El día que tardó 61 años

Con este día deben haber soñado los presos, los desterrados, los torturados, los muertos, los desaparecidos, los traicionados, en estos más de 60 años de hegemonía lacerante del Partido Colorado en Paraguay. Como hijo de los desterrados, viví la experiencia más maravillosa de mi vida social y política, participando como simple observador del acto eleccionario…

Con este día deben haber soñado los presos, los desterrados, los torturados, los muertos, los desaparecidos, los traicionados, en estos más de 60 años de hegemonía lacerante del Partido Colorado en Paraguay.

Como hijo de los desterrados, viví la experiencia más maravillosa de mi vida social y política, participando como simple observador del acto eleccionario de este 20 de abril.

He visto:

A los humildes más humildes caminar descalzos durante kilómetros para poder expresarse en las urnas.

A los analfabetos ejercitarse para no cometer errores al momento de ejercer su derecho soberano.

A los jóvenes sobreponerse a los miedos y a la vergüenza de ser traicionados (como otras veces) aun ganando.

A los más viejos desembarazarse del descreimiento de que nada se puede hacer, de que “ya llegará el momento del fraude”.

Este domingo 20 a partir de las cinco de la tarde ya se empezaban a escribir las primeras líneas de lo que sería la auténtica fiesta del pueblo en el Panteón de los Héroes.

Todo un símbolo. Allí descansan los restos de Solano López, también traicionado como su pueblo. Como señal del fin de una época y comienzo de otra nueva, ahora el héroe empieza a ser nuevamente reivindicado por algunos sectores sociales e, inclusive, por la mandataria de un pueblo hermano.

Con la noche plena del domingo, otra vez, he visto:

Jóvenes y familias enteras abrazándose eufóricos, todavía un poco incrédulos. Nadie creía del todo lo que estaban viviendo.

Hombres que lloran en brazos de otro compañero. Mujeres que saltan en con sus hijos en brazos. Tal vez sean maneras de comprobar que no están soñando.

Adultos que peinan canas sollozando. Abuelos del brazo de sus nietos compartiendo el mismo sueño de los desterrados, los torturados, los traicionados, los desaparecidos, que en aquellos días de oprobio habrán imaginado y deseado una jornada como esta, en la que nuestro querido Paraguay rompería con seis décadas de humillación.

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