Mabel Bellucci: “El feminismo, como caja de herramientas teórica y acción política, es un gran plus para todos los sujetos subalternos”

Una genealogía del feminismo y el Encuentro Nacional de Mujeres en Argentina. Minorías, abolicionismo y la disputa más allá de la mujer
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Foto: Florencia di Tullio

El feminismo y las luchas de la clase obrera. El feminismo y las batallas de las denominadas “minorías”. En esta conversación con Zoom, Mabel Bellucci realiza un recorrido por la historia de los encuentros nacionales de mujeres en Argentina, coloca al sujeto político del aborto voluntario en el centro de la discusión, problematiza el abolicionismo que condena a los colectivos que reivindican el “trabajo sexual”, traza una genealogía nacional e internacional de los feminismos, tensiona las corrientes “separatistas”que no permiten la presencia de ningún tipo de masculinidad y rescata nombres como el de Hilda Rais pero también otros como el de Lohana Berkins y Néstor Perlongher.

 

Genealogías

Bellucci se inscribe como activista feminista queer. Participa de la Cátedra Libre de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) Gino Germani-UBA. También forma parte de la Cátedra “Libre Virginia Bolten” de la Universidad Nacional de La Plata.

 

Estamos a pocas horas de que comience un nuevo Encuentro Nacional de Mujeres. En este contexto, ¿qué podrías rescatar de este largo historial de las luchas feministas en nuestro país?

Yo creo que Argentina en particular, y el Río de La Plata más en general, tiene toda una historia desde los inicios del siglo XX. Así, se abrió paso al crecimiento de la acción feminista en el aumento de las demandas de reconocimiento, incrementando el número de voces que denunciaban la sujeción, que reclamaban por la inferioridad jurídica de las mujeres y demandando a favor de los derechos políticos y sociales. De esta manera se constituyeron congresos femeninos y feministas. Por ejemplo, en 1910 se reunieron académicas, sindicalistas, políticas y profesionales en Buenos Aires durante el I Congreso Femenino Internacional de la República Argentina. Las primeras médicas y educadoras, pioneras y luchadoras por la igualdad de derechos, como Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Alicia Moreau, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Muzzilli y Fenia Cherkoff de Repetto, estuvieron entre las organizadoras. Es muy interesante leer las actas de ese encuentro, reparar en quienes estuvieron. Fue muy importante, hubo muchas feministas de la región (sobre todo de Montevideo), pero también de Estados Unidos y Europa. Luego, en 1928 se organizó el III Congreso Internacional Femenino. Todo el movimiento por las luchas del sufragio femenino, al menos en Occidente, fue de una radicalidad significativa. Por más que, yo te aclaro, me considero anarquista, por lo tanto, las contiendas electorales me tiene sin cuidado, pero una cosa es que te impugnen el derecho a votar y otra es que decidas por decisión política no hacerlo. Un largo camino de luchas fue necesario atravesar en la Argentina y en el mundo para que el sufragio femenino pudiera abrirse paso frente a la resistencia que oponían la casta política, eclesiástica, la familiar e inclusive círculos de mujeres. Votar implicaba visibilizarse en lo público, obtener mayores posibilidades de inserción educativa y laboral. No hacerlo era como no ser tenidas en cuenta para nada. Estaban declaradas como “incapaces intelectuales”. Suelo recomendar Las sufragistas, una película inglesa en donde se palpa con claridad el cruce entre clase y género de este movimiento que interpeló tanto a mujeres de clase media como a obreras fabriles. Y en América Latina, el feminismo potente fue el del Río de La Plata, con toda una serie de librepensadoras, liberales, socialistas que luchaban para poder expresarse en las urnas. No así en las filas anarquistas. Ellas cuestionaban al sistema representativo, los partidos políticos y el Estado.

 

Todo este relato hecho a la ligera permitiría entender la aparición de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Se dirá que encuentros de mujeres existen en todo el mundo. La única diferencia se centra en su continuidad ininterrumpida y su carácter federal, además de rotativo. A ello habría que sumarle que la Comisión Organizadora, que se responsabiliza de llevar a cabo la gestión del encuentro, es autogestiva, independiente de cualquier institución. Por lo tanto, no responde a ningún partido político. Condición que se respeta cada año, más allá de que muchas sus integrantes se inscriban partidariamente. Por último, la masividad. Nosotras empezamos en 1986 siendo 100 y en cuatro décadas ha crecido de un modo imponente. Y rescatando el legado del que hablábamos, habría que agregar que dicho evento no sólo nutre a las nativas sino también a compañeras del cono sur y de otras regiones. No veo nada similar, con excepción del reciente acontecimiento del “Ni Una Menos”. En cuanto a su dinámica, en gran medida ha sido tomada de los Encuentros Feministas de Latinoamérica y el Caribe, que se realizan cada dos años. Toda una mecánica de autogestión, asamblearia y con rotación de la palabra. Otro dato significativo es que se implementa el consenso. De allí que no se vota para evitar el accionar de mayorías y minorías. De esta manera, se evita la presión de los aparatos representativos que exigen copar el debate a partir del número. El año pasado, por ejemplo, cuando estábamos reunidas en la Facultad de Filosofía y Letras para la preparar el Ni una Menos, llegaron alrededor de 300 mujeres de la organización Tupac Amaru y quisieron imponer la votación al ser mayoría. Entonces unas quince activistas nos levantamos y nos fuimos y el debate se terminó ahí. No dimos lugar porque en ese contexto es totalmente anti-democrático.

 

Los Encuentros Nacionales de Mujeres

jauregui1Mabel rescata la lucha por el aborto libre, seguro y gratuito. Destaca el rol que cumplen colectivos como la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, “los movimientos de socorrismo que acompañan y empoderan a las mujeres en su práctica abortera, las lesbianas que publicaron el famoso manual y los Varones Antipatriarcales que apoyan el aborto y las agrupaciones de gay, los varones trans”. Se muestra pesimista respecto de las posibilidades de que avance la ley, pero optimista respecto del debate social y político.

 

¿Qué otras cosas podés rescatar de los encuentros?

Lo más interesante, me parece, es que con los años hayan tenido la capacidad de incorporar y cruzar diferentes sectores sociales, regionales, étnicos, etáreos así como nuevos sujetos. A partir de mediados de los 90, ingresaron las travestis, con Lohana Berkins a la cabeza. Y su ingreso lo considero fundamental. Luego, hacia 2014 se abrieron talleres para personas trans. Y ahora, el gran debate que se va a jugar es con las trabajadoras sexuales. Y esto hay que remarcarlo: cuando vos entrás al Encuentro Nacional de Mujeres ya instalás el debate.

Y respecto de ese cruce entre género y clase que mencionabas al principio respecto de la realidad inglesa de principios del siglo XX: ¿cómo ves ese cruce en la Argentina de post-dictadura? ¿Cuándo consideras que se produjo esa conexión entre feminismo y movimientos sociales en los Encuentros?

Para mí fue en 1989, con la hiperinflación. Hasta ese año los encuentros eran feministas, luego se hicieron de mujeres, porque irrumpieron en la escena las mujeres organizadas en los barrios populares. Eso fue un antes y un después, porque si bien las feministas de izquierda siempre tuvimos posicionamientos anticapitalistas, el masivo ingreso de mujeres de los sectores populares lo cambiaron todo. Ahí ingresó lo económico, la cuestión de clase, de raza y lo numérico, ahí los encuentros se volvieron masivos.

“Hay toda una historia en donde el feminismo no es tan solo una cosa de mujeres”

Género y minorías

Bellucci también integra el colectivo editorial Herramienta. Es autora de los libros Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo, y de Orgullo. Carlos Jáuregui: una biografía política.

 

Y entre feminismo y minorías, ¿como ves ese vínculo?

Mi feminismo es queer. No apuesto a un feminismo tan solo de mujeres, ya sea heterosexuales, lesbianas o bisexuales. El feminismo, como caja de herramientas teórica y de práctica político/afectiva, representa un paraguas para todo sujeto subalterno, para todo cuerpo abyecto. Y esto no lo digo en el aire, toda una genealogía me sostiene. En el siglo XIX, por ejemplo, las feministas inglesas y estadounidenses luchaban contra la esclavitud de personas negras traídas forzosamente desde África. En 1848 aparece un manifiesto la “Declaración de Sentimientos” que representó el primer acuerdo organizado con el propósito de deliberar sobre los derechos de las mujeres. Quienes lo constituyeron integraban la delegación oficial de la Sociedad Estadounidense Antiesclavista. Mientras que en los años sesentas el feminismo estadounidense acompañó los movimientos antibelicistas, la conquista por los derechos civiles de la comunidad negra, las expresiones contra-culturales y la liberación sexual. Ese en este contexto histórico donde el feminismo emerge no tan solo como una preocupación sobre las mujeres. No soy separatista y el feminismo hegemónico es fuertemente separatista al levantar a las mujeres, sobre todo las heterosexuales, como su único sujeto político. Y yo eso lo pongo en discusión y lo llevo al terreno del aborto voluntario. ¿Quién dijo que son solo las mujeres heterosexuales las que abortan? Son también las mujeres bisexuales, las lesbianas, los varones trans, en fin, todo cuerpo que porta un útero. De allí que, para mí, la alianza, las coaliciones con aquello que en años anteriores se denominaba las “minorías sexuales”, son sumamente sustanciales. Por ejemplo, en 1974, en Buenos Aires, se lanzó el Grupo de Política Sexual.

 

Tenía la peculiaridad de participar feministas independientes, tal como Hilda Rais (que acaba de fallecer esta semana) Marta Miguelez, Sara Torres, María Elena Oddone junto con Néstor Perlongher, integrante del Frente de Liberación Homosexual. Este colectivo escribió un documento llamado “La moral sexual en Argentina”, el primer texto teórico sobre la sexualidad en nuestro país. A mi entender, dispone de un perfil foucaultiano, al plantear al cuerpo como un territorio en pugna, en disputa. Sin duda, sumamente de avanzada, si tenemos en cuenta que aun hoy nuestras izquierdas son pre-foucaultianas, al no incorporar en sus luchas al cuerpo como un campo político. El feminismo al levantar la proclama de decidir soberanamente sobre el propio cuerpo, incita a que otros cuerpos se sientan interpelados. Por eso llama la atención que las travestis, con todo lo que les costó ser reconocidas por diferentes movimientos sexo/genéricos, ahora lleven a cabo alianzas con las corrientes abolicionistas contra los colectivos que plantean el “trabajo sexual” con su sindicalización y luchas por sus derechos. Por el momento, no tengo una posición muy clara al respecto, pero si hay algo que sé, es que no soy abolicionista. Si hay mujeres, personas trans, travestis, que consideran que lo que ejercen es un trabajo, no soy quién para decir que no. Si se auto-representan como trabajadoras quien soy yo para decirles lo contrario.

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