Uruguay con rumbo norte: el desenganche

Por Gabriel Papa, gentileza Semanario Brecha, especial para Causa Popular.- Decepcionado con la región, el país se encamina a definir nuevas reglas para su inserción internacional. «Ponerle un motor fuera de borda” al país para alejarlo de sus “vecinos menesterosos e inestables” e insertarlo en un vecindario más “próspero y previsible” ha sido, desde siempre, uno de los mayores sueños del pensamiento conservador vernáculo.

Imágenes y expresiones similares a las atribuidas al por dos veces ex ministro de Economía de la dictadura Alejandro Végh Villegas se escuchan con frecuencia en las reuniones y seminarios donde analistas económicos, consultores y altos jerarcas analizan la inserción internacional del país.

En el otro extremo, los partidarios de la “integración de la Patria Grande” suman quilómetros cuadrados de territorio, millones de seres humanos, grandes extensiones de fértiles territorios agrícolas, cientos de miles de cabezas de ganado y siderales volúmenes de recursos energéticos para soñar un proyecto que apenas si tiene actores y mecanismos capaces de concretarlo.

Y que, en el caso de Uruguay, tomó la forma de un MERCOSUR transformado, según un estado de opinión pública ampliamente difundido, en la gran decepción y, eventualmente, la madre de todos los fracasos.

En todo caso, los tiempos políticos y técnicos parecen haber cambiado tanto que los problemas del desarrollo nacional parecen, por momentos, reducirse a la “falta de grandeza” de Brasil y a la “guerra de guerrillas” argentina.

Un sudor frío ha de haber recorrido la espalda del ministro de Economía Danilo Astori cuando, durante su reciente estancia en Washington, los periodistas lo consultaron sobre la hipotética estrategia presidencial de cambiar el estatuto jurídico del país en el MERCOSUR, pasando de socio pleno a miembro asociado.

Ocurre que el peor de los escenarios es, probablemente, el de un divorcio conflictivo de la región, acompañado de un vínculo con la superpotencia que se sustente en la exportación de productos cárnicos. La proliferación de conflictos comerciales y/o la dificultad de concretar nuevas corrientes de ventas, la marginación de los proyectos de infraestructura y energéticos, y la imposibilidad de participar de algún nuevo y más concreto “relanzamiento” del bloque serían un alto precio a pagar para lograr el acceso a un mercado que, como el de la carne, depende críticamente de cambiantes condiciones sanitarias regionales (como la aftosa) y extrarregionales (como la “vaca loca” canadiense).

Por otro lado, para el ministro Astori seguramente el mejor de los escenarios es el mantenimiento del statu quo regional acompañado del logro de alguna forma de “permiso” para negociar un mejor vínculo con Estados Unidos que, casi con seguridad, no tendría otra forma que el de un tlc del tipo de los que, justamente, propone la superpotencia.

“Take it as it is” (traducción libre del kesmaniano “es lo que hay, valor”) fueron, palabras más, palabras menos, lo que George Bush le dijo a Tabaré Vázquez en relación con la posibilidad de concretar algún acuerdo comercial que profundizara las relaciones entre los dos países.

Los dados parecen estar echados y todo indica que durante las próximas semanas empezarán a instalarse grupos de trabajo uruguayo-estadounidenses que en octubre próximo, en oportunidad de la reunión de la comisión conjunta Uruguay-Estados Unidos, anunciarán que están dadas las condiciones para iniciar la primera ronda de negociaciones para concretar un tlc.

Para entonces, todos los uruguayos sabrán que la negociación intentará potenciar un flujo exportador de carnes que apenas dispone de una cuota de 20 mil toneladas que se beneficia de un arancel del 4,6 por ciento, mientras que el resto debe pagar un arancel de 26,4 por ciento, lo que determinó que los exportadores uruguayos contribuyeran con 100 millones de dólares a reducir el megadéficit fiscal estadounidense. Las restantes esperanzas se centran en productos lácteos, textiles y vestimenta.

Además, estará fuertemente instalada la idea de que, en el marco de una América Latina convulsionada de la mano del belicoso Chávez, el nacionalizador Morales y el imprevisible Kirchner, la firma de un tlc se convertirá en una especie de salvoconducto para el inversor y “los mercados”. Es de esperar que los ciudadanos estén igualmente informados acerca de los demás temas que se encuentran en negociación.

En todo caso, la discusión acerca de la compatibilidad de un tlc con el mantenimiento de la membresía en un bloque con vocación de unión aduanera parece, al menos en la teoría, complicada. Aunque quizás dos poderosos factores ayuden a suavizarla: la probable disposición de Brasil a mantener la imagen de unidad en la región y, también, la hipótesis del advenimiento en el mediano plazo de alguna forma de negociación de los grandes vecinos con Estados Unidos.

En ese sentido, y teniendo en cuenta el probable fracaso de la ronda de Doha, varios analistas internacionales sostienen que el simultáneo bloqueo de la negociación que se verificó en el seno del ALCA fue una mala estrategia y, en los hechos, aceleró el vínculo con Estados Unidos de numerosos países en peores condiciones que las que se podrían haber obtenido de manera conjunta.

DECEPCIONES. “ Si fuera uruguayo, también estaría decepcionado con el MERCOSUR”, dijo el canciller brasileño Celso Amorim al comparecer días atrás ante una comisión del Senado de su país. “No podemos diseñar una política industrial y dejar como un apéndice al MERCOSUR (…). Si algo le faltó a la política exterior brasileña fue tener una actitud más abierta y de más largo plazo con nuestros socios”, agregó el poderoso canciller y remató con un “hablamos mucho pero hacemos poco”.

Tres meses atrás, en diálogo con BRECHA, Marco Aurélio Garcia, el alto asesor del presidente Lula para asuntos sudamericanos, sostuvo conceptos similares y anunció que “el gobierno brasileño va a hacer su diagnóstico de la cuestión, va a escuchar a Uruguay y a lo mejor desarrollamos un programa común”, refiriéndose a una serie de iniciativas que se estaban realizando con Paraguay (construcción de un segundo puente, el impulso de las exportaciones paraguayas en el marco del programa de sustitución competitiva de importaciones, y el estudio de posibilidades “más concretas” de inversiones).

ALIADOS Y ¿ENEMIGOS? La posibilidad de concretar un nuevo “arreglo” institucional en términos amigables no parece una tarea fácil. “Cada país sabe dónde le aprieta el zapato”, había afirmado Marco Aurélio cuando se le preguntó acerca de la compatibilidad de la propuesta que los ministros Astori y Lepra habían instalado (“Depende. Puede ser totalmente compatible y puede crear niveles de incompatibilidad, es una cuestión que hay que estudiar.”).

Alborotado el avispero con la nueva estrategia uruguaya (la reforma de la inserción internacional del país es la octava de las reformas estructurales caras al ministro Astori), y en la misma línea del mandatario uruguayo, el presidente de Paraguay, Nicanor Duarte, sostuvo esta semana que “el MERCOSUR debe entender las necesidades de los países de menor desarrollo”, aunque reconoció que “hoy, los países que somos firmantes del Tratado de Asunción no podemos desarrollar ningún acuerdo comercial fuera del bloque. O lo hacemos en bloque o no se hace, porque individualmente no podemos”.

Una postura que parece compartir el propio Marco Aurélio, ahora con las cartas vistas. En efecto, el alto asesor señaló en Buenos Aires el lunes 8 que los acuerdos del bloque obligan a una negociación en conjunto y puntualizó que Uruguay no puede mantener su estatus de miembro pleno y, simultáneamente, negociar un tlc con Estados Unidos. “Lamentablemente, en este caso, no existe amizade colorida”, dijo (expresión que alude a ese estado de cosas que, entre los adolescentes, se ubica en algún lugar entre la amistad y la relación de pareja).

En todo caso, liberalismo económico de por medio, las relaciones a distancia con socios poderosos -como la que se podría establecer con Estados Unidos- pueden también ser perniciosas para el desarrollo. Como nos lo enseña la historia.

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