Gradualismo o reseteo económico: las alternativas para ajustar precios, tipo de cambio y tarifas

El plan de Estabilización de Sergio Massa busca hacer equilibrio en un contexto inestable. Para algunos economistas sin una devaluación brusca del dólar llegar a diciembre de 2023 será imposible.

Corrida cambiaria e inestabilidad

En la última semana de noviembre se registró una nueva suba de las cotizaciones paralelas. La primera corrida durante la gestión de Massa implicó un incremento de entre $20 y $25 pesos en los valores de los dólares alternativos generando un clima de inestabilidad parecido al de agosto cuando se realizó el cambio de gabinete.

La corrida se originó a partir de la acción de agentes de bolsa, bancos acreedores y fondos de inversión que volvieron a poner en duda la sustentabilidad del plan de estabilización del oficialismo. El reacomodamiento en los tipos de cambio financieros se relaciona con el incremento inflacionario de los últimos meses, pero la presión sobre las cotizaciones paralelas indica que la tregua ofrecida al superministro se terminó.

Durante todo el mes de noviembre el Central estuvo vendiendo dólares desprendiéndose de una parte importante de lo que había logrado acumular durante la primera edición del Programa de Incremento Exportador (Dólar Soja I). A raíz del drenaje, las cotizaciones paralelas como el MEP o el CCL se dispararon.

De acuerdo con el análisis que realiza el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) en su informe de noviembre, “los dólares generados por el superávit comercial con el exterior se fueron porque el sector privado los usó para pagar intereses y deuda contraída durante el gobierno anterior (12.000 millones) y fugarla mediante diferentes mecanismos habilitados por la regulación cambiaria (7.000 millones), y el sector público, a pesar de la renegociación de la deuda, siguió pagando intereses (13.000 millones).”

La secuencia de dolarización se completó con las declaraciones del ex Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para quien el camino hacia la hiperinflación es irremediable. Una verdad a medias si tenemos en cuenta que varias consultoras sostienen que a este ritmo de venta de dólares, el Central podría quedarse sin divisas para inicios de febrero.

Con una deuda en pesos abultada y el Fondo Monetario exigiendo al BCRA que no financie de ningún modo al Tesoro, los acreedores del mercado doméstico utilizan la asimetría de fuerzas entre un estado endeudado y sus intereses.

El impacto también hace tambalear el programa “Precios Justos”, una apuesta fuerte de Massa para congelar los precios que ya rige en las cadenas de supermercado. En la medida que el peso se devalúa frente al dólar, distintas cámaras insisten con la imposibilidad de mantener un mismo precio para todo el país durante los ciento veinte días que el acuerdo prevé.

Para las alimenticias y supermercadistas el éxito de “Precios Justos” también depende de la disponibilidad de dólares que el gobierno pueda facilitarle a través del nuevo sistema (SIRA) de permisos de importación. Es un punto que los empresarios acordaron con la cartera de economía y comercio para cerrar las negociaciones.

Con un enfoque mucho más restrictivo, debido a una disponibilidad menor de dólares para repartir, el que no consiga divisas empieza a bajar la persiana. El efecto de la pérdida de reservas se multiplica en varios frentes: alimenta los dólares paralelos, incrementa las expectativas devaluatorias y desacelera la actividad.

Devaluación por goteo

El Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) difundió el ritmo anual de la devaluación del peso. Según los analistas, “la devaluación se sigue acelerando y desde septiembre igualó el ritmo inflacionario. En los últimos doce meses el peso se devaluó 66% respecto del dólar”.

La cuestión del atraso en términos reales del tipo de cambio es una preocupación recurrente del Fondo Monetario. Durante todo el año, las visitas técnicas del organismo le pidieron a los funcionarios argentinos que el BCRA haga avanzar el dólar de manera marcada para sostener su valor real.

Para el equipo económico el foco está puesto en una reducción progresiva de la inflación. Con ese objetivo intenta acumular reservas negociando créditos externos, implementando tipos de cambios paralelos de corto plazo y fijando acuerdos de precios voluntarios.

Negocia la ampliación de una parte del swap (intercambio de monedas) con China por el equivalente a $5000 millones de dólares, la posibilidad de conseguir una línea de financiamiento con Brasil por un monto de $8000 a $10.000 millones e implementa la segunda edición del dólar soja.

En ese proceso gradual, intenta reducir la emisión monetaria, achicar el gasto y alcanzar el equilibrio fiscal que acordó con el FMI. En el informe de MATE se precisa este movimiento como una política sostenida para el próximo año: “El gasto se retrasa al mismo tiempo que los ingresos fiscales siguen creciendo. De este modo, el déficit fiscal se está reduciendo. La meta rigurosamente establecida por el acuerdo con el FMI determina la continuidad de esta política”.

El gradualismo se complementa negociando con sindicatos afines para moderar el incremento paritario ya que, según Massa “no es solo con aumentos de salarios que devolvemos poder de compra, si bajamos la inflación, devolvemos mucho más».

Lo que la cartera económica niega rotundamente es la opción de un reajuste con un salto brusco del tipo de cambio. Aunque la devaluación del peso mes a mes se consolida buscando achicar la brecha  entre las cotizaciones paralelas y el tipo de cambio oficial.

Reseteo económico

Las dudas sobre las posibilidades del plan crecen en la medida que los guarismos inflacionarios no bajan del 6% y como se ha descrito antes, las reservas del Central rozan su piso mínimo. Para algunos economistas la situación no puede abordarse con el incremento del desempleo o la recesión de la actividad, tampoco con la alineación progresiva de las variables que inciden sobre los precios.

Uno de los primeros que mencionó la necesidad de ajustar el tipo de cambio bruscamente fue el propio Viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, quién tiene a su cargo las negociaciones con el Fondo Monetario. Rubinstein aclaró que debido al estado calamitoso de las cuentas públicas, un salto drástico en el valor del peso si no se administra correctamente, podría terminar con una disparada mayor en los precios y empujar al país a la recesión económica.

Otro de los economistas que por estas horas ofrece alternativas al gradualismo de Massa es Emanuel Alvarez Agis. Fue Viceministro de Economía durante la gestión de Axel Kicillof y director de la renombrada consultora PxQ.

Meses atrás, Agís sostenía que una devaluación sólo empeoraría las condiciones de aquellos que viven del trabajo: «Bajar la inflación con una brutal recesión es política y socialmente insostenible. Para mi va a volar por el aire. Pero además eso no es lo que necesita la Argentina».

Frente al escenario actual, el economista modificó su posición al explicar en varias entrevistas televisivas que es necesario implementar un plan de estabilización capaz de generar un shock de expectativas.

“Hay que devaluar y subir retenciones para que los precios de los alimentos no se vayan al demonio. Eso hay que combinarlo con una suba fuerte del salario en el día uno, de manera que le gane a la devaluación pero pierde en términos de los aumentos de tarifas que hay que hacer”, argumenta Alvarez Agís.

Marina Dal Poggetto es la directora de la consultora Eco Go. En julio, cuando el gobierno delegaba a Massa la administración de los asuntos económicos, fue consultada para integrar el equipo económico, aunque se negó. Para la economista, “no hay programa de estabilización que no arranque con una corrección de los precios relativos”.

Para Dal Poggetto existe un consenso entre economistas y dirigentes sobre que “no hay margen para el gradualismo”. La directora de Eco Go explicó que “cuando la tasa de inflación está en un 6 o 7% mensual, es ya imposible corregir los precios relativos en forma gradual. Con lo cual, el concepto de “shock” está en todos lados.”

La analista sostiene que las medidas de gobierno procrastina la irremediable corrección de las variables económicas: “Hay un sobrante de pesos en la economía y un faltante de dólares. El faltante ha originado este esquema de brecha cambiaria, y el sobrante ha generado la dinámica de perpetrar hacia adelante el esquema de no devaluar el tipo de cambio oficial e ir entregando dólares diferenciales para parte de la importación”.

Una devaluación es por naturaleza regresiva. Deteriora el magro poder de compra de los consumidores y contrae aún más el salario. En los fenómenos devaluatorios los costos impactan antes que los posibles beneficios que pueden alcanzarse. Beneficios no sólo en la actividad económica, sino fundamentalmente en el salario y las condiciones de trabajo.

Entre los economistas y la clase dirigente crece con fuerza la idea que sólo una devaluación del peso significativa puede corregir los desequilibrios de la economía nacional. El problema es que nadie logra explicar cómo compensarán una nueva reducción del salario ni de qué forma administrarán las medidas para que el costo no caiga sobre trabajadores y trabajadoras, ya sean formales e informales, jubilados y beneficiarios de las prestaciones sociales.

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