“Por ahora no se pudo”

Al aceptar su primera derrota electoral, el Presidente venezolano Hugo Chávez se ha mostrado como un verdadero demócrata y puede aprovechar la oportunidad para responder las acusaciones de despotismo de parte de Washington y sus críticos locales. Pero el mandatario venezolano no ha desistido de su poco ortodoxo programa socialista y los sectores opositores, en…

Al aceptar su primera derrota electoral, el
Presidente venezolano Hugo Chávez se ha mostrado como un verdadero demócrata y
puede aprovechar la oportunidad para responder las acusaciones de despotismo de parte de Washington y sus críticos locales.

Pero el mandatario venezolano no ha desistido de su poco ortodoxo programa socialista y los sectores opositores, en tanto, no tienen ni la capacidad ni la cohesión necesaria para detenerlo.

La estrecha derrota de Chávez en el referéndum sobre la propuesta de reforma constitucional del domingo es el tipo de situación que llevaría a cualquier otro gobernante a emprender un camino más moderado, con la finalidad de atraer a electores indecisos. Pero ése no es el caso de CHÁVEZ.

Aunque suele ser pragmático, su personalidad exuberante y tendiente a los conflictos no deja mucho espacio a la capacidad de buscar acuerdos, lo cual representa una fórmula para el choque en una nación donde él se encuentra en el centro de fuertes divisiones políticas.

«Ni una sola coma de esta propuesta, yo la retiro. La propuesta la continúo haciendo. La propuesta sigue viva. No está muerta», advirtió Chávez el lunes por la madrugada, al reconocer la derrota.

Incluso sin la victoria resonante que él esperaba, Chávez ya tiene suficiente autoridad como para reformar fácilmente el gobierno, la economía y la sociedad.

Chávez apenas ha empezado a definir su «socialismo del siglo XXI», calificándolo como una revolución para compartir de forma más equitativa la riqueza petrolera venezolana.

Cuenta con atribuciones concedidas por la Asamblea Nacional para gobernar por decreto en áreas que van desde la economía hasta el sistema judicial.

Esos poderes, los cuales continuarán en efecto hasta mediados del 2008, le permitirían implementar una serie de leyes que podrían reestructurar instituciones del estado, incrementar los impuestos para los más ricos y adaptar las legislaciones actuales para asegurar la distribución equitativa de la riqueza, como parte de un nuevo sistema social y económico.

Lo que esto significa para los venezolanos en los años por venir no está claro, pero sí ha generado ciertos temores.
Chávez achacó su derrota al abstencionismo entre sus simpatizantes, los que hasta ahora le habían garantizado los votos necesarios para asegurarse pasadas victorias. Muchos venezolanos pobres y de clase trabajadora continúan viendo a Chávez como su salvador.

El día después

En las primeras horas del reconocimiento, Venezuela atravesó una primera jornada de un presidente derrotado por primera vez, con un llamado casi unánime de la oposición al diálogo y la reconciliación, y la asunción del propio mandatario de que pudo «haber equivocado el momento estratégico» para su iniciativa.

Otros dos datos salientes de la jornada post-referendo fue la consolidación de los líderes universitarios como nuevos actores de la vida política local y hasta el ofrecimiento de la Iglesia a convertirse en facilitadora del diálogo entre Gobierno y oposición.

Chávez hizo a última hora de la tarde una sorpresiva aparición por teléfono en un canal estatal, en la que se declaró «orgulloso» del pueblo, admitió que pudo haber errado el momento para impulsar la reforma y evaluó que «falta madurez» para un cambio de tamaña magnitud.

«La propuesta es mucho más que una propuesta de reforma: es un plan estratégico. Y yo me equivoqué en el momento estratégico. Se trata de ir quemando etapas. Lo asumo en esta autocrítica como capitán del barco que sabe cuando los motores no dan», señaló el mandatario, que se despidió con el guevarista «hasta la victoria siempre» y la consigna «Patria, socialismo o muerte».

Insistió en lamentar que el Sí, que obtuvo cerca del 49 por ciento, contra un 51 por ciento del No, no logró sumar «ni siquiera los votos de los inscriptos» en el PSUV y destacó que pretende dejar el Palacio Miraflores «con la frente en alto, y que nadie diga que goberné como Satán», porque antes prefiere «la muerte».

La mayor parte de los micrófonos, sin embargo, le tocaron a una oposición triunfante pero con el flamante desafío de demostrar que puede no dispersarse, conformar una alternativa real y que tiene más coincidencia que el enfrentamiento con el Ejecutivo.

Dirigentes del socialcristiano COPEI, del Movimiento al Socialismo (MAS) y de los ex chavistas de Podemos coincidieron en resaltar, casi en réplica al presidente, la madurez política de los venezolanos, y analistas y politólogos leyeron el resultado como un «freno» a presuntos intentos hegemónicos.

Mientras, los estudiantes universitarios, que tuvieron un rol protagónico en la estrategia de rechazo a las reforma, abrieron este lunes una nueva etapa en la que deberán solidificar su organización interna y «cobrar» dentro de la oposición los servicios prestados al resultado.

A modo de aviso, el titular de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, Ricardo Sánchez, consideró que los jóvenes mostraron que constituyen el «relevo» político en la oposición.

«Apareció el relevo. Hay un capital humano, así que vamos a organizarnos, a fortalecer el relevo, a avanzar en términos de movilización para conquistar la mayoría y consolidarla, en función de lo que queremos hacer», anunció Sánchez.

Para el dirigente estudiantil, el pueblo quiere «reconciliación» y Chávez debe entender que perdió 3 millones de votos desde su reelección en diciembre de 2006.
Una muestra de lo que puede venir en la oposición lo dio el propio Sánchez, que salió a rechazar la propuesta de llamado a una Asamblea Constituyente que hizo el ex ministro Raúl Baduel.

El ex chavista había alertado sobre la chance de que el oficialismo «intente imponer los cambios por otras vías» y adelantado que presentará una iniciativa de Asamblea Constituyente «para remontar esta fase y alejar los fantasmas de las dos Venezuelas».

Casi en sintonía con el presidente Chávez, el ministro de Información, William Lara, dejó abierta la posibilidad de seguir adelante con el proyecto de reforma «cuando maduren las condiciones objetivas y subjetivas en la conciencia nacional».

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