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Irán: una encrucijada de la historia

Superioridad militar no es sinónimo de victoria estratégica: claves y riesgos del nuevo conflicto con Irán. Por Guillermo Caviasca

En el momento de redactar esta nota la guerra contra Irán, seamos claros: la guerra de agresión (“preventiva”, desde la perspectiva israelí), lleva ya dos días. Sin embargo, “dos días” es muy poco para tener una visión precisa de su desarrollo concreto; la propaganda, las fake news, las operaciones psicológicas hacen difícil hasta su confirmación plena saber con una certeza suficiente el desarrollo de las operaciones, el impacto político y posible conclusión de esta nueva ofensiva israelí-norteamericana. Sin embargo, sí podemos presentar algunas ideas generales e hipotetizar algunas posibilidades.

Para comenzar, sin lugar a dudas, EEUU y Israel atacan Irán con una gran fuerza. La concentración de fuerzas norteamericana solo se encuentra detrás de la guerra contra Irak de 1991 (cuando Argentina fue parte de los países atacantes con unidades militares, navales principalmente, en el golfo), y solo detrás de la invasión final de ese país una década después. Y se encuentra detrás por el hecho de que no se han desplegado hoy fuerzas de tierra. Pero hay que tener en cuenta que la capacidad actual de Washington de poner en el terreno las fuerzas de 1991 no es la actual, ni el escenario internacional, tan favorable, siquiera parecido. Pero afirmamos, para que no queden dudas (y esto es una certeza), que EEUU es enormemente superior a Irán.

También nos atrevemos a señalar que realizan un ataque devastador. Este mismo concepto lo debemos relacionar con los objetivos. ¿Devastador respecto de qué? No es lo mismo reducir a escombros la infraestructura de un país (tipo Ucrania por Rusia) que asesinar sistemáticamente a líderes políticos, científicos, militares, instalaciones relacionadas con la defensa y con los programas que se encuentran cuestionados. Y eso solo vale si promueve los objetivos políticos; devastar y que siga todo igual en términos geopolíticos es un fracaso.

El tipo que vemos de ataque era uno de los previsibles. No existen dudas de que no hay intención (ni posibilidad real, hoy) de una intervención por tierra. Por lo tanto, es una operación aérea, de inteligencia y de guerra híbrida o psicológica. No sabemos la extensión de los objetivos aún. Sin embargo, ya vemos que se ha optado por el asesinato de líderes, algo en lo que Israel tiene como práctica desde que se fundó el Estado. La “guerra de los 12 días”, protagonizada casi en su totalidad por Israel en solitario (Israel nunca está sola, es de aclarar), se centró en la degradación o destrucción de las capacidades de defensa, radares, lanzaderas, los ataques contra capacidades de contraataque y contra las instalaciones de armas estratégicas iraníes o su programa nuclear. Esta vez vemos que el asesinato es un elemento central.

Presentamos una definición de la coalición agresora. No es novedosa, pero es importante para nosotros poner en claro, para que se entiendan las hipótesis de posibles objetivos y destino de esta guerra. La coalición y sus apoyos más sólidos, los que definen o imponen los objetivos, es el “sionismo global”. Siguiendo a Kenneth Waltz y John Mearsheimer en su trabajo sobre el “Lobby Israelí” en los EEUU y aplicándolos a la realidad global, lo que vemos no es una alianza de un Estado con otro, ni la influencia de un Estado sobre otro, ni situación de dependencia o de interdependencia (que existe), sino la capacidad de los judíos sionistas de cualquier nacionalidad de actuar por líneas interiores de otros países en los que nacieron, para torcer las políticas internacionales favoreciendo su proyecto extranjero al que son leales. De esta forma “imponen” (o intentan) arrastrar a otros tras sus intereses, siendo que estos van más allá de los de la nación local en cuestión. Esto se ve en el caso de Israel y EEUU hoy claramente. Hoy en Medio Oriente vemos que las acciones que se suceden son las de la estrategia israelí y la más radical.

Más que la destrucción que cause el sionismo global, habrá que ver varias cosas. La capacidad de respuesta iraní, que debería haber sido preparada para esta tan posible circunstancia (supuestamente es mucha, hasta ahora no ha sorprendido, seamos realistas). La resistencia del sistema iraní más allá del daño que le puedan causar. Los objetivos israelíes y norteamericanos y la posibilidad de que se cumplan, etc.

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Veamos este último aspecto. A lo largo de estas semanas de negociaciones que precedieron al ataque quedaron claros los puntos que para Israel eran innegociables, en los que Irán debía ceder. El abandono del programa nuclear, o sea, renunciar a la capacidad de enriquecimiento de uranio. Cesar todo tipo de apoyo al “Eje de la Resistencia” (hutíes, Hizbollah, Hamas, milicias iraquíes). Desmantelar su programa de misiles de medio y largo alcance (más de 300 km). Básicamente, la rendición. Los iraníes estaban preparados (según parece por lo dicho por el mediador de Omán) a renunciar a todo o a mucho de su programa nuclear y aceptar supervisión extranjera, pero la exigencia de los misiles era demasiado. Ya que, en las condiciones de guerra actual, si bien el arma nuclear es una garantía apreciable de supervivencia (veamos Corea del Norte), ciertamente poseer misiles de largo alcance en cantidad, poder producirlos, guiarlos, dispararlos, etc., es un arma de disuasión estratégica de una importancia primordial (nadie dispara una bomba nuclear para mostrar los dientes). Para Israel, la posesión de misiles quedó clara que era una herramienta que debía quitarse a Irán. Con ello se los neutralizaba estratégicamente.

Siendo así, era muy posible que, más allá de las declaraciones, el acuerdo entre los negociadores de EEUU e Irán estuviera lejos, más aún si nuestra hipótesis de que es el sionismo global el que ha impuesto la agenda es válida. En este sentido, ¿cuál es el objetivo de Israel y EEUU? No el objetivo militar, que puede ser matar a muchos líderes iraníes y/o destruir su aparato militar estratégico, o golpear a las fuerzas adscriptas al gobierno, sino el objetivo político de la guerra.

Pueden ser tres: un cambio de régimen por otro alineado. Una reorientación del mismo régimen con una “venezolanización”. La caotización y/o división del país por líneas étnicas. Quizás el ideal para Israel y el sionismo global sea este último; sin embargo, no parece ser el objetivo ideal para EEUU. No analizaremos cada uno, sino las posibilidades reales de que se puedan lograr con la operación militar actual.

En la práctica, los agresores se encuentran desarrollando una operación aérea; esta puede causar daño, mucho daño, pero no implica cambio de régimen ni nada parecido. Para esto (cualquiera de las tres hipótesis) se necesita o botas propias en el terreno (eso no sucederá) o fuerzas internas que cumplan esa función, sea tipo Libia o Siria, o sea tipo Venezuela. Y aquí entramos en la especulación. No vemos fuerzas internas en condiciones de cumplir esta función. De hecho, el sistema iraní parece mucho más sólido que cualquiera de los anteriores mencionados y dista mucho de ser Venezuela. En Irán, cualquier recambio pareciera suceder dentro del sistema. Aunque pudiera darse que ese recambio implicara el ascenso de un nuevo liderazgo o camada de líderes dispuestos a negociar. Pero, para el caso, el problema para Israel (desde su perspectiva) subsistiría. Sin embargo, si el nuevo liderazgo dentro del sistema resuelve “rendirse” a cambio de que los dejen en paz, sería una opción. Pero para ello, EEUU e Israel deben mostrar la voluntad y capacidad de golpear sistemáticamente por tiempo prolongado a Irán y degradar efectivamente todas sus capacidades, además de asesinar sistemáticamente a sus líderes. Por ahora, esto no lo podemos evaluar. Solo pensar que pareciera que el “objetivo político” (el central de toda guerra) no parece fácil de conseguir, mucho más difícil que el militar.

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Es muy probable que los ataques duren varios días, inclusive semanas. No creemos que más, ya que dudamos de la capacidad de EEUU de sostener una intensidad alta de operaciones de este tipo sin que deban hacer un esfuerzo extremo y dañar otros despliegues. En ese tiempo, Irán debería quedar desarmado, podado, desarbolado (en metáfora naval). Habrá que ver en los próximos días la capacidad de mantenimiento de la secuencia de lanzamiento de misiles y drones por parte de Irán, o sea, si los agresores logran o no desactivar las capacidades iraníes en forma clara. Eso, si nos abstraemos de la propaganda, será visible (menos impactos, menos países, menos lugares, o no).

Como así también la realidad de los asesinatos de líderes y su masividad, si dejan sin cabeza al Estado y realmente producen una crisis política. Y, por otro lado, la capacidad de respuesta iraní, si realmente logran derribar algún avión de combate, o varios (suponemos que algunos lograrán derribar). Porque hasta ahora, como en la “guerra de los 12 días”, las fuerzas enemigas parecen pasearse sin bajas masivamente sobre el cielo iraní. Y eso es un signo de debilidad muy alto. Aunque debemos entender que el objetivo iraní es mantenerse lanzando misiles y drones.

La ofensiva y asesinato de dirigentes es un proceso en desarrollo; no es posible enumerar con certeza las víctimas, ya que pueden ir creciendo con el paso de las horas o, por el contrario, ser datos erróneos. Sin embargo, el asesinato del líder iraní y de una parte de la jefatura del país en una reunión en su casa no puede otra cosa que llamar la atención. Es un fallo de la inteligencia persa, la que debió indicar el escenario para prever situaciones de seguridad. O es una imprudencia general del gobierno que desconoció el escenario en desarrollo y la posible existencia de agentes enemigos. O es el éxito de una operación de engaño estratégico enemiga, que mediante negociaciones y declaraciones indujeron a Irán a confiarse y bajar la guardia.

Vemos que este último caso, sin descartar los anteriores, es una posibilidad. Aunque es de destacar que la enorme concentración de fuerzas de EEUU y la llegada de la flota encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln a su destino de despliegue (el puerto israelí de Haifa) debió haber activado las alertas. Además, el inefable argentino Grossi, de la AIEA, realizó unas declaraciones señalando la imposibilidad de verificar las instalaciones nucleares iraníes. Lo que siempre sucede antes de un ataque: alguna agencia “neutral” señala que x o y país se sospecha que podría tener algún tipo de arma de destrucción masiva.

Los iraníes ahora resaltan el “martirio”: la voluntad de martirio del principal líder, como ejemplo. Pero creemos que es parte del control de daños. Ya que la voluntad de martirio puede ser real; que además un hombre de más de 80 años esté dispuesto a morir y ya haya elegido u organizado la sucesión es posible. Pero que se reúna en su casa con importantes jefes del país y ese día los maten a todos no es martirio, es imprudencia o haber sido víctimas de un engaño. Podemos matizar estas afirmaciones con el hecho de que la CIA y el Mossad (agencias que suelen ser muy eficaces) estaban atrás de este líder desde hace tiempo, con su eliminación en carpeta. De hecho, los informes hablan de que la CIA fue la que coordinó el bombardeo con los israelíes. Ciertamente, que lo hayan eliminado el primer día es un éxito propagandístico del eje Israel-EEUU, dejando un sabor de que son implacables.

El Estrecho de Ormuz y el comercio mundial de hidrocarburos es otro elemento que en cualquier análisis debe ser tenido en cuenta en forma central. Ya señalamos en otro artículo las dificultades políticas y económicas de esta posible operación iraní. Lo cierto es que el cierre del estrecho podría ser realizado, o al menos está entre las posibilidades realistas. Sin embargo, la cuestión es que esta es una medida contradictoria. Perjudica en primera instancia a China. Producirá un aumento del precio del petróleo, el gas (y los fertilizantes) notable; por lo tanto, perjudicaría a Occidente, pero también a Irán, ya que es su principal fuente de recursos; es un poco “nos hundimos todos a ver quién aguanta más”. Ciertamente, en esta ofensiva dudamos de que los barcos petroleros puedan entrar y salir de puertos iraníes, más allá de que el estrecho esté abierto.

Irán sostiene su economía, muy golpeada por múltiples factores, en gran parte por la exportación petrolera (otro es el tipo de organización de su estructura económica). Los anuncios recientes de la Guardia Revolucionaria señalan que la “República Islámica” ha optado por un bloqueo selectivo. Claramente, para no afectar a su principal cliente, que es China, y poder negociar país por país de acuerdo a la posición que tomen en esta guerra. Pero EEUU debe tener en cuenta que una crisis prolongada en el Estrecho de Ormuz activará muchas presiones para cerrar las operaciones a medida que pasen los días.

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La situación del alineamiento internacional de los actores se orienta dentro de lo previsible, aunque hay cierta alteración en las monarquías del Golfo. Estas supuestamente estuvieron hasta últimos momentos intentando que la guerra no estallara. Más que nada porque se encuentran, como se ve, entre las principales afectadas. Irán atacó las bases de EEUU en todos los países de la región: Omán, Emiratos, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita, Kuwait y Jordania; sus milicias atacaron en Irak; un misil (no sabemos si por error) cayó en Siria; y el Reino Unido señaló que dos misiles se dirigieron contra sus bases en Chipre. Salvo Turquía, todos los países con presencia de tropas occidentales fueron atacados en respuesta a la acción agresiva israelí-norteamericana.

Esto ha producido hasta hoy una respuesta de estos países en general condenatoria a Irán. Lo que es grave para los persas, aunque esperable. Habrá que ver, de acuerdo a la evolución de la guerra, cómo actúan estos países, si profundizan su confrontación con los persas, sumándose de una u otra manera al apoyo a la agresión, o si mantienen una postura que, a pesar de la condena, intenta volver a una situación no bélica. Los misiles y drones iraníes han impactado en alguna infraestructura civil, aunque de menor importancia. Pero esto no es lo que importa a las monarquías, sino el riesgo que para ellos significa el cierre del Estrecho de Ormuz, como posibles ataques iraníes a otro tipo de infraestructura crítica de esos desérticos países, como refinerías o plantas productoras de agua potable. Suponemos que Irán se cuidará de producir esos daños; hasta ahora ha atacado las bases de EEUU, que son parte del dispositivo que permite la intervención en la región hace años. Ha golpeado tanto las bases del Golfo como intentado las bases inglesas en Chipre, fundamentales en el despliegue logístico y de inteligencia regional.

El otro gran actor regional, que es Turquía, se ha mostrado más retóricamente condenatorio a la agresión israelí (Turquía es de la OTAN, no se debe olvidar). Es claro que los turcos son competidores de Irán, pero la caída de los persas, un colapso del gobierno y/o su caotización, es algo lejano a sus intereses. Turquía se proyecta como potencia regional y, para el ultrarradicalismo israelí, es el siguiente enemigo.

Rusia y China. En general, los partidarios militantes de Irán suelen creer además en la idea de que los BRICS implican una estructura alternativa, una alianza que genera compromisos como la OTAN o algo así. Eso es un error. Los BRICS son una arquitectura alternativa que abre espacios a países que deciden apostar a la multipolaridad, en diversos aspectos, entre ellos el comercial, el financiero, etc. No es algo alternativo; es una diversificación de posibilidades para escapar de las garras únicas de un conjunto de instituciones occidentales muy discrecionales. Pero no es una alianza. Cualquiera que, con un poco de seriedad, lea el nombre de sus integrantes y los ubique geopolíticamente verá que este espacio puede implicar no alinearse con el Occidente geopolítico automáticamente, pero no una alianza hegemónica.

Por ello, la actitud de Rusia y China frente a Irán es de un muy discreto apoyo, pero nada que vaya a implicarlos en una confrontación directa con EEUU. Rusia, debería estar de más decirlo, está al límite de sus fuerzas para terminar con una victoria en la guerra de Ucrania; puede comerciar con Irán alternativamente, colaborar tecnológicamente, pero, según vemos, entregar una cantidad de baterías antiaéreas que pongan en riesgo las operaciones de la alianza sionista es casi imposible. De hecho, además, la posición de Rusia respecto de Israel es moderada. Y no le sería adecuado malquistarse duramente con EEUU en plenas negociaciones por Ucrania.

China maneja una diplomacia muy distinta; sin dudas favorece la subsistencia de Irán con un sistema y una alineación en el bloque BRICS, Shanghái, etc. Sin dudas intenta eludir, sin choques evidentes, las sanciones de EEUU al petróleo iraní, y debe otorgarle algún tipo de información (como se ha visto en imágenes satelitales de todas las bases de EEUU hechas públicas). Pero comprometerse en un posible choque con EEUU, no. Ni China y mucho menos Rusia chocarán, fuera de denuncias diplomáticas y alguna ayuda por bajo la mesa. Realmente esta guerra era previsible, y desde la guerra de los 12 días Irán debe estar preparándose para este nuevo round. Si hubiera algún sistema que pusiera en riesgo la acción de los EEUU-Israel ya se notaría. Quizás lo tengan guardado, pero aún no se ha visto. Quizás la ayuda china o rusa haya redituado en alguna forma de operar misiles que les permitan más impactos, como se ve en la foto difundida por Irán de un misil escoltado por un enjambre de señuelos para neutralizar la defensa antimisiles; no sabemos, eso se irá viendo. La guerra psicológica y la guerra híbrida a nivel mundial nos entregan una guerra de información que llega a presentar por las partes hechos de una forma tan disímil que raya el ridículo. Al principio cada uno cree lo que quiere creer, pero al final la realidad emerge con toda su crudeza.

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Aspectos militares de la guerra. Es de destacar que es la primera vez que Israel y EEUU realizan una campaña ofensiva coordinada y simultánea de estas dimensiones contra un adversario estatal. En las anteriores guerras, la relación militar entre Estados Unidos e Israel se caracterizaba por una «cooperación estratégica» muy profunda, pero no en el combate directo.

La primera fase de esta campaña incluyó ataques contra centros de mando y control, contra autoridades políticas y militares (es indeterminado el número de líderes asesinados, aún) y ataques con bombas antibúnker y de precisión contra instalaciones críticas. La fase dos, en marcha, se orienta a eliminar la capacidad de respuesta iraní destruyendo sus lanzaderas de misiles y drones. No sabemos los objetivos destruidos, pero sí podemos confirmar un listado inicial de jefes asesinados. Empezando por el ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo de la República Islámica. Mahmud Ahmadineyad, presidente (2005-2013), murió en un ataque directo contra su residencia en el barrio de Narmak, en Teherán. Ali Shamkhani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y uno de los asesores estratégicos más influyentes de Jameneí. General Mohammad Pakpour, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica. General Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán. Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa de la República Islámica. Mohammad Shirazi, jefe de la oficina militar del líder supremo. Hossein Jabal Amelian, director de la Organización de Innovación e Investigación Defensiva. Estas muertes están confirmadas. Trump habla de más de 40 líderes asesinados, pero parece una exageración de su estilo.

Es importante señalar que los iraníes han (en los papeles, veremos en la realidad) preparado su esquema de mando para esta situación. Cada puesto clave tiene designada una cadena de tres sucesores, como señalamos. También debemos señalar que existen bajas norteamericanas: 3 muertos y 5 heridos graves confirmados ya en estos dos días iniciales, lo que anuncia que son muy posibles nuevas bajas.
Según Defense Review, Irán respondió hasta ahora (domingo a la tarde argentina) con 1.484 proyectiles (591 misiles y 893 drones). Contra Kuwait: 97 misiles y 283 drones. Emiratos Árabes Unidos: 167 misiles y 541 drones (la mayoría fueron interceptados). Israel: más de 200 misiles. Qatar: 66 misiles. Bahréin: 45 misiles; quizás la base naval de los EEUU en esta isla haya sido la más dañada. Otros países atacados son Arabia Saudita, Jordania, Omán, Siria y Chipre. La base de Chipre es interesante, ya que las dos bases británicas de gran capacidad son el puente operacional con Occidente. Han sido claves en todos los despliegues desde la guerra de Suez en 1956 y han sido modificadas para dar albergue a fuerzas de EEUU en gran número, como para ser un centro de inteligencia clave de todo el despliegue regional. Será un ataque simbólico. Pero es la primera vez que se ataca todo el dispositivo completo de EEUU en Medio Oriente (salvo Turquía, no está de más insistir). Es de destacar nuevas tácticas de los ataques con misiles: ya los iraníes parecen no intentar saturar con número en un lanzamiento, sino que disparan menos misiles en un enjambre de drones destinados a “confundir” a los sistemas israelíes y norteamericanos, como la detección y guía hacia el objetivo. Aquí parece notarse la asistencia china y rusa. De hecho, los israelíes han anunciado varias violaciones a su Iron Dome.
También se puede señalar el ataque de Irán a dos petroleros en Ormuz, dato que deberá indicar que la próxima semana habrá novedades negativas para la economía mundial en el campo energético.

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Es nuestra evaluación provisoria que el despliegue de Israel y EEUU es muy amplio en lo que hace a sus activos aéreos y navales. Implica un costo económico y, más que eso, un consumo muy alto de su stock de misiles y municiones complejas. No podemos evaluar el daño causado a las fuerzas iraníes más allá del asesinato de sus líderes. Eso solo lo iremos sabiendo si las operaciones del eje sionista se mantienen y son cada vez menos contestadas por los iraníes. Si las respuestas iraníes continúan a un ritmo estable, la operación deberá prolongarse en el tiempo o contar con otro tipo de intervención que incluya fuerzas terrestres, al menos de operaciones especiales, lo que realmente es un riesgo enorme.

Creemos que el tiempo juega a favor de Irán, a pesar de la destrucción y la muerte de sus líderes. Nos atrevemos a señalar que, si en unas semanas Irán no es puesto de rodillas, el esfuerzo de los EEUU se irá agotando y deberán encontrar una salida, lo que sería un éxito parcial persa. Indicamos “éxito parcial”, ya que los golpes recibidos creemos que implicarán un deterioro no solo de su estructura de defensa, sino de la precaria situación económica y social del país.

Es de destacar (como resaltamos en un artículo anterior) que Irán enfrenta una situación económica complicada. Y que desde sus adversarios se incentiva que el descontento económico y la crisis social se eleven a crisis políticas. Desde nuestra perspectiva, opuesta a la de muchos analistas occidentales (pero no de todos), o al menos distante del relato público de EEUU e Israel (pero tampoco seguidista del relato de combate de la trinchera iraní), un ataque militar de este tipo no aumenta la desafección popular, sino que cohesiona la sociedad y, además, legitima cualquier tipo de represión de quien se alinee con el enemigo de la nación.

Es muy claro que, más allá del relato de la “teocracia” malévola o el “régimen” de los asesinos ayatolás (proviniendo de Israel suena paradójico), lo que buscan los agresores es una rendición, una venezolanización (o argentinización) que implica perder el grado de autonomía estratégica e independencia alcanzado. Más allá de la “democracia” o “teocracia”, en lo que Trump es transparente en su desinterés, lo que está en juego es la autonomía o la subordinación. Eso parece transparente, más allá de la valoración del sistema iraní, y eso pareciera indicar que la necesaria insurrección interna que la coalición agresora espera no es claro que vaya a suceder. Otra cosa son movimientos independentistas regionales con apoyo externo, tipo los kurdos. Quien escribe no puede afirmar qué pasa por la mente de los iraníes hoy, cuán cohesionados están. Tampoco si los recambios del personal político del sistema mantendrán la línea de no ceder. Si es así, y las operaciones militares no producen el colapso del país (una posibilidad muy cierta), EEUU (más que Israel) y Trump en particular estarán en un problema.

Por último, debemos señalar las implicancias de esta guerra para la arquitectura del mundo multipolar. La derrota de Irán y su desaparición como potencia regional ante el ataque de la potencia que era la hegemónica, aunque en declive (veremos si definitivo o solo una redistribución del poder mundial), nos enseña que estamos en un mundo en el que las relaciones de fuerzas priman sobre las normas de posguerra; es un mundo de enormes riesgos. Si lo que se está estableciendo es un esquema de “esferas de influencia”, ciertamente la independencia, la autonomía estratégica, la lograrán quienes sepan fortalecerse, disponer de poder económico, militar y cultural, y sostener lo que el teórico argentino de las RRII Juan Carlos Puig llamaba “autonomía heterodoxa”.

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