 de febrero explotó el “Criptogate”, luego de que el propio Milei promocionara en su cuenta de Twitter la $Libra, esa moneda digital que al rato se desplomó, provocando pérdidas millonarias a una cantidad imprecisa de incautos. 

Sería la primera trapisonda de Milei a cielo abierto. Un emprendimiento del cual, además de Novelli y Walsh, resaltaba el bueno de Laje.

A este cuarteto de amigos no tardó en acoplarse Manuel Terrones Godoy, un antiguo compinche de Novelli en algunas travesuras. 

Ya es de dominio público que, con el paso del tiempo, Milei no fue ajeno a otras tramoyas ideadas por Novelli, como el caso de CoinX, cuyos beneficios imaginarios también fueron “difundidos” por Milei, sin que el daño ocasionado esa vez fuera tan ruidoso como lo fue después con la maniobra de $Libra.  

Con ese background llegaron el año pasado al Tech Forum Argentina. Allí Laje se mostró a los abrazos con Novelli, mientras Milei departía amablemente con dos extranjeros que éste les acababa de presentar: el CEO singapurense de la empresa KIP Project, Julian Peh (propietario de $Libra), y el norteamericano Hayden Mark Davis (su diseñador). Las conversaciones entre ellos se repitieron en varias visitas a la Casa Rosada, a donde Novelli acudió otras siete veces (tres, acompañado por Laje) para entrevistarse por horas con Karina, siendo también recibido en otras dos oportunidades por su hermano. Y en todos esos cónclaves estuvo el todavía recordado Manuel Adorni.

Tal vez Laje no merezca una imputación penal por abrazar a Novelli en un evento público ni por haberlo acompañado a Balcarce 50. 

Pero, dado que la Fundación Faro se fondea con recursos de procedencia incierta (ahora es un secreto a voces que su caja atesora unos cinco millones de dólares surgidos “de la nada”), cobra cuerpo la creencia de que la verdadera “batalla cultural” de Laje sería el lavado de activos. 

“¡Traidor hijo de puta! ¡Ya vas a ver!”, fue la última frase que le dedicó Milei antes de bloquearlo. 

Pero su respuesta fue un mutismo inquebrantable. 

Como si nada hubiera sucedido, Laje sigue al frente de la Fundación Faro. Y nadie habla al respecto.  Ya se sabe que, a veces, el silencio es salud.  

Compartí el artículo