¿Y tú, New York Times?

«Y cuando un reconocido periodista pakistaní le hizo una pregunta razonable en una conferencia de prensa en Londres, el señor Musharraf dio a entender que se trataba de un enemigo del estado. Una intimidación así resulta especialmente llamativa, viniendo de un dirigente, cuyo rival político principal, Benazir Bhutto, acaba de ser asesinada. En una nación con aspiraciones democráticas, los periodistas gozan de plenos derechos para preguntar a los dirigentes. Musharraf no parece haberlo entendido todavía».-
Editorial del New York Times, 1 de Febrero de 2008

Tenía que ser el New York Times. Con la de cosas que hay sobre las que escribir, todavía tienen tiempo para darle una colleja al General Musharraf allí donde no duele. No es que los sentimientos expresados por el editorial estén mal.

Va de suyo que los periodistas deberían poder preguntar a sus dirigentes, sin verse acusados de traición. Y va también de suyo que las elecciones no deberían estar amañadas. Cultivar ideas inaceptables para el Estado no debería ser una labor furtiva.

¡Qué pena que el periódico no encabezara un coro de protestas, cuando Musharraf expulsó del Alto Tribunal y de la Corte Suprema a todos los jueces de convicciones independientes, o cuando los abogados fueron amedrentados hasta la sumisión por la poli en las principales ciudades de Pakistán! Ni los dirigentes de EEUU/UE se inmiscuyeron, ni sus medios de comunicación se llevaron las manos a la cabeza con este asunto.

Los jueces, se susurraba, habían mostrado demasiado celo, y hasta habían ordenado la liberación de «terroristas» desaparecidos, encarcelados sin juicio tras comprobarse que no había la menor prueba para detenerles. Eso desafiaba las bases de Guantánamo e iba en contra de la violación de las libertades civiles y de la suspensión del habeas corpus en Gran Bretaña. Como la Abeja Reina con sus zánganos, los políticos ordenaban, y las redes globales de comunicación y los periódicos domesticados obedecían sin rechistar.

Pero los valores han cambiado de sitio, porque desde luego no fue ése el caso en Pakistán cuando el sentimiento dominante era que algo andaba por muy mal camino.

Tanto la prensa impresa como los canales privados de televisión publicaban y emitían reportajes seriamente realizados, dando cobertura diaria a la campaña en defensa de los jueces. En otras palabras: suministraban a los ciudadanos información que no puede sino venir en apoyo de la democrática rendición de cuentas. Por eso impuso el general Musharraf un estado de excepción temporal. Expulsó a los jueces y sometió a nuevas servidumbres a los medios de comunicación. Quería que los periodistas pakistaníes se parecieran más a sus colegas occidentales.

Al justificar sus ataques a los medios de comunicación, Musharraf no se cansó de decir que los periodistas pakistaníes eran groseros, no respetaban la autoridad y tendrían que aprender a comportarse. A veces llegó a citar a la prensa estadounidense y británica y lo bien que trataban a sus dirigentes. ¡Qué razón tenía!

Quiso, pues, alinear a los medios pakistaníes con sus pares de EEUU y el Reino Unido. No ofrece duda: el New York Times estaría de acuerdo con todo eso. ¿Cómo olvidar su valiente posición cuando Bush/Cheney/Rumsfeld se preparaban para ir a la guerra? ¿O el servil apoyo a Bush, no sólo de la cadena Fox, sino de todos los canales sin excepción? ¿O al terrible Tony Blair castrando a una ya domesticada BBC y despidiendo a su presidente y a su director general, porque de vez en cuando reflejaba las opiniones de la mayoría de los ciudadanos (incondicionalmente hostiles a la guerra)?

¿Necesitamos retrotraernos a la atmósfera de miedo y amedrentamiento de cualquier voz crítica tras el 11 de Septiembre? ¿Se acuerdan de los ataques a Susan Sonntag, a Gore Vidal y a Noam Chomsky? ¿Acaso no se pronunció nunca entonces la palabra «traición»? ¿No tuvieron entonces los periodistas todo el derecho a criticar a sus dirigentes, y sin embargo, no lo hicieron?

Y si echamos retrospectivamente un vistazo al sinnúmero de dictadores militares que han gobernado en Pakistán, ¿no debería haber repasado el o la editorialista del New York Times su propio material de archivo? Habría encontrado al menos un editorial del New York Times favorable a los generales Ayub, Zia y Musharraf.

Termino con una propuesta modesta: trasplantemos la actual generación de periodistas pakistaníes (incluidos los expulsados por orden de Musharraf) a los medios de comunicación de EEUU (sobre todo a las cadenas de televisión), y enviemos un número equivalente de periodistas estadounidenses a Pakistán. FoxNews puede seguir como está, el equivalente estadounidense de la cadena pública de televisión en Pakistán. La cosa dañará a Pakistán, no cabe duda, pero podría resultar muy beneficiosa para EEUU.

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(*) Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Su último libro es: The Duel: Pakistan In the Flightpath of American Power, en prensa en la editorial británica Scribner.

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