Urien: “Necesitamos a las Fuerzas Armadas, y es básico que el campo nacional y popular tenga una política hacia ellas”

Teniente de Fragata retirado, degradado por ser leal a Perón y reivindicado como "soldado del pueblo" por Kirchner, sostiene la lucha por la soberanía nacional con travesías en el mar argentinos y acciones contra el magnate Joe Lewis: "Está en juego nuestra integridad territorial como nación".

Teniente de Fragata retirado, Julio César Urien no tiene dudas: “Si volvía a ganar Macri, olvídate de la Nación. Nos desintegrábamos”. Con la soberanía como preocupación central y alarmado por la forma en que los terratenientes de la Patagonia se imponen sobre los poderes del Estado, Urien busca aunar su pasado militar y como militante montonero con los desafíos del escenario actual, donde considera clave que los sectores populares cuenten con una política hacia las Fuerzas Armadas.


El 17 de noviembre de 1972, el día del regreso del general Perón, Urien participó de una sublevación en la ESMA, en un intento por derrocar al dictador Agustín Lanusse. Tenía 23 años y acaba de recibirse. “Nos sentíamos identificados con el ejército sanmartiniano, que nunca reprimió a su pueblo, sino que luchó por su independencia”, recuerda. Recuperó la libertad en mayo del ’73, con la amnistía del gobierno de Héctor Cámpora. Luego, se sumó a Montoneros, fue secuestrado y torturado por la Triple A, y estuvo preso hasta el retorno de la democracia. Recién en 2005, por decisión de Néstor Kirchner, él y sus compañeros fueron reincorporados a la Marina en situación de retiro. “Nos reivindicaron como militares del pueblo”, resume Urien, que un año después llegó a la presidencia de Astilleros Río Santiago, a la cual renunció en 2008 por diferencias con la política que el sciolismo quería aplicar en la planta naviera de Ensenada.

En la actualidad, desde la Fundación Interactiva para la Cultura del Agua (Fipca), coordina diferentes acciones, como las travesías del velero La Sanmartiniana o la lucha por el acceso al Lago Escondido que el magnate inglés Joe Lewis mantiene encerrado en sus tierras.

– ¿Qué significa defender la soberanía en la Argentina actual?

– Mi posición es la necesidad de terminar de lograr la independencia de nuestra nación, con un proyecto nacional y popular que integre al conjunto, en la concepción de la Patria Grande, que eran los ideales de nuestros grandes próceres, como San Martín, Belgrano, Artigas, Dorrego. Esa lucha continúa. En 200 años de historia, siempre han habido dos modelos: uno de país, de nación, y otro de dependencia, de colonia, un proyecto para muy pocos. A partir del último gobierno liberal con Macri, está en juego nuestra integridad territorial como nación. Uno puede ser más de izquierda o más conservador, pero si perdemos nuestra nación, de nada sirve.

– En ese escenario, ¿cómo juega la defensa de los recursos naturales?

– Bueno, hace ocho años, con otros compañeros creamos Fipca. Además de la defensa de nuestro territorio, los recursos naturales y la sustentabilidad ecológica, planteamos que sin soberanía no hay nación, y la necesidad de estar presentes en los grandes espacios del país que están vacíos y son amenazados por las multinacionales y las potencias. Nos identificamos con los agrupamientos sanmartinianos y tenemos un velero, La Sanmartiniana, porque creemos que esa figura hace a la unión nacional, donde necesitamos a las Fuerzas Armadas y es básico que el campo nacional y popular tenga una política hacia ellas. Sabemos que después del ‘55 las FFAA fueron muy depuradas, hegemonizadas por la Escuela de las Américas, por el Pentágono, y después ocurrió la dictadura militar. Pero necesitamos tener una política. Entonces, creemos que nuestra fundación y los agrupamientos sanmartiniamos, donde el eje central es la defensa de la soberanía, es un tema que a los militares les llega y es un eje para la unión nacional.

– ¿Cómo fue el episodio de 2015 con el velero y las Malvinas?

– Nosotros empezamos con tener presencia en los ríos y el mar. Estuvimos navegando desde Posada a Buenos Aires, tocamos más de 20 localidades costeras, planteando la situación de la hidrovía y la cuenca del Plata. Sobre todo con el menemismo, perdimos los puertos nacionales, la marina mercante, la industria naval. Y en esta vía estratégica, de donde sale el 50% de las proteínas del mundo, hoy no tenemos prácticamente presencia: no tenemos flota fluvial, tampoco manejamos los puertos y el comercio exterior lo controlan las grandes cerealeras. Después, navegamos hacia Ushuaia, estuvimos en Isla de los Estados y pasaron más de 2000 jóvenes, militantes de todas las agrupaciones políticas y sindicatos. Fue una experiencia muy buena pero el mar no es un medio fácil. En el último viaje, el capitán terminó en medio de un temporal, tuvo que dejar el barco y la corriente lo llevó a las Malvinas, donde lo capturaron los británicos. Lo fuimos a buscar fuera de la zona de exclusión, en un avión civil con los trabajadores portuarios de Ushuaia. Era 2015 y hacía un mes que el barco estaba perdido en el mar. Cuando estábamos llegando, nos interceptaron los caza-bombarderos británicos. El barco pasó a disposición de la Corona, pero al final logramos recuperarlo y ahora está en Puerto Deseado.

Fotos | Georgina García
– ¿Qué significado tiene la lucha por Lago Escondido?

– Es el ejemplo más claro de cómo violan las leyes, la Constitución, y de que han creado un Estado dentro de nuestro Estado, donde se manejan con su propia ley, que es a partir de la patota y los aprietes. Nuestro territorio continental está amenazado y ocupado por terratenientes que forman parte del poder colonial y financiero, como son los casos de Benetton y Joe Lewis, que se van apropiando de extensiones de tierra en zonas estratégicas. Lago Escondido surgió por las movilizaciones de los pobladores de El Bolsón en rechazo a Lewis, que es una de las fortunas más importantes de Gran Bretaña y uno de los principales accionistas de las fuentes de energía de nuestro país: participa de Edenor, tiene inversiones en Vaca Muerta y pozos de petróleo, en sociedad con Marcelo Mindlin, el empresario amigo de Macri. De forma irregular, Lewis adquirió tierras en zona de frontera y en zona de reserva. Compró 12 mil hectáreas, encerró un lago y no permite que nadie acceda. Pero no puede apropiarse de un lago, porque es público. A su vez, continúa avanzando, adquiriendo tierras que son de reserva, en zonas donde están los humedales, para hacer un mini Davos. Encima, siguiendo el mismo paralelo, sobre el Atlántico construyó una pista área más grande que la de Aeroparque, justo en la meseta Somuncurá, donde está uno de los reservorios de agua más importantes de la Patagonia. Y tiene tal poder en Río Negro que es quien define la política y controla al poder político, al Judicial y a las fuerza de seguridad.

– Pero ustedes realizaron varias marchas y pudieron ingresar.

– Hay un fallo que inició la exsenadora Magdalena Odarda hace nueve años, que fue ratificado por el Tribunal Superior de Justicia de la provincia y la Corte Suprema de la Nación, que obliga a la gobernación a habilitar dos caminos: uno de montaña y el de Tacuifí, por la ruta 40, que era un camino de servidumbre preexistente a cuando compró Lewis. Por ahí, en vehículo, en una hora se llega al lago, pero hay que cruzar un río que la empresa destruyó: lo dragaron para que nadie pase. Como también repetía Macri, Lewis dice que si quieren ir, que vayan por el camino de montaña: son 40 kilómetros y se tarda una semana entre ir y venir. Además, cuando estás llegando al lago, te agarra una patota y no te deja entrar. Lewis es ese poder que viola todo, pero nosotros fuimos con la ley en la mano. Lo primero fue, en 2017, hacer una marcha por el camino de montaña, para demostrar que no estaba en perfecto estado como decían Macri y el inglés. Fuimos 26 compañeros y compañeras, y participaron agrupaciones políticas sindicatos y universidades. Logramos llegar y la gente de Lewis estaba muy sorprendida. Articulados, los sectores populares tienen un gran poder.

– ¿Cómo fue la experiencia de la quinta marcha, en febrero pasado?

– Fuimos por Tacuifí, con unos 300 compañeros, y por la montaña mandamos a otros 50, con cuatro kayaks, porque habíamos descubierto que en medio del lago había una isla que no figura en las cartas. En la marcha anterior ya habíamos intentado navegar hasta ahí, para que excombatientes clavaran una bandera argentina y la bautizaran “Isla de los Patriotas”. Esa columna de montaña llevó un solo kayak y cuando estaban por alcanzar la isla, dos lanchas camufladas de la patota los tumbaron. Por eso, esta vez mandamos cuatro kayaks, que pudieron llegar al lago y navegar hasta la isla, pero a nosotros no nos permitieron avanzar. Estaba la guardia pretoriana de Lewis y unos dueños de terrenos que no tienen título de propiedad y que dicen que es un camino privado. Tenían caballos, palos piedras, perros. Entre nosotros estaban el secretario General de ATE Capital, Daniel Catalano; el Padre Paco y Sergio Maldonado, hermano de Santiago, con otros dirigentes y legisladores. Cuando saltamos la tranquera, se nos vinieron encima con todo. La policía intervino pero no los desarmó, aunque sí logramos que tomen parte fiscales y que se comunique el juez. También le habíamos pedido al Ministerio de Seguridad de la Nación que la Prefectura nos garantizara la navegabilidad en el lago, pero como por Tacuifí no podían ir y Lewis no les permitió usar su camino privado, se retiraron. Es decir, la Prefectura Naval, con órdenes de la ministra para ingresar a un lago público y en zona de frontera, no puede entrar porque un inglés le dijo que no. Hay un problema de soberanía concreto, un límite, por eso esto también define a un Estado. Además, cuando hablamos con la justicia y las fuerzas de seguridad de la provincia de Río Negro por la agresión en Tacuifí, ellos lo reconocieron: “Acá, el Estado es el inglés”.

– ¿Pudieron llegar a la isla con los excombatientes?

– Sí. Ocho de los compañeros que fueron por montaña armaron los kayaks, navegaron a la isla, clavaron la bandera y siguieron hasta la otra cabecera, porque alrededor del lago está el camino de sirga, que es público y uno puede acampar. Llegamos a un acuerdo con los fiscales, el juez y la policía para que garanticen la vida de los compañeros. Igual, sufrieron agresiones de la patota, que les tiraba los caballos encima. Por nuestras presiones y el pedido de los fiscales, intervino la policía de montaña. Los compañeros se la bancaron, acamparon y al día siguiente volvieron. Nosotros somos consecuentes: la próxima, vamos a ir 200 por la montaña y 1000 por Tacuifí. Y después, vamos por una política que recupere nuestro territorio.

– ¿Qué expectativas hay con la llegada del nuevo gobierno?

– Logramos poner esto otra vez en superficie y hoy somos gobierno. Estuve reunido con el Ministerio de Seguridad, analizando por qué una fuerza federal no puede acceder a un lugar público. La ley de Fronteras se crea en 1944, con el gobierno de Perón; después, la modifica Onganía, la hace zona de seguridad; y hace dos años Macri sacó unos decretos donde desafectó muchas zonas, permitiendo negocios de multinacionales. Yo integro la comisión de Defensa del PJ y vamos a reunirnos con los ministerios de Defensa e Interior para analizar esta situación y las cosas que se han modificado con la política de entrega del gobierno anterior. No hay que subestimar a los sectores internos que son aliados del imperialismo y que vienen por nuestra soberanía. Si volvía a ganar Macri, olvídate de la Nación. Nos desintegrábamos. Y es alarmante lo de la Patagonia, la subordinación del poder político, judicial y de seguridad hacia Lewis.

Fotos | Georgina García
– ¿Qué rol juegan los sindicatos en la defensa de la soberanía?

– Con el macrismo, todo este formidable endeudamiento puso como garantía los recursos naturales y nuestro territorio. Lo primero que hizo Macri al asumir fue modificar la Ley de Tierras, que le permite a los extranjeros tener más tierras, a partir del decreto 820. En función del ejemplo de Grecia, que para cubrir la deuda tuvo que vender islas, si no pagábamos la deuda con el gobierno anterior seguramente venían por nuestros recursos y territorios. Por otro parte, después de lo que fue el terrorismo de Estado y la guerra de Malvinas, se modificó la Ley de Defensa Nacional, que termina de reglamentar Néstor Kirchner en 2007. Ahí, se plantea muy claramente que la misión de las FFAA es la defensa de la soberanía territorial frente al ataque de una potencia exterior, que no puede participar en asuntos internos y que el sistema de defensa pasa a depender del poder político. Antes, eran un poder en sí que condicionaba al poder político. Cuando gana Macri, repliega a las FFAA de su rol y las desfinancia. Encima, en su realineamiento con Estados Unidos, Inglaterra e Israel, intenta volver a meterlas en asuntos internos, a través de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. No pudo pero era su intención. Entonces, nos planteamos: ¿Quién defiende nuestra soberanía si no es el pueblo? A partir de ahí, empezamos a relacionarnos con los sindicatos y las agrupaciones políticas.

– ¿Qué camino debería seguirse respecto de la cuestión Malvinas?

– Tomemos lo que fueron los últimos años del gobierno de Cristina, con una política pacífica pero muy activa: la unión latinoamericana, el apoyo de la Unión Africana, los 77 países más China, los juicios a las empresas. Además, es fundamental el desarrollo de la Patagonia. Por el día de la Antártida, estuve reunido con el canciller Felipe Solá, del que además soy amigo, y me comentaron que van a tener una política muy firme, sobre todo con las empresas que están explotando nuestros recursos en la zona que tienen los británicos. También se creó la Secretaría sobre Malvinas que preside Daniel Filmus. Creo que hay una buena expectativa. Me parece clave destacar que los liberales no lograron desmalvinizar, está muy en la cultura de nuestro pueblo. Y se vuelve a implementar el programa Pampa Azul, que significa la presencia de científicos en nuestra plataforma continental. Hay que ser constantes y muy activos. Malvinas es un tema de unidad y de esto también podemos hablar con los militares.

– ¿El Brexit tiene impacto a la hora la negociación diplomática?

– Yo creo que sí. Hasta que Gran Bretaña formaba parte, la reivindicación de ellos era de la Unión Europea, porque todos los territorios de ultramar de los miembros pasan a ser de la UE. Es decir, no solo teníamos que enfrentarnos con los ingleses sino también con la UE, pero al salirse, ellos ya se quedan solos. Además, todos los recursos que pescan ilegalmente en nuestra zona no pagaban aranceles porque se exportaban a Europa, pero hora sí tienen que pagarlos. Se les complica, ya no es tan fácil.

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