Una de las geografías más descarnadas de la pobreza en la ciudad de Buenos Aires es la villa 20 de Lugano. Ubicada en el extremo sudoeste de la capital, tiene más de 21 mil habitantes. Sus terrenos conforman una gran depresión en el relieve que la transforma en una ciénaga gigante que alguna vez perteneció a la Policía Federal. Pero su marca distintiva fue pasar cuatro décadas agazapada tras un gigantesco depósito de chatarra. La contaminación y el deterioro del suelo han sido tan prolongados que la Defensoría del Pueblo comprobó que un alto porcentaje de niños del barrio presentan crecientes niveles de contaminación por plomo en su sangre. El óxido contaminó grandes porciones de suelo, las mismas que ahora son ocupadas por nuevas tomas de tierras organizadas por los movimientos de la zona. En ese barrio, antes de las elecciones de octubre de 2007, Mauricio Macri lanzó su campaña electoral posando junto a una nena del barrio. Ahora lleva 120 días de gobierno y todo sigue tan mal como cuando dijo: “esto es lo que no queremos más”.
Parece una broma pesada pero no lo es. La tragedia está latente, ya que todos los vecinos del barrio están en una “situación de riesgo y daño progresivo por la contaminación que genera el ‘cementerio’ de automóviles”. Para Alicia Pierini, titular del organismo de control, los responsables serían las autoridades de la Playa General Fernández de la Cruz, donde yacen los autos viejos. Pero este hecho no es más que la punta del iceberg de una verdadera emergencia ambiental, sanitaria y habitacional: uno de cada tres niños que vive en la villa tiene la sangre contaminada con plomo, la ley que indica que se debe construir un hospital en la zona sigue sin cumplirse y cientos de vecinos carecen de luz y agua corriente.
Pero como si esto fuera poco, la contaminación generada será difícil de erradicar. Los suelos contaminados dispersan sus efluvios de diversas formas. Una de las más importantes es a través de la lluvia que por escurrimiento superficial o por infiltración acarrea los elementos tóxicos depositados en superficie. De hecho, en un radio de dos mil metros de la playa General Fernández de la Cruz existen cinco cursos superficiales de agua, es decir, 5 vías para contaminar con plomo los afluentes más importantes del extremo sudoeste de la Capital.
El malestar serpentea las calles y los ánimos de la villa 20 desde hace décadas, pero su acumulación la transforma en una olla a presión que
Para colmo, la ley 1769 (votada en agosto del 2005) que ordenaba la construcción de un Hospital para Lugano sigue sin implementarse. Cientos de miles de vecinos siguen sin un hospital y las perspectivas indican que el jefe de gobierno Mauricio Macri no acompañará el proyecto para su construcción.
El plomo puertas adentro
Pero nada sobre el plomo se hubiera sabido si no fuera por el esfuerzo del barrio. Las pruebas que desataron la denuncia surgieron a partir de una nueva toma de tierras en la zona. Ante la emergencia habitacional, los pobladores de la villa sin casa se fueron a ocupar los terrenos donde otrora estuvieron los restos herrumbrados.
En el barrio se dice que no hay peor toma que la que se hace en verano y sin agua. Precisamente fue lo que les pasó a más de 400 familias el verano pasado. Las canillas apenas goteaban unos pocos litros durante la madrugada y en la mañana temprano. La luz y las cloacas fueron instaladas por los propios vecinos. Mientras tanto, la situación legal del predio es un misterio y los vecinos viven con la incertidumbre de no saber si en algún momento las autoridades se dignarán a construir las viviendas sociales prometidas.
A fines del año pasado, la Nación cedió a la Ciudad la titularidad del predio donde durante años se acumuló la chatarra del cementerio de
El punto donde se desató el conflicto está ubicado cerca del depósito de chatarra. Los habitantes de esa toma de tierras son en su mayoría bolivianos o paraguayos que estaban en la calle o eran inquilinos a punto de perder esa condición, dentro del contexto de emergencia habitacional en la zona sur de la Ciudad. Estos vecinos se organizaron alrededor de movimientos piqueteros para ocupar las tierras y exigir vivienda digna. Desde la primavera de 2006 vienen soportando la represión, el hostigamiento, la mentira, el desinterés y el desprecio por parte de funcionarios estatales de todo rango, tanto de la Ciudad como de la Nación, pero su persistencia ha puesto en evidencia una realidad negada durante décadas.
Tras las movilizaciones organizadas en los últimos días de abril en el barrio el reclamo llegó a la Legislatura. Al cierre de esta edición, Pablo Failde, Diego Kravetz y Juan Manuel Olmos, legisladores del Frente para la Victoria, presentaron un proyecto de ley para declarar la “emergencia ambiental, sanitaria y de infraestructura” en la villa. La iniciativa se basa en el informe epidemiológico presentado por la Defensoría del Pueblo porteña. “Es inadmisible que el Jefe de Gobierno que inició su campaña precisamente en Villa Lugano y tiene a su disposición el presupuesto más elevado de la historia de la ciudad de Buenos Aires, no resuelva a 120 días de su gestión un tema tan grave que afecta especialmente la salud de los chicos de la Villa 20”, manifestó Failde sobre la iniciativa.
Un poco de memoria
Unos meses antes de las elecciones, Macri anunció sus intenciones de competir por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desde un basural ubicado en una Villa de Lugano. Lo hizo hablando al lado de
Los villeros, corporizados por Melina, nunca fueron personas para Macri, a lo sumo, siempre fueron un problema. La corporación de gerentes que compone el gobierno PRO de la ciudad tiene en mente sacarse este problema de encima y el primer paso, es sumir las protestas y denuncias en la más insoportable indiferencia. Algo fundamental para aislar una protesta legítima. El siguiente será el desgaste y el final, la reducción de la villa hasta su erradicación. Una pelea irracional que el macrismo sostiene como bandera y que convoca a redoblar los esfuerzos para evitar que ponga en marcha un plan de gobierno que dejará a miles de personas de bajos recursos fuera de la Capital Federal. Lo que para Macri es un sueño, para los porteños puede ser una pesadilla. Lugano es la prueba incontrastable de que la maquinaria ha comenzado a funcionar.