Una victoria esperada, un desgaste sorprendente y un horizonte lleno de incógnitas

Sobre el final de uno de los años electorales más intensos, la senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en la primera mujer en ser electa presidente de la Nación al imponerse, en primera vuelta, con casi un 45 por ciento de los votos en las elecciones generales. Además de un mapa político del…

Sobre el final de uno de los años electorales más intensos, la senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en la primera mujer en ser electa presidente de la Nación al imponerse, en primera vuelta, con casi un 45 por ciento de los votos en las elecciones generales. Además de un mapa político del país que consolidó el proyecto del matrimonio Kirchner y la inminente reorganización del justicialismo, la gran revelación nacional fue cómo el jefe de gobierno electo Mauricio Macri perdió buena parte de su caudal electoral cosechado hace tres meses, luego de que sus candidatos tuvieran un pésimo desempeño. A un mes de asumir, el empresario que conducirá la Ciudad de Buenos Aires por los próximos cuatro años llega al poder con una sombra del 60 por ciento que sumó en las elecciones porteñas. Un dato que muestra cómo se organizará el mapa político después del 10 de diciembre.

Sin embargo, la acumulación del kirchnerismo no alcanzó la cima el domingo de las elecciones, sino que aún quedan algunos peldaños por ascender. Néstor Kirchner, quien ya se maneja como un ex presidente y cede protagonismo a la mandataria electa, Cristina Fernández, va por la jefatura de un frente que incluya al Partido Justicialista y que él gusta definir como de «centroizquierda».

Los dos pasos a seguir por el oficialismo son los siguientes: llamar a internas abiertas en el PJ y sumar una alianza con aquellos dirigentes que no vienen del justicialismo. Está claro que este último segmento incluye a los radicales K, en el marco de la Concertación Plural.

Del otro lado de la línea, no hay nada: tanto Elisa Carrió como Roberto Lavagna parecieron no interpretar las experiencias del nuevo tiempo, que sostienen que «nadie es dueño de los votos». Lo sabe Mauricio Macri que en junio pasado obtuvo un 45 por ciento de aprobación y el domingo, sus candidatos -Federico Pinedo y Carlos Melconián- rondaron los 13 puntos. Sin embargo, Carrió se proclamó la segunda fuerza, cuando internamente el socialismo y el ARI debaten si continuar dentro de la Coalición Cívica o transitar su propio camino.

En tanto el principal sostén del lavagnismo, la Unión Cívica Radical (UCR), mejoró respecto del 2 por ciento del 2003 pero perdió un importante número de bancas y es acosado por los radicales K que pretenden la conducción partidaria.

Mientras, el espacio PRO dio un paso atrás, por dos motivos. En primer lugar, el macrismo perdió unas nueve bancas en la Camára de Diputados, lo que significa un duro golpe para una fuerza que intenta consolidarse como oposición. En segundo término, la sociedad de Macri con Ricardo López Murphy pende de un hilo. Tal vez el electorado porteño se haya percatado de la debilidad del «bull dog» y de la endeble sintonía con Macri, y optó así por manifestar su antikirchnerismo a través de Carrió.

Por debajo del resultado nacional

Para la mayoría de los observadores, profesionales y amateurs, además del abultado resultado de la presidenta electa, la señal de cambio fue advertida en la Provincia de Buenos Aires y en algunos distritos claves del interior.

Así fue que el conurbano bonaerense pudo apreciar como el dirigente kirchnerista Darío Díaz Pérez logró derrotar al intendente de Lanús, Manuel Quindimil, y puso así fin a tres décadas de vigencia de ese veterano caudillo del peronismo bonaerense.

En el caso de Almirante Brown, el duhaldista Jorge Villaverde cayó en manos de Darío Giustozzi y en Quilmes, Sergio Villordo, ex chofer del actual ministro del Interior Aníbal Fernández que se presentaba para un segundo mandato, cayó a manos del candidato del Polo Social, Francisco «Barba» Gutiérrez.

En el caso del municipio de Presidente Perón, conducido hasta ahora por Oscar Rodríguez, oscura mano derecha de Eduardo Duhalde, ganó Aníbal Regueiro, quien expresó preocupación por eventuales complicaciones que surgirán durante el traspaso de mando, ya que sostuvo que la actual gestión comunal se integra de “gente que no quiere reconocer que en las urnas el pueblo les dijo que no y que ha tratado mal a los compañeros que pensaban diferente”.

Pero por fuera de estas victorias que ponen fin a administraciones casi feudales, el interior del país también mostró datos sorprendentes, como la victoria de Manuel Urtubey en Salta, donde obtuvo una ajustada victoria sobre la fórmula del partido Justicialista integrada por el Walter Wayar, actual vicegobernador del menemista Juan Carlos Carlos Romero, que aun se resiste a asumir su derrota.

Así tambien vale citar a Santa Cruz, la tierra natal de Kirchner, donde a pesar de una clara política de desgaste y de las barbaridades cometidas por el propio oficialismo, el electorado ungió al Frente para la Victoria con muy buenos resultados.

Así las cosas, la oposición advierte que no tiene candidato para el 2011, simplemente porque Elisa Carrió ya anunció que deja la candidatura y la derecha “progre” encarnada en Macri, va a tener que afinar mucho el lápiz si quiere dar pelea en la próxima, luego de que perdiera gran caudal de sus votos un mes antes de asumir a causa de que sus candidatos tuvieron un desempeño bochornoso.

En el medio de los reordenamientos, la gran pregunta es ¿qué pasará con los partidos políticos tal como los conocemos hasta ahora?

Si siguen igual, no hay grandes garantías de cambio y todavía resta por saberse qué hará el presidente saliente y cuál será su papel en la rearticulación del movimiento que ha ido construyendo, más teniendo en cuenta que cuando la dinámica política es colectiva, las acciones requieren consensos mínimos.

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