Formosa. Rompiendo estigmas

El trabajo fuerte de una organización social y el Estado presente de un gobierno provincial (estigmatizado por la derecha) rompen en añicos la narrativa mediática al recorrer el territorio de Formosa. Una nueva crónica de viaje de Eduardo Silveyra.

CHARLA. Durante la noche la lluvia se hizo presente en gran parte de la provincia. Cayó como una bendición en casi todo el territorio formoseño, asolado en algunos lugares por una “seca” como llaman los lugareños a la sequía que lleva ya entre seis y siete meses. El viento del temporal ha dejado tendales de mangos desparramados en las aceras. El árbol de dicho fruto abunda por toda la ciudad al igual que las palmeras pindó. Mientras espero la llegada del guía Daniel Coria en la puerta del hotel, recojo algunos mangos ya maduros, no soy el único que se dedica a esa cosecha fortuita, estamos en eso cuando llega Daniel y abandono la tarea para salir rumbo a Misión Tacaaglé, un poblado al que se llega tomando la Ruta Nacional 11, luego la Ruta Provincial 2 y después de un desvío la Ruta Provincial 86. Por el camino vamos mateando y conversamos, Daniel me pregunta si ya había estado en Formosa y le respondo:

-No, es la primera vez.

-¿Qué le parece la provincia?

-Muy linda, mucha diversidad de árboles y pájaros.

-¿Ya le contaron lo de los techos azules?

-Sí, muy bueno.

Daniel hace referencia a que las edificaciones del Estado provincial todas tienen techos azules, desde escuelas, edificios gubernamentales, como así también las viviendas del plan habitacional que lleva adelante el gobierno de Gildo Insfrán en diferentes zonas urbanas y rurales.

-Acá en Formosa, no estudia el que no quiere –dice Daniel con cierto orgullo— en cada pueblo, así tenga mil habitantes, va a encontrar siempre dos Centros Educativos con jardín de infantes, escuela primaria, secundaria, campo de deportes y centro de salud. En la ciudad usted va a ver que hay una escuela cada diez cuadras. Por eso le pegan al gobernador, el Modelo Formosa es para imitar en todos lados, porque se trabaja en conjunto con el Estado nacional, el provincial y los municipios. Se tienen en cuenta las necesidades de la gente.

Daniel también me cuenta que anduvo trabajando por Calafate y también por el conurbano bonaerense, en la construcción. Pero después de un tiempo volvió a la provincia y ya no quiere volver a salir. Cuenta también que una noche se salvó por poco de ser un caso más de gatillo fácil, cuando un poli de La Bonaerense le disparó varias veces para amedrentarlo. Ese hecho lo marcó y decidió volver.

-Acá se vive más tranquilo y trabajo siempre hay.

ESTIGMA. Faltan pocos kilómetros para llegar a Portón Negro, un paraje ubicado en Tacaaglé sobre la RP2. Daniel aminora la marcha para buscar la entrada a la casa de Nelson Leguizamón, un maestro jubilado que es referente del Frente Agrario Evita, movimiento que se convirtió en la segunda fuerza política de la provincia y con trabajo territorial en ocho de los nueve departamentos. Al llegar a la casa, Nelson nos recibe con alegría. Después de las presentaciones formales, nos invita a pasar al patio arbolado a un costado de la vivienda. Allí, bajo la sombra de un algarrobo se ha formado una rueda de paisanos y paisanas de Tacaaglé. El mate pasa de mano en mano y Nelson nos cuenta: “Todo el emprendimiento de las huertas lo hicimos a pulmón. Recién ahora recibimos la ayuda del Programa de Promoción, Arraigo y Abastecimiento Local (PROTAAL2). Venimos trabajando en 60 campos desde el año 2003. Producimos desde mamón a verduras y hortalizas en las unidades productivas de una hectárea cada una. Acá, en las que trabajamos, estamos vendiendo unos doscientos combos por semana y también feriamos. Vendemos a precio justo y solidario. Eso es parte de nuestro trabajo político y social, lo hacemos sin muchos recursos, pero, siempre con el apoyo del gobierno nacional y provincial y con mucha convicción”. El PROTAAL es un programa que está destinado a trabajadores de la economía popular, desocupados y sub desocupados y/o agricultores/as familiares campesinos e indígenas de todo el territorio argentino. Y, junto al Plan Potenciar Trabajo (PPT), son las dos herramientas con las que cuentan las unidades productivas para su desarrollo territorial en el pueblo que cuenta 1300 habitantes.

En la rueda de rostros y manos curtidas por el trabajo agrario, la presencia de las mujeres es importante. Entre ellas está Lucía Acosta que toma la palabra para decir: “Yo nací acá y este es mi lugar, soy secretaria de educación del Frente Agrario y en eso llevamos también un trabajo día a día, no solo con un merendero, sino también incentivando lo creativo. Como docente además de que aprendan lo hay que aprender, yo quiero que los chicos sean curiosos, que se pregunten el porqué de las cosas”. En esa tarea también colabora y trabaja fuerte su hermana, Yesica, responsable entre otras cosas del merendero, quien resalta: “El trabajo educativo y social, es un trabajo político”. En ese sentido, también hay una secretaría de deportes a cargo de Julio Merlo, que nos cuenta: “Es importante el trabajo en el área de deportes, por el momento tenemos cuatro categorías de fútbol infantil en las categorías del 2010 al 2014 que compiten en los campeonatos de la zona y ya empezamos a trabajar con la formación de un equipo femenino”. Corridos por la hora, Nelson nos invita a recorrer una de las unidades productivas, que incluye a una fábrica de forrajes para ganado menor. Hacia allá partimos.

UNIDADES. La Unidad Productiva está a unos 10 kilómetros de distancia, al salir de la ruta, nos internamos por un camino de tierra que en cierto tramo está anegado por un gran charco de agua, producto de la lluvia de la noche anterior. Después de recorrer un tramo corto, se divisan recortados sobre el cielo encapotado los techos negros de los invernaderos. Al bajar del vehículo, nos recibe un paisano bien formoseño, delgado, vivaz, con el rostro curtido por el sol y las heladas. Nos invita con un tereré que aceptamos gustosos. Se trata de William Edgar Benítez, responsable de la Unidad Productiva General Belgrano de una hectárea de extensión, en la cual se producen lechugas, puerros, batatas, mandioca y porotos entre otras verduras y hortalizas junto a la caña dulce para forraje de lechones. Benítez se muestra contento cuando le pregunto cuánto hace que comenzaron a trabajar. Dice: “Comenzamos en junio del 2022 y todo a pulmón. De a poco, y con esfuerzo, las cosas fueron saliendo. Acá tenemos sólo una hectárea en donde trabajamos cinco compañeros y compañeras que le ponemos ganas para que las cosas salgan: ya sea haciendo los surcos en los viveros, cosiendo las media sombras cuando las descose el viento o comercializando la producción con los vecinos. Somos gente de campo, con cien oficios y mil necesidades, pero hay que darle para adelante, porque trabajar la tierra también es trabajo político”. Algunas gotas nos mojan y Nelson como buen baqueano dice que es mejor ir hacia la fábrica de forrajes antes que la lluvia se largue fuerte. Hacia ahí partimos gustosos de haber conocido a este William Benítez y al grupo campesino. El galpón está ubicado en el pueblo de la colonia, no muy distante de la chacra. Dada la hora, hay temor que quienes trabajan se hayan retirado, pero Nelson hace un llamado y están esperando nuestra llegada. Nos presentamos ante Florencio Ayala, responsable del grupo de ocho compañeras y compañeros que trabajan en el emprendimiento, el cual lleva menos de un año de funcionamiento. Nos comenta: “Acá fabricamos forrajes para cerdos y vacunos, con maíz entero, expeler de soja y núcleo, que proviene de ocho campos de la zona y vendemos por pedidos a los productores locales. Tenemos una producción de 500 kilos por hora cuando estamos a full, y trabajamos ocho compañeras y compañeros en dos turnos. Unos vienen a la mañana y otros a la tarde. Como en todo lo que hacemos vendemos a precio justo y solidario. A veces tenemos problemas por el tema de la inflación, pero le damos para adelante con fuerzas. Acá pagamos un alquiler de 40 mil pesos y estamos viendo de armar el galpón en alguna de las unidades productivas, ese es el próximo paso que nos planteamos”. Ahora sí la lluvia se ha largado fuerte y decidimos partir después de ver el funcionamiento de la maquinaria. Por el camino de vuelta hacia la casa de Nelson, que ha sido electo concejal en las últimas elecciones, me dice: “No te olvides de poner en la nota que acá en Formosa trabajan en conjunto el Estado provincial, el nacional a través de INAFCI, el INTA, INAES y lo municipios, esa es la manera de salir adelante y en esa construcción el dialogo con los vecinos es importante que lo desarrolle una organización social y política. No te olvides de citar que acá Gildo ganó con el 70% de los votos y del trabajo territorial del Evita”. La noche viene lluviosa, algunos animales se atraviesan en la ruta, atrás va quedando Tacaaglé, con su gente laboriosa y entrañable. El camino da para pensar en los esfuerzos humanos y colectivos para transformar la realidad y hacerla más rica y humana; también en aquellos que con sus distorsiones mediáticas estigmatizan a quienes, desde los más lejanos lugares del territorio, le ponen la vida a la verdadera política, la de los humildes y los dignos.

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