El mayor de mis defectos, en contra

El mayor de mis defectos: por una vez no estoy de acuerdo con el diagnóstico de Teodoro Boot, siempre tan fino en su análisis.

Él evalúa que la población se hartó de que haya «caja» en el Banco Central y castigó al Gobierno el 28 de junio, para exigir que se utilicen los fondos públicos en mejoras tangibles del nivel de vida popular. Por eso votaron a otras opciones que se acercan más a ese ideal distribucionista. Ah, pero cómo: ¿no votaron al Partido Obrero? Y no, votaron a Francisco de Narváez, una auténtica garantía de redistribución del ingreso, como todos sabemos. El Gobierno entiende que con el voto a De Narváez y a Michetti la población está enviando una señal redistribucionista… ¿No será que «la señal» que mandó la población es que vuelve a simpatizar con el neoliberalismo, como ya lo hizo hace quince años? ¿Y que de ningún modo quiere mejoras en el nivel de vida popular, sino que no se toque la riqueza en manos de los ricos? Pienso que si los miembros del campo nacional seguimos creyendo que también somos «populares», en el sentido de contar con la aprobación mayoritaria de la sociedad, vamos a seguir equivocándonos. Desde que en 1993 Menem privatizó YPF, y la población encantada con los despidos y la traición lo votó con el 50,1% dos años después, no es posible creer que los nacionales somos mayoría. Somos una minoría. A partir de ahí se pueden construir muchas cosas, pero no si creemos que contamos con alta aceptación popular.

Facundo Cano

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