Una embestida clase B o cómo la derecha uruguaya aprovecha el escándalo de la valija

Voltear los acuerdos petroleros entre ANCAP y PDVSA y atacar la estrategia del gobierno venezolano para la región son las razones últimas de la ofensiva política de la oposición, que agita supuestos videos y fotografías para desacreditar a ministros y funcionarios uruguayos.

La comparecencia del ministro Jorge Lepra y del presidente de ancap Daniel Martínez en la Comisión de Industria y Energía de diputados, el miércoles 22, fue reveladora de los objetivos que persigue la oposición blanca y colorada en la ofensiva política que viene desplegando desde hace semanas: la irrupción en escena de un oscuro personaje interceptado en Buenos Aires con 800 mil dólares no declarados en la aduana disparó sospechas de corrupción y una andanada de exabruptos sobre los funcionarios uruguayos responsables de las negociaciones petroleras con Venezuela.

En el centro del escenario, ocupado por denuncias sobre pérdida de soberanía e ilegalidades contenidas en los contratos firmados entre los presidentes Tabaré Vázquez y Hugo Chávez, se instalaron ahora presuntas fotografías y videos con aspiración de convertirse en pruebas de corrupción.

Vale la pena extenderse en la reproducción del diálogo en la citada Comisión de Industria. Hizo punta el diputado blanco Pablo Abdala, con una referencia a “la presencia de Chávez, que ha estado claramente contaminada por episodios bastante sórdidos, por no decir escandalosos, vinculados a la presencia de un señor llamado Antonini Wilson en el Río de la Plata, en el Uruguay, y de una valija que no llegó a Uruguay -no sabemos si tenía por destino nuestro país-, pero que sí llegó a Argentina. Podría hablarse del episodio de la valija que llegó a Buenos Aires llena de dinero o del pasajero que llegó a Montevideo sin equipaje, porque las dos cosas sucedieron.

No sé qué grado de vinculación o de relación tienen, pero evidentemente esos dos hechos acontecieron. ¿Cómo va a confiar la gente en un acuerdo directo con Venezuela para el destino de nuestra refinería en un contexto tan contaminado y tan complicado como este que acabo de describir?”.

El diputado hizo malabarismos para involucrar al ministro Lepra: “Del señor Antonini Wilson, entre otras cosas, se dice -yo no lo creo pero se dice- hasta que hay registros gráficos, fotográficos y fílmicos, de este señor con el propio señor ministro Lepra. Yo no lo sé pero esas cosas también se están rumoreando. Han llegado versiones a mi despacho y yo las quiero plantear”.

Lepra reaccionó dolido: “Asumí esta posición hace aproximadamente tres años para devolver al país todo lo que el país me había dado de formación, de transparencia. Es muy doloroso que se insinúen cosas sobre mí; es muy doloroso. Creo que le hace más daño a quien las insinúa que a mí, pero de todas formas otros juzgarán eso. Yo dije el otro día, ante la pregunta de un periodista, que yo no recordaba haber conocido al señor Antonini, pero también dije que podía haber sucedido, porque hay reuniones y se presenta mucha gente que viene a invertir, por lo que podría haber sucedido.

De todos modos, creo que yo no he tenido una reunión con él, nunca lo vi cara a cara, nunca me di ni siquiera socialmente con esta persona. Pero si hubiera estado, lo importante no es si estuve, lo importante es cómo yo me comporto frente a esa persona. Porque si vamos a buscar fotos, en el pasado yo tengo fotos al lado de algunos subsecretarios de gobierno que fueron procesados y al lado de permisarios de ondas que fueron procesados. Y tendré muchas fotos. Y después esa gente resultó procesada. Pero, ¿qué pasa? Uno conoce a mucha gente en esta vida y he conocido a mucha gente”.

El otro Adbala, el colorado Washington, tomó la posta: “No, no se trata del tema de las fotos, ministro. Este es un tema grave para el país. Yo tengo fotos con usted, señor ministro, en clubes colorados, hace muy poco tiempo. Le diría que en la elección interna anterior tengo una foto con usted, con mi amigo Michelini, con Pedro, con el doctor Sanguinetti, compartiendo en aquel momento las elecciones internas del Partido Colorado, y usted fue a nuestro club. Así que yo también tengo fotos con usted. ¡A mí no me importan esas fotos! Me importan las fotos o los encuentros que usted en carácter de ministro de Industria, Energía y Minería tuvo con quien tuvo. Ese es el tema. Y si usted o el subsecretario o miembros del gobierno estuvieron reunidos con Antonini Wilson, no es un tema menor”.

El ministro Lepra interrumpió: “Acabo de decir que no”. Y entonces Washington Abdala reveló la aspiración de la oposición: “Perfecto, pero algún otro miembro del gobierno tiene que haber estado, porque este señor visitó Uruguay seis veces”.

Las razones verdaderas. Así como es evidente que la oposición “necesita” que el señor Antonini se haya entrevistado con ministros, menos clara resulta una intención de involucrar directamente a Lepra o a Martínez en algún episodio de coima, hipótesis descabellada. ¿Por qué se adentran estos diputados en arenas movedizas que podrían tragarlos? El colorado José Amorín Batlle expuso claramente la intención última. No le importan las fotos, dijo, lo que le importa son los procesos de negociación de los acuerdos petroleros: “Quiero ver especialmente -repito- cómo funcionan esos expedientes, quién informa, por qué se toman las decisiones.

Vuelvo al principio. ¿Cuántas veces viajaron? ¿Con quién se reunían? Acá ya no es Antonini -aunque es, porque es él que traía la valija-, acá es Uzcáteguy (Diego, director de despacho de la presidencia de pdvsa). Me parece que esos son los temas. Con Uzcáteguy, ¿firmaron algo? Uzcáteguy cayó ahora por hechos de corrupción. Repito: no estoy acusando por corrupción; estoy acusando por falta de transparencia. Ese es el tema, señor ministro. Si usted tiene voluntad de hacerlo se soluciona en dos minutos”. Y como el ministro Lepra aseguró que esa es la voluntad del gobierno, Amorín dio otra vuelta de tuerca: “Me alegro mucho. ¿Sabe una cosa? De ahora en adelante cuando negociemos con esos países que se mueven con valijas, abra el juego”.

La sesión de la Comisión de Industria finalmente dejó en claro que lo que explica la ofensiva política de los últimos días no es la valija ni los 800 mil dólares. Son los acuerdos petroleros y el conjunto de las relaciones con Venezuela.

¿Por qué la oposición resiste tanto unos acuerdos petroleros que beneficiarán significativamente al país, resolviendo sus necesidades de crudo en condiciones económicas ventajosas y que aportarán autonomía a ancap? Porque tales acuerdos consolidan la estrategia del presidente Chávez en la región. Y ello, hasta cierto punto, significa convalidar a un régimen que, según el ex presidente Jorge Batlle, “no es un gobierno demócrata, ni menos transparente ni menos un gobierno limpio”. En la misma sintonía, el ex presidente Luis Alberto Lacalle afirmó que la vinculación con Venezuela, en vez de ser positiva es conflictiva y llena de potenciales problemas, además de mostrar “olor a corrupción”.

Detrás de la ofensiva de sospechas e insinuaciones hay, por tanto, un componente ideológico: la derecha se atraganta con el régimen bolivariano, y al encuadrarse en el campo de los detractores sacrifica los acuerdos petroleros, aun cuando algunas de sus exigencias, como el llamado a licitación para concretar la transformación de la refinería de La Teja o la construcción de una regasificadora, fueron explícitamente aclaradas y confirmadas por los voceros oficiales.

En alguna medida, la desesperada utilización del episodio de la valija revela la urgencia por revertir un proceso que inexorablemente se concretará a fines de año: la oferta de pdvsa no podría ser igualada en el proceso de licitación porque en la ecuación económica y financiera resulta insuperable. Además, voltear los acuerdos petroleros es una condición necesaria para combatir la estrategia de integración latinoamericana que impulsa Chávez.

EL FACTOR PETROBRAS. Queda la interrogante de en qué medida los voceros de la oposición que hacen punta en contra de los acuerdos petroleros toman posición en la puja que, a nivel continental, sostienen PDVSA y la brasileña Petrobras.

En el juego de tensiones entre los dos colosos sudamericanos Uruguay pasó a desempeñar un rol no previsto. En cierto plano, en la presidencia de Petrobras se consolida una concepción que advierte los aspectos negativos de una confrontación con pdvsa en la competencia por los mercados sudamericanos y por un liderazgo que puede hacer peligrar el objetivo de un frente común.

Como también ocurre en pdvsa, en Petrobras las políticas no son uniformes. La gerencia internacional de esta última, que ciertas fuentes adscriben a la tendencia “paulista” de la petrolera, explota cierta autonomía que se refleja en las orientaciones que se despliegan en el Río de la Plata, y que intentan utilizar a Uruguay como ariete para la conquista del mercado argentino y, consecuentemente, detener el impulso venezolano en Uruguay.

La contratación por parte de Pretrobras de un lobbista vinculado a Lacalle y a Batlle introdujo una práctica que la propia presidencia de Petrobras estima inconveniente. El lobbista en cuestión sería una importante fuente de insumos para los diputados que se han embarcado en la ofensiva de desacreditar a los funcionarios uruguayos vinculados a la energía.

Si la ofensiva de la oposición termina beneficiando las intenciones de Petrobras Uruguay, ello sería secundario. El blanco móvil fundamental de blancos y colorados es Chávez, cualesquiera fueran los beneficios que pudiera obtener el país.

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