Reflexiones acerca del Decreto de Desarancelamiento universitario de 1949 en el escenario actual

La gratuidad universitaria entonces y ahora

Por Ignacio Garaño y Julián Dércoli

En el año 2019 se cumplieron setenta años de la sanción del decreto de desarancelamiento sancionado por Juan Domingo Perón un 22 de noviembre de 1949. Con motivo de aquel aniversario, quienes escribimos este artículo habíamos desarrollado una investigación cuyo punto de partida era que la gratuidad universitaria sancionada mediante el decreto 29.337 era un concepto que, con el transcurso de los años, las luchas y los debates universitarios, fue ampliándose e incorporando nuevos sentidos y reivindicaciones que fueron constituyéndola en un punto nodal para pensar la democratización de la universidad[1]. Por caso, en ese texto sugeríamos que las denominadas universidades del Bicentenario –creadas durante los años del kirchnerismo–, podían ser leídas desde la perspectiva de hacer efectiva esa gratuidad. Entonces, afirmábamos que la gratuidad universitaria en el presente no solamente significaba que no había que pagar un arancel para poder estudiar, sino que también implicaba, entre otras cosas, que la universidad esté a un tiempo razonable de viaje de la casa de miles compatriotas que viven lejos de los centros urbanos donde se encuentran las principales universidades.

En otro orden de cosas, en aquel trabajo observamos que una proporción importante de estudiantes a quienes entrevistamos suponían que la gratuidad había sido producto de luchas del movimiento estudiantil. En este punto señalamos la siguiente paradoja: al momento de sanción del Decreto de gratuidad, la mayoría de los y las estudiantes de las universidades habían estado en contra del gobierno peronista, puesto que lo consideraban totalitario. Incluso un conjunto importante de legisladores que reclamaban la herencia de la Reforma Universitaria fueron fervientes opositores de la legislación universitaria del peronismo y de una de sus más trascendentales políticas en la materia: la creación de la Universidad Obrera Nacional. Por lo tanto, indicamos ahí que durante los años cuarenta y cincuenta, en el marco de uno de los procesos de democratización universitaria más importantes de nuestro país impulsado por un gobierno popular que conducía el Estado, un conjunto significativo de estudiantes y docentes de universidades habían denostado la política de democratización universitaria apoyándose en una interpretación antiestatista de la autonomía universitaria[2].

Insistir una vez más con esta paradoja no es en vano, pues la relaciones entre los y las universitarios/as y los movimientos nacional-populares en América Latina siguen siendo problemáticas. Por ejemplo, en nuestro país, cuando se crearon las universidades del Bicentenario, muchos legisladores/as y universitarios/as denostaron el surgimiento de estas instituciones, por caso, se afirmaba que eran favores políticos, que estas instituciones no iban a tener estudiantes, que iban a ser de baja calidad y que se estaba creando un circuito de universidades de segunda. Para quienes realizaban estos planteos no se trataba de crear nuevas universidades, sino de fortalecer las que ya existían. Claro que estas intervenciones hacían caso omiso del incremento presupuestario, de los programas de infraestructura, becas y todo un conjunto de políticas que favorecieron al sistema universitario entre 2003 y 2015. El acuerdo logrado alrededor de estas políticas puede observarse en el documento que en 2015 firmaron el conjunto de rectores y rectoras nucleados/as en el CIN. Ahí, indistintamente de sus simpatías políticas, las máximas autoridades universitarias firmaron un documento que presentaron a todos los candidatos a presidentes en 2015 para que continuaran con las políticas de ampliación y fortalecimiento del sistema universitario. Claro que esto no ocurrió y el Poder Ejecutivo que asumió ese año ejecutó -entre 2015 y 2019- una política de ajuste que alcanzó a la educación y, en particular, llevó adelante una persecución y estigmatización de las universidades creadas en el período anterior. No vale la pena recordar aquí frases como “que es esa locura de universidades por todos lados” en boca del presidente de entonces y “todo los que estamos acá sabemos que los pobres no entran a la universidad” por parte de la que fue gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

Ahora bien, más allá de estos avatares, nos interesa señalar que el Decreto de Desarancelamiento de 1949, interpretado como la sanción de la gratuidad universitaria, se convirtió en un legado que potencia la tradición de democratización universitaria latinoamericana. El decreto de 1949 no sólo planteó la gratuidad para que pudieran entrar los hijos de los trabajadores a la universidad, sino que suponía que esa gratuidad era necesaria para masificar la universidad, pues para el crecimiento con justicia social del país se requerían más universitarios. Entonces, tanto en 1949 como en 2003, las políticas de democratización universitaria generaron oposiciones, pues disputaron el sentido de la universidad. Esto se debió a que pusieron en cuestión la función de la universidad como institución que distribuye privilegios y, por el contrario, aquellas políticas concibieron a la universidad desde su función social y colectiva. Esa potencia que tiene la gratuidad universitaria nos indica que ésta sigue siendo un legado vivo que seguirá generando nuevos sentidos e interpretaciones hasta nuestros días

La gratuidad universitaria como una herencia es útil para pensar hoy la universidad en el contexto particular de la pospandemia y del debate acerca de las modalidades virtuales e híbridas que se convirtieron en prácticas extendidas producto de las medidas sanitarias de cuidado consecuencia de la pandemia Covid-19. En primer lugar, desde la herencia de la gratuidad es necesario pensar, ante estas discusiones, una política de democratización tecnológica. Como sabemos, la desigualdad económica se traduce en un acceso desigual a dispositivos y conectividad. Esto sin dudas afectó y afecta en la continuidad de sus estudios a las y los argentinos con menos recursos. Entonces, la democratización en el acceso a estas herramientas se vuelve imprescindible y debe plasmarse en una política de Estado que -con el correspondiente financiamiento- enmarque las estrategias e iniciativas de las universidades públicas.

En segundo lugar, es interesante señalar que la incorporación de instancias virtuales puede servir para un manejo más autónomo del tiempo de los estudiantes, además, puede reducir tiempos de viajes, mayor libertad en los manejos de horarios, todo esto puede ser favorable para estudiantes que tienen un conjunto de responsabilidades como trabajar, familiares a cargo. En muchos casos estas son causas de abandono o de prolongación de las carreras en el tiempo. Sin embargo, también es cierto que las instancias virtuales no favorecen que se estrechen lazos comunitarios muy importantes para la contención que muchas veces es clave para la continuidad de los estudios. Por lo tanto, frente a esto sostenemos que es necesario atender a esta doble cuestión de manera que la presencialidad se convierta en una instancia significativa pudiendo sumar herramientas de la tecnología que apoyen la presencialidad y brinden otros recursos para fortalecer las trayectorias.

En este sentido, la lucha por la igualdad desde quienes llevamos adelante las políticas universitarias implica, en el escenario complejo de la pospandemia, comprender la centralidad de habitar y poner el cuerpo en la cotidianeidad de la vida en las universidades tanto para estudiantes como para quienes trabajamos allí, entendiendo que la tecnología ha implicado aportes, pero no puede reemplazar la profundidad de los vínculos político-pedagógicos que allí se traman. El encuentro cotidiano en los espacios comunes, las instancias de aula, pero también las situaciones pre y post clases que forman parte del aprendizaje, la vida gremial estudiantil, la universidad en las calles, la articulación con las organizaciones territoriales, las redes interinstitucionales en temas como salud mental, accesibilidad y discapacidad, géneros y diversidades, la recreación y la práctica deportiva, son irremplazables y –la pandemia lo ha puesto más de manifiesto que nunca- son, sin dudas, trascendentales en el devenir de la universidad pública, en la construcción identitaria y de lazos de pertenencia, en la garantía del derecho a la educación superior.

En tercer lugar, internet hoy puede facilitar el acceso de manera libre a software, bibliografía y un conjunto de recursos de manera gratuita. De esta forma, esa tecnología tiene el potencial de democratizar el acceso a un conjunto de conocimientos y herramientas. No obstante, ese acceso se ve trunco si no se acompaña de la puesta en agenda pública del derecho social a la conectividad y el desarrollo de políticas de Estado al respecto.

En conclusión, en relación a la cuestión de la  tecnología, consideramos que se trata de tomar las exigencias y los cambios de la situación presente para ver si esta nos permite reformular e incorporar nuevos aspectos en función de los objetivos del proyecto institucional de cada universidad y de la política educativa del Estado, pues la pandemia puso en escena con mucha más dureza y claridad, una desigualdad estructural en muchos aspectos vinculados a los derechos sociales (a la salud, al trabajo, a la vivienda, a la educación, por nombrar algunos). En este escenario de pospandemia, las universidades, como parte del Estado, debemos tomar nota de esas desigualdades que persisten, incorporar herramientas que la tecnología aporte para democratizar el acceso a la universidad, pero entendiendo que ello debe ir de la mano de un proyecto de país que se proponga luchar por la igualdad. Consideramos que esa lucha, en relación al sistema universitario, puede enmarcarse en un hilo histórico que une este presente con la creación de las universidades del Bicentenario y, más atrás aún, con la sanción del Decreto de gratuidad de 1949.


[1] El trabajo completo puede descargarse del siguiente enlace: https://conusur.org.ar/wp-content/uploads/2021/11/Universidad-y-Pueblo-2409-digital.pdf

[2] Producto de dicha investigación los autores realizamos un documental breve que puede verse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=JZU8i72MDys

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