Los pobres nunca son primero

Una vez más, aquellos que compartimos una misma escala de valores de solidaridad y justicia contemplamos azorados cçomo este aberrante sistema neoliberal afincado en nuestro mundo actual juega una de sus cartas.

Para socorrer a los banqueros, responsables de la crisis, se destinan inconcebibles cantidades de dinero en forma inmediata (700.000 millones de dólares en el caso de los Estados Unidos), mientras que para mitigar en el corto plazo el hambre creciente, que padece gran parte de la humanidad, no hay sino meras promesas incumplidas.

Acaso ¿esto debiera sorprendernos? Sin duda que no. Pero al mismo tiempo, no podemos dejar de preguntarnos hasta cuándo el egoísmo infame de los “dueños del poder”, ya sea económico o político, seguirá operando impunemente en la búsqueda de su propia salvación, en desmedro absoluto del resto de la humanidad. Toda esta realidad se encuadra además en la reciente conmemoración del “día mundial de la alimentación y día internacional de la erradicación de la pobreza”. En este marco, dentro de la reunión de la FAO realizada en Roma, los países más ricos establecieron el compromiso de aportar 22.000 millones de dólares en el corto plazo para paliar la situación de alrededor de 900 millones de personas afectadas por el hambre (1 de cada 7 en el mundo). Hasta la fecha, ese aporte no se ha concretado sino en un escasísimo diez por ciento mientras que, por contrapartida, el dinero para el “salvataje” de los bancos apareció de la nada.

Todo este cuadro de situación debe movernos a una conclusión inexorable: la única manera de que nuestros pueblos, en particular América Latina y en general la enorme mayoría de la humanidad, puedan acceder a una situación de verdadera equidad y justicia, es mediante la toma de conciencia sobre quién es quién en nuestro mundo actual, y sobre todo para nosotros latinoamericanos, mediante la unidad. Unidad que, en el marco de lo económico, debe traducirse en medidas urgentes para proteger primero la salud, el bienestar y el desarrollo de nuestros pueblos, única prioridad a seguir en estos tiempos. Los banqueros, que esperen sentados.

Horacio Cistriano

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