“Una dolarización sería costosa, inútil e imprevisible”

¿Por qué hay inflación? ¿Qué medidas deberían tomarse? ¿Qué es una economía bimonetaria? ¿Se puede dolarizar la economía argentina? Estas son algunas de las preguntas que el analista Ignacio Trucco contestó para Revista Zoom

El triunfo electoral de La Libertad Avanza cambió drásticamente la agenda de debate. Todas las discusiones, fundamentalmente las mediáticas, pasan por revisar críticamente las propuestas que Javier Milei argumenta cada noche en el prime time de la televisión. 
La dolarización de la economía es uno de las puntos centrales, lo que empuja a varios sectores de la economía a sentar posición. Empresarios, dirigentes gremiales, figuras políticas e intelectuales de enfoques programáticos diversos buscan explicar los alcances, y en muchos casos, las consecuencias del cambio monetario.

Para profundizar el debate sobre las causas de la inflación y los efectos de una posible dolarización, entrevistamos al doctor en Economía, Ignacio Trucco. El analista es profesor en la materia Desarrollo Económico en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), y se desempeña como docente en la disciplina Teoría del Crecimiento y Desarrollo Económico de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). Trucco conduce además, junto a Cecilia Volken, el programa de radio “Economía de Bolsillo”, en la sintonía de la UNER (100.3) de Concepción del Uruguay.


¿Qué evaluación haces del escenario inflacionario?


La inflación en Argentina tiene varios componentes. El primero, y más evidente, explica el mecanismo de indexación y la persistencia de la inflación. Se trata de la capacidad que tienen distintos grupos sociales y económicos de la economía argentina para negociar: empresarios, sindicatos, terratenientes, productores, entre otros.

En el país creamos capacidad de negociación, cultura de indexación de precios, y memoria inflacionaria. Esta puja distributiva genera un 20% de inflación. Este mecanismo es el que permite trasladar los incrementos a precios haciendo que la inflación persista en el tiempo.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la inflación cambiaria. Cada vez que nos quedamos sin divisas, arranca un proceso de devaluación que va administrando los límites del crecimiento. Durante el proceso se producen algunos efectos conocidos: caída en el salario real, merma en el consumo, aumento en el precio de los alimentos, caída de la actividad económica y caída de las importaciones.

El tipo de cambio funciona como el mecanismo para regular los límites del crecimiento y repercute significativamente en la inflación. Se producen saltos cambiarios que elevan la tasa algunos puntos con cada movimiento de la cotización. Este fue el escenario de la última devaluación que implementó el gobierno.

Las oscilaciones se observan principalmente en el tipo de cambio oficial, donde el impacto tiende a ser más fuerte. Las cotizaciones no oficiales, es decir, aquellas que no están destinadas al pago de importaciones, también pueden surtir efectos negativos, pero son significativamente menores.

En tercer lugar, está el aumento del precio de los alimentos a nivel mundial. Eso generó saltos inflacionarios importantes. Sus consecuencias se trasladan hacia el mercado local cuando no se gestionan políticas de compensación. Por ejemplo, el aumento de las retenciones.

En cuarto lugar, agregaría la crisis de deuda externa. Cuando en el 2018 Argentina solicitó el préstamo del Fondo Monetario (FMI) aumentó significativamente el endeudamiento externo. Como el gobierno de Macri no pudo hacer frente a los compromisos, se produjo una salida de capitales que profundizó la vulnerabilidad de las economías emergentes.

En aquel momento la fuerte devaluación trajo grandes consecuencias: un salto inflacionario, una caída del poder adquisitivo, la contracción de la actividad económica, entre otras. Este cuarto elemento incorpora una devaluación que empuja la inflación del 20% al 50%.

En definitiva, lo que tenemos son un conjunto de fenómenos (puja distributiva, crisis de deuda, aumento de precios internacionales de alimentos, la sequía de la cosecha, y la suma de devaluaciones de corto plazo) que impactan en la tasa de inflación. Alcanzados los límites en el crecimiento económico y productivo, con las importaciones superando a las exportaciones y sin margen para insistir con el financiamiento en el exterior, la situación no es sencilla.


¿Qué te parecen las medidas que ha tomado el gobierno para contrarrestar esta situación?


No se puede esperar reducir la inflación drásticamente. Para ello tiene que haber modificaciones. Puede ser la desaparición de alguno de estos mecanismos, puede ser un cambio institucional, o bien, puede ser el ingreso de dólares.

La Argentina inició un proceso de recomposición económica, recuperación del valor de sus activos y, por tanto, de monetización de la economía nacional. Si bien hay devaluaciones, la inflación va más rápido que la depreciación provocando que los factores de producción (trabajo, capital, tierra) se encarezcan en dólares, incluso los salarios, a pesar de su ostensible caída.

Esto nos indica un poco lo que puede venir en el futuro. La inflación no va a bajar, probablemente siga dando saltos cada tanto, pero no se va a espiralizar como en la “hiper” del ‘89.

El gobierno tomó la medida de devaluar para hacerse de los dólares necesarios que requerirá en los próximos meses. Explicado de otro modo, el oficialismo trata de bajar la actividad ahora para gastar más cerca de las elecciones generales. También intenta hacerle un guiño a los sectores que no lo votaron y al Fondo Monetario Internacional, cuya responsabilidad es darnos la liquidez de dólares necesaria en un contexto donde también hubo una sequía extraordinaria de la cosecha.


¿Qué medidas debe tomar el gobierno para compensar el incremento de precios generado por la devaluación?

El efecto de la actividad económica va a estar y va a durar durante un tiempo. Pero los efectos políticos pueden compensarse con medidas de transferencia, con políticas sociales, o de asistencia a los más afectados. Eso creo que puede tener un efecto significativo.

Algunos analistas sostienen que el principal problema de la Argentina es la economía bimonetaria ¿Estás de acuerdo? ¿Podes explicar qué es una economía bimonetaria?

Decir que la economía es bimonetaria es un poco confuso. No habla exactamente del problema argentino. Uno de los rasgos peculiares del capitalismo argentino es que en los últimos cuarenta años se produjo una acumulación de activos externos en forma de billetes y monedas. Es un activo externo bastante ruinoso que no te genera interés.

Todas las economías del mundo forman activos externos. Uno no debe sorprenderse frente al fenómeno. Argentina tiene más activos externos que pasivos. Es decir, es acreedora como economía en su conjunto en relación a las deudas que tiene con el resto del mundo. El problema es que los tiene en forma de billetes y monedas, aunque la proporción no es nada extraordinaria. Es el 80% de los activos externos que tenemos. Genera un interés negativo en un contexto de inflación internacional a la baja. Eso supone una cuenta permanente de salidas de divisas para pagar los intereses de nuestra deuda sin utilidades por nuestras inversiones. No es una economía bimonetaria, sino una economía que tiene un problema interno en función de conflictividad, inestabilidad, y tendencia al estancamiento que acumula activos bajo esta modalidad. Creo que esto especifica un poco mejor la situación del capitalismo argentino antes que la caracterización de economía bimonetaria. Es poco preciso.

¿Qué significa dolarizar la economía?

Proponer una dolarización tiene poco sentido, ya que, en rigor, implica tomar deuda. Significa pedir 40 mil millones de dólares a costa de hipotecar la deuda existente, ya que para lograr que una economía cambie de signo monetario, se requieren muchos dólares. No va a funcionar, porque es probable que la tendencia al ahorro de los argentinos provoque una crisis en la balanza de pagos, una ruptura del patrón monetario y una recesión económica.
Pensemos el escenario hipotético en que los argentinos adoptaron el dólar para demostrar la falibilidad de la propuesta. Cómo respondería el sistema financiero cuando el ciclo ingrese en crisis y las personas demanden sus dólares. La divisa no va a estar, ya que no hay liquidez y el sistema financiero caería del mismo modo que en el 2001.

Finalmente, la otra opción que plantean es “los dólares existen, los tiene el público en billetes y monedas guardados”. La pregunta que me hago es ¿por qué razón los tenedores de dólares van usar ese dinero para entregarlos como medios de cambio? ¿a cambio de qué? Eso no está claro. Lo más probable es que no lo hagan. Si el Estado se endeuda para poner dinero en la calle, es probable que los argentinos guarden esos dólares y busquen otra moneda privada.
Se produce una combinación novedosa. Una experiencia económica parecida a la del 2001, es decir, recesión y falta de liquidez, en un contexto de altas probabilidades de crecimiento y estabilización de los precios, En ese contexto una dolarización sería costosa, inútil, peligrosa e imprevisible.

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