Crimen y finanzas

De los paraísos fiscales a la "corporatocracia": las cifras y los nombres de una trama de dinero, poder y corrupción
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Para mejor entender el drama argentino actual, cuya entraña muchos no han entendido, o simulan o no quieren entender, o pretenden ocultar, para saber cabalmente a qué linaje político pertenecen y qué representan los principales actores y autores de la devastación a la que el pueblo y el país están siendo sometidos, es indispensable ir al escenario mundial, del cual el nuestro es una muestra y fragmento. Mostraremos que el llamado neoliberalismo es una concepción de la que se siguen prácticas propias de un capitalismo en degenerada decadencia, que ha perdido todos sus frenos (si los tuvo) y es incapaz de respetar las normas de derecho que alguna vez se dio para protegerse.

 

Criminalidad

Comencemos con cuatro testimonios.

 

Primero. “¿Qué otro país permitiría que un puñado de delincuentes de Wall Street controlen su política económica y exterior, dirijan su banco central y el Tesoro, y subordinen los intereses de los ciudadanos a los intereses del bolsillo del uno por ciento? El futuro de EE.UU. es la ruina”. El autor de estas líneas, antiguo adherente del partido republicano de los Estados Unidos, se llama Paul Craig Roberts: en 1981, bajo el gobierno Reagan, fue subsecretario del tesoro de los Estados Unidos (Rebelion, 21-1-2015). En un artículo suyo (”El Capitalismo Global está Destruyendo la Raza Humana”, Carta Maior, 5-1-2016), Roberts advierte que en el “capitalismo de libre mercado”, capitalistas “con la aprobación de la corrupta Suprema Corte de los EE.UU., pueden comprar el gobierno que los representa, y no representa al electorado”. Agregó: “la codicia, el fraude y el comportamiento interesado de los sistemas financieros occidentales, con la complicidad de los gobiernos, podrían estar llevando a la destrucción de la vida económica de tal manera que la idea de un sistema financiero privado llegará a ser tan aborrecible en el futuro como el nazismo lo es hoy”. (Craig Roberts.- Título en el original “El sistema financiero es una amenaza más grande que el terrorismo”)

 

Segundo. “Todo el sistema financiero se ha ido convirtiendo básicamente en un sistema criminal mientras iba militarizándose para subvencionar los enormes presupuestos militares de EE.UU. y el Reino Unido. Así es como financian su presupuesto militar, con el dinero blanqueado por los criminales de todo el mundo. La consecuencia es dejar que, a todas luces, las mayores compañías del mundo queden exentas de tributar, desde Apple a Exxon”. El autor se llama Michael Hudson, fue economista en Wall Street. En la actualidad es un destacado profesor e investigador de la Universidad de Missouri, Kansas, autor de muchos libros, entre ellos, Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (Pluto Press, 2002) y Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy.

 

Tercero. El 24 de mayo de 2013, la abogada Karen Hudes, ex asesora principal y persona de confianza del Banco Mundial, con veinte años de trabajo en el departamento legal, afirmó que el sistema financiero mundial estaba dominado por un pequeño grupo de personas corruptas y hambrientas de poder, centradas alrededor de la Reserva Federal de Estados Unidos, que es propiedad privada. La red tiene el control de los medios para encubrir sus crímenes, explicó Hudes. Cuando trató de dar la alarma, fue despedida sin más trámites.

 

Citando un polémico estudio suizo del 2011 publicado en la revista Plos One sobre “la red de control empresarial mundial”, Hudes señaló que un pequeño grupo de entidades mayormente financieras y especialmente bancos centrales, ejercen tras bastidores una enorme influencia sobre la economía internacional. “Lo que realmente está pasando es que los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo”: los “corruptos agarra poder” han logrado dominar también los medios de comunicación. “Me di cuenta de que estábamos tratando con algo conocido como la captura del Estado, que es donde las instituciones de gobierno son nombradas por el grupo de los corruptos”. En el centro de la red, afirmó, hay 147 instituciones financieras y bancos centrales, en especial la Reserva Federal, que fue creada por el Congreso pero es esencialmente propiedad de un cartel de bancos privados. “Esta es una historia sobre cómo el sistema financiero internacional fue jugado secretamente, mayormente por bancos centrales: yo diría que se trata de una toma de poder”.

 

La Reserva Federal está en el centro de la red y el encubrimiento, continuó Hudes. Banqueros centrales también han estado manipulando los precios del oro, añadió. “La Reserva Federal dominó secretamente la economía mundial utilizando directivas corporativas secretas entrelazadas, y aterrorizando a cualquiera que lograra averiguar que ellos tenían algún tipo de participación, y colocando gente en cargos muy importantes para poder obtener una entrada libre”.

 

Aludiendo al inmensamente poderoso Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés), advirtió Hudes: sirve como “el club de estos banqueros centrales privados”. “¿La gente querrá continuar pagando a este grupo intereses por las deudas de sus países, cuando sepan las estafas secretas que ha estado cometiendo? Se ha enriquecido extraordinariamente y ha tomado dinero de los contribuyentes para el rescate bancario”

 

Cuarto. Corroborando a Hudes, el profesor Carroll Quigley, consejero del presidente Bill Clinton, escribió en 1996 sobre el complot en su libro Tragedia y Esperanza: Una Historia del Mundo en Nuestros Tiempos. El académico, a quien se le permitió revisar documentos pertenecientes a las altas esferas del sistema global, explicó cómo funcionaba el sistema. “Los poderes del capitalismo financiero tenían un objetivo de largo alcance: nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo en su conjunto”. “Este sistema sería controlado de manera feudal por los bancos centrales del mundo mediante acuerdos secretos concertados en frecuentes reuniones privadas y conferencias. El ápice del sistema sería el Banco de Pagos Internacionales en Basilea, Suiza, un banco privado controlado y de propiedad de los bancos centrales del mundo que son en sí mismos empresas privadas”.(https://humanidadindependiente.wordpress.com)

 

Los grandes bancos

La mayor parte de la riqueza offshore está gestionada por tan sólo cincuenta grandes bancos y el 40% de estos activos están manejados por los diez con mayor volumen de negocio. Los bancos han llevado a cabo intensas actividades de lobby para proteger el funcionamiento de los paraísos fiscales. En 2014, las entidades financieras y las empresas de seguros dedicaron algo cercano a los 500 millones de dólares para financiar sus actividades de lobby tan sólo en Washington. La inversión en programas de investigación y think tanks también les garantiza una enorme influencia: en 2014 el sector financiero dedicó al menos 1,3 millones de libras a financiar a los think tanks más poderosos del Reino Unido.

 

Los 28 bancos más grandes del mundo tienen activos por u$s 50.341 billones, unas tres veces el PIB estadounidense: su posición es dominante en la llamada «banca en la sombra» (no regulada). La Comisión de Valores de EEUU (SEC) multó a los bancos Credit Suisse y Barclays Capital, en 154,3 millones de dólares (equivalente a uno 142,4 millones de euros), para cerrar la investigación sobre el fraude en sus operaciones de corretaje o mediación en los mercados no regulados o dark pool, a los que suelen recurrir los inversores e instituciones que no quieren hacer públicas sus posiciones. No parecen multas desproporcionadas, en comparación con otras que la SEC ha impuesto otras veces por otros motivos, pero son récord en casos de corretaje alternativo. Y a partir de ahí, según el propio ente regulador, espera nuevos avances en sus investigaciones sobre el fraude en esos mercados anónimos en los que se intercambian miles de millones cada día, sin que se conozca a qué precio se compra y se vende ni quiénes han dado las órdenes respectivas.

 

En Londres, la principal plaza financiera mundial (y en las que le siguen en importancia: Francfort, Hong Kong, etc.) la única aberración es perder dinero. Ningún directivo de banco, anota el académico y ambientalista inglés George Monbiot, siempre hablando de la City londinense, jamás fue imputado, descalificado o dimitido por prácticas que contribuyeron a desencadenar estremecedoras crisis financieras: la legislación que debía impedir y punir esas acciones fue paulatinamente vaciada por sucesivos gobiernos. Así, un ex ministro del gobierno británico dirigía el banco HSBC cuando este practicaba sistemáticamente crímenes de evasión fiscal y lavado de dinero del narcotráfico, amén de prestar servicios a bancos de Arabia Saudita y Bangladesh vinculados al financiamiento del terrorismo. Otro caso es el del director de la Contraloría Fiscal del Reino Unido, que se abstuvo de procesar al citado banco, seguramente pensando en su futuro bienestar personal: en habiéndose jubilado pasó a trabajar en él.

 

El Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, antes fue alto ejecutivo de Goldman Sachs en Europa. La misma Goldman Sachs que maquilló y ocultó las cifras reales de la economía griega para que Grecia ingresara en la eurozona. Mario Monti, ex-primer ministro de Italia, es hoy asesor internacional de Goldman y con Draghi y otros, ‘asesoraron’ a Grecia cuando falseó sus cuentas para la UE. Romano Prodi, ex-primer ministro de Italia, presidió la Comisión Europea de 1999 a 2004 y también fue cargo importante en Goldman. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, trabajó muchos años para esa banca. Y Otmar Issing, miembro del Bundesbank y del Consejo del Banco Central Europeo, es consejero internacional del repetido Goldman. Sin olvidar a Huw Pill quien, tras diez años en las oficinas del Banco Central Europeo, fichó por Goldman como economista jefe europeo.

 

Según Monbiot, es notorio que prácticas comunes aceptadas y no punidas en los países ricos del sistema capitalista, son clasificadas de corruptas en países pobres. Monbiot cita un libro publicado en la Gran Bretaña, (How Corrupt is Britain, de David Whyte) que plantea que sin corrupción no existiría en el Reino Unido un sector bancario comercial. Y enumera una lista de escándalos que distan de ser secretos, tales como pensiones subfacturadas, fraudes hipotecarios, la mentira del seguro de protección de pagos, la gravísima manipulación de la tasa interbancaria Libor, las operaciones con información privilegiada y muchos más. De ahí la inevitable pregunta: en el llamado Primer Mundo, ¿expoliar personas es una aberración o lo propio de un modelo de negocios?

 

El HSBC

Es el acabado ejemplo del papel que juegan los grandes bancos internacionales en el mundo actual: está representado en el macrismo des-gobernante. Vayamos a los hechos.

 

Los problemas para el HSBC en Estados Unidos comenzaron en julio de 2012, cuando el senador demócrata Carl Levin presentó un informe en el Congreso norteamericano que daba cuenta como, entre 2006 y 2009, el banco lavó miles de millones de dólares de los carteles de Sinaloa (México) y del Valle del Norte (Colombia). El informe del Congreso estadounidense comprobó, además, que el HSBC le proporcionó servicios bancarios al banco saudí Al Rajhi, cuya financiación de organizaciones terroristas, entre ellas Al Qaeda, ha sido probada hasta por la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El caso finalmente fue cerrado cuando el banco llegó a un acuerdo con el gobierno de Barack Obama: reconoció los hechos que se le imputaban y aceptó pagar una multa de 1.900 millones de dólares, suma insignificante con que lavó sus pecados.

 

El mismo informe del Senado norteamericano señaló a la filial len México (HBMX) como el origen de los delitos que luego se cometieron en Estados Unidos: tenía «un historial de deficiencias antilavado de dinero, incluyendo la falta de políticas para conocer al cliente, un sistema de monitoreo disfuncional, banqueros que se resistían a cerrar cuentas pese a evidencias de actividad sospechosa, y clientes de alto perfil involucrados en el tráfico de drogas. El HSBC México se convirtió en el principal exportador de dólares a la filial estadounidense, transfiriendo 3000 millones de dólares en 2007 y 4000 millones en 2008, cifras que excedieron a las de otros bancos mexicanos y sus afiliados.

 

En el Reino Unido, en noviembre de 2013, el HSBC reconoció a través de un comunicado emitido por su casa matriz en Londres, que estaba siendo investigado «con relación a los intercambios en el mercado de divisas”: “Estamos cooperando con las investigaciones, que se encuentran en un estado preliminar». La acusación consistía en la sospecha de manipulación de las tasas Libor y Eurolibor: también estaban involucrados el Deutsche Bank, el suizo UBS, los estadounidenses Citigroup y JP Morgan, y los británicos Barclays y Royal Bank of Scotland (RBS). Por este caso, las instituciones financieras fueron multadas en mayo de este año (por la Comisión Europea y la autoridad británica de regulación financiera, FCA por sus sigla en inglés) en 3300 millones de dólares.

 

A fines de 2012, esta vez en España, el HSBC terminó envuelto en una investigación de la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional: blanqueo de capitales y fraude fiscal por empresarios chinos y sus socios españoles, en lo que se denominó ‘Caso Emperador’. Por esta causa fue procesado el ejecutivo del HSBC Marc Pérez, señalado por los investigadores como «el brazo ejecutor» de una trama internacional de lavado de dinero que incluyó a personalidades importantes del ámbito empresarial español. También, a partir de la investigación comenzada en Francia, se supo que dirigentes del gobernante Partido Popular tenían cuentas no declaradas en Suiza, donde depositaban el dinero ilegal de esa fuerza política, generando el escándalo de corrupción más grave de la administración Rajoy.

 

Francia es el país de origen desde donde partieron las investigaciones sobre las 13.000 cuentas sin declarar en Suiza, muchas de ellas pertenecientes a ciudadanos franceses, cuya documentación fue entregada a la justicia de este país por el arrepentido Hervé Falciani. El 21 de noviembre pasado imputaron en Francia a la filial suiza del HSBC y le impusieron una fianza de 50 millones de euros para garantizar el pago de eventuales sanciones, por haber captado clientes para llevar su dinero a cuentas en Suiza y escapar así al fisco francés.

 

En Italia, la policía financiera reveló que gracias a los datos proporcionados sobre clientes de la filial suiza del HSBC, la investigación reveló que cerca de 7.000 italianos poseen cuentas valuadas en casi US$ 7.000 millones. La justicia belga también imputó al HSBC por fraude fiscal y lavado de dinero. El caso está relacionado con la lista de evasores proporcionada por Falciani, conocida en su momento por quien fuera la ministra de Hacienda francesa, Christine Lagarde. Suiza es el lugar hacia el que apuntan todas las miradas: desde la sucursal del banco británico en Ginebra se urdieron todas las maniobras ilegales que se investigan en el resto de los países.

 

En Malasia la organización humanitaria Global Witness denunció al HSBC por financiar conglomerados forestales de gran escala: destruyeron los bosques tropicales en la isla de Borneo y cometieron graves violaciones a los Derechos Humanos por las condiciones de trabajo inhumanas impuestas a los pobladores del lugar,

 

En Argentina, en el último escándalo de grandes proporciones protagonizado por el banco, la Administración Federal de Ingresos Públicos denunció la existencia de una serie de plataformas ilegales montadas por el HSBC con el fin de facilitar la evasión en el pago de impuestos, en maniobras por al menos 3.000 millones de dólares. (Título en el original “El sistema financiero es una amenaza más grande que el terrorismo”, por Paul Craig Roberts, Tribuna Hispana USA, 11 de abril de 2016).

 

FMI

En concordancia con el sistema financiero internacional, el Fondo Monetario Internacional dista de ser un ejemplo de decencia y pulcritud. En un pasado cercano, gobiernos argentinos siguieron sus consejos: contribuyeron a arruinar el país; el actual grupo que des-gobierna la Argentina vuelve a recurrir a su nefasta sabiduría. Pero veamos quienes dirigen el FMI.

 

La actual directora ejecutiva, Christine Lagarde, debe ser juzgada en Francia: cuando ministra de Finanzas del presidente Sarkozy, hizo un pago indebido al magnate Bernard Tapie, de apenas unos míseros 400 millones de dólares. Se habló de “negligencia”. Lagarde fue precedida por Dominique Strauss-Kahn (director ejecutivo entre 2007-2011), que debió renunciar, acusado de estuprar una empleada de cuarto de un hotel neoyorquino. Su antecesor, el banquero español Rodrigo Rato (2004-2007), fue preso y acusado de evasión fiscal por haber escondido 27 millones de euros en 70 bancos ultramarinos, defraudando a millares de pequeños inversores, a quienes convenció a invertir su dinero en el banco español, Bankia, que acabó en una quiebra ominosa. Rodrigo Rato fue segundo vicepresidente (gobierno Aznar) y ministro de Economía entre 1996 y 2004. A Rato antecedió el alemán Horst Kohler, que debió dimitir de la dirección ejecutiva del FMI por lengua larga: la intervención militar en países de ultramar, aseveró, era necesaria para defender los intereses económicos alemanes. El más alto ejecutivo de tan principal institución no debía decir esas cosas: tuvo que irse.

 

Entre 1987-2000 dirigió el FMI nada menos que Michel Camdessus, el autor del “Consenso de Washington”, la doctrina subyacente a la “revolución” liberal global. Durante su mandato apoyó el financiamiento a algunos de los peores dictadores, entre ellos el general Suharto, responsable del asesinato de millones de personas en Indonesia. Camdessus está inscripto en la historia argentina: ayudó al presidente Menem a enajenar (a precio de banana, como dicen los brasileños) parte considerable del patrimonio público y a provocar el posterior colapso del país. (James Petras, Galería de Bandidos do FMI: Vigaristas, Estupradores e Trapaceiros, Carta Maior,7-2-2016)

 

Estafadores, evasores fiscales, estupradores, coimeros de gran porte y responsables de sostener financieramente gobiernos asesinos y entreguistas de las riquezas nacionales, estuvieron y están a cargo del importante instrumento financiero del capitalismo global: desde él condicionan las políticas económicas que invariablemente conducen a la ruina de las grandes mayorías y de países enteros.

 

Megabeneficios

Según The Economist, uno de los periódicos más influyentes del mundo, portavoz de la élite económica, los beneficios de los grandes negocios hoy son “anormalmente altos”, incluso “demasiado elevados para ser buenos”. Las 62 personas más ricas del mundo poseen una fortuna equivalente a la mitad más pobre del planeta: unas 3.500 millones de personas. Veinte personas acumulan la riqueza que surge de sumar lo que posee el 30% de la población mundial.

 

En una economía sana la mayor parte de los beneficios van a nuevas inversiones, competencia obliga. Los actuales “megabeneficios” son tan importantes que las empresas no saben qué hacer con ellos. En 2015, el conjunto de las empresas estadounidenses obtuvo un récord de más de 1.600.000 millones de dólares: la inversión solo fue de 500.000 millones de dólares. Por consiguiente, el año pasado, solo en Estados Unidos había un “excedente” de capital de más de 1.000.000 de millones de dólares. A escala mundial se calcula que este excedente de capital es de 7.000.000 de millones de dólares. Esta cantidad equivale a los ingresos anuales totales de América del Sur y de África, o a cincuenta veces la ayuda mundial al desarrollo. Este capital durmiente, junto con el dinero negro, es el que se oculta en Panamá y en otros paraísos fiscales.

 

Los megabeneficios tienen su explicación. Las tasas impositivas generalmente se revisan a la baja: el macrismo local es un ejemplo acabado. Las empresas más grandes gozan de regímenes fiscales preferenciales. En 1990 la tasa impositiva en los Estados Unidos se elevaba al 35%; en 2015 era del 20%. En Europa y Japón el descenso es aún mayor. Habrá que agregar la evasión y el fraude fiscal, del que los Panama Papers nos dan noticia. Otro factor que incide en los colosales beneficios, por lo menos en los Estados Unidos, es una caída de los salarios del orden del 7% en los últimos quince años. Y hay más: la formación de monopolios. Actualmente 147 superempresas controlan el 40% de la economía mundial y 737 “integradores sistema” controlan hasta el 80% de la misma. Los “integradores de sistema” son megaempresas que controlan el conjunto de la cadena de producción. Dominan la investigación, imponen los precios a las demás. En torno de ellas organizan a una serie de empresas de subcontratación completamente subordinadas a sus intereses. Muchas ramas sectoriales evolucionan cada vez más hacia un mercado tipo “winner-takes-all” (el ganador se lo lleva todo), que permite a las empresas en cuestión cosechar megabeneficios, que les permiten comprar las subcontratas o a la competencia, lo que aumenta aún más el grado de concentración. Y el círculo se cierra. (Fuente: Investig’Action)

 

Transparencia

Transparencia Internacional (TI) coloca a la Gran Bretaña en el lugar 14 entre 177 naciones que padecen de corrupción: lugar privilegiado, diríase envidiable pero mentiroso: omite ignominias como las pensiones subfacturadas, los fraudes hipotecarios, las manipulaciones de la tasa interbancaria Libor, etc. Gran Bretaña es el país donde el financiamiento político permite la compra de partidos por los más ricos¸ y donde la opinión pública fue sacudida por el escándalo de las escuchas telefónicas clandestinas y los diarios que sobornaban policías; donde la privatización de los correos, el Royal Mail, fue realizada a precios insignificantes y el esquema de la “puerta giratoria” permite que empresarios y empleados de las grandes empresas, después de elegidos “representantes del pueblo”, queden en posición de redactar e imponer leyes en favor de sí mismos o de sus patrones. Recuerda el ya mencionado Monbiot el asalto a la seguridad social y los servicios prisionales por privados tercerizados; la fijación del precio de la energía por empresas privadas; el robo diario perpetrado por la industria farmacéutica y otros casos semejantes. Nada de eso es corrupción para los criterios de Transparencia Internacional. Que además omite que la City londinense, con el apoyo de los territorios británicos de ultramar y puestos avanzados de la Corona, es líder mundial de paraísos fiscales, controlando el 24% de todos los servicios financieros ofrecidos offshore. (George Monbiot, “Londres: a Meca dos Corruptos”, Carta Maior,18-1-2016)

 

A Transparencia Internacional no escandaliza que un ex ministro del gobierno británico haya dirigido el banco HSBC cuando este practicaba sistemáticamente crímenes de evasión fiscal, lavado de dinero del narcotráfico y garantía servicios a bancos de Arabia Saudita y Bangladesh ligados al financiamiento del terrorismo. En vez de procesar al banco, el director de la Contraloría Fiscal del Reino Unido, previa jubilación, pasó a servirlo como uno de sus ejecutivos. En 2011,Stephen Green, jefe de una trama de evasión impositiva en Suiza que beneficiaba a varias corporaciones, fue agraciado con un atractivo empleo de rango ministerial por los conservadores: ministro de Comercio. Tiene un escaño en la Cámara de los Lores (Graham Vanbergen, “El Surgimiento de la Corporatocracia”, Rebelión, 23-6-2016).

 

El Reino Unido, Suiza, Singapur, Luxemburgo y Alemania figuran entre los países menos corruptos en la lista de Transparencia Internacional. Pero están en la lista de la Red de Justicia Fiscal (Tax Justice Network) como detentores de los regímenes más sigilosos y permisivos en materia de inversiones y paraísos fiscales.

 

Entre las fuentes que la célebre Transparencia utiliza para elaborar sus rankings, prosigue Monbiot, están el Banco Mundial y el Forum Económico Mundial. Confiar en el primero (recordemos el testimonio de Hudes) para descubrir la corrupción es como confiar en Vlad el Empalador (más conocido como Drácula) para saber de derechos humanos. Controlado por naciones ricas y actuando en naciones pobres, el Banco Mundial financió centenas de elefantes blancos, despojó de sus tierras a miles de familias y dejó países enteros ahogados en deudas impagables. Para el Banco Mundial y el Forum Económico Mundial, hay poca o ninguna diferencia entre el interés público y el interés de las corporaciones.

 

Paraísos

Los paraísos fiscales ocultan más dinero que el PIB del Reino Unido y Alemania juntos: unos 7,6 billones de dólares. En el muy mentado caso de Panamá, la legislación local creó la figura de la sociedad anónima en 1927 para servirle a capitalistas, rentistas y gobernantes, tanto de EEUU como de Gran Bretaña. La legislación era copia de la existente en el estado de Delaware (en EEUU) y algunas jurisdicciones “off-shore’ de Gran Bretaña.

 

La revelación de las sociedades anónimas creadas por abogados panameños en los paraísos fiscales de EEUU y jurisdicciones británicas, forma parte de una campaña norteamericana para atraer a su sistema bancario las fortunas más grandes del planeta. Según fuentes del mundo financiero, se están buscando sumas de dinero escondidas que fluctúan entre 3 y 25 millones de millones de dólares. Para tener una idea del monto involucrado, el producto interno bruto de EEUU fue de 18 millones de millones de dólares en 2015. Ese mismo año, el PIB mundial estaba cerca de 80 millones de millones. (El PIB de Panamá superó los 50 mil millones de dólares en 2015). (www.marcoagandasegui14.blogspot.com)

 

Lo oculto en los paraísos supone una pérdida de 190 mil millones de dólares al año en ingresos tributarios. Se estima que la suma de los ingresos fiscales que pierden África, Asia y América Latina a causa de la riqueza oculta en paraísos fiscales asciende a aproximadamente 70 mil millones de dólares. Pero no es una cuestión exclusivamente anglosajona. En noviembre de 2014 los llamados «Luxleaks» presentaron acusaciones sugiriendo que entre 2002 y 2010 las autoridades de Luxemburgo habían favorecido a varias multinacionales con arreglos especiales de impuestos en perjuicio de otros estados europeos.

 

Desde la publicación de los Panamá Papers, los líderes de las grandes potencias mundiales acordaron eliminar los paraísos fiscales. El presidente estadounidense y los principales dirigentes políticos de la Unión Europea se comprometieron enfáticamente a terminar con ellos. Luego del estallido financiero de hace siete años, el G-20 reunido en Londres asumió un compromiso similar y el anfitrión del encuentro, el entonces primer ministro británico Gordon Brown, proclamó a los cuatro vientos el fin de «la era de los paraísos fiscales». Este abril, cinco países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, España e Italia) se comprometieron a un «intercambio automático de información» bancaria y el ministro de finanzas británico, George Osborne, sugirió que se estableciera una lista negra de paraísos fiscales. Los motivos que frenan la decisión tienen responsables conocidos: los grandes bancos, las empresas multinacionales y las grandes fortunas individuales. Y fundamentalmente (el cuarto responsable), porque, como dijo el director de Tax Justice Network, John Christensen, a BBC Mundo, los «Estados Unidos y el Reino Unido son los paraísos fiscales más importantes del mundo».

 

En Estados Unidos, el sector financiero representa el 20% de las ganancias corporativas y un 7,5% del PIB. En el Reino Unido, ese sector constituye entre el 10 y el 17% del PIB y fue históricamente esencial para evitar una crisis de su balanza de pagos. El país norteamericano tiene en su interior cuatro de los más importantes paraísos fiscales del mundo: Delaware, Nevada, Wyoming y Dakota del Sur.

 

El último informe de Oxfam, presentado bajo el título Una economía al servicio del 1%, tras analizar 200 empresas, entre ellas las más grandes del mundo y las socias estratégicas del Foro Económico Mundial que se realiza en Davos (Suiza), detectó que nueve de cada diez «tiene presencia» en, al menos, un paraíso fiscal. Oxfam calcula, a partir de datos tomados del Fondo Monetario Internacional (FMI), que la “inversión” empresarial en paraísos fiscales entre 2000 y 2014 se ha multiplicado por cuatro. En 2015, estima, el dinero oculto asciende a los arriba mencionados 7,6 billones de dólares. Recurrir a los paraísos no es una exclusividad de los estados más desarrollados. Según Oxfam, ésta y otras prácticas de evasión y elusión fiscal afectan a todos los países, también a los más pobres. Se estima que los países en desarrollo pierden cada año 100.000 millones de dólares como consecuencia de la evasión de impuestos por parte de las grandes empresas”. En total, 190.000 millones de dólares se escapan del control fiscal de los países gracias a los llamados paraísos. Casi un tercio (30%) de la fortuna de los africanos más ricos, un total de 500 mil millones de dólares, se encuentra en ellos. Esto supone para los Estados del continente una pérdida estimada en 14 mil millones de dólares anuales en concepto de ingresos fiscales, una cantidad que permitiría financiar la atención sanitaria que podría salvar la vida de cuatro millones de niños y niñas, y contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas de África.

 

La existencia de esos paradisíacos refugios, según Oxfam, la pagan los más pobres Con una recaudación tributaria generada por las multinacionales y los millonarios muy por debajo de su potencial, los Gobiernos suelen optar, o bien por recortar la inversión pública que destinan a políticas sociales, o bien por subir los impuestos a los sectores más pobres. «En ambos casos los mayores perjudicados son las personas pobres y la brecha de desigualdad aumenta», denuncia Oxfam.

 

Corporatocracia

Un estudio realizado en el año 2000 por Corporate Watch, Global Policy Forum y el Instituto for Policy Studies (IPS) reveló el crecimiento desmesurado de la corporatocracia: el gobierno de las corporaciones. Eran entonces 40.000 en todo el planeta, pero las de verdadera influencia global eran apenas 200: controlaban más de la cuarta parte de la actividad económica mundial. El estudio señalaba que de las 100 mayores economías del mundo, 51 correspondían a corporaciones; apenas 49 eran de países. Wal Mart era mayor que 161 países; la japonesa Mitsubishi superaba a Indonesia, el cuarto país más poblado del planeta; General Motors era mayor que Dinamarca y Ford mayor que Sudáfrica. En el 2000, las 200 corporaciones más importantes eran más grandes que las economías combinadas de 182 países y tenían el doble de influencia económica que el 80% de la humanidad. En 2012, las 25 corporaciones más importantes del orbe estaban ganando 177.000 dólares por segundo; sólo Wal Mart llegó a 470 mil millones de dólares de utilidad en el año.

 

El problema se agravó. Tres matemáticos del Instituto Politécnico de Zurich, Suiza, publicaron un informe sobre las corporaciones transnacionales (TNC, por sus siglas en inglés) según sus vínculos con otras TNC. Comenzaron estudiando una base de datos que había crecido a 43.000 corporaciones. Concluyeron que 147 empresas hoy controlan un pasmoso 40% del volumen económico de la muestra, por lo tanto, del comercio mundial. Por eso, nuestro ya mencionado Paul Craig Roberts pudo declarar: algunas poderosas corporaciones se han hecho del poder en las ‘democracias’ occidentales” (Graham Vanbergen, “El Surgimiento de la Corporatocracia, Rebelion”, 23-6-2016)

 

¿Democracia?

De resultas de la corporatocracia, los ciudadanos europeos no eligen a los miembros de la Comisión Europea. “Los miembros del Consejo de Ministros y su encarnación al máximo nivel, el Consejo Europeo, sólo se eligen indirectamente y las leyes son elaboradas en secreto en el transcurso de sesiones a las que no se permite la entrada a la prensa ni al público”, afirma el periodista especializado en información de la UE, Leigh Philips, quien ha publicado crónicas en The Guardian, Nature, The Daily Telegraph o Red Pepper, y ha sido corresponsal en Bruselas del diario EUobserver. La única institución electa -el Parlamento Europeo- “no puede proponer ni aprobar leyes, sólo enmendar lo que la Comisión y el Consejo le remitan para su conformidad”. Tras rechazar Irlanda los Tratados de Niza y Lisboa, se les convocó a votar de nuevo. Después que los ciudadanos franceses y holandeses dijeran “no” a la Constitución Europea, se impulsó el Tratado de Lisboa (el mismo texto constitucional con otro nombre). Los estados miembros de la UE, no sólo de la eurozona, están sometidos al Pacto de Estabilidad y Crecimiento (1998), de carácter neoliberal y que impone sin concesiones la “disciplina fiscal”.

 

Leigh Philips da un paso más en el análisis, que le conduce a lo que denomina “estructuras internacionales de gobernanza postdemocráticas”, que hoy, afirma, “proliferan como la mala hierba”. Se trata, en otros términos, de un “intergubernamentalismo” sin elecciones. Se refiere al FMI, el Consejo de Seguridad de la ONU, el G-7, la OMC, el TTIP, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, e incluso a la Comisión Ballenera Internacional. Con la crisis financiera de 2007, proliferaron los “G”: G-7, G-8 y G-20 y una miríada de clubes y comités “intergubernamentales” no elegidos. Son agencias y organizaciones de la gobernanza global que regulan todos los ámbitos de la vida, desde las armas nucleares hasta la pesca del mero. Muchos ejemplos de esta tendencia global pueden extraerse de la Unión Europea, donde los tratados y contratos entre estados se sitúan por encima de la democracia. Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, afirmó después del triunfo electoral de Syriza (enero de 2015): “Las elecciones no cambian nada”. “No cabe elección democrática en contra de los tratados europeos”, abundó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. (Enric Llopis. Rebelion, 28-06-2016).

 

Las grandes decisiones no dependen de la voluntad popular. Las toma el poder real, representado por las corporaciones, y entre ellas por los grandes bancos. Una corta oligarquía de burócratas decide en favor de intereses absolutamente incompatibles con los de las grandes masas. La democracia burguesa (la única que conocimos) le sirve cada vez menos al poder real. Elecciones, gobiernos, parlamentos se transforman en ficciones, como lo es la soberanía o la autonomía nacional de decisiones.

 

Conclusión

Dijimos al comienzo de esta nota: para mejor entender el drama argentino actual, que muchos no han entendido, simulan o no quieren entender o pretenden ocultar, para saber cabalmente quienes son y qué representan los principales actores y autores de la devastación a la que el pueblo y el país están siendo sometidos, es indispensable ir al escenario mundial del cual el nuestro es una muestra y fragmento.

 

En los párrafos anteriores hemos dado un pantallazo o primera aproximación a una realidad a que son ajenas la mayoría de las personas comunes, sumidas en el problema de una sobrevivencia cada día más difícil, y por añadidura brutalmente desinformadas por la media del sistema. Es más, la cultura de la dominación, siempre en permanente acción y hoy acaso con más intensidad que nunca, cumplió y sigue cumpliendo eficazmente su papel obnubilando cerebros, introduciendo la confusión y la ignorancia. El sistema mundial, en degenerada decadencia, como lo calificamos más arriba, está llevando la población del planeta a una situación que si no aun terminal, amenaza en llegar a serlo de no haber reacciones a la altura del desafío. Una criminalidad financiera que campea libremente no puede terminar nada bien. A lo que se agrega la cuestión ecológica, que si algo demuestra, es que la alta dirigencia del sistema está preñada de una pulsión de muerte.

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