Se conmemoran cincuenta años del golpe militar, eclesiástico y cívico: la dictadura más sangrienta de nuestra historia no hubiera sido posible sin la injerencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que suma más de cincuenta intervenciones en América Latina, con ocupación de territorios y/o a través de la política y la economía. “América para los americanos”, que comenzó en 1823 con la Doctrina Monroe como rechazo al colonialismo de las monarquías europeas, se convirtió en una doctrina imperialista que justificó ocupaciones de muchos países desde finales del siglo XIX: Guatemala, México, Honduras, Cuba, El Salvador, Haití, República Dominicana, Granada, Guayana, Colombia, Nicaragua, Panamá, Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina en 1976.
En ese mismo año, los EE. UU. emitieron una estampilla con un diseño y un dibujo que contiene una declaración de principios. No sabemos si fue intencional o casual. Treinta años después, en 2006, el presidente Hugo Chávez dio su último discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El hilo conductor de estos hechos es Satanás.
Punto de partida
Un libro que estaba abandonado en una casa a ser demolida llegó a mis manos. Resultó ser la novela Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway, en inglés y editada por Charles Scribner’s Sons, en Nueva York, en 1940. Sorpresa: es una primera edición. Segunda sorpresa: entre muchas hojas había estampillas de Argentina, Corea, Polonia, Grecia y “un sello de 31 centavos, USA Airmail, Correo Aéreo”. Tiene como fondo los colores de la bandera y sobreimpreso un dibujo de un avión de frente, con la trompa y cabina y una turbina en cada ala. En una de ellas contiene el globo terráqueo con África y Asia. En la otra se ve el continente americano, con una particularidad: Norteamérica es la cara del diablo que vomita sobre Latinoamérica.

El último discurso en la ONU del presidente Chávez, el 20 de septiembre de 2006, pasó a la historia porque criticó al imperialismo, defendió la soberanía y recomendó el libro El miedo a la democracia de Noam Chomsky; pero principalmente es recordado por las palabras dedicadas al presidente estadounidense George W. Bush, que había pasado el día anterior. “Ayer estuvo el diablo aquí. (Se persigna y continúa). En este mismo lugar huele a azufre todavía”. Y luego continuó: “Vino aquí hablando como dueño del mundo, como vocero del imperialismo; vino a dar sus recetas para tratar de mantener el esquema de dominación, de explotación y de saqueo a todos los pueblos del mundo. Para mí, una película para Alfred Hitchcock. Estaría buena, la titularía ‘La receta del diablo’”.
Resulta interesante la coincidencia: el libro y, dentro de él, la estampilla con la figura del diablo, que no sabemos si fue obra de un torpe dibujante o si fue con conocimiento de causa. Seguramente Chávez no vio el sello postal estadounidense. Tampoco sabemos si leyó Por quién doblan las campanas, historia que transcurre durante la guerra civil española, donde se elogia la lucha colectiva.
El título de la novela de Hemingway proviene de un texto escrito en 1624 por el poeta inglés John Donne. Es el respeto a nuestros muertos y desaparecidos en estos años de egoísmos e individualismo. “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

