Vencer a los barones del conurbano

Haber cambiado la lógica del saqueo neoliberal por la lógica de la defensa del interés nacional produjo un cimbronazo en las estructuras macilentas que sobrevivieron al cataclismo legado por la Alianza socialdemócrata. El Presidente Kirchner ejerce un liderazgo enérgico, pero carece de cuadros que lo acompañen desde los principales municipios del Conurbano bonaerense, aunque en los medios aparezca otra cosa.

La carencia de cuadros consustanciados con el proyecto nacional en marcha puede apreciarse en la actitud de algunos intendentes que apelan a la intolerancia, la patota, la discriminación y la connivencia judicial-policial para perpetuarse en sus cargos.

La reelección indefinida castigada democráticamente en Misiones es una realidad cotidiana en Buenos Aires y esto merecería una modificación urgente porque condiciona la política nacional del Presidente.

¿Cómo la condiciona? Una de las formas más crueles de los aparatos municipales -además de las suntuosas erogaciones que causan- es la abierta violación de derechos humanos básicos, como a la libre expresión, a la disidencia, a la pluralidad, a la construcción vecinal alternativa, etcétera.

Puedo dar fe de ello: padezco una sistemática campaña de intimidación y difamación en el distrito de Merlo, porque dirijo un periódico independiente del poder municipal que manifiesta en sus páginas reclamos y críticas de acuerdo a las necesidades territoriales.

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación abrió el expediente 4062 que trata sobre mi caso. Pero no es el mío solamente. Existen muchos atropellos de parte de los aparatos que bajo la máscara “peronista”, les sacan el jugo electoral a las obras públicas solventadas con fondos de la Nación o de la Provincia, que estaban postergadas y que la actual situación económica permite concretarlas. Cloacas, asfaltos, escuelas, centros de integración comunitaria, etcétera, comienzan a hacerse realidad en zonas olvidadas.

El rédito de las obras públicas, por el armado orgánico-partidista, se lo llevan los intendentes, dueños y señores de los aparatos que convierten a los municipios en feudos.

Uno de los más graves errores por los cuales se tolera a los aparatos, es el de creer que al disponer de ellos los intendentes “pesados” son invencibles e imprescindibles.

Si el Presidente decidiera ya dar un giro hacia las bases sociales, podríamos revertir las anomalías y las ignominias a las que son tan propensos los caciques comunales que gobiernan desde hace 20 años distritos con más de 500.000 habitantes.

Tanto tiempo en un cargo no genera experiencia de gobierno en el Conurbano, sino acumulación espuria de poder político-económico. ¡Quién sabe cuántos beneficiarios de los aparatos resistirían una declaración jurada de bienes, si secretarios municipales viven en barrios cerrados y se movilizan en costosos automóviles! Ni qué hablar de algunos legisladores provinciales…

Por eso, que abordar los grandes temas estratégicos regionales sin detenernos en los cimientos del proyecto nacional, en sus bases de sustentación que nacen de abajo, de los municipios, es arar en el mar.

La nueva política para derrotar a los barones del Conurbano y garantizar el triunfo del Presidente Kirchner son las autonomías municipales. En la Provincia, existen cerca de 70 localidades que han solicitado separarse de sus distritos de cabecera y en la Legislatura el pedido tiene estado parlamentario.

El día que el Presidente se decida a consolidar el poder popular encontrará a cientos de bonaerenses decididos a dar la batalla para vence a aquellos personajes más cercanos a la mafia que a la política convencional. Hoy esos personajes son kirchneristas por conveniencia como ayer fueron menemistas, duhaldistas o ruckaufistas. Las camisetas cambian. Los aparatos quedan. ¿Hasta cuándo?

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* Director del periódico El Progreso de Mariano Acosta.

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