El General Perón decía: “Aceptar ayuda de Estados Unidos o aliarse a ellos es perjudicial”. Y esa sentencia es válida también para otras potencias que se ven obligadas a seguir su política imperial. Claro que los dirigentes, por intereses electoralistas, no enfrentan fácilmente a los yanquis que nunca gozaron de mayoritaria buena opinión de los pueblos del viejo mundo.
Romano Prodi, primer ministro de Italia, estuvo a punto de caer, mientras todas las encuestas de opinión europeas, sin excepción, muestran el disgusto de sus pueblos por la permanencia de tropas en Afganistán e Iraq y se manifiestan contrarios a colaborar en la aventura de atacar a Irán, otro hormiguero político religioso.
Esa realidad corroe a los partidos y alianzas, por obsecuentes o interesados en sacar tajada petrolera de tales atropellos al derecho internacional. Ahora comienzan a ver las clases dirigentes que quienes defienden sus tierras de la ocupación rapaz del imperialismo no les brindarán beneficios. Las fuentes de producción se destruyen y la explotación de hidrocarburos la hacen imposible los guerrilleros en justas luchas contra los invasores.
Todos los políticos aliados del viejo mundo, angurrientos por una pizca de petróleo y otras materias primas, sin importarles la sangre y daños que provocan, han comprobado en sucesivos comicios su deterioro progresivo. Recurren a múltiples arreglos de partiditos para llegar o mantenerse en el poder con márgenes tan estrechos como débiles.
Eso le pasó a Romano Prodi, muy afectado por el secuestro por agentes de la CIA de un imán egipcio en Milán y llevado a una base yanqui de Alemania y de allí a El Cairo (Egipto) para encarcelarlo y torturarlo durante casi cinco años. Al llegar Prodi al poder nada hizo por su libertad.
El caso de Tony Blair
Al incondicional aliado Tony Blair, que esperaba grandes ganancias petroleras en Medio Oriente adhiriéndose a Estados Unidos, sufre la decepción del fracaso. Le ocurrió lo mismo que a su similar pro imperialista José María Aznar. Ambos demoraron tres años antes de reconocer que en Iraq no habían armas de destrucción masiva, hasta después de admitir públicamente el presidente Bush su equívoco y los errores cometidos al invadir ese país. Sus platos rotos no tienen posibilidades de arreglo. Ni al inglés ni al español le sirvieron de sospechosos actos terroristas que sufrieron en sus respectivos países.
No obstante, para aliviar el peso de la mochila recargada de mentiras, Blair ha dispuesto retirar 1.600 de los 7.100 soldados que mantiene en Iraq. Ellos se encuentran en el sector más peligroso de ese país, de inmensa mayoría chiita, con centro cercano a Bazora, el ahora inútil y único puerto petrolero iraquí, fronterizo con el íntegramente chiita Irán. Es decir, donde el factor religioso es más difícil de doblegar.
Además Teherán domina el lado Este del Golfo Pérsico y el estratégico estrecho de Ormuz por donde sale el 60% de los hidrocarburos imprescindibles para Japón.
En esa gran extensión a cargo de los ingleses, en ningún momento ha podido controlarla totalmente y, con la disminución de tropas, les será mucho más difícil lograrlo. A tal punto es el riesgo que en la Cámara de los Comunes se ha mostrado la preocupación por la salida con seguridad de los 1.600 a evacuar, que ahora están en fortificaciones. Luego, de los casi 20.000 soldados británicos iniciales solo le quedarán en Iraq 5.500. Tras los ingleses, el “aliado” más persistente es Australia, con 1.400.
Tan riesgosa es la región, donde también hay 460 soldados de Dinamarca, que este país anunció hace dos días que los retirará.
Los yanquis cada día más solitarios
Es decir que Estados Unidos, quedará en mayor soledad en un Iraq invadido, dominado solo en pocos sitios a fuerza de bombardeos desde lejos y alto pero sin suficiente infantería para ocuparlo. Por eso recurre al reclutamiento en países pobres de hombres y mujeres marginales, como mercenarios atraídos por ilusorios dólares. Estos, están haciendo de pichones para los francotiradores. Se desplazan en patrullas de a pie o motorizadas, viviendo la angustia permanente de ser volados por minas terrestres o dentro de los cuarteles con proyectiles de morteros.
Pero el multimillonario y corrupto halcón Richard Cheney, vicepresidente yanqui, a quien el Pentágono le ha anulado varias concesiones de obras de reconstrucción por fraudulentas y no cumplidas aunque si exageradamente cobradas, ante la decisión británica de retirar 1.600 soldados de Iraq, dice demostrar que “las cosas van bien”. Si eso fuera cierto, ¿por qué Washington envía 20.000 militares más a Iraq? El Congreso, con gran disgusto de la mayoría demócrata y buena parte de los republicanos está abandonando al maltrecho Bush, cansado de mentiras.
De Iraq ya han retirados todas sus tropas o lo han anunciado a corto plazo Dinamarca, Polonia, Italia, Alemania, España y Portugal. Los únicos “aliados” europeos con soldados en Iraq, son Rumania (865 de los 1.127 originarios), Bulgaria 150 de los 484 iniciales), Letonia (136), Albania (120), Rep. Checa (96), Bosnia H (37), Estonia (34), Macedonia (33). Evidentemente, no alcanzan por lejos a la mitad de los 152.500 norteamericanos, sin contar los últimos 20.000 aun en viaje.
Baja la moral interna yanqui
La lista de norteamericanos muertos (con mayoría de origen africano o “hispanos”) ya ha sobrepasado largamente los 1.200, según cifras oficiales. Recuérdese que las primeras tres víctimas “yanquis” en Iraq fueron tres mexicanos que vivían sin sus familias en Texas. Estas cifras son insignificantes ante el más de medio millón de civiles iraquíes caídos, con gran porcentaje de niños, mientras otros estiman ya pasado el millón.
Que nosotros sepamos, solo una publicación de internet francesa (Red Voltaire), publicó hace poco fotos que poseemos, de más de 3.000 inválidos venidos de Medido Oriente, y por los horrores que muestran no se han difundido en Estados Unidos.
Ayer el diario madrileño El País hace público un nuevo escándalo “por el trato a los heridos de guerra en un hospital militar”. Subtitula: “Los soldados convalecen en el mayor centro médico de Washington entre cucarachas y ratas”. Los pacientes proceden todos de Iraq y Afganistán. Otros párrafos destacados dicen: “¿Me salvaron para esto? se pregunta un militar en medio del caos burocrático”…El “Walter Reed”, así se llama el complejo hospitalario, “recibe más de 14.000 heridos al año; muchos tienen que esperar su tratamiento”.
Esta calamidad ocurre a sólo 10 kilómetros de la Casa Blanca, cuyo principal ocupante nunca visitó el cercano hospital. Solo se ha manifestado “profundamente preocupado”, luego de una serie de notas publicadas por el Washington Post acusando de “negligencia a la Administración Bush”. Estas revelaciones han escandalizado y sensibilizado al pueblo yanqui.
