Diana Bellessi: dejame el presente

LECTURAS A los 80 años, la poeta reúne su obra en dos tomos y confirma una poética que entrelaza naturaleza, política y música. Un recorrido por su mundo, con el documental “El jardín secreto” como puerta de entrada.

            Al comienzo del encantador documental El jardín secreto, realizado por Claudia Prado, Cristián Costantini y Leandro Listorti (2012) que tiene a Diana Bellessi como protagonista escuchamos su inconfundible voz en off: “El mundo se achata cuando no lo amás”, y agrega risueña: “Y esos son los días en que no escribís”.

            Luego, vemos su blanca cabellera entremezclándose junto a otra poeta, Paula Jiménez España, en una marcha con banderas arcoíris y, por la época, suponemos que era una convocatoria alrededor de la ley de matrimonio igualitario sancionada en 2010. Además de las lecturas de los poemas, los realizadores registraron a la poeta en una comida con amigos, hablando de política, caminando por un camino de sirga o visitando el cementerio local. El documental viaja a las zonas más caras a la biografía de la poeta: el Delta del Tigre y Zavalla, y su barrio de Palermo. Pero es ahí, en ese comienzo, donde se cifran dos coordenadas indelebles de su vasta obra y también de su vida: una mirada amorosa sobre el mundo y un espíritu militante, una mirada social. El documental está disponible en YouTube y es, indudablemente, una pieza amable y amorosa para ingresar al “mundo Bellessi”, una mirada, una voz, que ya son parte de nuestro acervo cultural.

            Quien nunca la escuchó leer, tiene la oportunidad de experimentar la conmoción que siente cada vez quienes admiramos esa entonación, ese color, esa cadencia musical. Y aquel documental puede ser la llave de esa puerta, antesala de la letra impresa, ahora en dos tomos de una obra reunida contundente: Tener lo que se tiene.

            Podríamos proponer y señalar un nuevo ingreso a este excelso volumen, como si en alta mar dejáramos lastre, o sea, para entrar más ligeros: con tino, la editorial Adriana Hidalgo y la poeta acordaron reeditar este libro imprescindible en dos tomos, con el título que en 2009 le había dado al conjunto de más de mil páginas y, 16 años después, vuelve con el ímpetu de las “obras reunidas”, nunca cerradas: más material, nuevos libros se suman. Una poeta en plena y lúcida producción. Y la misma voz sosteniendo el conjunto, o una modulación que hace años reconocemos como su poética.

            Y el volumen, con esa exquisita foto de tapa de Ignacio Iasparra, también es motivo de festejo en el cumpleaños 80 de Diana Bellessi. Celebremos este libro opuesto a aquel “ladrillo” de más de mil páginas que volvía ardua la tarea de trasladarlo, de prestarlo, con esfuerzo en las muñecas que dan cuenta de la edad de sus amistosos fieles lectores.

            De este lado del volumen II, entonces: Mate cocido, La rebelión del instante, Tener lo que se tiene, Variaciones de la luz, Pasos de baile y Fuerte como la muerte es el amor. Un arco temporal que es también un arco histórico, porque la dimensión política de la poesía de Bellessi tiene marcas fuertes según su contexto: está ahí, con compañeres, los que marchan a su lado y le dan ritmo y sustancia a esos versos cantarines que Diana viene ejecutando hace tantos años.

            Vuelve aquella imagen primera, que abre el documental El jardín secreto, la frase sobre el mundo. ¿Y qué mundo es el de Diana? Todo lo viviente, lo existente, entra en el poema. Mejor lo expresa Sonia Scarabelli, en el prólogo: “En la concepción de la poeta, en cambio, lo viviente conforma una red, una continuidad, cuyas relaciones, por supuesto, no están exentas de tragedia, pero ofrecen otra luz bajo la cual comprender la alternancia entre vida y muerte, duración y fugacidad que rige para todo lo existente.”

            En una entrevista que le hice en 2009, le pregunté por el título de la obra reunida. Diana me respondió: “Salvo algunos libros de juventud que he dejado inéditos, y uno nuevo en el que estoy trabajando ahora, este libro recoge todos mis poemas, todo lo que tengo, por lo tanto, ‘Tener lo que se tiene’, y aceptarlo. Quizás no sea lo que se hubiera querido tener; los ideales de la juventud, como decía Longfellow, ‘son amplios, muy amplios’, pero se descubre al fin la belleza de la vida en lo que te puede dar; sin cancelar la constante relectura del pasado y los sueños del futuro, el presente te guiña un ojo y te dice: ‘mirá lo que hay, es bastante’”. Entiendo que aquella respuesta sostiene este conjunto que, si bien es un abanico variopinto, algo esencial de su poética hace al conjunto total. Ese volumen es también un poema central que concluye: “y tener lo que se tiene, dejame el presente”. Por eso, como un regalo, una donación al tiempo cruel que nos toca transitar, Bellessi avanzó, sumó otros poemas, con esa lúcida e inspiradora calidad que su poesía aún revela.

            Una división no tajante pero pasible de funcionar como clave de lectura separa ambos tomos, teniendo en consideración alguno de los tópicos que configuran la poética de Bellessi: en el uno, aquella marca indeleble del viaje por América que viene a configurar una de las miradas más extendidas sobre su poesía, el viaje, la Diana viajera en una extensión que va de lo autobiográfico, en Buena travesía, buena ventura pequeña Uli y de forma más flagrante en Crucero ecuatorial, al espacio privilegiado de la naturaleza como sucede en El jardín, uno de los libros más importante de la década del 90 en la poesía argentina: “He construido un jardín como quien hace / los gestos correctos en el lugar errado./ Errado no de error sino de lugar otro…”. Ese espacio de la naturaleza, ese paisaje que va de la extranjería de aquel primer libro (Chile, Bolivia, Ecuador, Managua), al Delta del Tigre, al jardín doméstico y luego, en estos últimos años, al paisaje de la ciudad natal, Zavalla en la pampa santafecina.

            Si el tomo 2 abre con Mate cocido, que configura una apuesta directa sobre la coyuntura política (el 2001 en Argentina), es innegable que esa mirada, que en otros tiempos se llamaría “compromiso”, ya está asumida en Tributo del mudo (escrito sobre el final de la dictadura) y de forma radical en un libro bisagra en el canon homoerótico latinoamericano: Eroica, una poesía lesbiana inaugural, sin rodeos ni tapujos. Puede que estas categorizaciones le resulten innecesarias a Bellessi, pero pienso en un lector que tiene el hermoso privilegio de encontrarse por vez primera con su poesía, con su voz única.

            Lo temático configura un núcleo férreo para pensar la obra toda pero es de un orden más formal que acompaña aquellos núcleos: las variaciones rítmicas que Diana opera en ese núcleo inicial: dentro del verso libre, hay un desparpajo formal que va del poema en prosa, al poema narrativo, a la dispersión en la página o versos breves y condensados en poemas de largo aliento. Y de pronto: las tradiciones métricas, traídas al presente, a su entonación, a sus requiebros.  Y por ese interés en definitiva musical, Diana teoriza: “La poesía tiene a su favor la música, es decir, un recorte del rumor sin fin. La música que aparece como ritmo y le da vida al verso, a la estrofa, al poema entero, volviéndolo un organismo viviente, otorgando más y nuevo sentido a los significados.”

            Traigo una cita del prólogo de Scarabelli, que cita el estudio de Jorge Monteleone de la edición de 2009: “el ojo de Bellessi no ve las cosas como objetos, sino como rostros vueltos hacia su atención”,  y así, estar en el mundo es estar ante la mirada de todo lo que habita en él y lo constituye, e integrar una comunidad ampliada en la cual los parámetros éticos de un humanismo antropocéntrico tienen que ser reformulados. Más aún, en el poema, recorte particular de temporalidad y sentido, no es solamente la acción de mirar la que ya no queda restringida a los seres humanos, sino también el habla misma, y nada de eso se siente fuera de lugar; se siente, si cabe la palabra, verdadero: “en las filigranas del detalle, ¿qué, / nos habla hoy?, bajo el polen ámbar / de las casuarinas”.

            Bellessi sigue sumando nuevos lectores. En julio de 2025, concurrió a la Universidad Nacional de las Artes al cierre de una materia de Artes de la Escritura y fue homenajeada, con flores, chocolates y una escucha atenta de una concurrencia joven que pobló el aula más grande de la casa de estudios de la calle Mitre. Como en aquel primer poema de Crucero ecuatorial, decimos y creemos con Bellessi: “Algo de aquel fuego quema todavía.”

Imagen de portada: Diana Bellessi en El jardín secreto (2012), documental de Claudia Prado, Cristián Costantini y Leandro Listorti.

Píxel / Redacción Zoom

Compartí el artículo