Senderos caprinos

El Estado nacional presente en los territorios jujeños. Campesinas y campesinos de Reyes y el agregado de valor a las producciones caprinas.

REYES. Partimos desde Palpalá pasadas las once de la mañana, Anastasia García conduce la camioneta de la delegación del Instituto Nacional de Agricultura Familiar Campesina e Indígena (INAFCI), nos acompaña Cecilia López, arquitecta salteña que trabaja en proyectos del organismo. Vamos rumbo a Reyes, la localidad jujeña conocida por ser la puerta de entrada a la región quebradeña, pero también porque allí, río arriba, se encuentra el cerro Chani, conocido por ser el más alto de Jujuy, y por sus aguas termales. Por el camino, recogemos a Juan Barroso, un estudiante de antropología que está elaborando una tesis sobre comunidades originarias. Reyes no queda muy distante de San Salvador, apenas 19 kilómetros la separan o la unen, por una ruta cuyo colorido pareciera pintado por un pintor puntillista que ha derramado belleza por todo lo que pueden ver los ojos. Las flores rojas de los ceibos se mezclan entre los verdes de los churkis con las flores amarillas de los guaranes. Vamos rumbo a la comunidad aborigen “Jallchasqa Unay Ukhuchinpi”, cuya traducción del quechua al castellano significa, “Guardando Tesoros Milenarios”. Por el camino hacemos una nueva parada en un almacén para comprar unas gaseosas y no llegar con las manos vacías, como dice Anastasia, ya que nos están esperando con un almuerzo festivo. No es para menos, hoy es el día de entrega de materiales de construcción, postes de palo santo, alambre tejido, heladeras, tanques de agua, bloques de sal, chapas y forrajes entre otras cosas, en el marco de un proyecto elaborado por 44 familias de la comunidad, financiado por la Dirección General de Proyectos Sectoriales Especiales (DIPROSE) que en conjunto con el Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI), crearon el programa Senderos Caprinos. ¿De qué se trata? De las 180 familias aborígenes, 44 decidieron reunirse y presentar el proyecto para la crianza de cabras y elaboración de queso. Algo de eso nos explica Rolando Fabio Farfán: “Acá trabajamos todo de manera comunitaria. Es parte de nuestra cultura. Si hoy trabajamos en tu casa, mañana tú trabajarás en la de otro. Eso es parte de nuestra esencia, el legado de nuestros ancestros. Repartimos las tareas y si alguien necesita allí estamos, por eso es importante la presencia del Estado para trabajar en conjunto con las comunidades”. Rolando es bajito, delgado, pese a sus 61 años tiene la vitalidad de un muchacho y cuenta que se dedica a la crianza de cabras, ovejas, gallinas y que también tiene mulas y un caballo, pero además cultiva papas, maíz y zapallos. Nos sentamos a compartir un mate bajo el cielo protector y cuenta parte de su historia, de sus años en el ejército: “Como militar conocí toda la Argentina y también Europa, pero siempre volví a mi lugar, a mis orígenes que son estos cerros. Acá hice la primaria, la secundaría, después entré al ejército y te puedo decir que los pueblos originarios somos los primeros defensores del territorio argentino, porque cuidamos sus fronteras y sus territorios. Nosotros somos los primeros defensores, porque ya estábamos cuando se fundó”.

FARFAN. La niña, sube los escalones de la escalera que trepa la cuesta hasta el patio de tierra donde se ha dispuesto la mesa para el almuerzo, lleva un violín guardado con celo en estuche, la acompaña su madre. Festejamos su llegada, ya que pensamos que tocarán algunas vidalas o chacareras, pero la madre de sonrisa orgullosa nos dice: “Ella toca música lírica, música de alemanes y melodías rusas, en la escuela han formado una orquesta de música clásica con muchos niños, la que es coplera es ella”. Y nos señala a una mujer que está sentada justo enfrente. Hablo con ella. Me cuenta que su apellido es Farfán, que allí es el más común junto con Mamani, que Rolando es sobrino y que Corina, una de las referentes de la comunidad también es su sobrina. Le pregunto qué es ser coplera y dice: “Bueno, ser coplera es continuar con la tradición de nuestra cultura, con el legado de nuestros ancestros, yo de niña iba de pastoreo y las mujeres cantaban coplas en los cerros y a mí me gustaban, se ve que de ahí se me pegó el gusto por cantar, como que se fue metiendo en mí alma y así empecé”

-¿Qué se cuenta en las coplas?

-Muchas cosas. Se habla de los amores, de las lluvias que no vienen, de las cabras perdidas, de las cosas que suceden en los cerros. Pero ahorita a los jóvenes no les gustan las coplas, quieren escuchar otras músicas, músicas que escuchan en los celulares, en Tik Tok, las cosas digitales los alejan de nuestra cultura, es como un vicio, los celulares son un vicio malo, no está bueno para eso.

-¿Se habla quechua en la comunidad?

-No, Hemos perdido nuestra lengua, pero hubo un proyecto con la universidad, hay que volver a intentarlo, porque la lengua es la identidad, solo hablamos algunas palabras sueltas hay comunidades que hablan pero no acá.

-¿Tu nombre cuál es?

-Primitiva Jacoba Farfán. ¿Qué te parece mi nombre?

-Hermoso y fuerte. ¿Nos cantarías una copla?

-Sí, pero no tengo mi caja. Acá hay otras copleras y tenés que juntarnos público.

A eso me avoco y en menos de un minuto se forma una rueda para escucharla a ella, junto a Marta y a Damiana Mamani, las mejores copleras de Reyes.

TRABAJO. Ya todos hemos comido las ricas empanadas horneadas en un horno de barro y escuchado a las copleras, cuando alguien anuncia que llegó el camión con los materiales. Anastasia y Corina se dividen la tarea de ir llamando a los beneficiarios y beneficiarias, una vez que se bajó la carga que se apila en la playa de la entrada. Los hombres van cargando las camionetas que parten otra vez hacia los cerros. Cecilia, habla con los albañiles y supervisa la obra del galpón donde se acopiará el forraje para el ganado en tiempo de sequía, aprovecho un pequeño alto en el trabajo para preguntarle a Corina sobre lo que sucede allí con la presencia del Estado nacional y me dice: “Es muy importante para la comunidad. Cuando presentamos el primer proyecto fue rechazado, pero le dijimos a la gente que para esto había que ser paciente, que sin paciencia no íbamos a lograr nada, así que en la asamblea se decidió continuar y lo volvimos a presentar y al final salió, por eso la fiesta y la alegría. Tenemos muchas luchas en la comunidad, una de ellas es la del agua caliente, tenemos que tener el agua caliente”. Corina hace referencia a las aguas termales que están en territorio de la comunidad, pero que fueron apropiadas por el Hotel Spa Termas de Reyes, un lugar que tiene su historia. El edificio fue construido por un italiano de apellido Mazzueli a finales de los años 30 del siglo pasado. Durante el gobierno de Perón en 1945 fue expropiado por el Estado y pasó a manos de la Fundación Eva Perón, la cual creó un asilo de huérfanos. Al caer el gobierno peronista el asilo fue cerrado y el inmueble pasó a mano del gobierno provincial que lo dejó abandonado. Durante el primer gobierno de Gerardo Morales fue reabierto, pero concesionado a manos privadas y los concesionarios avanzaron sobre el territorio originario y alambraron el acceso a las termas, privando así a toda la comunidad de algo que fue suyo siempre y que era compartido libremente. Cualquier semejanza con lo que sucede con el acceso al Lago Escondido en la propiedad del inglés Joe Lewis, no es pura casualidad. A las cuatro de la tarde la tarea termina y debemos volver a Palpalá, después de los abrazos de despedida y la promesa de volver pronto, partimos otra vez por la senda de ceibos y guaranes, cansados pero alegres de haber estado con esa buena gente de un rincón jujeño, cálida como el sol que baño la jornada.

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