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Cascados

Entre las cascadas de la casta y la intemperie de nuestra gente, una reflexión para pensar el trabajo y la vivienda en tiempos de desamparo. Por Yeyé Soria

El frío, que se viene anunciando más o menos tímidamente, no se vive igual en todos lados. Basta pensar en cómo deben afrontarlo las personas en situación de calle para comprender la magnitud que tiene su impacto. Desde que asumió Javier Milei, solo en la Ciudad de Buenos Aires llegó al 58 % en 2024. Y estamos hablando de la Ciudad más rica del país.

Y si el tema es la vivienda, entonces también es el trabajo, que, en la Argentina libertaria, es un bien escaso. Según el INDEC, la tasa de desocupación llegó al 7,9% en el primer trimestre de 2025, el nivel más alto desde la asunción de Javier Milei. El punto de comparación es importante, porque cuando el actual gobierno arrancó, el desempleo estaba en 5,7%, el registro más bajo en décadas. En poco más de un año, el país sumó casi medio millón de nuevos desocupados. Pero el número no cuenta todo. Detrás de la estadística hay un mercado laboral que se reconvierte hacia formas de trabajo cada vez más precarias: la informalidad trepó al 42% y solo cuatro de cada diez trabajadores tiene hoy un empleo asalariado registrado, el piso más bajo desde 2007. Sin trabajo estable, sin ingreso previsible, la vivienda no es un derecho postergado: es una posibilidad que directamente desaparece.

Deslomarse, romperse el cuero, ponerse el trabajo al hombro, transpirar la camiseta, quemarse, quedar frito, dejar el pellejo, fundirse trabajando, quedar hecho bosta… ese es el lenguaje de cualquier colectivo a la hora de regresar a casa; la lengua de lo que sienten los argentinos y argentinas al final del día. Muchos, después de salir de su segundo o tercer trabajo, sin la tranquilidad de llegar a fin de mes, sin la posibilidad de pensar en vacaciones o descanso ni “lujos”, como comprarse ropa o salir a comer afuera.

Cuando cae la noche y no hay trabajo, la angustia no pide permiso. Llega con la bronca de haber buscado todo el día sin resultado, con la vergüenza de tener que explicar una vez más que no conseguiste nada, con el agotamiento de seguir intentando, y con la incertidumbre de no saber hasta cuándo vas a poder aguantar.

Si, además, a cualquiera de esas personas les sacás el techo, el vértigo se vuelve permanente, la desesperación ya no es un momento: es el único estado posible. Lo que resta es el más doloroso desamparo, una sensación de ahogo concreto, que se siente en el cuerpo.

¿Con cascada o sin cascada?

Esa es la difícil decisión que tuvo que tomar el jefe de Gabinete de la Nación, Manuel Adorni, para su tercera vivienda —sin declarar— y, así, algunos de esos sentimientos se vuelvan una puñalada. ¿Se acuerdan que estos son los muchachos que hablaban de “la casta”? De hecho, podemos buscar la definición en los discursos de Javier Milei en campaña: “un miembro de la casta no trabaja, gestiona”. “Llega pobre y se va rico”. “Vive de privilegios del Estado y siempre encuentra la manera de sobrevivir”.

La clave para identificar como casta al jefe de Gabinete, al presidente, y a su hermana, y a todo el gobierno nacional, es que este concepto contiene dos aristas importantes: privilegio y hermetismo. Un grupo que tiene más que el resto y que, además, se cuida a sí mismo para que eso no cambie. Por eso el gabinete se cierra en una defensa de Adorni más digna de una famiglia que de quienes deberían tener sobre sus conciencias la demanda de Dios y de la Patria.

El sueño (para algunos) de la vivienda propia

Algunos funcionarios, legisladores y amigos íntimos de La Libertad Avanza obtuvieron créditos hipotecarios UVA —a tasas preferenciales— de hasta $ 400 millones del Banco Nación, para comprar viviendas. La sospecha que hay sobre estas operaciones se centra en que no hay evidencia de cómo los beneficiarios de estos créditos van a afrontar las cuotas de acuerdo con sus ingresos. Ni cómo es que no fueron destinadas para primera vivienda (una condición para su otorgamiento). Ni por qué se hicieron excepciones en el scoring (puntaje crediticio); ni por qué no hay explicaciones sólidas para justificar la razón que hizo que se salteen las “condiciones exigidas” para acceder a montos altos.

Todo esto llama la atención, sobre todo, porque más del 80% de solicitudes de argentinos y argentinas son rechazadas por el Banco Nación para comprar su primera vivienda, mientras que, para los amigos del poder, la llamada «casta», adquirir una propiedad de alto nivel implica apenas unos meses de recaudación o un trámite bancario sin mayores contratiempos. Para un trabajador asalariado la ecuación es radicalmente distinta. Y, casi siempre, inaccesible.

Tomemos un caso concreto: alguien que cobra el salario promedio del sector privado que informa la Secretaría de Trabajo ($ 1.836.000 mensuales) y que, no casualmente, apenas supera la línea de pobreza (fijada por el INDEC en $ 1.400.000 para una familia tipo). Supongamos que ese trabajador quiere acceder a una vivienda estándar de 60 metros cuadrados para cuatro personas (una casa tipo IPV, con terreno incluido) que hoy cuesta alrededor de USD 85.000, unos $ 112.000.000 pesos. Estimando el mejor escenario posible: que el banco le otorgue un préstamo por $ 89.775.000 a una tasa UVA más 5% anual —la mejor del mercado— ese trabajador va a estar devolviendo $ 509.000 por mes durante los próximos 30 años. El problema es lo que queda: $ 1.836.000 menos $ 509.000 de cuota da $ 1.327.000, es decir, por debajo de la línea de pobreza. Quien tome hoy un crédito hipotecario para construir su casa, se condena a vivir en la pobreza durante tres décadas para poder pagarla.

Y todo esto aplica únicamente al 58% de los trabajadores que tienen empleo registrado. Para el otro 42% que se encuentra en la informalidad, el cálculo no existe.

Entonces hablar de vivienda y de empleo en Argentina con números reales duele. Los tres departamentos, las casas en un barrio privado, los USD 250.000 en refacciones le quedan muy lejos a los argentinos que viven, día a día, contando cuánto falta para que este circo termine su función.

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