Informe: Bush con la seducción del “pato cojo”

Con sus visitas a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, Bush va concretando su promocionada gira por la región, la más larga por América Latina desde que asumió el cargo en 2001. Al culminar con Tabaré Vázquez, en la aislada hacienda Anchorena, en Colonia, el mandatario siguió su viaje al resto de los destinos. En…

Con sus visitas a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, Bush va concretando su promocionada gira por la región, la más larga por América Latina desde que asumió el cargo en 2001. Al culminar con Tabaré Vázquez, en la aislada hacienda Anchorena, en Colonia, el mandatario siguió su viaje al resto de los destinos. En cada uno de ellos basta levantar la punta de la alfombra para conocer las miserias de la relación de la Casa Blanca con cada uno de los países. The Washington Post, definió el viaje de Bush como «una ofensiva de seducción de una semana.” Lo inusual del itinerario: es la primera vez que la región vive una gira y una contragira, con la visita de Chávez a la Argentina y Bolivia, aunque ambos lo nieguen.

La visita de Bush a la región provocó fuertes reacciones contrarias de parte de organizaciones sociales en Brasil y Uruguay. Además generó la inocultable contragira de Chávez que arrancó en Argentina, donde firmó importantes acuerdos bilaterales y encabezó un masivo acto en el estadio de Ferro en contra del presidente de los Estados Unidos.

El diario estadounidense The Washington Post, definió el viaje de Bush como «una ofensiva de seducción de una semana» concebida «para hacer retroceder el sentimiento antiestadounidense y prosocialista fomentado por Hugo Chávez de Venezuela”

Según una encuesta realizada por la consultora Zogby Internacional, Bush es un seductor sin encantos que causa rechazo casi unánime de quienes pretende galantear. Según esta encuesta, la mayoría de los latinoamericanos desaprueba la gestión de EEUU en la región y en el mundo y desea un cambio en su política exterior. Según el sondeo el 86% de los encuestados calificó como «regular» o «pobre» el manejo de Washington de las relaciones con América Latina y con el mundo y sólo el 13% lo calificó como «positivo». La percepción negativa de EEUU («regular» o «pobre») fue mayor en Chile y Argentina, con el 95% de desaprobación, México con el 86%, y Colombia con el 78% de los encuestados.
En Venezuela, el 88% calificó de «negativo» el manejo de EEUU de América Latina, mientras que en Perú la cifra fue del 79%. En Brasil, los porcentajes que calificaron de «regular» o «pobre» a EEUU fueron del 83%.

La caída libre que ha tenido la imagen de EEUU en la región en los últimos años se debe a la percepción de que Estados Unidos se beneficia más del libre comercio que América Latina y que su política migratoria es inadecuada.

La primera escala: Brasil

Brasil es el más importante de los destinos de esta gira. El jueves 8 de marzo la mayor ciudad brasileña y suramericana quedó paralizada por las protestas contra la presencia de Bush en Brasil, que dejaron una veintena de heridos. El viernes el caos fue provocado por el cierre de calles y autopistas para permitir el paso de las caravanas estadounidenses.

El memorando firmado entre Brasil y Estados Unidos para el desarrollo mundial del etanol es el tema destacado por la prensa brasileña, que subrayó la negativa de Bush ante el pedido de Lula de reducir el 0,14 dólar de impuesto extra por litro de alcohol combustible proveniente de la caña de azúcar producida en Brasil. «Lula pide a Bush inversiones en lugar de ayuda», titula el diario Folha de Sao Paulo, que explica que «Bush se niega a bajar la tarifa de exportación del etanol, como quería Brasil».

Luis Ignacio Da Silva que puso su firma sobre un convenio asociativo para la producción de etanol -un biocombustible- al que Estados Unidos se ha visto obligado a prestar atención. También recibirá un tratamiento especial cuando, en el futuro cercano, será invitado a la residencia de Camp David, un grado de intimidad protocolar reservado a pocos visitantes.

Pero este convenio no hará que el etanol que Brasil produce de modo más eficiente -a partir de la caña de azúcar y no del maíz como el estadounidense- tenga un ingreso en mejores condiciones fiscales al mercado de Estados Unidos, algo que Bush no quiere, -o más bien no puede- garantizar ni lo hará mientras dure su mandato.

La protesta contra un visitante poco ilustre

Un numeroso grupo de manifestantes levantaron un globo blanco con la leyenda «Afuera Bush» en la planta de distribución de combustibles donde Bush se reunió con el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva para firmar el acuerdo. «Queremos que Bush vea a los manifestantes que no lo quieren aquí en este país», dijo entre miles el pequeño Carlos Eduardo Siqueira Pinheiro, de 18 años. «Estamos protestando por la presencia de un asesino fascista en Brasil, que no hará otra cosa más que defender los intereses de las empresas grandes». Más de 15.000 estudiantes, ambientalistas y partidarios de izquierda se enfrentaron el jueves con policías de Sao Paulo que disparaban gases lacrimógenos y blandían bastones. Los medios de prensa de Brasil indicaron que al menos 18 personas fueron lesionadas.

Sao Paulo despidió el viernes al presidente estadounidense, tras su visita de poco menos de 24 horas a Brasil, pero en la noche aún no se había librado del caos provocado por las medidas adoptadas para garantizar la seguridad del jefe de Estado de la mayor potencia económica y militar del mundo.

La visita de Bush implicó un esquema de seguridad que contó con: cuatro mil soldados, 200 policías y 300 agentes estadounidenses, que resguardaron al presidente y controlaron las manifestaciones

Uruguay: atrincherado en la Hacienda Anchorena en Colonia

Bush llegó a Montevideo el viernes por la noche proveniente de Sao Paulo. El presidente Tabaré Vázquez se reunió con el mandatario estadounidense en el departamento de Colonia, a unos 180 kilómetros al oeste de Montevideo. A la mañana del sábado, alejado de las protestas de miles de manifestantes que estremecieron las principales avenidas montevideanas, el cuestionado gobernante norteño se mostró interesado en hacer avanzar lo que llamó «la diplomacia constructiva».

Mientras en los alrededores de la hacienda y en Montevideo las manifestaciones de repudio recrudecían. Al grito de «Cuba sí, yanquis no» unas 10.000 mil personas protestaron en acto convocado por el Sindicato Único de Trabajadores en Montevideo. Allí, los organizadores mezclaron la lectura de una proclama contra Bush con una presentación del cantautor Daniel Viglietti, uno de los principales artistas prohibidos por la dictadura militar uruguaya de la década de 1970.

Sosteniendo cientos de banderas con los colores rojo, azul y blanco del Frente Amplio, miles de personas gritaron «Fuera Bush», «Bush asesino» y entonaron legendarias canciones características de la resistencia al gobierno militar.

Las postales de protesta en Montevideo se sumaban al acto «anti Bush» que en Buenos Aires encabeza el presidente venezolano Hugo Chávez, considerado por Estados Unidos como el principal enemigo en la región.

«La protesta quiere mostrar el repudio del pueblo uruguayo a la presencia de Bush, presencia que desde nuestro punto de vista ofende la conciencia soberana y democrática del pueblo uruguayo, que ha sido y será permanentemente solidario con los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo», dijo a una radio local el dirigente sindical Luis Puig. «Fuera Bush, no al imperialismo», señala un gran cartel colocado en la fachada de la Universidad de la República, ubicada en el centro de Montevideo.

En otra manifestación, con carteles que rezaban «Danger, Bush is here» (Peligro, Bush está aquí) y banderas con el rostro del líder guerrillero Ernesto Che Guevara, miles de personas realizaron una violenta protesta el viernes en Montevideo. Apedrearon el local de McDonald’s e incendiaron muñecos de Bush y banderas de EE.UU. «Aunque el gobierno lo reciba con los brazos abiertos, hay que dejarle claro que el pueblo uruguayo lo rechaza. Acá los asesinos no tienen que ser bienvenidos», dijo a un cronista de Reuters Alejandro Piriz, de 72 años, ni más ni menos que otro testimonio de una de las miles de almas que se concentraron en la marcha, algo así como una muestra tomada al azar dentro de una gran cantidad de personas. Y eso no es poco.

Tabaré Vázquez declaró en conferencia de prensa conjunta, concluido el encuentro oficial con su par estadounidense, George W. Bush, que su país «no quiere un proceso de integración cerrado, sino abierto». La estrategia de inserción de Uruguay «está bien definida y clara», remarcó el titular del Ejecutivo en un intento por despejar dudas acerca de un presunto alejamiento de Montevideo del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). «Apostamos fuertemente al proceso de integración regional porque Uruguay está donde está y no nos queremos ir de aquí”, subrayó el mandatario de la nación oriental.

Además de defender su presencia dentro del MERCOSUR desde el ángulo económico, el presidente uruguayo hizo también referencia a los nexos históricos y culturales entre las naciones del área. «Tenemos con nuestros hermanos de la región vínculos muy sólidos y fuertes», recalcó.

Tras elogiar a Uruguay «por crear condiciones para que se realicen inversiones y la economía siga creciendo», Bush afirmó que es su intención colaborar a un nivel en que los pueblos de ambas naciones «se sientan cómodos».

Pero para varios analistas el polémico ocupante de la Casa Blanca llegó a Uruguay sin dinero en los bolsillos, con sólo promesas y un discurso humanitario dirigido a contrarrestar la creciente influencia del presidente venezolano, Hugo Chávez, en la región.

El “pato cojo” que trata de seducir

En ámbitos políticos estadounidenses se define como “pato cojo” al presidente en el último año de su segundo mandato, vale decir sin opción para reelección y, por tanto, con poco poder de decisión a mediano plazo. Es el caso de Bush, con una capacidad de poder que se evapora día a día. En ese contexto, ¿qué pueden esperar los países latinoamericanos de una parada del pato cojo?

Algo curioso, no obstante, ha ocurrido en el transcurso de la planificación y ejecución de la gira de Bush y su gobierno: han tenido que cambiar de estrategia, ahora se ven obligados a competir por las mentes y corazones del hemisferio sobre el terreno establecido por sus opositores, principalmente Chávez.

Bush y su gobierno han evitado mencionar por nombre a Chávez pero el discurso los traiciona: «justicia social» promover «el cambio para los pobres», «satisfacer las necesidades básicas», el envío de educadores y médicos, y por si no fuera poco convincente, ahora hasta se declara hijo de Bolívar.

«Gracias al señor Chávez», fue la cabeza de un editorial del New York Times, al comentar el nuevo enfoque de la Casa Blanca hacia la pobreza de América Latina: «Si se requiere de la demagogia del señor Chávez para que Washington promueva políticas más lúcidas en las Américas, pues que así sea». Recordó este editorial, que fue la preocupación por la influencia de Fidel Castro en las Américas lo que inspiró las políticas pro-desarrollo de la Alianza por el Progreso del presidente John Kennedy, y sugiere que Bush use esta gira para iniciar una nueva versión de esa política. La diferencia del primero con el segundo, es que a JFK lo asesinaron a plena luz del día y los secretos de su sospechosa muerte recién serán conocidos cuando la famosa “Comisión Warren” abra sus archivos dentro de unos 15 años.

Bush se ufana porque la ayuda estadounidense a América Latina se ha duplicado durante su gestión a 1.600 millones de dólares. El gran pero es que, en el último presupuesto enviado al Congreso, él mismo propuso una reducción de 25.000 millones sobre aquel monto. Esto obviamente no lo menciona.

Esta cifra 1.600 millones de dólares merece una reflexión al margen, principalmente a quienes se oponen a la visita de Chávez a la Argentina: Caracas posee hoy bonos argentinos por un monto mayor que el de toda la ayuda estadounidense a América latina, -y sin el descuento propuesto por Bush-.

A pesar de la retórica sobre cómo se ha duplicado la asistencia de EE.UU a América Latina durante la presidencia de Bush y el anuncio esta semana de un paquete de iniciativas para ofrecer apoyo a programas de educación, salud y vivienda a diferentes países, la retórica es más inflada que la realidad.

«En los seis días de la gira de Bush por América Latina esta semana, Estados Unidos gastará más dinero en Irak que todo lo que Bush ha propuesto (en asistencia) para América Latina en el año fiscal 2008», declaró Dan Restrepo, director del Proyecto sobre las Américas del Center for American Progress en Washington.

Restrepo señaló que a pesar de la nueva retórica, lo propuesto por Bush para el presupuesto revela que hay reducciones en rubros dedicados a programas de desarrollo y salud para las Américas. «En los hechos, lo que hay es descuido y mal manejo de la relación con el hemisferio» y agregó que el gobierno de Bush ha cometido el error de «percibir a Chávez como una amenaza regional, con una visión rival, la cual tiene que ser contenida», ya que eso «exagera la influencia real de Chávez».

Restrepo y otros analistas reconocieron que el intento de Bush de «adueñarse» del símbolo de Bolívar es similar al otro intento de la Casa Blanca por hacer lo mismo con José Martí desde hace décadas en torno a la relación con Cuba. En una conferencia de prensa Bush no tuvo mejor idea que decir con su mejor rostro que «somos hijos de Washington y Bolívar». Evidentemente las matrices de análisis de los republicanos en el gobierno, no son muy distintas a los patrones que utilizaron cuando blandieron a sangre y fuego la Doctrina de Seguridad Nacional sobre toda América Latina.

Thomas Shannon, pragmático, discreto y ejecutivo subsecretario de Estado encargado de las relaciones con el continente, advirtió la semana pasada que existe una competencia entre dos visiones diferentes, la de promoción de la «democracia y libre mercado» vinculada con el libre comercio, y una que busca regresar a un pasado con mayor centralización de la economía y gobiernos más autoritarios. Reconoció que la pugna entre estas dos visiones -que se realiza dentro de los canales políticos y democráticos- es la expresión de «una lucha fundamental: cómo abordar la pobreza, desigualdad y exclusión social. En este sentido, no deberemos subestimar la volatilidad creada por el creciente resentimiento y amargura entre los sectores más pobres y vulnerables de las Américas». Por eso el mensaje de Bush por la «justicia social».

Además, la receta económica de Bush, la misma de los últimos 20 años, no es fácil de defender. «El crecimiento económico en Latinoamérica durante los últimos 25 años ha sido un desastre, el peor fracaso económico a largo plazo en más de cien años», afirma Weisbrot.

Shannon insistió en que este viaje no gira en torno a una competencia entre Washington y Caracas por el hemisferio. «Esta no es una competencia… porque lo que estamos intentando hacer con nuestra asistencia y apoyo no es comprar favores o crear relaciones de dependencia, lo cual es lo que desea hacer el presidente Chávez».

Pero la mayoría de los observadores estiman que el problema de este viaje no sólo es el mensaje, sino el mensajero. «Probablemente nunca ha habido tanto sentimiento antiestadounidense y tan poca confianza en el liderazgo de los EE.UU desde la guerra fría» en la región, dijo Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano al New York Times.

No hizo falta que terminara la gira para verificar la cantidad de desaciertos de la Casa Blanca en un continente castigado por décadas por políticas de abyecta expoliación. A más de la mitad, lo que queda claro es que el galán seductor vino a ofertar más de lo mismo. Políticas que sólo han significado ruina y miseria. Más aún, todo lo que acuerde, quedará en retórica puesto que no tiene el poder para sustentarlo. Como dicen los expertos estadounidenses en asuntos latinoamericanos: “Demasiado poco, demasiado tarde”.

Compartí el artículo