El hidrógeno verde en cuestión: interrogantes sobre una alternativa para la transición energética

A raíz de la crisis ecológica en la que se ve sumida el planeta tierra, nos interrogamos respecto a energías diferentes a las hegemónicas, y cómo estas pueden llegar a desarrollarse en Latino América.

Nota en colaboración con el Programa de Investigación sobre el comportamiento de Actores Sociopolíticos (PICAS) (ICI-UNGS)

En las últimas décadas se ha profundizado una crisis socioecológica y sistémica que afecta distintos ámbitos y esferas de nuestra vida en sociedad. Por ello, actores sociales, sindicales, ambientales, territoriales, científicos, y aunque más tímidamente del ámbito político, advierten sobre problemas contundentes de carácter ecológico, climático, alimentario, socio sanitario, bélico, económico, que requieren acciones urgentes. En este marco, la transición energética se fue insertando y adquiriendo un lugar destacado en las agendas públicas a escala global, habida cuenta de la aceleración del calentamiento planetario cuyas consecuencias resultan abrumadoras. Efectivamente, en los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático que depende de la ONU, se destaca información terminante al respecto, porque se registran cambios en el clima que no tienen antecedentes en cientos de miles de años. Ello ocasiona derretimiento de hielos, glaciares, espejos de agua dulce, acidificación de los océanos, aumento en el nivel del mar, degradación de los suelos, olas de calor y sequías.

Entre los causantes de esta dinámica, se subraya la acumulación y desarrollo del capitalismo que obtuvo mayor envión durante el siglo XX, con la ampliación de las actividades urbano industriales y la obtención de energía proveniente de recursos fósiles. En el presente, igualmente, la producción y consumo mundial de fuentes no renovables resulta abrumadora: para el año 2019, aproximadamente el 85% de la generación primaria de energía estuvo en manos del petróleo (33,1%), seguido por el carbón (27%) y el gas natural (24,2%) (BP, 2020)1.

Con este panorama, los diversos países y regiones se encuentran embarcados en un proceso de transición energética, si bien con distinto grado de intensidad, recursos públicos, privados y estrategias políticas desplegadas, con el objetivo de incorporar el uso de fuentes de energía limpias y renovables. El hidrógeno verde ha despertado en este escenario el interés de gobiernos, empresas extractivas de bienes naturales y otras que elaboran recursos para el mercado como una alternativa para disponer de energía. América Latina y la Argentina comparten esta tendencia, habida cuenta de los megaproyectos que se planifican en el mediano plazo para favorecer su producción. Sin embargo, la viabilidad del hidrógeno verde requiere ser interrogada, señalando algunos elementos que promueven su atractivo, así como también, aquellas advertencias que cristalizan aspectos inciertos.

El hidrógeno verde como alternativa energética

La energía que puede provenir de la generación de hidrógeno verde adquiere en el concierto de las fuentes limpias y renovables un interés cada vez mayor a nivel mundial, dado que puede adquirir un rol preponderante en el proceso de descarbonización y desfosilización. Ciertamente, garantiza la nula emisión de gases de efecto invernadero, debido a que puede obtenerse de materias primas como el viento, el agua y el sol.

El hidrógeno es un vector energético que permite almacenar energía, y no una materia prima, por lo tanto, no es posible encontrarlo naturalmente en su estado puro. Se clasifica en: a) gris, proviene de fuentes fósiles; b) rosa, que se obtiene por la electricidad producida por las centrales nucleares; c) azul, el cual procede de fuentes fósiles pero, a diferencia del gris, su producción es considerada neutral en términos de emisión de gases de efecto invernadero porque surge del proceso de captura y almacenamiento del carbono; d) verde, se elabora a partir de fuentes de energía renovable, a través de la electrólisis que permite separar el agua en hidrógeno y oxígeno.

Imagen Hidrógeno Verde

Actualmente, el hidrógeno se origina casi exclusivamente utilizando combustibles fósiles. Además, el 99% del usado como energía se produce a partir de fuentes no renovables, mientras menos del 0,1% surge hasta ahora de la electrólisis del agua.

Aunque el proceso para generar hidrógeno verde no es complejo, el desafío reside en que, para producirlo, se requiere contar con el abastecimiento de electricidad abundante que provenga de fuentes renovables: la electrólisis implica utilizar corriente eléctrica para descomponer agua en oxígeno e hidrógeno. Su ventaja en el proceso de descarbonización, advierte la bibliografía, es contundente, ya que puede ofrecer tres veces más energía que los combustibles fósiles y, en el caso del verde, no produce dióxido de carbono. Tiene capacidad para abastecer sectores críticos y de difícil reemplazo por otras fuentes renovables, como el transporte marítimo, aéreo, terrestre, procesos industriales, y puede suministrar para el consumo en los hogares. Además, permite acumular energía en períodos largos de tiempo para ser utilizada cuando se requiera. El hidrógeno se puede transportar como el gas por tuberías y en forma líquida por barcos

Es por ello que un conjunto de actores nota su relevancia para abastecer de energía al mercado interno como también para su exportación. Gobiernos, empresas que se dedican a la producción de fuentes renovables, fabricantes de automóviles, compañías ocupadas en la explotación de combustibles fósiles – entre las que se encuentran Repsol, BP y Shell- se hallan entre las interesadas en producir hidrógeno verde. Sectores económicos orientados a la venta de tecnología le prestan también sustantiva atención. Estas expectativas aspiran concretarse a través del despliegue de megaproyectos en distintos países del mundo que, si bien se encuentran mayormente en fase de planificación, anhelan incrementar significativamente la oferta del vector energético.

Imagen megaproyecto Hidrógeno Verde

Como contracara de los aspectos vistos como ventajosos, se distinguen cuestiones que preocupan a diversos analistas: el costo de las inversiones para producir hidrógeno verde es muy elevado en el presente. Por caso, el costo de la energía verde para elaborar este tipo de hidrógeno influye en un 60 % en el valor final de la energía, a lo cual se suma la logística para su transporte y almacenaje, seguridad, redes de distribución, estaciones de recarga.

Asimismo, es importante advertir sobre efectos territoriales y ambientales ligados con su producción: a) se destacan impactos por la extracción de minerales que requieren los materiales para la producción de energía a través de fuentes renovables; b) se aprecia la ocupación e intervención en los territorios cuando se instalan centrales eléctricas y plantas fotovoltaicas; c) se requiere la utilización de grandes cantidades de agua dulce pudiendo generar problemas de escasez hídrica y sequía; d) su fabricación y almacenamiento presenta riesgos cuando se manipula; e) su significativa volatilidad no permite que se almacene por un largo período de tiempo; f) la tecnología para llevar adelante el proceso de electrólisis requiere de materiales raros cuya demanda se irá incrementando. Del mismo modo, el impulso del hidrógeno verde ha implicado la reactivación o estímulo de grandes proyectos de infraestructura, y ello podría generar consecuencias en el aumento del consumo energético2 (Ecologistas En Acción, 2021)

En esta dirección, algunas voces atentas al avance de los proyectos de estas características sostienen que las principales compañías petroleras como Shell y BP que se encuentran ávidas de realizar inversiones en la producción de hidrógeno verde, tanto así como los gobiernos de Canadá, China, Alemania, Japón, Noruega, Portugal, Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Australia, que ya han planificado prosperar con su producción, busca justificar importantes operaciones comerciales acelerando la construcción de infraestructura de energía renovable a gran escala. Sin embargo, ello puede ocasionar impactos destructivos sobre comunidades y biodiversidad. Aspectos que suelen soslayarse en estos procesos

Los megaproyectos en América Latina y Argentina

En la región, Chile alentó con mayor énfasis el hidrógeno, siendo el primero en presentar una «Estrategia nacional de hidrógeno verde», en noviembre de 2020, con la finalidad de disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero y diversificar la matriz, pero además, para estimular el desarrollo de industrias locales y la exportación. Cuenta con dos proyectos en desarrollo: HyEx, de la empresa energética francesa Engie y la empresa chilena de servicios mineros Enaex, que se encuentra ubicado en el norte del país, y desarrollará el hidrógeno verde a partir del recurso solar para ser utilizado en la actividad minera. El otro megaproyecto, Highly Innovative Fuels (HIF). Se encuentra en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, y utilizará energía eólica para generar combustibles. Otros países de la región están en una fase de análisis de la producción de hidrógeno verde. Colombia lo está evaluando dentro de un plan a 30 años, en Costa Rica se organizó la Alianza del Hidrógeno entre empresas públicas y privadas, y Uruguay, por su parte, instrumentaría una planta piloto en Montevideo para destinar el hidrógeno verde al transporte pesado o combustible de barcos. El mercado de la exportación también se avizora como una oportunidad para su despliegue.

En la Argentina, en agosto 2021, se firmó un acuerdo marco para iniciar tareas de prospección y factibilidad para proyectos de hidrógeno verde en Río Negro. En las palabras de la secretaría de energía de la provincia, Andrea Confini, se sostenía lo siguiente:

“Somos como, no quiero decir la Vaca Muerta del hidrógeno. Tenemos una capacidad de generación eólica muy grande y las proyecciones son increíbles a nivel mundial (…) Europa tiene una saturación en la instalación de renovables. Molestan visualmente los paneles y el ruido de los molinos porque están muy metidos en la misma situación urbana. Entonces, la posibilidad del hidrógeno aliviaría la contaminación visual o sonora de este grupo de países que tienen tanto desarrollo de los recursos renovables”3.

Ya se anunció el inicio del primer proyecto para producir hidrógeno verde en el país, en la zona de Punta Colorada. La empresa australiana pionera en la Argentina en invertir en su promoción fue creada en el 2020 con el propósito de abocarse al desarrollo de las energías renovables. Es una subdivisión de Fortescue Metals Group, fundada en 2003, para dedicarse al desarrollo de grandes depósitos de mineral de hierro, construyendo algunas de las mineras más importantes del mundo. Organizaciones comunitarias de pueblos originarios se encuentran en alerta frente a este proceso, por las vastas extensiones de territorio ancestral que implica el megaproyecto, habitado actualmente por estas comunidades y otros pobladores. Asimismo, previenen sobre los daños e impactos ambientales que podrían ocasionar los parques eólicos que se dispondrán para los fines productivos.

Proyecto para generar Hidrógeno Verde en Río Negro

Los acuerdos públicos, apoyos empresarios y sociales en torno de la producción de hidrógeno verde, buscan encausarse y consolidarse en la promesa al desarrollo que trae consigo: creación de fuentes de trabajo directo e indirecto, aprovechamiento de ventajas climáticas y fuentes renovables, contribución sustantiva para la transición energética y ecológica habida cuenta de su capacidad para nutrir las necesidades de sectores de transporte, producción y consumo por su capacidad de almacenar energía. Sin embargo, los interrogantes y problemas a revisar son aún de importancia sustantiva. Además, como sostienen Salgado y Scandizzo (2021)4, los principales consumidores de hidrógeno verde podrían ser los países centrales como China, Japón, Alemania, entre otros, que tienen como finalidad sustituir el consumo de fósiles sin transformar los modelos de consumo y producción. Y esto impulsa nuevamente procesos productivos extractivos y el uso de minerales tanto para la generación y el transporte de electricidad, como para la construcción de electrolizadores.

La visualización de la Argentina y la región como territorios provistos de recursos naturales que permiten trasladar los daños y riesgos visuales, sonoros y ambientales que otros países centrales aspiran evitar, podría renovar además relaciones de dependencia geopolítica ya observadas respecto de diversos procesos extractivos existentes en nuestros países.

Por Gabriela Wyczykier (UNGS/CONICET/GECIPE)


1 British Petrolium (2020) Statistical Review of World Energy. https://on.bp.com/3oSxoum

2 Ecologistas en Acción (2021) Hidrógeno: ¿la nueva panacea? Mitos y realidades de las expectativas del hidrógeno en España. https://bit.ly/3d4moHy

3 https://www.energiaonline.com.ar/rio-negro-es-como-la-vaca-muerta-del-hidrogeno-verde/

4 Salgado, L. y Scandizzo, H. (2021) Hidrógeno verde: la nueva ilusión rentista del gobierno rionegrino”. Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales. https://bit.ly/3JqhQHK

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