Uruguay y Paraguay: las dos íntimas debilidades del MERCOSUR que Washington no ha perdido de vista

Por Causa Popular.- Cuando falta menos de un mes para cumplirse el aniversario número once de la creación formal del Mercado Común del Sur (Mercosur), el reciente sólido frente común que lograron sus países miembros para rechazar el Área de Libre Comercio de las Americas (ALCA), permitió olvidar momentáneamente el estancamiento estructural en el que se encuentra su integración.. Su carácter meramente económico reprodujo durante todos estos años a su interior -aunque a una escala exponencialmente diferente- las asimetrías por las cuales sus cuatro integrantes junto a Venezuela rechazaron el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata. Y cuando de libre mercado se trata, los ganadores son siempre los mismos, los más fuertes. En la relación entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, estos dos últimos, son los eslabones débiles de una cadena que a pesar de las apariencias marplatenses amenaza con romperse. Paraguay y Uruguay, los dos países menos favorecidos por el Mercosur, buscan estrechar lazos con el imperio norteamericano, y acceder a los negocios que sus socios mayores del sur no les permiten.

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En la Foto: los presidentes Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte Frutos
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El próximo mes de diciembre se cumplirán 11 años de la creación formal del Mercosur. En su último aniversario los conflictos fueron la nota destacada.

Por las crónicas periodísticas de entonces, la integración económica sufría el efecto de 10 años de dificultades, produciendo un estancamiento en la integración. Este año el escenario no ha variado sustancialmente.

El origen formal del Mercosur, se remonta a la firma del Protocolo de Ouro Preto en el año 1994, el mismo año en el que los Estados Unidos, con el demócrata William “Bill” Clinton a la cabeza, que lanzó la I Cumbre de las Américas realizada en Miami, con un objetivo excluyente: alcanzar los acuerdos necesarios que permitan la implementación de un Área de libre comercio que se extienda de Alaska hasta Tierra del Fuego, lo que inmediatamente se conocería como ALCA.

El lanzamiento de las cumbres estuvo en manos de Clinton, pero éste no hizo otra cosa que retomar la posta dejada por su antecersor, George Bush padre, quien había comenzado en 1990 con las iniciativas para las Américas, el marco general del acuerdo de libre comercio (NAFTA) que firmó con México y que comenzó a regir el 1 de enero de 1994, el mismo día que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició acciones armadas en Chiapas, uno de los territorios indígenas más postergados de todo México.

El Protocolo de Ouro Preto buscó establecer tres bases fundamentales sobre la cual basar la integración: una estructura institucional básica para el Mercosur, asignarle al bloque personería jurídica internacional, y crear un arancel externo común con la promesa de que a partir de enero de 1995 se transformara en una unión aduanera.

A través de estos tres ejes los gobiernos de entonces declararon buscar un equilibrio entre el carácter meramente comercial que se había prefigurado en el Tratado de asunción firmado en 1991, y su dimensión primordialmente política orientada por Raúl Alfonsín y José Sarney en la década del ’80.

Dos son las interpretaciones que circulan entre los analistas internacionales respecto a las causas que llevaron al actual estancamiento del Mercosur.

Mientras que algunos analistas sostienen que las razones del estancamiento están centradas en los factores externos y las divergencias que afectaron a las naciones de la región en la década pasada, entre ellos la falta de concordancia macro-económica, la convertibilidad y la política pro-norteamericana de Carlos Menem, además de las crisis del tequila, del real y del peso.

Quienes se oponen a este análisis, creen que todos los obstáculos fueron producto de la falta de mecanismos de coordinación política en el Mercosur. Como consecuencia de esto señalan que no se pudieron cumplir aún con plenitud ninguno de los tres supuestos bajo los cuales fue creado este mercado común.

Los problemas empiezan por casa

Pasada la IV Cumbre de las Américas, y con los corazones más fríos luego de los acalorados debates que distinguieron este encuentro de los 34 presidentes américanos -menos Cuba-, la cruda realidad del Mercosur vuelve a resurgir en todo su esplendor.

En varias oportunidades, en este mismo sitio se sostuvo que, reconociendo las trabas que implicaba la implementación multilateral del ALCA, la nueva estrategia norteamericana se basaba en sendos acuerdos bilaterales, un camino diferente para alcanzar el mismo objetivo.

Con 29 países bajo el brazo, el bloque de cinco países que se opuso tan vehementemente a los intereses norteamericanos en Mar del Plata, muestra sus diferencias internas, las que el país del norte divisa y estudia.

En una nota publicada por el diario La Nación el pasado martes 8, uno de los hombres más importantes de la delegación norteamericana que estuvo en la ciudad balnearia, da cuenta del análisis del gobierno de Bush sobre el tema: “El Mercosur discute por cuestiones económicas y está bien que lo haga, pero Venezuela lo hace por ideología, que no es lo mismo”, comentó el funcionario.

“El hecho importante -continuó- es que se dio el debate por el ALCA que estaba postergado, se blanquearon las posiciones y eso es bueno”.

Siempre según el matutino, luego el funcionario desglosó la situación de cada país: “Brasil hizo un acercamiento; la posición de Uruguay es muy interesante; Paraguay también tuvo su approach, y la Argentina…”, según el cronista del diario “el funcionario prefirió completar la frase con un gesto que puede decodificarse como ‘veremos qué pasa’”.

Como este mismo funcionario del imperio lo reconoce, Paraguay y Uruguay son los dos países que más han avanzado en los caminos del ALCA.

Menos favorecidos por la integración económica del Mercosur, a los gobiernos de sus respectivos países parecen no alcanzarle la mirada política y estratégica que puede implicar la integración con sus vecinos, y giran su cabeza hacía el norte para buscar supuestos beneficios económicos.

Por el lado uruguayo, críticas de los mismos integrantes del partido de gobierno hablan de un ministerio de economía dirigido por una tecnocracia que continua aplicando en el país las recetas del FMI, y de un Partido Socialista que encargado del Ministerio de Relaciones Exteriores, avaló el impulso del Tratado de Inversiones con Estados Unidos que se firmó e Mar del Plata entre bambalinas.

Según una nota firmada por Radio Centenario, y difundida por Argenpress, “el Partido Socialista desde la presidencia de Tabaré Vázquez, a su Secretario el Doctor Gonzalo Fernández, el ministro del Interior José Díaz y de Defensa Azusena Berrutti; tiene en sus manos la responsabilidad de la política de Relaciones Exteriores, las Fuerzas Policiales, las Fuerzas Armadas, y la Justicia.

Esta realidad les otorga a los dirigentes socialistas en el gobierno progresista fijar directamente la política con los Estados Unidos, y los organismos internacionales tales como la ONU, OEA, MERCOSUR y otros Foros Internacionales.”

Para Radio Centenario, durante la gestión del Partido Socialista “y hasta el momento en cuanto a la política exterior se reanudaron relaciones con Cuba y al comienzo del gobierno se firmaron algunos convenios comerciales con el gobierno venezolano de Hugo Chavez los cuales se han visto dificultados hasta el presente.”

Y luego agrega, “ha sido notorio el interés del presidente Tabaré Vázquez por estrechar la mano del presidente norteamericano Bush.”

“Lo lamentable de la reunión cumbre -continúa Radio Centenario- terminó siendo la debilidad del gobierno progresista, ‘desarmando un tinglado’” en el Hotel para firmar el Tratado de Inversiones con los Estados Unidos casi en secreto.

Y si bien el presidente Tabaré Vázquez y el canciller Gargano no repitieron el error de José Mujica de brindar con champagne con los gringos, no escapan a la actitud contradictoria y ambigua de ‘pegar el grito en un lado y tener en el otro el nido’”.

En el caso de Paraguay, y a pesar de las diferencias históricas de las fuerzas políticas gobernantes, la política internacional del gobierno no toma un rumbo diferente.

Luego de negar enfáticamente la posibilidad de la instalación de una base militar norteamericana en tierra guaraní, un documento confidencial revelado por el diario ABC de ese país llamado “Alianza estratégica no divulgada” describe el lugar que el gobierno paraguayo le otorga a las relaciones con los Estados Unidos.

Según este informe extraoficial “La República de Paraguay estaría en condiciones de ofrecer al gobierno de los Estados Unidos la posibilidad de establecer una base aérea en el aeropuerto de Mariscal Estigarribia (Chaco) para controlar conjuntamente con Paraguay su espacio aéreo, totalmente desprotegido en la actualidad, situación que facilita usar el mismo para el tráfico de drogas”, según el informe extraoficial.

Y agrega, “al mismo tiempo se puede ofrecer una base de operaciones para la CIA y el FBI en ciudades importantes como Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto de Guairá para vigilar la Triple Frontera, una zona crítica de la región”.

Lo sorprendente, es que desconociendo los acuerdos en bloque que intentó negociar el Mercosur en Mar del Plata, según el documento extraoficial, en la propuesta hecha a Estados Unidos, Paraguay pide a cambio la apertura del mercado norteamericano para productos locales, la reducción de los aranceles y otros compromisos, como la aplicación de subvenciones respecto a productos similares.

Según expresó esta semana a la prensa el canciller paraguayo el ALCA será firmado por los países integrantes del Mercosur “cuando Estados Unidos deje de subsidiar a sus productores agrícolas y termine de otorgar algunas ayudas financieras a sectores productivos domésticos”.

El gobierno paraguayo no parece estar dispuesto a esperar un acuerdo en bloque y se muestra dispuesto a cambiar su posición dentro de éste si los acuerdos bilaterales con el imperio avanzan.

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