ZOOM, con Z de Zaffaroni

Como decíamos en nuestro editorial anterior, ya estamos en los primeros días de los próximos cuatro años, trabajando a full para el 14 de agosto, pensando que el 23 de octubre el esfuerzo militante se verá coronado con el contundente triunfo de Cristina. Hay mucho para comentar acerca de la campaña, pero no puedo (y no debemos) pasar por alto el ajusticiamiento mediático que está sufriendo el Juez Raúl Zaffaroni. No tengo el honor de conocerlo personalmente, pero he seguido su trayectoria y coincido con Luis D’Elía cuando afirma que es nuestro Dalmacio Vélez Sarsfield del siglo 21.

De un tiempo a esta parte, el dispositivo de medios privados que comanda el Grupo Clarín ha desplegado todo su arsenal mediático para inclinar la cancha para su lado. Y nosotros creo que nos equivocamos, creyendo que ya estaban acabados. Nos pusimos a hacer la plancha o al menos bajamos un poco la guardia. Pensamos que con 678 y con Radio Nacional ya estaba. Ellos guardaron toda su capacidad de daño para este año crucial. Así arrancaron con la carpeta de Schoklender (data que tenían desde hace un año), viraron sospechosamente (¿y con información secreta a mano?) la estrategia en la causa de los ADN de los pibes de Ernestina y ahora van por Zaffaroni, montados también sobre una denuncia de 2009 y que, como bien rescata acá el Ingeniero, permite armar «un escándalo hasta un nivel que no guarda relación con la importancia real de los hechos». Madres, nietos apropiados, la Corte independiente. Todos capitales simbólicos de este gobierno, aunque sería más justo decir de los argentinos.

Lo cierto es que Clarín y sus cófrades saben que cuatro años más de Cristina pueden ser fatales. Por eso juegan a todo o nada, sin medias tintas. Lo demostró en parte en la Capital, protegiendo a su socio Mauricio Macri. Más allá de nuestros errores en la campaña del FpV, ¿alguien tiene dudas de que sin la protección cerrada del multimedios el PRO hubiese hecho tan buena elección? Por lo menos, se hubiese pegado un buen susto en la primera vuelta.

Mientras algunos grandes decisores del mundo económico ya se han acomodado para convivir con el kirchnerismo hasta 2015, otros actores como Clarín saben que si gana Cristina se viene el pleno funcionamiento de la ley de medios, el desendeudamiento, el avance de la causa de Papel Prensa, etc. Cuestiones que de una u otra manera van a llegar a la Corte Suprema de Justicia. Entonces, parece que desearan que el máximo tribunal se asemeje lo más posible a la mayoría automática menemista, para poder hacer lobby y operarla. Causa gracia escuchar a Duhalde lamentarse por el caso Zaffaroni que, según él, afecta a una Corte que es vista con agrado por los argentinos. ¿Recordará el lomense que esta Corte es producto de una decisión de Néstor Kirchner para desbancar a la banda de fascinerosos que lideraba Nazareno y que continuó en funciones durante su interinato como presidente?

La oposición actúa el libreto de las corporaciones para forzar una segunda vuelta que permita sentar a la mesa a Cristina y mostrarle un pliego de condiciones. Pareciera que no conocen aun a la Presidenta.

En el juego dialéctico del Nunca más, Nunca menos está el ADN de este proyecto. Y lo que viene es una nueva etapa, que algunos denominan Siempre más, y otros llaman profundización del modelo. El 14 de agosto permitirá poner blanco sobre negro la realidad y la tormenta de operaciones. Mientras, seguimos trabajando por Cristina 2011 y bancando a Zaffaroni.

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