“Hoy compartimos con ustedes —y queremos que se abra paso aun en el espesor ineludible de nuestras incertidumbres— el deseo de recuperar un tesoro en vías de extinción: la conversación. Es decir, una forma del compañerismo y de la controversia, el propósito de reunirnos para dar vuelta algo”.[1]
Compartir, un toque de reunión, el deseo y las compañeras y los compañeros de la fundación fueron las palabras inaugurales de la salida a escena de una conversación disruptiva y plural desde Zoom Tucumán. Balbuceo quizá, palabra fuerte y parada en eje taconeando fue el tono inicial del desafío malevaje y malón. Entre el cero y el uno de esa geometría de números llegamos al 100; un hoy que es 21 de agosto de 2026 cifra el 9 de setiembre de 2024 que fuimos cuando todo comenzó. Nos convocaba un deseo grandilocuente: fundar una lengua. Éramos imperiales por las ideas y también por el deseo de una gramática capaz de batallar algoritmos en un universo digital. Nuestra apuesta era el encuentro cara a cara o que la escritura sea la gran oportunidad de escucharnos. Como cualquier juego importante de esta ciudad, las fichas se repartieron en el café de la esquina: San Martín y Junín que era la cosechera de sueños de una generación, fue siembra todos ponen cara y cruz a la vez que comenzamos a juntar las palabras para pensar Tucumán.
Sin “pauta”, con las prisas de lo contingente, que todo cambia, se derrumba, se pierde: armemos el archivo que nos nombra para entrar una vez más a fabular el futuro, que es nuestro desde el presente más absoluto. La conversación con la que hicimos el país y los trucos. Esperanzas pocas y el tono de las milongas, los rufianes melancólicos y las mal queridas. Todos nos fuimos convocando a la fiesta para contar la ciudad desde la A hasta la Z de su memoria: las infancias, las bibliotecas, los patios, las veredas, el hombre araña, las heroínas de los barrios cotidianos. Capital secreta de tribus inverificables y ficciones escondidas que la escritura desde la redacción exhuma respetuosa y amorosamente. Zoom disputó sentidos, nombres y lugares de enunciación para las estirpes condenadas al olvido cuando el mapa oficial no alcanza. Política siempre, literatura, perfiles de un Tucumán cosmopolita.
Fuimos editores en el modo de hacer comunidad. Y pudimos sostener el espesor de una frecuencia temporal: las 100 veces que decimos, las 100 veces no debo, las 100 noches y las 101 que aventuran porvenir. Vimos trayectorias, pero encontramos los atajos, las trampas, el lado más bajo de todas las historias heroicas. Qué se esconde en la lengua que seduce siempre por un rato más. Aprender a leer lo largo, la continuidad, la denuncia sin el grito y el espasmo de lo pasajero. De la familia polillal que espía por un ojal a la naftalina bruja: “vámonos a otros roperos a llenarlos de agujeros”, que desde el disparate de los cuentos seculares fuimos armando la escalera rayuela para espantar los dogmatismos polvo y espada de las configuraciones partidarias del siglo pasado. Los que hacemos Zoom también imaginamos un catálogo de las políticas públicas que necesitamos. O podemos volver a cometer los mismos errores, no es tabula rasa, es acumular también el espesor del equívoco para la memoria singular. Sin cancelaciones y sin los bandos de los buenos que somos los malos cuando la vida de cada cual se parece tanto y todo a la multitud.
Un sistema del leguaje que hable en lengua de Tucumán, con modos venidos desde todas partes, feria y frontera, hallazgo del vidrio de color que brilla y es amuleto en las calles de una ciudad que se resiste al cambio de ecuación y ese fue el desafío mayor de Zoom: imaginar una ciudad escrituraria en lengua popular. Los dueños establecen su propia ley territorial en el manejo de los medios, noticia, ley y tanto. Zoom sabe de circos y de elefantes porque es pulga, pulga en la oreja, cola de ratón, cabeza de león y escritura de lo mínimo en el saber mayor de la lengua real y academia. Zoom está habitada por los que escriben y, fundamentalmente, por los editores. Los diálogos se traman desde la sonoridad inicial del tema.
Para qué escribiríamos en Tucumán, o mejor: ¿por qué? Justamente por una verdad que ocultamos: para disputar poder. El poder está siempre vinculado a la escritura, eso lo saben los arcanos titiriteros y también los viejos cuenteros trashumantes. Guerra de sentidos que incomoda, escenas mínimas que nadie parece registrar, fuego tribal que se intenta silenciar. Lo que es y existe en el registro. León Gieco hablaba de eso, cuando cantaba, casi como sentencia, siempre como desafío de los pobres: tengamos cuidado todo está guardado en la memoria. Nosotros sumamos el archivo y la obsesión del que guarda. Nos convocamos en una quimera, pero ahora esta suerte de acumulación del capital proletario y popular nos desafía en la próxima vuelta para no cerrar el sentido único de una mesa con protocolo. Queremos ese ejercicio de la política que se da en paridad de letra, en el diseño de ese voto que interpela a seguir escribiendo “lo que no es coyuntural en la coyuntura” que a las urgencias no se las lleva el viento como a las palabras. María José Bovi, Érika Chávez, Carlos Alberto Díaz, Victoria Daona, Rossana Nofal, Romina Ramírez, Silvia Rojkés, Yeyé Soria, Carlos Zeta: cien semanas de celebración de la lengua propia en voz primera. Que es decisión, seguir, mirar la ciudad, contar las vidas y las culturas de los que hacen sin pedir permiso.
En 2024 hablé de una vuelta de calesita donde la suerte era loca y si toca, toca.[2] Ahora sabemos: toca escribir. Gracias entonces por las lecturas que organizan las tramas del desafío de un medio de prensa federal y de un sello editorial que piensa un Estado nacional desde los derroteros de una historia. Nuestra revista puede leerse como una colección desmontable de lecturas, entre lo nacional, lo local y la patria de uno. Es, sobre todo, el arte de conversar, para seguir pensando las preguntas y las conjeturas en el devenir memorioso de los hombres y las mujeres y sus narrativas en los tiempos de una vida. Una mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas. Territorio de lecturas apasionadas por aquello de vibrar empáticamente con el objeto por conocer. La Ínsula Barataria, Macondo y el universo siempre infinito. Seguramente embelecos y milagros pintados en cartón. Se trata de creer que el mundo es mucho más ancho y extraño de lo que parece. Piedra, papel y tijera: bienvenidos entonces los próximos 100.
[1] “Lanzamos Revista Zoom Tucumán”, 9/9/2024. Disponible en: https://revistazoom.com.ar/lanzamos-revista-zoom-tucuman/
[2] Nofal, Rossana (2024): «Leer en voz alta: Silvina Pérez Lucena», Revista Zoom, 20 de septiembre. Disponible en: https://revistazoom.com.ar/leer-en-voz-alta-silvina-perez-lucena/
