Una hormona impide tomar decisiones a los hombres

Por Mirko Vittelone, especial para Causa Popular.- “Frente a una mujer sensual, los hombres toman malas decisiones”. Tan asombroso título encabeza un artículo publicado por el diario La Razón el 20 de abril pasado en su página 10, donde se informa sobre un descubrimiento llevado a cabo por los científicos de la muy jesuítica universidad de Lovaina, en Bélgica. Causa Popular analiza sus derivaciones, alcances y otros detalles escabrosos que el diario prefirió silenciar.

Un estudio científico publicado en Gran Bretaña por la revista de la Royal Society (club de nobles y comerciantes curiosos que se hiciera famoso en el siglo XIX por organizar la vuelta al mundo en 80 días) reveló que hay una relación directa entre el nivel de testosterona, una hormona que regula el deseo sexual masculino, y las decisiones incorrectas.

El estudio, realizado por la prestigiosa universidad belga de Lovaina, o Leuven en flamenco, es minucioso y abunda en citas eruditas, investigaciones clínicas y estudios de opinión.

No se esperaba menos de una casa de estudios que se hizo famosa por adiestrar a los psicólogos jesuitas encargados de poner en caja, en las profundidades de un convento medieval ubicado cerca de Santiago de Compostela y a pan y agua, a cuanto sacerdote sea ganado por conductas pecaminosas.

Se sabe de que tres de esos pacientes son argentinos, aunque los especialistas en tratamientos especiales de la Iglesia estiman que el número sería mayor.

En Bélgica se pondrá próximamente en venta una tabla complementaria, a unos pocos euros. Con ella en la mano, cualquier persona entrenada podrá medir cómo se van tomando peores decisiones a medida que aumenta la concentración hormonal.

“Todo hombre joven que se haya pasado seis meses escalando el Everest, explorando el Ártico o a bordo de un velero, donde por tradición no se permite la presencia de mujeres, tenderá a tomar decisiones entre muy equivocadas y temerarias”, dice el informe.

El aislamiento es común dentro de la actividad militar. Nada se dice en el estudio sobre los patriotas que marchan a la guerra hacia lugares distantes, pero se considera que las violaciones punitivas y la confraternidad en los dormitorios de los cuarteles contribuyen a bajar el nivel de testosterona.

Auscultados en el puerto de Rotterdam por los científicos belgas, cuarenta marineros de un dragaminas taiwanés presentaban niveles de testosterona superiores a 115 c.c por litro de sangre luego de hacer un viaje de ida y vuelta sin escalas al continente antártico.

Esa concentración es diez veces mayor a la habitual en un individuo de 30 años, segundos antes del vigésimo intento por consumar el himeneo con una pareja esquiva.

El médico encargado del análisis confirmó que los ojos de los hombres de mar presentaban un equívoco aspecto lechoso, el pulso iba de irregular a galopante, sufrían palpitaciones, agresividad, alucinaciones y nula coordinación cerebral. Ocho de ellos se babeaban.
Confirmando la hipótesis científica, el 52.4 % decidió bajar al muelle por estribor aunque la planchada estaba colocada a babor.

La investigación señala que el descubrimiento tendrá gravitación en el ámbito financiero, donde las decisiones suelen influir sobre millones de seres humanos y países enteros, pero todos los científicos coinciden en que el modelo podría aplicarse a otros aspectos de la vida social y convertirse en paradigma.

Será muy bienvenida por bancos, fondos de inversiones y agentes de bolsa, porque les permitirá, con un análisis sanguíneo muy accesible, limitar la incorporación de hombres con altos niveles de esa hormona, aunque ellos seguirán siendo útiles en actividades secundarias como vigilancia, limpieza, manejo de ascensores y secretarios ejecutivos.

Los “fondos buitre” de Wall Street, por ejemplo, operan exclusivamente con mujeres desde que una decisión pifiada los llevó a comprar bonos de la deuda argentina en default.
La investigación de Lovaina confirma ahora que haber cesanteado a todos los operadores masculinos fue una decisión dura pero correcta, tomada por hombres sin testosterona o por gerencias a cargo de defensoras de género. Esto abre un amplio campo laboral para la comunidad gay, cuyas oportunidades estaban limitadas hasta el presente a peluquerías y casas de alta costura.

Del estudio podría concluirse que la condición necesaria para un matrimonio feliz es que la decisión de pedir la mano de la dama sea tomada exclusivamente por hombres con cero testosterona.

Eso aseguraría una decisión cien por cien correcta, y revitalizará el hoy alicaído mercado de la fertilización asistida. Como consecuencia natural del descubrimiento, los científicos aseguran que se acabarán los divorcios y la felicidad reinará en el mundo, que tanta falta le hace.

El Vaticano recibió la noticia con satisfacción, sobre todo porque viene de una de sus universidades predilectas, donde se estudia en profundidad el pensamiento de San Ignacio de Loyola.

El vocero de prensa de la Santa Sede comentó que a partir de ahora los horribles métodos de prevención del embarazo tienen los días contados. “El preservativo, esa invención satánica, se convertirá en un objeto de consumo obsoleto”, sostuvo el vocero.

Los nuevos matrimonios heterosexuales, especuló un analista social de la misma universidad, tenderán a parecerse cada vez más a una pequeña congregación de viejos amigos, una sociedad comercial, una ong con intereses compartidos o un geriátrico en miniatura, entre otros muchos modelos.

Teniendo en cuenta la relación entre esa hormona y la agresividad, los científicos especulan que los varones con altos niveles de testosterona podrían dedicarse a sostener guerras preventivas existosas, como la de Irak. Se sugiere también que practiquen boxeo, trabajen de extras en películas violentas o como suboficiales en las comisarías del Gran Buenos Aires, pero nunca contraigan matrimonio.

Otra conclusión de la investigación es que los estímulos sexuales no alteran en lo más mínimo el poder decisional de las mujeres. Su coordinador, el doctor Siegfried Dewitte, aseguró: “En las mujeres, tanto más correcta es la decisión cuanto mayor es el estímulo sexual”.

Siempre se había creído que sólo ellos tenían una idea fija. Ahora se sabe que ellas también la tienen, pero no es la misma.

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