“Urgen políticas públicas que favorezcan la organización del pueblo”

Firme militante del proyecto que encarna la presidente Cristina Fernández y a la vez crítica de la débil construcción política vertebrada desde 2003 a la fecha, la flamante embajadora en México reivindica el papel de la Cámara de Diputados, a la que nunca consideró una escribanía: «Nosotros no vamos a la Cámara como librepensadores sino como parte de un proyecto político.»

Cuando muchos la imaginaban al frente de la lucha contra oligopolios y monopolios, Patricia Vaca Narvaja se marchará como embajadora a un México en llamas. “Cristina inició una batalla cultural que durará mucho tiempo”, expresó en un alto de su veraneo en Miramar, y proclamó con perceptible orgullo que “no somos librepensadores, sino parte de un proyecto político colectivo”. También hizo un balance de su actuación como vicepresidenta del bloque oficialista en la Cámara de Diputados y refutó la etiqueta de “escribanía de gobierno” con que una oposición perezosa (de la que dijo que “escupe al cielo”) suele o solía calificarla. Estimó que es necesario hacer fuertes inversiones para que haya competencia en mercados hoy oligopólicos y enfatizó que la suerte del kirchnerismo depende de su capacidad de incentivar con rapidez la organización popular, para lo que son imprescindibles políticas públicas capaces de crear conciencia de que mantener, mejorar y acrecentar las conquistas depende de la continuidad de un proyecto político. Dio un ejemplo muy claro, aunque negativo: si una de la principales medidas que tomó el Gobierno fue recuperar los aportes jubilatorios confiscados por las AFJP, la misma no fue acompañada por ningún debate ni movilización, ni siquiera la de sus beneficiarios inmediatos, los jubilados.

En el bar del balneario “San Antonio” de Miramar, donde hace muchos años acostumbra veranear en familia, una distendida Patricia recordó su militancia juvenil. Y después, con naturalidad se refirió a cómo se entroncó aquella con el kirchnerismo, y muy especialmente con el gobierno de CFK.

–Me acuerdo del lanzamiento de la candidatura de Cristina en el Teatro Argentino de La Plata. Ahí dijo que nuestra principal batalla era la cultural y eso tiene que ver con lo que ha significado el proceso de 1976 en adelante –y no me refiero sólo a la dictadura– en lo que ha sido la utilización de los medios y de la cultura como soporte de un modelo no sólo económico, sino de valores, para reafirmar el liberalismo desde el individualismo más exacerbado, del “Sálvese quien pueda”, donde el éxito es el objetivo a cualquier precio, a cualquier costo. Esa batalla cultural es la más profunda de todas. Obtuvimos una primera victoria resonante con la sanción de la Ley de Medios, pero ganarla nos llevará mucho tiempo.

–La mayoría de los analistas daba por hecho de que el Gobierno negociaría la ley con el Grupo Clarín . Cristina sorprendió al no negociar con los grupos monopólicos e ir directamente a la aprobación de la Ley originalmente propuesta por la Coalición para una Radiodifusion Democrática, negociando con la oposición parlamentaria cambios que en términos generales mejoraron el proyecto presentado.

A mí eso no me sorprendió. A través de su paso por el Congreso, Cristina siempre se identificó con valores muy relacionados con la historia del peronismo. Por eso yo tenía la certeza de que era ella la que iba a profundizar el rumbo. A Kirchner lo veía más pragmático.

–El mismo Kirchner dice que su mujer hace cosas que él no se atrevió a hacer…

–Nuestro principal problema es un notorio déficit en lo que hace a la construcción política. Yo me volví a enamorar de la política con Néstor Kirchner, a identificarme con un proyecto. Pero la aparición de Kirchner, su llegada a la Presidencia, no fue producto de una acumulación y crecimiento de un movimiento social vertebrado. Para nada.

–Fue un bonus track , un regalo inesperado.

–Llegó a la Presidencia con poco más del 22 por ciento de los votos, sin una estructura propia y con minoría en el Congreso. No había más remedio que fuera él, pero venía como de prestado. Y en esas circunstancias, demostró tener capacidad de liderazgo, de ser un adelantado. Kirchner fue vanguardia, y obtuvo un fuerte reconocimiento de la sociedad.

–Pero quedó a la izquierda del conjunto de la sociedad…

–Lideró los intereses económicos y sociales de los sectores más postergados de la Argentina y fue por eso que muchos nos sumamos a su propuesta. Pero hoy el gran desafío, como el mismo Néstor planteó (al participar en el programa Seis, siete ocho, N. del E.) es conseguir que este proyecto político sea colectivo, que pueda independizarse, trascender a los personalismos. Y éste desafío lo tenemos que tenemos que asumir entre todos para conseguir que se cristalice, que se haga realidad.

–En este sentido, casi todos los movimientos sociales critican en distintos grados la conducción de los Kirchner. Por otra parte, las crisis derivadas por la incorporación de cuadros del neoliberalismo como Sergio Massa o Martín Redrado al elenco gubernamental parecen cantadas.

–Es verdad que durante demasiado tiempo descuidamos la construcción político-organizativa, pero eso también es responsabilidad de los conducidos, no sólo de los conductores. Tenemos que ver de qué modo aportar a la construcción colectiva, y lo que decís de la incorporación de figuras como las que nombrás tiene que ver con eso. Se los incorporó a la gestión de la propia fuerza política en función de una evaluación de coyuntura, pero cuando los intereses del conjunto chocaron con los de estos dirigentes, se tuvieron que ir. En esta etapa tenemos que conseguir que los que hagan la gestión en la administración pública surjan de entre quienes están identificados con este proyecto político.

–¿Cuál es tu balance de cuatro años de labor parlamentaria?

–Fue para mí un orgullo integrar el bloque del Frente para la Victoria y ejercer su vicepresidencia durante estos cuatro años contando con la confianza de Néstor y Cristina y de mis compañeros del bloque. Me parece que demostramos fehacientemente que el Congreso no fue una mera “escribanía del Gobierno” como le gustaba decir a medios y opositores interesados en deslegitimar la expresión soberana del pueblo, sino que desempeñó un papel muy activo. Llegamos a ser mayoría como expresión de un proyecto político nacido en el 2003 cuyas banderas llevamos al Congreso, como corresponde. Y estuvimos muy lejos de ser una escribanía, de limitarnos a refrendar los actos del Ejecutivo. Tuvimos la decisión política de apoyar desde la Legislatura las propuestas alternativas que contribuyen a consolidar este proyecto político, un signo de coherencia. Obviamente, los sectores del poder que no están de acuerdo con este proyecto y quienes practican una oposición destructiva, quieren minimizar la participación política de la Cámara de Diputados y repiten como loros que es una escribanía, pero lo que dicen carece de sustancia.

–Con la nueva composición de la Cámara, ya no se escucha decir que sea una escribanía…

–Nosotros no vamos a la Cámara como librepensadores sino como parte de un proyecto político. Un proyecto. Lo que algunos no tienen, y que otros sólo tienen cuando les conviene. Basta ver en espejo lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires y compararlo con lo que ocurre en la Nación y cómo lo reflejan los medios, para ver la hipocresía y el doble estándar que utilizan. Si el PRO intenta conseguir una mayoría del modo que sea, les parece lógico y loable. Si nosotros tratamos de ganarnos la buena voluntad de un diputado ajeno, dicen que es vituperable. Si un diputado vota con nosotros, dicen que se borocotiza; pero si se va, si es un tránsfuga, le dan tratamiento de héroe. Pero lo principal es que nuestro bloque reivindicó un proyecto colectivo. Estoy muy orgullosa de haberlo integrado.

–Se ve que lo de “la escribanía del Gobierno” te indigna…

–Sí, y es que he estado en la letra fina de muchos proyectos que se convirtieron en leyes, y salvo algunos muy puntuales, como los de Emergencia Económica o Impuestos, todos los demás han sufrido modificaciones para mejor y para integrar a otros sectores. Digo esto porque no siempre tuvimos los 129 diputados propios y tuvimos que ir construyendo consenso con otros actores de acuerdo a cada proyecto de ley. Algunas veces con sectores más progresistas y otras con otros sectores, relacionados con intereses provinciales.

–De todos modos, prácticamente no hay nadie que no sea un cantamañanas que no reconozca el protagonismo que tuvo el Congreso, y especialmente la Cámara de Diputados, en la segunda mitad de 2009. Es decir, después de la derrota electoral de Kirchner. Rosendo Fraga dice con cierta malicia que el Congreso comenzó a funcionar bien desde que el voto “no positivo” del vicepresidente Cobos parlamentarizó la vida política.

–El Congreso se hizo más visible a partir del debate en torno a la resolución 125. Antes se había sancionado la Ley de Educación con el consenso de las provincias, un hito muy importante pero que no tuvo tanta visibilidad… Otra cosa que hay que desmitificar de una buena vez es que el sistema constitucional vigente es presidencialista y no parlamentario. Lo que muchos suelen olvidar.

–Algunos juristas de nota, como el ministro (Raúl Eugenio) Zaffaroni, son partidarios de un régimen parlamentario.

–Es un tema que da para una discusión profunda, no es para tratarlo a la ligera ni para resolverlo de un día para otro. Somos una joven e inexperta democracia de 25 años y no me parece que quitarle al Poder Ejecutivo los medios como para poder gobernar sea una buena idea.

–Pasa es que hay una campaña para recortarle los poderes a la Presidenta a como dé lugar. Basta ver cuántos horrorizados por el ramillete de decretos de necesidad y urgencia de Cristina no dijeron esta boca es mía cuando Menem hizo más de mil, la mayoría para lubricar la entrega de la patria.

–Los intereses económicos concentrados antes intervenían a través de los golpes de Estado, de los golpes militares, pero ahora lo hacen a través de los medios y de los partidos políticos. Y los partidos políticos después de la crisis del 2001 todavía siguen apostando a que pueden acceder al poder si al otro le va mal o peor. Apuestan a que al otro le vaya mal para poder llegar, no como una superación o mejora del que está, sino apostándolo todo a llegar gracias al fracaso del otro. Esto es parte de una cultura, así que hasta que no cambiemos eso… Si estuviéramos en un régimen parlamentario seguramente estaríamos cambiando permanentemente de primer ministro. Nuestro desafío principal, insisto, es construir representación social en todos los ámbitos y sectores.

–Quizá en Argentina sea tan difícil acordar políticas de Estado, como sucede en los países en los que funciona el régimen parlamentario, porque los desacuerdos se inician entre nosotros desde la misma base. Hay quienes plantean un país con inclusión y otro que lo plantean sólo para una parte de la población, acaso la mitad, y se desentienden de la suerte de los demás.

–Tenemos que buscar la forma colectiva de organización popular de ese proyecto de inclusión. Hasta ahora tenemos la cabeza, y abajo nada, salvo las organizaciones sociales y el sindicalismo. Pero después no hay una cosa vinculante y que coordine y organice todos estos espacios en algún punto. Con el ataque de los medios al gobierno ¿cómo nos defendemos? Deberíamos hacerlo en la calle, con una militancia activa… que hoy no tenemos. Por lo que hay que buscar la manera de volver a construir esa concientización, esa militancia, esas formas de organización que sostengan y apuntalen este proyecto. Ese es nuestro gran desafío.

–¿Cuál es o debería ser el papel del Gobierno en este tema?

–Impulsar políticas públicas tendientes a ese objetivo. Un ejemplo es la Ley de Medios, que se construyó a partir de la sociedad con una fuerte organización y participación en todo el país. La debatimos con miles de personas y la defendimos con muchas más en las calles y en las plazas. En cambio, el rescate de los aportes de los trabajadores, que habían sido secuestrados por la AFJP y de los que lucraban intereses mediáticos, financieros y especuladores, se hizo sin ninguna movilización. No se convocó a nadie, ni siquiera a los jubilados, los beneficiados inmediatos. A eso me refiero cuando digo que es preciso atar las políticas públicas al acompañamiento y la identificación social. Este es un tema que debemos trabajar mucho en estos dos años si queremos poder seguir construyendo este proyecto político. Insisto: debemos tener políticas públicas, trabajar desde el Gobierno con los sectores beneficiados por las leyes para dar la discusión y crear conciencia de que esa política no es obra del azar sino parte de una política a largo plazo. Hay que crear conciencia de que la manera de mantener y mejorar lo conquistado es garantizando la continuidad del proyecto.

–Es difícil concebir qué vendrá si se trunca. Uno ve cuáles son los líderes opositores y da un escalofrío. No parece que puedan desmontar lo avanzado para regresar a las épocas de Menem y De la Rúa sin una grave conmoción social, represión, muertos…

–Cuando los líderes opositores, condicionados por los medios y los grandes poderes de la Argentina, tomaron la decisión de romper la tradición histórica parlamentaria de que el que tiene la mayoría administra la cámara y preside la mayoría de las comisiones más importantes, las que tienen que ver directamente con la gobernabilidad, escupen al cielo. Porque están creando un antecedente pésimo para la gobernabilidad y para la maduración de un proyecto nacional. Es el resultado de una lucha de fondo por el poder económico y ellos son los voceros de los poderes concentrados. Quieren evitar que nuestro proyecto se profundice, y por eso ponen y pondrán todas las trabas posibles. Palos en las ruedas.

–El peligro mayor, con todo, parece ser la inflación derivada de aumentos injustificados de precios por los grupos concentrados que los forman. Si no hay competencia, va de suyo que es más fácil aumentar los precios que la producción. Algunos artículos están a mitad de precio en los supermercados chinos respecto a las grandes cadenas. El golpe más temible, me parece, viene por la erosión del poder de compra de los pobres y asalariados.

–También en esto son necesarias políticas públicas. La Ley de Medios permitió ventilar el tema de los oligopolios, ponerlo a debate. Fue importante instalar estos conceptos de monopolios y oligopolios porque nosotros vivimos un proceso de concentración económica muy fuerte, donde muy poquitas manos manejan los insumos básicos para la producción, y donde hay 20 empresas que manejan el 80 por ciento de todos los alimentos. Además está la concentración de la comercialización en los supermercados.

–Creía que ahora que Guillermo Moreno está lidiando con Papel Prensa, lo ibas a reemplazar en Comercio Interior, por lo que tu nombramiento como embajadora en México me sorprendió. Y es que no se ve mucha gente calificada para aquella función y son muchos los partidarios del gobierno que, a la luz de las evidencias, consideran que la receta de Moreno para evitar que los precios se disparen está agotada.

–Al principio la tarea de Moreno fue muy importante para parar una cosa que venía muy fuerte. Algo que (Roberto) Lavagna había minimizado pero que amenazaba con convertirse en una avalancha. Pero creo que llegó la hora de profundizar el modelo de distribución y crecimiento autónomo. Que hay que luchar por poner en caja a los formadores de precios a la vez que se efectúan las inversiones necesarias para insuflar más competencia en los mercados oligopólicos. Que es una batalla en la que debemos redoblar nuestros esfuerzos.

–¿Es una tarea posible con la composición actual del Congreso?

–Creo que es posible hacerlo con las normas vigentes. A mí me tocó en muchas oportunidades, cuando estaba en la Subsecretaría del Consumidor, recibir a muchas empresas pequeñas de mi provincia que venían con planteos de que las grandes empresas que manejaban sus insumos se aprovechaban de que eran el único oferente para imponerle precios y condiciones abusivas, y que si hacían la denuncia en Defensa de la competencia, el denunciado se enteraba enseguida quién lo había hecho. Y aunque inmediatamente no pasaba, al poco tiempo… los mataban. Por eso yo presenté en la Cámara de Diputados el proyecto de crear la fiscalía de Defensa de la Competencia. De modo que la subsecretaría tomara la denuncia, y la fiscalía la impulsara, resguardando la identidad del denunciante.

–¿Y qué pasó con el proyecto?

–Se aprobó en Diputados y se cayó en el Senado. Ahora volvió al Senado. En estos temas, en lo que es la lucha contra los monopolios, el último proyecto que presenté con (Agustín) Rossi, (Adela) Segarra y otros diputados es para regular los medicamentos en el marco de control de precios, por ser un bien social.

–Tu partida a la embajada de México te sustrae de esta lucha…

Como reivindico los proyectos colectivos, uno evalúa en dónde puede ser más útil. México es un destino muy importante. Es el segundo país de Latinoamérica en importancia después de Brasil y hay un desafío en el tema de la integración para traerlo más al sur. Por un lado está eso, y por otro nos une mucha historia. Muchos argentinos se exiliaron en México durante la dictadura, y no pocos se quedaron allá. Por eso se puede trabajar por una integración no sólo económica, dónde México es un gran mercado para los productos y servicios argentinos, sino también en otros ámbitos, tanto políticos como sociales. Estamos juntos en el G-20 y debemos trabajar la integración de México con Unasur.

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