Uruguay: Tabaré Vázquez relevaría a Tabaré Vázquez

Hace dos o tres años nadie hubiera pronosticado que sería justamente un gobierno de izquierda el que intentaría firmar un tlc con Estados Unidos o promover una reforma constitucional para consagrar la reelección presidencial. ¿Será que las decisiones del presidente Tabaré Vázquez son tan insondables como los caminos del Señor? ¿O será que en política los gatos tienen, nomás, cinco patas?

Nadie puede afirmar que el Frente Amplio (FA) esté apostando a la reelección del presidente Tabaré Vázquez en 2009; en realidad esa posibilidad no ha sido examinada -ni mucho menos aprobada- en ningún órgano de la coalición de gobierno y, ni siquiera, en los ámbitos de decisión de ninguno de los sectores que la integran.*

Pero es notorio que, desde hace ya 20 meses, varios dirigentes oficialistas vienen planteando públicamente la iniciativa y que a lo largo del último año la oposición ha manifestado reiteradamente su rechazo e intimado al presidente a que diga si transitará el mismo camino que hace 35 años emprendió, en esta materia, Jorge Pacheco Areco.

Y, aunque no tan notorio, también es cierto que de futuras candidaturas y de la eventual reelección presidencial se habla desde hace tiempo, y cada vez con mayor intensidad -pero también con bastante precaución y cierta timidez- en los corrillos políticos.**

Tampoco puede sostenerse que Vázquez esté buscando su propia reelección ni que esté dispuesto a jugar esa carta en caso de que se la propongan. Eso sí: tampoco puede decirse lo contrario, porque el actual presidente ha preferido guardar el más absoluto silencio. ¿El que calla otorga, como enseña la sabiduría popular? ¿O el que calla no dice nada, como es norma en el ámbito del derecho?

El mecanismo no es novedoso. Como ha señalado el periodista Marcelo Jelen, “lo habitual en las intentonas reeleccionistas, en todo el mundo, es que una figura del entorno del presidente (nunca él mismo) lance, como al pasar, una ‘propuesta de discusión’. Después se forman comités. Algún diario publica un editorial de apoyo. Luego hay actos públicos para consolidar la idea. Mientras, el presidente-candidato se abstiene de desalentar el movimiento, porque no se puede coartar la voz del pueblo. Hasta que al final, él no quería pero se debe a sus seguidores” (La Diaria, 17-XI-06).

En todo caso, la posibilidad de que Vázquez sea postulado a la reelección no está descartada ni muchísimo menos. No sólo porque no ha sido negada por el propio presidente, sino porque además ha sido defendida por varios dirigentes frenteamplistas de primera línea, algunos de ellos independientes y otros de distintos sectores.

Una lista no exhaustiva incluye a su propio hermano y prosecretario de la Presidencia, Jorge Vázquez (mayo de 2005); José Mujica, principal referente de la primera fuerza de la coalición (mediados de 2005 y mayo de 2006); Rodolfo Nin, vicepresidente y más de una vez mencionado como posible precandidato (junio de 2006); el senador Eduardo Ríos (junio de 2006); el ministro Jorge Brovetto, nada menos que presidente del fa (noviembre de 2006); el dirigente comunista Juan Castillo, uno de los principales referentes del pit-cnt (noviembre de 2006); la ministra María Julia Muñoz (diciembre de 2006); y el secretario general del Partido Socialista, Eduardo Fernández (diciembre de 2006).

CANDIDATOS ¿SOBRAN O FALTAN?

Quizás la primera pregunta sea por qué se habla de reelección. Está claro que lo que hay en discusión no es un asunto de teoría constitucional. En el mejor de los casos se trata de determinar, en opinión del partido de gobierno, cuál es el mejor presidente para el país y, en el peor, cuál es el candidato que le permita ganar la elección y hacerlo, como la primera vez, con mayoría parlamentaria propia. Candidatos no faltan; hay por lo menos dos que conforman, con el propio Vázquez, la actual troika que virtualmente conduce la izquierda: Danilo Astori y José Mujica.

Ninguno de los dos se ha manifestado en contra de la reelección. Astori se refirió una vez a la cuestión, como al pasar, el 8 de setiembre último, y se limitó a decir que no la descartaba en absoluto, pero que había que analizarla más adelante, con calma y dedicación, porque ahora era el momento de concentrarse en los muchos problemas que hay para resolver.

Astori cuenta para su candidatura con el respaldo absoluto de su sector y con el apoyo de muchos otros frenteamplistas. Siempre que su política económica no tuviera consecuencias graves hacia el final del período, sería además el candidato del partido de gobierno que recibiría más votos de ciudadanos blancos y colorados.

El mayor escollo para él es ganar la elección interna. Para lograrlo debería contar con la aprobación del propio Vázquez y, por lo menos, de los principales dirigentes del mpp, Mujica incluido.

La otra posibilidad de llegar a la Presidencia es la de ser candidato alternativo a Vázquez, para el caso de que se impulsara la reelección, ganara el fa y no se aprobara la reforma. Salvando las distancias, claro, que le pase lo que le pasó a Juan María Bordaberry en 1971.

En el mpp, según pudo sondear BRECHA con algunos de sus dirigentes, “la barra quiere al Pepe”. Mujica parece haber superado sus problemas de salud y en principio su gente -más de un tercio de los votos de la izquierda- no se inclinaría por la reelección de Vázquez ni, mucho menos, por la candidatura de Astori, cuya política no sólo económica sino también de inserción internacional encuentra una fuerte resistencia, al igual que entre los socialistas y otras fuerzas de la coalición.

Una de las fuentes consultadas por BRECHA aclaró especialmente que ésa es la situación hoy, pero que mañana podría ser otra. En el mpp la reelección podría ser una fórmula de transacción, para el caso de que en el fa hubiera una fuerte resistencia a la candidatura de Mujica -que por ahora no existiría- y para no tener que respaldar la de Astori.

Pero es el propio Mujica quien no parece querer su candidatura (dice que es demasiado viejo para iniciar ese viaje), aunque todo dependerá de las presiones que reciba, y al parecer las de su propio sector serán abundantes.

Puede haber, sin duda, otras candidaturas posibles y, sobre todo, dirigentes frenteamplistas que tienen condiciones para ser candidatos (Marcos Carámbula y Daniel Martínez, entre otros, ya que Nin parece haber dado un paso al costado). Pero ninguno parece estar en igualdad de condiciones -y sobre todo de respaldos- como para disputar una carrera con los que hoy aparecen como candidatos naturales, incluido Vázquez, que lleva la pesada mochila que significa para la gran mayoría de los frenteamplistas tener que tragarse el sapo de la reelección.

LA DISCUTIBLE INFALIBILIDAD DEL PEPE

Los argumentos invocados por los partidarios de la reelección, la mayoría de ellos del entorno más próximo al presidente, han sido variados. El senador Ríos planteó, sin rodeos, una cuestión de conveniencia electoral: “Con Tabaré estoy seguro de que seguimos de largo cinco años más. (…) Creo que tiene más chances de ganar Tabaré que Nin. Sin duda” (Crónicas, 23-VI-06).

Brovetto recordó su propia experiencia como rector reelecto y sostuvo: “Un primer período de gobierno es un tiempo donde hay mucha fuerza y entusiasmo, pero a veces no se logran las realizaciones esperadas porque uno viene con el lastre de todos los anteriores gobiernos y necesita un tiempo de adaptación a todo lo nuevo”. Señaló que un segundo período de gobierno es un tiempo en el que se van concretando las cosas pendientes del primero. En ese segundo mandato, agregó, “a uno lo dejan más tranquilo (porque) al verse imposibilitado de ser nuevamente candidato, no le ponen trabas” (La República, 10-XI-06).

Castillo fundamentó su preferencia por la reelección en su rechazo a la candidatura de Danilo Astori, que aparentemente sería, a su juicio, la única alternativa: “No veo a Astori como candidato, tiene hinchada en contra y no sé si es lo mejor para el fa. Soy más proclive a que se impulse una reforma constitucional que dé la posibilidad de la reelección de Vázquez” (Radio Sarandí, 26-XI-06.)

La ministra Muñoz, por su parte, afirmó que “las experiencias en gobiernos nacionales o municipales donde hay reelección consecutiva de los líderes son buenas; lo que pasa es que cuando decimos no a la reelección todos pensamos en la reelección de la época de Pacheco, y ahí la gente dice ‘no, qué horror’”. Agregó que “la reelección con intervalos de cinco años (como la de Julio María Sanguinetti) debilita a los partidos políticos, en vez de fortalecerlos, porque pasan casi quince años sin formar líderes de recambio” (El Observador, 18-XII-06).

Eduardo Fernández, consultado por BRECHA, aportó -como Brovetto- su experiencia personal: en su caso, como secretario general de la Asociación de Bancarios, fue reelecto en nueve ocasiones y subrayó el valor de la acumulación de experiencia en el ejercicio de un cargo de conducción.

Pero además, si bien considera que no ha llegado el momento de hablar de candidaturas ni de reelección, aportó un par de argumentos en favor de no cercenar ninguna alternativa para que el FA logre un segundo mandato. Señaló que por algo debía ser que en América Latina había una clara tendencia a permitir las reelecciones, y destacó que “la reelección es particularmente positiva cuando se trata de un gobierno que asume por primera vez la conducción de un país y que, por lo tanto, debe dedicar sus primeros tiempos a adquirir una experiencia que no tenía”.

El senador Mujica, la primera vez que habló del asunto, manejó un argumento equivocado. “Lo lindo que tiene la reelección es que nos ahorraría un lío interno de la gran puta.” El error es que, por más que se promueva una reforma para consagrar la reelección, “el lío interno de la gran puta” se planteará de todos modos, ya que el fa tendrá que elegir un candidato alternativo con altas posibilidades de ser el próximo presidente de la República.

Casi un año después, Mujica volvió a hablar del asunto y reiteró el error, pero relativizó su propia definición: “Si (Vázquez) agarrara viaje, nos ahorraría un buen dolor de cabeza, porque ¿sabe lo que es elegir un candidato? Pero el pueblo uruguayo es medio reacio a las reelecciones; por lo menos lo fue cada vez que se planteó. Esto tiene razones a favor y en contra. (…) No sé lo que piensa él (Vázquez)” (Radio Sarandí, 14-V-06).

Otros dirigentes, también cercanos al presidente, si bien no se han pronunciado categóricamente por la reelección, dejaron abierta la posibilidad de transitar ese camino. Así procedieron, por ejemplo, los ministros Héctor Lescano (PDC) y Eduardo Bonomi (MPP), y los senadores Enrique Rubio (VA) y José Korzeniak (PS).

Según Lescano, “de poder continuar después de las elecciones de 2009 por este camino, es muy probable que la ciudadanía endose una nueva oportunidad; mientras tanto deben estar abiertas todas las alternativas, incluida, desde luego, la reelección presidencial, discutida en el momento oportuno” (El País, 26-XII-06).

En la misma línea de que sea la ciudadanía quien lo resuelva se definió Bonomi: “Las reelecciones no las digitan los gobiernos ni las fuerzas políticas, las decide la gente, y si en determinado momento el pueblo se pregunta ‘para qué vamos a cambiar’, ahí es cuando se va a producir una primera aproximación a la discusión de la reelección. Si la gente empieza a solicitar eso…” (La República, 2-I-07).

“El de la reelección presidencial no es un problema de principios”, sostuvo el senador Rubio cuando fue consultado por BRECHA. Recordó que la tradición uruguaya es contraria a la reelección desde que, con Julio Herrera y Obes, surgió el concepto de “la influencia directriz”. Si bien Rubio se inscribe en esa tradición, dijo: “Estamos muy lejos del momento en que habrá que pronunciarse al respecto, y si aparecieran elementos nuevos -por no tratarse de una cuestión de principios- no me negaré a volver a discutir el tema”. Señaló, en ese sentido, que hace diez años se opuso tajantemente a la reforma que consagró el balotaje y sin embargo ahora -aun reconociendo el propósito que impulsó esa reforma- entiende que no era tan negativa como parecía.

Según el senador Korzeniak, sería un error político del FA poner ahora la reelección arriba de la mesa; opinó que el asunto debe discutirse en el año 2008 y que cuando en ese momento le pregunten su posición personal, “si Vázquez ha hecho un muy buen gobierno, y no veo un candidato no sólo que sea bueno sino capaz de provocar una adhesión similar dentro del FA, a lo mejor digo ‘vamos a impulsar la reelección’. Pero si advierto que el tema puede generar la imagen de que el FA quiere que se perpetúe en el poder una persona, entonces voy a estar en contra” (La República, 27-XI-06.)

LOS PELOS DE PUNTA

Un título del matutino El Observador resumió a la perfección el sentimiento de todos los sectores de los dos partidos tradicionales y del Partido Independiente: “La reelección pone los pelos de punta a la oposición política” (15-IX-06).

Sanguinetti, por ejemplo, advirtió que “un presidente embarcado en su propia reelección es un animal muy peligroso”. En un seminario organizado por la Presidencia de la Cámara de Representantes, el 14 de setiembre último, el ex presidente exhortó a Vázquez a que diga si quiere discutir la reelección presidencial y anunció que si ese debate se realiza, “vamos a estar en contra, como estuvimos toda la vida”. Dijo también que en 1996, cuando se reformó la Constitución para introducir el balotaje y las candidaturas únicas, las modificaciones eran necesarias porque con el surgimiento de una tercera fuerza partidaria “había cambiado la realidad política del país” y la Constitución estaba redactada para un escenario de dos grandes partidos; en cambio ahora no hay razones que justifiquen una nueva reforma.

Por su parte, el también ex presidente Jorge Batlle recordó que el fa propone ahora lo mismo que Pacheco en 1971, pese a que en aquel momento, igual que los colorados de la 15, estuvo violentamente en contra. “Si hay una cosa desastrosa para un país pequeño como Uruguay es la reelección. Todo el mundo habla de la reelección pero nadie le pregunta al presidente: ¿y usted qué opina? Vázquez podría liquidar el asunto y decir ‘yo de eso no opino’ porque no lo considero como una cosa buena para el país”. Y remató: pero él “deja la puerta abierta o entornada, y eso es porque la quiere abrir del todo”.

El senador Isaac Alfie, su lugarteniente, sostuvo que “el fa impulsa esta reforma porque no le va a ser fácil ganar la próxima elección. Seguramente en primera vuelta no ganará ni por casualidad y habrá un balotaje. Es por eso que quiere hacer ‘la gran Pacheco’”.

En el Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle fue tan duro como Sanguinetti y también habló de veneno: “La reelección es un veneno para la democracia”, sostuvo. Dijo tener la convicción de que no habrá reelección porque en Uruguay hay un sentimiento visceral, generalizado, en contra, y recordó que “Batlle y Ordóñez, el hombre más poderoso que tuvo el país en política, ni siquiera lo planteó”.

Los senadores Jorge Larrañaga y Francisco Gallinal también se manifestaron contra la reelección, sobre todo cuando tiene nombre y apellido y sostuvieron que no es el tiempo de introducir este asunto en el debate público.

Pablo Mieres, presidente del Partido Independiente, también reclamó al gobierno y al fa que dejen claras cuanto antes sus intenciones sobre una posible reelección. Sostuvo que no se debería reeditar la dinámica de 1971, cuando al mismo tiempo había que votar candidatos distintos de un mismo partido para los mismos cargos y optar entre el régimen vigente y un mecanismo de reelección. Recordó, además, que él siempre se opuso a la reelección.

LA CONSTITUCIÓN INCÓMODA

El artículo 152 no deja lugar a dudas: “El presidente y el vicepresidente durarán cinco años en sus funciones, y para volver a desempeñarlas se requerirá que hayan transcurrido cinco años desde la fecha de su cese”. Ni siquiera podrá ser electo como presidente “el vicepresidente o el ciudadano que hubiese desempeñado la Presidencia por vacancia definitiva por más de un año (…) ni en el término comprendido en los tres meses anteriores a la elección”.

Con pequeñas modificaciones de redacción, esta disposición rige desde la primera Constitución, aprobada en 1830. Sobrevivió pues a las reformas de 1918, 1934, 1942, 1952 y 1967, y también a las enmiendas de este último texto, aprobadas en 1989, 1994, 1996 y 2004.

Juan Andrés Ramírez, profesor de derecho civil y miembro del Directorio blanco por el sector de Larrañaga, ha sostenido que esa norma, así como la contenida en el artículo 77, numeral 5, por la cual el presidente “no podrá formar parte de comisiones o clubes políticos, ni actuar en los organismos directivos de los partidos, ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral”, impiden al mandatario postularse a la reelección mediante el mecanismo usado por Pacheco en 1971.

Según Ramírez, la única forma legítima de hacerlo es renunciando a su cargo antes de la campaña electoral hacia las internas de 2009; si Vázquez permaneciese en la Presidencia hasta el término de su mandato, su postulacion a la reelección sería inconstitucional, como a su juicio lo fue la de Pacheco (suplemento Economía y Mercado, del diario El País, 9-X-06).

Ramírez no considera la incidencia de otra disposición constitucional que plantea controversia: la contenida en el literal w de las “disposiciones transitorias y especiales” de la reforma de 1996. Allí se establece que los partidos tendrán candidatos únicos a la Presidencia y que los mismos surgirán de elecciones internas cuyos detalles están minuciosamente consagrados en esa norma.

Si debe haber un candidato único, electo en junio del año electoral, ¿cómo podrá haber uno para el caso de que en octubre se apruebe la reforma y otro para el caso de que esa reforma no llegue a la mitad más uno de los votos? ¿O será que la fuerza política que impulse la reforma deberá jugarse el todo por el todo, elegir en la interna al candidato a la reelección y no tener candidato alternativo para el caso de que la iniciativa reeleccionista no sea aprobada? ¿Qué pasaría en ese caso, si -como ocurrió en 1971- gana el partido reeleccionista pero pierde la reforma?

Doctores tiene el derecho constitucional, como la Santa Iglesia, que resuelvan este intríngulis. Seguramente hará falta modificar por lo menos tres disposiciones de la Constitución, y no sólo el artículo 152. En este sentido, el acto electoral de octubre de 2009 promete ser el más complejo de la historia, porque ya hay sendas amenazas de plebiscitar por lo menos tres reformas constitucionales: la que permita la reelección presidencial, la que habilite el voto de los uruguayos desde el exterior y la que modifique la reciente ley en materia jubilatoria, que promovería Sanguinetti.

COLOFÓN

El mapa por ahora visible muestra, por un lado, a una oposición que cierra filas contra la posibilidad de la reelección; por otro, a dirigentes próximos al presidente Vázquez que se pronuncian a favor de impulsar una reforma constitucional con ese objeto; y, por último, a los sectores frenteamplistas que postergan examinar un tema que ya está sobre la mesa. Es previsible que en el FA, como ya se detecta a nivel de las bases y de unos cuantos dirigentes que prefieren hablar en reserva, surja una resistencia a la reforma, sustentada en la posición que tradicionalmente ha tenido la izquierda y en la defensa de otros candidatos.

También, en el caso de que finalmente se concrete el lanzamiento de una campaña reeleccionista, su éxito o fracaso dependerán de cómo le vaya al gobierno, sobre todo en materia económica. En este sentido, la suerte del proyecto de reelección y la del candidato Astori pueden estar ligadas por el hecho de que este último es el ministro de Economía (y ejerce sus funciones con mucha mayor influencia en la Presidencia que la que suelen tener, en Uruguay y en otros países, los titulares de esa misma cartera).

Los resultados de la gestión del gobierno en general, las consecuencias de la marcha de la economía en especial, y el impacto de la reforma tributaria muy en particular pueden ser elementos decisivos para que la fuerza política del gobierno decida si le conviene impulsar la idea de mantener en funciones al mismo presidente y a las principales figuras de su equipo.

Esa es una de las razones por las cuales Vázquez prefiere ganar tiempo y no contestar, por ahora, si habrá o no campaña reeleccionista. La otra es que, según dijeron a BRECHA fuentes cercanas al presidente, éste sólo estaría dispuesto a arriesgarse a una reelección si estuviera cien por ciento seguro de que ganará el FA y de que también habrá mayoría suficiente para aprobar la reforma.

En este sentido, quienes lo conocen bien aseguran que no le gustaría ni un poquito hacer lo que el senador Alfie calificó de “la gran Pacheco”, por lo menos en lo relativo a sentar a otro, con el arrastre de sus propios votos, en el sillón presidencial. Se llame Danilo, José o de cualquier otro modo.

Una tercera conjetura es que Vázquez considera que le conviene soportar la presión de la oposición y postergar todo lo que pueda la definición sobre la reforma reeleccionista: es probable que el principal motivo por el cual no quiera descartar ya mismo esa posibilidad no sea, como muchos imaginan, lucir cinco años más la banda presidencial. El móvil sería, en esta hipótesis, ganar tiempo para la definición del candidato y, de paso, tener distraída a la oposición en un asunto que finalmente terminará desinflándose de golpe.

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* El senador Eduardo Lorier, secretario general del PCU, dijo a BRECHA que su partido tenía previsto tratar la eventualidad de la reelección en la última reunión de su comité central, celebrada a comienzos de diciembre. Pero agregó que no hubo tiempo para empezar la discusión y que la misma probablemente se inicie en la próxima reunión de ese órgano, prevista para febrero. Consultado sobre su posición personal, prefirió reservársela por entender que no quería incidir en el debate de su organización.

** Sobre los comienzos de este peculiar debate puede consultarse el artículo publicado en BRECHA, 14-VII-06.

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