Informe especial: El problema aéreo y “la banda de los brigadieres”

El presidente Néstor Kirchner admitió este viernes que la estructura aérea está «quebrada» en Argentina, y anunció que ordenó el alquiler de dos radares para reforzar el control aéreo, que pasó el jueves de manos militares a un organismo civil. Una vieja historia que parece nueva y que tuvo su punto de inflexión cuando una…

El presidente Néstor Kirchner admitió este viernes que la estructura aérea está «quebrada» en Argentina, y anunció que ordenó el alquiler de dos radares para reforzar el control aéreo, que pasó el jueves de manos militares a un organismo civil. Una vieja historia que parece nueva y que tuvo su punto de inflexión cuando una película reveló las miserias del sistema se seguridad aérea en la Argentina.

No quedó otra alternativa. Finalmente Kirchner tuvo que hablar sobre la seguridad en los vuelos luego de que se registraran demoras significativas en el Aeroparque de la Buenos Aires y los pilotos y controladores de la aviación comercial denunciaran irregularidades en el funcionamiento del tráfico aéreo. Los inconvenientes surgieron por el estado del radar principal, que a comienzos de marzo fue afectado por un rayo durante un temporal.

Caos, radares y videos…

Pero la quiebra no comienza con el rayo de marzo, sino que se remonta a la historia. Según precisamos el sábado 9 de septiembre de 2006 (Caos, radares y videos): “…La Fuerza Aérea fue creada como tercer brazo del poder militar del Estado durante el primer gobierno peronista. Desde entonces, la vigilancia del espacio aéreo fue su responsabilidad mientras la aviación civil quedaba en el área de transportes. Dentro de la lógica de país ocupado que ejercieron las dictaduras militares, en 1966, el gobierno de Onganía le otorgó a la Fuerza Aérea el control de la actividad aerocomercial.

Desde entonces, el Comando de Regiones Aéreas se convirtió, para los brigadieres, en el destino más apreciado y una antesala segura a la conducción de la aeronáutica.

Responsable de los aeropuertos, directamente conectado con la Aduana y con las compañías de aviación, abría un cúmulo de posibilidades que empresarios exitosos, traficantes o funcionarios inescrupulosos, descubrirían a su debido tiempo. Los brigadieres tuvieron las mejores oportunidades para corromperse participando en ambos lados del mostrador, y no las desaprovecharon.

Hubo una época, por ejemplo, en la que la jefatura de Inteligencia de la Fuerza Aérea era una dependencia de las empresas de Alfredo Yabrán. Aunque su imperio pareció disolverse en el aire luego de su muerte, nunca se hizo ninguna referencia al alcance de esa influencia. Reflotemos algunos casos olvidados: el brigadier Laporta, implicado en la dudosa muerte de su par Echegoyen, fue uno de los tantos que saltaron de la titularidad de Inteligencia al directorio de Edcadassa, propiedad de Yabrán.
Lo mismo sucedió con Juliá, que fuera nombrado comandante por Menem, y la lista continúa.
El vocero de Yabrán, en ese entonces, era Wenceslao Bunge, un egresado de Harvard que había sido representante del gigante norteamericano McDonell-Douglas que vendía aviones militares a la Fuerza Aérea y aparatos de transporte de pasajeros a Aerolíneas Argentinas y Lade.

Bunge integró el directorio de SMC Sociedad Anónima cuya finalidad es la “importación y exportación de frutos del país y de bienes que ensamble la industria metalúrgica” con Guillermo Suárez Mason, Ramón Camps y Víctor Hugo Alderete como socios.

Que el comodoro Guerrero, piloto en Malvinas y luego especializado en misiles en el MIT, hubiera gozado de la protección de Alfredo Yabrán, quien financió su viaje a Boston, es un indicio de la inextricable simbiosis entre defensa de la soberanía, geopolítica y negocios que imperaba en el arma.

Aerolíneas Argentinas, la vieja empresa estatal, se había convertido en una agencia de viajes de lujo para los brigadieres. Víctima de un déficit crónico, fue presa fácil de los privatizadores, cuando lo sensato habría sido sanearla.

La construcción del misil Cóndor, y la creación de empresas de transporte aéreo que participaban en el lucrativo tráfico internacional de armas, fueron otras de las oportunidades que se abrieron para los mandamases de la Fuerza Aérea.

En cuanto al Cóndor -desactivado por Menem, aunque algunos dicen que no del todo-, debe recordarse que los brigadieres crearon una decena de empresas fantasma en el cantón suizo de Zug para abastecerse de las partes más sensibles del misil.
Interbaires, Intercargo y Edcadassa (servicios de rampa, free shop y depósitos fiscales), empresas que primero pertenecieron a Yabrán, y luego pasaron al Exell Group y al CEI-Citicorp, eran otros de los destinos de los brigadieres. Por investigar uno de esos depósitos fiscales (eufemismo para encubrir la privatización aduanera) fue asesinado el subcomisario Gutiérrez, y muchos dicen que la muerte de Echegoyen no fue ajena a esos negocios.

A fines de los 80 se detectó que la empresa Lade (Líneas Aéreas del Estado), dependiente de la aeronáutica militar, no era sino una tapadera de contrabando sistemático. Nadie fue preso por ello.

Con los afanes de los brigadieres puestos en un lugar muy alejado de los controles, no es casual que se estrellaran dos aviones en los últimos años, por una suma de incompetencias que señala la responsabilidad del Comando de Regiones Aéreas en ambos accidentes.

En tiempos de Menem, los brigadieres pudieron impedir que la política privatizadora les “soplara” los servicios de rampa y custodia de Ezeiza, por donde pasa el grueso del tráfico aéreo, y dejaron que la Gendarmería se encargara del resto de los aeropuertos del país, donde el retorno es más reducido.

El ariete era la Policía Aeronáutica (PAN) que el actual Gobierno desarmó luego de un escándalo similar al que ahora nos ocupa….”

Pasaron más de 6 meses de aquella crisis, más allá de los anuncios, la situación se mantuvo igual, hasta que el rayo de Ezeiza provocó el paro de los pilotos y obligó al gobierno a implementar un plan de salvataje de emergencia.

La airada reacción de los pilotos

Los pilotos de la empresa Austral, de capitales españoles, paralizaron el jueves los vuelos de cabotaje en el aeropuerto metropolitano, tras señalar que no había condiciones para operar a raíz de las fallas en el radar.

El titular de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas, Jorge Pérez Tamayo, exigió una pronta solución al señalar que «subsisten» las fallas en el radar del aeropuerto de Ezeiza, que controla las operaciones en las dos terminales aéreas y que salió de funcionamiento el pasado 1 de marzo durante una tormenta eléctrica.

«Los problemas técnicos subsisten y creo que llevará un tiempo repararlos», advirtió antes de explicar que las demoras que continúan produciéndose en la llegada y partida de los vuelos obedecen a esta circunstancia.

«Las demoras se producen porque los controladores no confían en el radar, que tiene fallas intermitentes, y deben operar en forma manual», remarcó. «Las demoras (en las partidas y llegadas de los vuelos de cabotaje) van a continuar porque el sistema continúa igual que ayer y que en los últimos 15 días», asevero Pérez Tamayo. El titular de APLA advirtió que los pasajeros «deben saber que por el solo hecho de firmar un decreto no se soluciona el inconveniente que hay en este momento» y aseguró que los técnicos aeronáuticos y pilotos siguen «en estado de alerta».

A la polémica se sumó también el director de cine y ex piloto comercial Enrique Piñeyro, quien coincidió con Pérez Tamayo al destacar que el radar «sigue sin funcionar» y dijo que lo único que hacen las autoridades es «esconder su inutilidad e incompetencia. Con autoridades con este grado de demencia estamos en muy pobres manos», alertó en declaraciones a radio La Red.

El ex piloto, que en 2006 estrenó la película «Fuerza Aérea Sociedad Anónima», en la que denuncia corrupción en el sistema de control de la aeronavegación, aseguró que las autoridades «mienten» y adelantó que acusará ante la justicia a integrantes de la Fuerza Aérea por «decir que está todo bien» cuando la realidad indica lo contrario.

En ese sentido, Piñeyro dijo que aportará las pruebas sobre un incidente ocurrido el pasado viernes, cuando hubo un alto riesgo de colisión entre una aeronave boliviana y un avión privado. Antes de esta película documental, el ex piloto ya había denunciado la inseguridad aérea en este país en la película «Whisky Romeo Zulú», centrada en el accidente de un avión de Líneas Aéreas Privadas Argentinas, compañía en la que trabajó Piñeyro.

El accidente, ocurrido en febrero de 1999, causó 67 muertos en el aeropuerto para vuelos domésticos de Buenos Aires

Plan de medidas de salvataje

En medio de las denuncias, el gobierno formalizó el traspaso del control aéreo de la Fuerza Aérea a un organismo civil, una medida que había sido decidida a fines del año pasado, en medio de otra polémica por la inseguridad en el control aéreo.

«Di la orden al jefe de Gabinete y a la ministra (de Defensa, Nilda) Garré para que alquilen dos radares más para que no haya ningún tipo de dudas y todos los argentinos estén absolutamente seguros», afirmó el mandatario en un acto en la localidad patagónica de Puerto Madryn (1.470 km al sur de Buenos Aires). También afirmó que su gobierno pretende «avanzar en todo el proceso de recuperación de la quebrada estructura aérea» en Argentina, al tiempo que destacó la decisión de aumentar la radarización del espacio aéreo. Para ello, precisó, que «se ha mandado a comprar al Invap 15 radares más» , a los que se sumará el llamado a licitación internacional que vence el próximo martes para la adquisición de cuatro radares, con la intención de avanzar en la radarización del espacio aéreo.

Por su parte, Nilda Garré, la actual Ministra de Defensa, ratificó hoy el traspaso del manejo del espacio aéreo desde los militares a los civiles, en una medida «compleja» pero «sin marcha atrás».

La ministra dijo que la medida «es una vieja aspiración de los sectores de la aviación civil». Se pondrá énfasis en la capacitación del personal, algo que fue denunciado varias veces por los sindicatos de trabajadores, como consecuencia del aparente descuido de esa área, por parte de los militares, ahora desplazados. Se avanzará «en la capacitación de gente porque si se va a retirar a todo el personal de la Fuerza Aérea, hay que estar seguro de tenerla suficiente cantidad de civiles como para cubrir esos» puestos. «Es complejo el proceso, porque hay que inventariar todo lo que se va a transferir y todas las normas, las disposiciones y las resoluciones vigentes». El organismo, llamado Administración Nacional de Aviación Civil, dependerá de la secretaría de Transporte, dijo también Garré.

De necesidad y urgencia

El presidente Néstor Kirchner firmó hoy el decreto «de necesidad y urgencia» 239 por el cual se creó la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), la nueva autoridad aeronáutica que funcionará en el ámbito de la Secretaría de Transporte del Ministerio de Planificación.

La norma legal crea, además, la Unidad Ejecutora de Transferencia, que coordinará el secretario de Transporte y estará integrado por dos funcionarios designados por el Ministerio de Defensa y dos por la Secretaría.

La misión es este último organismo será elaborar un programa de transferencia del control aéreo a la ANAC y un cronograma para elevar al Poder Ejecutivo. Ese programa de transferencia debe contener la «revisión integral de la legislación vigente aplicable a la Aviación Civil y sus actividades subsidiarias y complementarias» y la «elaboración de la estructura de la ANAC, recursos humanos, ingresos, presupuesto de funcionamiento inicial y plurianual», según el decreto.

Asimismo entenderá en «la planificación de los procesos y procedimientos correspondientes a la transferencia de competencias, contemplando la traslación gradual de su ejercicio en procura de una mejora del sistema aeronáutico, sus recursos humanos, físicos, económico-financieros y los servicios que prestan a tales fines».

Otras de sus atribuciones serán «la contratación de servicios para la ejecución del programa de transferencia en materia de asesoramiento y asistencia técnica de entidades nacionales e internacionales», y «el estudio de todos aquellos aspectos inherentes al cumplimiento de las tareas encomendadas» que «en razón de su especificad» no se incluyeron en el decreto.

Pareciera que el rayo que afecto el radar en Ezeiza, logró algo más que los atrasos de los vuelos y el malhumor de los pasajeros.

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