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Fiestas sangrientas

Los singulares pioneros provenientes de Italia. Menocchio, un apellido ligado al poder político, económico y al crimen. El Gusano, una existencia en perpetuo cambio y dedicada al mal. Por Eduardo Silveyra.

La historia comienza en los años veinte del siglo pasado, cuando una italiana, al frente de su familia, se establece en los territorios de General Urquiza. Un paraje apenas poblado y vecino a Santo Pipó, donde compran unas 500 hectáreas de montes y yerbatales, los cuales comienzan a explotar de modo intensivo. Se trata de la familia Menocchio, provenientes de Italia, precisamente de la región del Friuli, quienes, como muchos de sus compatriotas, huían de las hambrunas y atrocidades ocasionadas por las guerras y se establecían en los confines del mundo, en busca de futuros sin tantas zozobras. Sin embargo, los Menocchio no eran una familia cualquiera, ya tenían una larga tradición en las transacciones de tierras y establecimientos agrícolas en el norte de Italia que se remontaba al medioevo.

Poco sabemos de esa mujer y de los detalles enriquecedores de su existencia aventurera, en un tiempo donde las mujeres estaban relegadas a tareas plebeyas. Lo cierto es que uno de sus hijos, precisamente Raúl, ya promediando los años 40 y con la aparición del peronismo, creó un verdadero emporio yerbatero en General Urquiza, estableciendo un molino, un secadero de yerba y un puerto en la ribera del Paraná, además de experimentar en el cultivo de café, para lo cual encendía fogatas de buenas proporciones, con el fin de crear un microclima que permitiera llevar adelante las plantaciones, aun a riesgo de incendiar todo el monte. Bien se podía decir que Raúl Menocchio era un hombre de ingenio, lo que ahora se diría un emprendedor exitoso, al cual la tentación de la política no le fue ajena, ya que, una vez concretada la provincialización del Territorio Nacional de Misiones en 1954, en las primeras elecciones legislativas fue elegido diputado provincial por el Partido Justicialista, un cargo en el cual tuvo un corto desempeño debido al golpe de Estado que derrocara a Perón unos meses después.

Menocchio parece desentenderse de los avatares políticos durante ese tiempo aciago y centra todos sus esfuerzos en ensanchar sus dominios yerbateros. En el establecimiento Menocchio trabajan unos 400 obreros y esa masa laboral crea por sí misma el pueblo de General Urquiza. El puerto de la empresa se mueve con dinamismo, se tejen relaciones con empresarios de toda la provincia y también del vecino Paraguay. Esa expansión industrial y su relacionamiento comercial no pasan desapercibidos tres décadas después y, con la vuelta de Perón al gobierno en 1973, Menocchio es nombrado presidente del Banco Provincial de Misiones en 1976, por el gobernador Miguel Ángel Alterach. Pero, nuevamente, los nubarrones se ciernen en el auspicioso cielo del empresario y el golpe de Estado más cruento de la historia política argentina lo vuelve a sorprender. Con prisa abandona las posesiones misioneras y, junto a su mujer y sus dos hijos, una niña llamada María Luz y el varón Luis Raúl, se refugian en el Paraguay de un Stroessner ya en retirada, pero con el cual mantiene lazos amistosos. Otra vez deberá esperar la llegada de la democracia para retornar a Misiones con nuevos afanes, pero también con ganas de comenzar un merecido retiro, luego de décadas de trabajo.

NOMBRES. A fines de los años 80, Luis Raúl Menocchio era un joven alto, pintón y bien empilchado; la noche posadeña lo tenía como uno de sus principales animadores. Sexo, drogas y alcohol eran los ejes de sus famosos excesos, solventados con su abultada billetera de niño rico, pero de golpe el chorro de dinero se cortó. Su padre, que tanto esmero había puesto en hacer de su hijo un continuador de sus hazañas empresariales, debido a circunstancias propias y otras derivadas de las políticas económicas del alfonsinismo, vio cómo su solvencia financiera de pronto comenzaba a hacer agua. Para salvar la situación dejó de financiar al playboy de su hijo y las reuniones sociales de su hija, a la vez que libraba cientos de cheques sin fondos por decenas y estafaba a la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), vendiéndole dos veces la misma cosecha. Una vida de supuesta honorabilidad y honradez, de golpe era tirada por la borda.

Lacan asevera que nada es más ajeno que el nombre; seguramente razones hay para deslindarse de esa imposición y heredad, que muchas veces marcan las existencias de manera notable. Raúl Menocchio, con su figura patriarcal bien determinada, ya había trazado los futuros pasos que debería continuar su hijo, el heredero. Aunque a Luis Raúl no le importaban ni la política ni los negocios, o mejor dicho, le interesaban pero con otros métodos. Es así que apenas estallan los escándalos paternos, se cruza a Encarnación y en poco tiempo crea en sociedad un canal de cable, una novedad incipiente para la época. No pasa mucho tiempo cuando algunos asociados comprueban que Luis usa a la empresa para lavar fondos del narcotráfico y el contrabando, a la vez que deriva dinero societario para uso propio, es decir, para financiar sus andanzas nocturnas con sus debidos excesos. Las primeras denuncias penales comienzan a caer y debe alejarse del universo televisivo. Necesitado de dinero, no le falta ingenio para procurarlo a raudales y en poco tiempo crea una empresa transportadora de caudales en Asunción. El negocio marchaba sobre ruedas, hasta que los camiones comienzan a ser asaltados en una seguidilla sospechosa. Las investigaciones policiales determinan que el mismo Luis Raúl comandaba una banda de piratas del asfalto, reclutados en un paraje misionero aledaño al puerto de la empresa yerbatera paterna y conocido por la gente de avería de un lado y otro de la frontera como El Destierro.

Estas andanzas delictivas lo llevaron a la cárcel durante cuatro años. Al salir reinició su estridente vida nocturna, como organizador de fiestas suntuosas en los boliches más renombrados de la noche asunceña. A los eventos concurrían empresarios, políticos, jueces, fiscales y todo aquel que tuviera influencias de poder en el universo social paraguayo. Luis Raúl se había ganado el apodo poco honorable de El Gusano, pero eso no le importaba, el dinero volvía a correr por sus manos. Se había convertido en el mayor dealer de esa nocturnidad poblada con sus famosos desmadres.

Este hecho lo condujo a una conversión fatídica. De ser un alegre delincuente a convertirse en un asesino a sangre fría. Es así que cierta noche llega a Puerto Madero, el boliche de moda en Asunción; la intención es cobrarle una deuda a Eduardo Francisco Maciel, un cincuentón propietario del lugar. Maciel le pidió un nuevo plazo, ya pedido anteriormente. El tipo argüía estar corto de fondos. El Gusano tomó las cosas con calma y se quedó bebiendo champán a cuenta de la casa con Graciela Méndez, una adolescente de 19 años, novia de Maciel. En esa sospechosa sociabilidad estuvieron hasta la madrugada, en la cual los tres se retiraron del lugar en una Ford Explorer. Ese 16 de agosto de 2004 fue la última vez que se vio con vida a la pareja. Sus cuerpos aparecerían once días después, en dos tambores de 200 litros sellados con cemento y semisumergidos en el espejo de agua de Laguna Grande, un pueblo cercano a Asunción. Maciel tenía dos disparos en la cabeza y tres en el tórax; la juvenil Graciela, dos en el pecho. Raúl “El Gusano” Menocchio fue interrogado como sospechoso, pero a las pocas horas de haber acabado el interrogatorio, increíblemente se subió a un avión que lo dejó otra vez en sus pagos misioneros y su rastro se perdió durante un tiempo, en los caminos sinuosos de la turbia tierra colorada.

IDENTIDAD. Todo hombre que se dispone a hacer algo importante en su vida mata a su padre. Esto nos dice Freud en un pasaje de su libro Moisés y la religión monoteísta. Podemos suponer que Luis Raúl no leyó jamás un libro del maestro austríaco, pero sí decir que esa pulsión de superación de las imposiciones familiares, de dejar atrás el pasado y buscar nuevas formas de vida, quizás estuvo latente cuando se largó anónimamente a Buenos Aires y contactó a distintos cirujanos plásticos que modificaron su fisonomía y sus huellas dactilares. Cambios que le proporcionaron una nueva identidad. Esa transformación lo llevó a dejar atrás al deleznable Luis Raúl Menocchio, para convertirlo en el chef de alta cocina Hugo Jara. Ya no era apodado por el poco graciable alias de El Gusano; los pocos que conocían esos cambios comenzaron a llamarlo por el cinematográfico apodo de El Hombre de las Mil Caras. Un apelativo acorde, increíblemente, con una nueva relación entablada con el productor de cine y televisión Claudio Nozzi, quien entre un saque de cocaína y un trago de champán le decía alegremente:

—Tenés el mismo apodo que Alec Guinness, El Hombre de las Mil Caras. —Y reían ambos, con funesto sarcasmo.

Juntos emprendieron un viaje en el lujoso yate del productor de HBO y FOX. Partieron desde un atracadero de Puerto Madero en Buenos Aires, con destino al puerto de Itatí en Corrientes, sobre el río Paraná. Las fiestas en el yate eran constantes: mujeres hermosas y suntuosas, alcohol y cocaína. Hugo Jara era un nuevo hombre en los papeles, pero no perdía las mañas ni las costumbres del enterrado Menocchio. Se presentaba socialmente como secretario de Nozzi, con quien decía filmar una película con un presupuesto de 10 millones de dólares. Se sospechaba que Nozzi llevaba una doble vida y que era un lavador de dinero de actividades ilícitas y que Menocchio era en realidad su jefe. Esas sospechas se acrecentaron cuando cierto día, después de sucesivas juergas, Nozzi desapareció. La familia realizó una denuncia por su desaparición; Jara dijo no saber nada y que era posible que se hubiese ido por ahí con unas locas. A pesar de esquivarle el bulto a la engorrosa situación, fue llevado al juzgado para ser interrogado. Estaba en esa contingencia cuando la policía alertó a la jueza que el cadáver de Nozzi había sido encontrado en unas islas cercanas, maniatado con cadenas, esposas, amarrado a un ancla, varios disparos en la cabeza y el cuerpo semidevorado por los peces.

La verdad de pronto estalló como un vendaval arrollador. Las revelaciones se tornaban abrumadoras. El hombre sentado frente a la jueza y el escribiente no era otro que Luis Raúl Menocchio. Las huellas dactilares parcialmente borradas y las cirugías estéticas permitían de todos modos identificarlo. La jueza lo escuchó con atención cargada de incredulidad cuando le dijo:

—Cambié mi identidad por la de Hugo Jara, porque quería dejar atrás el pasado e iniciar una nueva vida de trabajo y honradez. Yo no maté a Claudio Nozzi, jamás mataría a un amigo.

Por el nuevo crimen, Menocchio pasó cuatro años en la cárcel. Con el argumento de que, si bien los familiares habían reconocido el cuerpo de Nozzi, las pruebas de ADN no habían sido contundentes, el abogado defensor logró sacarlo del encierro en 2009. Durante ese tiempo se dedicó a sembrar la duda sobre el cadáver encontrado y la fuga con rumbo desconocido de Nozzi, con 10 millones de dólares de su propiedad.

CAMBIOS. Los cambios parecen signar la vida de Luis Menocchio: pasa de ser llamado el Isidoro Cañones de la noche posadeña en sus años de loca juventud a cargar con el sospechoso mote de El Gusano, lo que nos confiere la consideración de hablar de un ser en tránsito hacia otro estado, al igual que alguien con la capacidad de mostrar mil caras. Menocchio se presentó a lo largo de su vida como joven millonario, empresario de medios, chef de alta escuela, productor cinematográfico y, por último, como agente inmobiliario, tras abandonar la prisión correntina en 2010. En ese rol conoció a Manuel Roseo, un estanciero chaqueño dueño de “La Fidelidad”, una hacienda de 45 mil hectáreas divididas entre Chaco y Formosa. Roseo, un hombre de 76 años, era un estanciero a la vieja usanza. Viudo desde hacía poco tiempo, vivía con quien fuera su cuñada de manera austera y en una casa humilde, en la localidad chaqueña de Castelli, en Chaco.

La mañana del 13 de enero de 2011 iba a ser auspiciosa para Roseo y su compañera, esperaba la llegada de Menocchio para concretar la venta de parte de la gigantesca estancia. Este se presentó a las 7 y 30 de la mañana, acompañado por dos tipos y con intenciones que nada tenían de comerciales. Tanto Roseo como su compañera comenzaron a ser golpeados por los acompañantes de El Gusano; casi desvanecidos les colocaron bolsas plásticas en las cabezas y los asfixiaron. El crimen, bestial y atroz, fue presenciado por un peón que logró pasar desapercibido, oculto tras unos matorrales. Fue quien dio aviso a la policía, lo cual permitió la captura de los asesinos despiadados al día siguiente.

Al ser detenido el trío, Menocchio, como siempre, negó haber participado de los hechos. Declaró haber pagado 40 millones de dólares por las miles de hectáreas y exhibió un boleto de compraventa fraguado, que demostraba que tal operación nunca se había concretado. El abogado de los herederos de Roseo, Carlos del Corro, declaró en cierto momento a la prensa: “Hubo indicios de que se trató de un crimen por encargo. Menocchio puso en funcionamiento su maquinaria para matar a Roseo a cambio de una parte del botín, pero no podía quedarse con las tierras sin protección política y judicial. Pedimos que se investigara esa hipótesis, pero nunca se avanzó”, fueron las palabras del letrado.

Un año después, Menocchio recibió una sentencia a cadena perpetua por el asesinato de Claudio Nozzi; al año siguiente le cayó la misma pena por los homicidios de Roseo y su compañera, Nélida Bartolomé. Condenas que purgaba en una celda VIP del penal de Sáenz Peña, cárcel chaqueña de la cual intentó fugarse en 2014 con ayuda externa. El intento de fuga motivó el traslado al gélido penal de Rawson, en plena Patagonia. Si alguna vez logra legalmente salir en libertad, deberá enfrentar el pedido de extradición para saldar su deuda con la justicia paraguaya. Como trágica paradoja de una vida dedicada al mal y que el lenguaje nos ofrece al observar que el apellido Menocchio significaría algo así como “mal ojo” o una aliteración de “ojo de malvado”. Nada, en absoluto, parece ser casual en la vida de Luis Raúl o El Gusano.

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