UTPBA: y ahora ¿quién podrá defendernos?

Con el cierre de la sede de la calle Alsina, llegaron otra vez la polémica y los cuestionamientos hacia la dirigencia de UTPBA por el manejo del gremio de los periodistas.

Las acusaciones por mal manejo de fondos de la cúpula del sindicato de periodistas están a la orden del día. Además, la obra social está en crisis. Sus servicios son cada vez más precarios, lo que la lleva a permanentes cambios de prestadores, y cuenta con apenas un par de farmacias para toda la Capital. A esto se le suman sanatorios en quiebra, como el Wilde de la localidad de Sarandí en la provincia de Buenos Aires.

Así, miles de pacientes jubilados, colaboradores y periodistas de bajos salarios, que no pueden costear una prepaga, no tienen otra alternativa de atención que la obra social y quedan atrapados e indefensos en una estructura excesivamente arancelada, con pocas prestaciones y servicios. También se acusa a la actual conducción, que se mantiene al frente del sindicato desde hace 24 años, por no rendir cuentas de los ingresos y gastos de la obra social.

Sin embargo, los cuestionamientos más severos a la dirigencia de UTPBA se concentran en su postura e inacción frente a las reivindicaciones más elementales. Nunca el gremio encaró una negociación salarial con todas las empresas periodísticas en su conjunto como sector. No se han realizado paritarias con las cámaras patronales y los salarios por convenio son los mismos que 20 años atrás. La consecuencia es que los aumentos de sueldos se negocian en forma aislada y por empresa, lo que debilita el reclamo y lleva a muchos trabajadores a la inestabilidad laboral. Las excepciones a la regla se dan en las empresas donde existe una sólida organización gremial interna que puede compensar la desidia del gremio. En gran parte de los medios, por lo tanto, son las patronales las que deciden por sí solas los aumentos.

Tal situación tiene lugar en las empresas chicas y en los multimedios como el Grupo Clarín, que definió un aumento del 12% a partir de julio más un 8% a partir de octubre. En Ámbito Financiero y en Editorial Atlántida ni siquiera hay delegados gremiales, por lo que los trabajadores no tienen quien los represente. Además, el sindicato nunca tomó como propio el reclamo del 82% móvil para los jubilados del sector.

Otra muestra de precariedad la sufren los colaboradores. Al no tener un valor mínimo por nota (colaboración) fijado por convenio, muchas veces son explotados como si fueran redactores. Allí también hay una trampa, ya que muchas empresas no elevan de categoría a sus trabajadores por la labor que realizan en el medio. Entonces, un pasante hace de colaborador; el colaborador, de redactor; el redactor hace las veces de editor, y así la empresa llega a la ecuación perfecta: más trabajo y menos sueldo. Ni hablar del festival de pasantes y becarios que integran muchas redacciones con obligaciones que exceden su rótulo de “estudiantes de periodismo”, aumentando la flexibilización laboral.

Una conducción sinuosa

En agosto del año pasado, la Junta Electoral, dominada por la conducción actual del gremio, dispuso no legalizar a la lista Naranja, Violeta e Independientes que conformaban un importante número de delegados, miembros de comisiones internas de distintos medios. Así se despejó el camino para la presentación de una lista única para las elecciones del 27 y el 28 de septiembre del 2007 para un nuevo período frente al sindicato.

A estos manejos se le suma que hace 16 años que no se convoca a una reunión de delegados sindicales, como tampoco no se realiza una asamblea del gremio para debatir sobre las necesidades y reivindicaciones postergadas de los trabajadores.

Para entender la mecánica de trabajo de UTPBA, vale la pena repasar esta nota publicada por Revista ZOOM semanas atrás sobre los despidos en Clarín del año 2000. Algo similar se revela en el conflicto gremial del año pasado en el Diario Perfil.

Con métodos calcados de los de la tradición de la burocracia vandorista, culatas de la combativa conducción de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, (UTPBA, integrada a la CTA), golpearon el jueves 13 de septiembre a un trabajador en conflicto del Grupo Perfil, quien debió ser atendido y suturado por un corte en la cabeza en un hospital.

Tomás Eliaschev, el agredido, había concurrido solo a la sede del sindicato para reclamar por la falta de apoyo al conflicto iniciado en Perfil.com por el despido del editor Alejandro Wall, como represalia por su participación en las medidas de fuerza realizadas hace meses por reclamos salariales.

La agresión a Eliaschev derivó en una concentración de sus compañeros ante las puertas del gremio, actitud que el sindicato que desde hace décadas conduce el dúo Daniel das Neves-Juan Carlos Camaño Jiménez, caracterizó en un comunicado de «ataque a la UTPBA».

El nuevo conflicto en Perfil estalló un martes a las siete de la mañana: cuando Wall quiso ingresar a trabajar, se enteró de que estaba despedido. Un guardia de seguridad no le permitió atravesar los molinetes, según dijo, «por órdenes del gerente de recursos humanos Marcelo Capandeguy». Luego le dio una fotocopia de un telegrama de despido, en el que se aduce «reestructuración». El motivo real es que Wall fue uno de los pocos editores que acató los mandatos de asamblea durante el conflicto anterior y que hizo paro. El dueño de Perfil, Jorge Fontevecchia, no tolera en su empresa que trabajadores con alguna responsabilidad superior a la de sus pares, se puedan sumar a los reclamos gremiales.

Al enterarse del despido de Wall, los redactores del sitio se declararon en asamblea, lo que en la práctica implicó un quite de colaboración. Con el correr de la mañana se fue consolidando la medida. Una asamblea realizada más tarde con la presencia de periodistas, fotógrafos, archiveros, diseñadores del sitio, el diario y las revistas decidió realizar paro hasta tanto no se reincorpore a Wall. Los delegados llamaron a los funcionarios de la cartera laboral y a la UTPBA.

El ministerio convocó a una audiencia para el día siguiente. La reunión no se pudo hacer ante la ausencia de los representantes del sindicato.

De parte de la UTPBA primó en principio la peor opinión, es decir el silencio, a diferencia de la lucha de marzo de 2007, en la que participaron a través de la presencia del secretario gremial Jorge Muracciole. La ausencia del gremio que conduce Daniel Das Neves se explicó en el enfrentamiento con la lista de oposición, la Naranja-Violeta, a la cual proscribieron para los comicios que se realizarían el 27 y 28 de septiembre. El candidato de la lista proscripta fue Rubén Schofrin, uno de los delegados de Perfil.

Eliaschev no pertenecía a la lista Naranja. Es militante del Frente Popular Darío Santillán y asumió con el conjunto de sus compañeros de Perfil la lucha por sus reivindicaciones y por el repudio al despido de Wall.”

Dos claros ejemplos de cómo funcionan ciertos poderes cuando se fusionan para ser uno solo y en el medio están los trabajadores, en este caso los periodistas, indefensos, sin lugar para ningún reclamo.

Fuentes: Causa popular y La Naranja de Prensa

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