Por Carmelo Paredes, especial para Causa Popular.- Dentro de las pujas que suceden en el interior del heterogéneo espacio del justicialismo, en la medida que kircherismo procura mantener su liderazgo, van emergiendo discusiones centrales e históricas que no han sido cerradas. Así fue que este último 25 de septiembre, el cardenal primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, abrió las puertas de la Catedral Metropolitana para la celebración de una Misa en memoria de José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT asesinado en 1973. Las reivindicaciones simbólicas que ha hecho el kirchnerismo sobre el sector más combativo del peronismo y la lucha que emprendió la “Juventud Maravillosa” junto a diversos sectores populares, están siendo aprovechadas por un sector que espera que la reivindicación de Rucci sirva de línea divisoria. Así fue que en la misa los máximos referentes del peronismo anti-K, los ex mandatarios Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saa, y el candidato presidencial Alberto Rodríguez Saá, fueron a la recordación del 34 aniversario de la muerte del líder metalúrgico. La UOM por su parte, pidió la reapertura de la causa judicial que investigó el crimen.
No es la primera vez que miles de afiches con la cara de Rucci pueblan las calles de Buenos Aires con el subtítulo “Argentino y Peronista”. Pero este aniversario viene con sorpresa. Es que en la historia del peronismo conservador, una de las preguntas que más han resonado durante años es ¿Quién mató a Rucci?
Pero si bien la respuesta radique en la dinámica virulenta que se desató luego de la Masacre de Ezeiza que propició la derecha peronista para golpear a la Tendencia Revolucionaria del peronismo, lo cierto es que el interrogante vuelve a arreciar a la hora que un justicialismo en proceso de revulsión debate sobre quien es verdaderamente peronista. Una discusión que otrora habría tenido alguna profundidad, pero que en la actualidad responde a reivindicaciones pasionales que se caen a pedazos cuando muchos de los apasionados abanderados de la memoria se ponen a revisar sus bolsillos, sus bienes, sus prácticas, sus acumulaciones y sus riquezas, siempre tan difíciles de explicar.
Así fue que varios sindicalistas y los mencionados dirigentes del peronismo opositor al Gobierno de Néstor kirchner ocuparon la primera fila del ala izquierda de la catedral y concentraron en ellos toda la atención de los demás participantes del oficio religioso. Del homenaje a Rucci en la Catedral y con excepción del municipal Amadeo Genta, no participó ningún otro representante del sindicalismo confederado enrolado en la CGT que encabeza Hugo Moyano como tampoco participaron funcionarios del gobierno nacional.
Es que a esa misma hora, la cúpula cegetista en pleno participaba en el Congreso de otro homenaje a Rucci asesinado a balazos el 25 de setiembre de 1973 en el barrio porteño del Bajo Flores.
La figura de Rucci, fue resaltada por el oficiante de la misa, quien afirmó haber conocido personalmente al desaparecido líder de los metalúrgicos.
«Qué importante lo que dijo este hombre que profundamente humano y por eso profundamente evangélico cuando afirmó que para encarar un proceso de reconstrucción y la reconquista de los valores nacionales, es necesario pacificar los espíritus», señaló Bergoglio.
El religioso remarcó entonces «la necesidad de dejar ser habitante para ser ciudadanos y comprometernos en la gestión pública que no solamente es el voto el 28 de octubre, sino en el control de la calidad de la gestión de los nuevos gestores de la nueva sociedad, el pueblo todo debe ser controlador, hay que votar y controlar».
Entre los tiros por elevación, Adolfo Rodríguez Saá manifestó que «hoy vinimos acá a buscar la reconciliación de los argentinos y estuvo presente el peronismo. No me sorprendió que no estuvieran funcionarios de gobierno porque ellos son del Frente para la Victoria», remarcó el ex presidente.
«Tenemos que mirar para delante, hacia el futuro porque hay que reconciliar a los argentinos», pidió Rodríguez Saá, para quien la ausencia de los funcionarios del gobierno obedece a que «no comparten el homenaje y aseguró que el Frente para la Victoria es otra cosa, no es el peronismo».
Por último, cuando se le consultó sobre el regreso de Eduardo Duhalde a la política, sentenció: «Primero Duhalde tiene que decir a quién va a votar en las elecciones y si por Cristina Kirchner o por Rodríguez Saá».
Entre los flashes que revelan el peor de los oportunismos, o algo así como la horma de su zapato en virtud del personaje y la fecha, el titular de las 62 Organizaciones Gremiales peronistas, Gerónimo Venegas, exhortó a sus compañeros a prepararse para reorganizar el Partido Justiciaista luego de las próximas elecciones nacionales del 28 de octubre y a conseguir un mayor grado de participación.
Venegas habló en el acto de lanzamiento de la Fundación Ignacio Rucci, realizado en el Salón de Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados, al conmemorarse el 34to. aniversario del asesinato del ex titular de la CGT. «Somos el reaseguro ideológico del movimiento peronista y por
eso debemos volver a tener el 33 por ciento histórico» en los cargos de representación institucional, dijo Venegas luego de escuchar el reclamo de la hija de Rucci, en demanda de participación.
«El movimiento obrero no puede seguir siendo el convidado de piedra», había dicho Claudia Rucci, al parafrasear a su padre, en un estrado en el que también estaba el titular de la CGT, Hugo Moyano.
Luego que Venegas prometiera «dejar el cuero para que el Partido Justicialista empiece a funcionar después de la elección», Moyano prefirió destacar la lealtad de Rucci «a Perón, al pueblo, a la Patria y a los trabajadores».
Consultado por los periodistas al terminar el acto, Moyano dijo coincidir con la aspiración de Venegas en el sentido de que el movimiento obrero vuelva a tener una 33 por ciento de representación en los cargos electorales, pero advirtió que «no están dadas las condiciones».
En tanto, en la Catedral Metropolitana, además de los ex presidentes Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá, y el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, estuvieron presentes el candidato a gobernador bonaerense Juan Carlos Blumberg; Cecilia Pando, y el dirigente
sindical Dante Camaño.
Durante la misa, el cura habló de las «injusticias» y de la necesidad de «hermanarse» y poco antes de la finalización pidió por la muerte de José Ignacio Rucci. Una vez que finalizó la celebración, un grupo que no superaba el centenar de militantes, se detuvo en las escaleras de la
Catedral y cantaron la marcha peronista.
¿La propiedad del movimiento?
Luego de los actos, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) pidió al Ministerio de Justicia que instruya a los fiscales para la reapertura de la investigación del homicidio del ex titular de la CGT que «sigue impune a 34 años de haber sido perpetrado». El secretario general de la UOM, Antonio Caló, realizó el pedido en coincidencia con la demanda que familiares de Rucci lanzaron en el homenaje realizado en el cementerio de Chacarita, sin la presencia de directivos de la CGT.
La UOM -gremio al que pertenecía Rucci- «va a pedir que se reabra el expediente» por el asesinato del dirigente cegetista, consignó Caló luego de que el hijo del homenajeado, Aníbal Rucci, solicitara al presidente Néstor Kirchner que «instruya al Ministerio de Justicia reabrir la investigación».
«Como institución, hacemos propias las palabras de la familia Rucci y pediremos volver a abrir el expediente sobre el crimen» perpetrado dos días después de que el Juan Domingo Perón fuera elegido presidente constitucional de Argentina por tercera vez.
Aníbal Rucci dijo que su padre «también está dentro de los derechos humanos» y remarcó que su familia necesita que «si no es Kirchner, por imposibilidades de tiempo, sea el próximo presidente o presidenta de la Nación quien dé curso a este pedido». Sostuvo que su familia «atravesó 34 años de martirio sin saber quiénes son o fueron los asesinos» y subrayó que se trata de «un tiempo demasiado largo para no haber investigado».
En este marco, también solicitó al Congreso de la Nación que «promulgue la ley que califica como asesinato de lesa humanidad» al crimen de su padre. Caló, en tanto, se refirió a la concertación nacional propuesta por el kirchnerismo y dijo que «la UOM ya hizo esa concertación social hace 34 años por intermedio de Rucci, que luchó por el regreso irrestricto de Perón».
Asimismo, afirmó que el gremio «seguirá el camino de concertación promovido ahora por la candidata presidencial» Cristina Fernández.
«Los dirigentes gremiales estamos en condiciones de hacer las propuestas que los trabajadores necesitan y de sentarnos a la mesa para hacer la concertación que el país necesita», agregó.
Entre los presentes se encontraban los directivos de la UOM Carlos Gdansky, Juan Belén, Gerardo Charadía y Naldo Bruneli, así como Nélida «Coca» de Rucci y tres de sus seis nietas, Antonela, Agostina y María. También se encontraban en el lugar el dirigente sindical de Cementerios Domingo Petrecca; Juan José Minichilo, del Movimiento de Recuperación Peronista; y Juan José Alvarez, actual jefe de campaña de Francisco de Narváez, sospechado de ser uno de los arquitectos de la represión desatada por el gobierno de Eduardo Duhalde, cuando Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fueron cobardemente asesinados por la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Este aniversario de la muerte de Rucci aun no ha terminado, y entre los mensajes que procuran enviar los sectores más conservadores del justicialismo, aparecen las cabezas malheridas de todos aquellos que no entraron en las listas que llevan a Cristina Fernández de Kirchner como candidata a presidente del Frente para la Victoria.
Otra vez la propiedad “del movimiento” vuelve a revivir y con ella la incapacidad de amplios sectores de debatir con profundidad un proceso que recuerdan como si hubieran nacido ayer.
Por eso vale recordar, solo por un segundo, que luego de la Masacre de Ezeiza, los que procuraron postularse como “verdaderos peronistas” a cualquier precio crearon una de las ligas parapoliciales más siniestras de la historia argentina que se identificó como la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como “La triple A” y que según la Conadep, dejó cerca de mil víctimas entre 1973 y 1976.
