Volodia Teitelboim : “Neruda es el apellido de Chile”

Por José Vales / Corresponsal

El Universal México

VOLODIA TEITELBOIM ENTREVISTA

Santiago- De todos aquellos que aún viven y conocieron y frecuentaron a Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, el nombre con el que nació Pablo Neruda, el poeta, nadie lo conoció tanto como el escritor, ensayista y político Volodia Teitelboim. A los 89 años, mientras termina de escribir una nueva biografía de su larga serie, dedicada a Juan Rulfo, Teitelboim, en una entrevista en su casa de Ñuñoa, el barrio santiaguino que a pocas cuadras de allí, en la Casa d la Cultura, cobijó a tantos y tantos escritores chilenos.

Compañero de militancia, camarada en el partido Comunista del que fue su secretario General entre 1989 y 1994, Teitelboim, también biógrafo del poeta, no escatima horas ni palabras durante la entrevista para hablar de todos los Nerudas habidos y por haber, de política, de sus libros de su nuevos proyectos los que atesora y enfrenta como “un cabro” (“pelado”) de 19 años, la edad que tenía cuando sacudió a la crítica junto al también poeta Eduardo Anguita, al publicar Antología de la nueva Poesía chilena en 1935 y dejar afuera a Gabriela Mistral y subir al parnaso ya a Vicente Huidobro y al mismo Neruda.

Autor prolífico, político sin arrepentimientos a pesar de haber sido stalinista en su férrea juventud, Volodia recuerda a su amigo, al poeta y ese personaje que a cien años de nacimiento sigue siendo “y será el apellido de Chile”:

-Usted dice siempre que hay muchos Neruda. ¿Cuáles?

-Para empezar, creo que hay por lo menos tres Neruda. El poeta del amor, que es el más consumido y popular; el de la poesía de Residencia en la Tierra y el Neruda netamente político, preocupado por las causas sociales, por los pobres y los trabajadores. Después hay otros dos Nerudas muy a pesar de él. Son los que él, paradójicamente, no tiene ninguna responsabilidad. El que muestra el mercado o aquella persona que opina de él. Creo que hay un Neruda para cada gusto

-Hay un Neruda, hoy, hasta neoliberal si se quiere. Ese que muestran como objeto de consumo, al que se lo erige como mito.

-Es que desde muy joven Neruda ya era un mito viviente. Ahora., hay un sector que pretende mostrar a Neruda de otra manera. Buscan transmitir eso de que si hubiese vivido se hubiese convertido al neoliberalismo. Su figura se globalizó tanto que algunos señores buscan mostrar al poeta sin su ideología, rescatan sólo al poeta amoroso, al despreocupado de otros conflictos que es el más popular y el que aún hoy más se consume. Mire su no hay un Neruda construido para el mercado que en esa película, “Il postino”, Pablo aparece bailando un tango y él no bailaba. Y en Isla Negra, que es donde transcurre la novela de Skarmeta y no en Capri, no había cartero.

-Una figura de la talla de Neruda, se presta para ciertos tipo de parricidios en el mundo literario. Digo, tal vez guiándome un poco en esta nueva generación de escritores colombianos que reniegan de García Márquez, Pasa lo mismo con Neruda entre los jóvenes poetas chilenos? ¿Hay Poetas que reniegan de Neruda ante el peligro de que su poesía siga opacando las nuevas producciones poéticas?

-Hay un poco de eso. Pero creo que actualmente en Chile han surgido nuevos y buenos poetas. No es fácil hacer poesía después de Neruda, pero aquí hay nerudianos, como en otras partes del mundo. Argentina, México, por ejemplo, son países con un mayor número de nerudianos que Chile.

-Es un fenómeno singular el de Neruda. Supo que sería poeta y que viviría de la poesía desde muy joven. Y trabajó para ello hasta vender millones de ejemplares.
-En su adolescencia ya se sentía poeta. A los 17 años llega a Santiago para estudiar francés pero sigue escribiendo poesía. Hasta que un día a los 19, se decide a largar todo y dice: voy a ser poeta. Cuando se lo comunica a su padre, se produce una ruptura familiar, porque el padre, un motorista de trenes, le deja sin la exigua ayuda económica y él la pasa muy mal. Comienza una etapa de mucha pobreza, de tristezas personales, de entregarse a la noche y a la bohemia, pero el poeta seguía forjándose. Una vez en España, un critico me dijo que mucho se hablaba del “boom” latinoamericano pero que en realidad ese boom no lo había inaugurado ni Gabo ni Cortázar sino Neruda porque “sus libros como Canto General les abrió el camino en el mundo al resto”.

_Es difícil hallar un caso igual, alguien que diga: “voy a ser poeta cueste lo que cueste” y que a lo largo de su vida convierta en poesía todo lo que se le cruza, hasta el caldillo de Congrio, tiene su oda escrita por Neruda.

-En efecto era una usina poética. Fíjese que aún hoy muchos enamorados, para declararse utilizan sus poemas. Neruda es una especie de secretario de enamorados. Les escribe lo que tienen que decir. Además, era un hombre que se autoimponía una renovación constante. Su próximo libro no podía ser igual al otro, debía evolucionar en cada nueva obra.

-O sea, que su poesía sigue vigente. no está perimida.

-Creo que es perenne. Pero la que resiste mejor el paso del tiempo y la que trascenderá será la poesía amorosa.

-Si embargo su poesía social ese “Yo me quedo a cantar con los obreros”, ¿usted cree que ya perdió vigencia?
-No perdió vigencia porque la desigualdad y los grandes dramas de los sectores populares han empeorado, pero no es la más leída en estos días.

-¿ Usted que compartió mucho tiempo con Neruda, podría decirnos cuándo nace el Neruda Político, el militante, ese que según usted, hoy es el menos valorado?

-Bueno. De muy joven, un hermano de su madrastra tenía un periódico en Temuco y el escribía en sus páginas. Además hay cientos de colaboraciones para una revista de Santiago, “Claridad”, donde podemos ver a un Neruda libertario, de ideas anarquistas. O a sea, que siendo hijo de un ferroviario, viniendo del sur, la cuestión social la preocupación política está ya desde muy joven. Después, durante la guerra civil española, aparece su preocupación por lo que pasa allí. Lucha desde el antifascismo y aparece un libro clave como “España en el corazón”, casi al terminar la guerra civil. A tal punto fue su compromiso, que en el 38 cuando aquí gana el Frente Popular, el presidente Pedro Aguirre Cerda, le encomienda una tarea a su medida: viajar a París, como cónsul especial ante los republicanos españoles. Es allí, cuando en un buque el Winnipeg, carga a cientos de republicanos para exiliarlo en Chile.

-Pero él se afilia al PC tardíamente, en los años 40 y participa de la campaña que lleva a Gabriel González Videla a la presidencia, el mismo que después lo persigue.

-Si, pero lo hace cuando ya era un personaje de peso. Participa de esa campaña. Es elegido Senador y luego, al igual que muchos de nosotros, pasamos a la clandestinidad. En esos tres años, del 49 al 52, en los que estuvo exiliado. Todos esperábamos una carta, alguna de declaración del poeta, el último ataque contra el mercachifle del presidente que se convirtió en dictador.

-¿Cuándo lo conoció usted a Neruda?

-En el año 37, cuando vuelve de España. Yo trabajaba en una revista y el director me dice: “ve a entrevistarlo que tiene un libro nuevo”. Yo sólo lo conocía de haber ido a escuchar sus recitales pero no quería ir porque unos años antes él nos había mandado unos poemas para una antología que hicimos y que causó mucho revuelo aquí. Creía que no iba a estar contento con lo que habíamos echo con sus poemas. Y no sabía que me iba a decir.

-¿Y entonces? ¿Se enfadó?

-No me atendió muy bien, charlamos. Era un ser encantador. Le gustaba la charla, siempre estar rodeado de amigos. De hecho, a partir de allí nació una amistad.

-¿Más allá del mito Neruda, como lo recuerda usted? ¿Qué anécdotas le vienen así con ligereza?

-Para mí, siempre fue el amigo. Ese amigo de un humor a flor de piel, despojado de su grandeza. El no hacía uso en ningún momento de su gran fama, de su peso en el mundo literario. Era muy juerguista, enamoradizo y hasta casamentero. Siempre estaba tratando de armar parejas entre sus amigos. Una gran persona, que para mi como para muchos vive en su poesía y en su recuerdo constante.

-Un periodista francés, si mal no recuerdo, dio alguna vez que al morir, días después del golpe de Estado, Neruda “había muerto de muerte nacional”. ¿Coincide con esa afirmación?

-Eso lo dijo en su momento, un profesor universitario francés, André Roault y sí creo que fue la definición más acertada. Todos estábamos un poco muertos después del golpe pero Neruda vio morir sus sueños de un país mejor, vio morir a su amigo el presidente Salvador Allende, se moría él y muchos chilenos caían en las garras de las dictadura. Una de sus últimas palabras a Matilde Urrutia, fue: “los están fusilando”. Si. Neruda murió de muerte Nacional. Sin ninguna duda.

-¿A cien años de su nacimiento que significa Neruda en el mundo?

– El poeta que le abrió el camino a otros para que pudieran ser y sentirse Poetas, pero más que nada Neruda es y será por mucho tiempo el apellido de Chile. Donde usted vaya y le pregunte de dónde es y usted responde “Chile” enseguida le dirán Neruda. FIN

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