Una buena señal

El sábado pasado en el club Unidos de Pompeya se desarrolló una jornada de la militancia peronista porteña denominada cabildo abierto. Una de las tantas, si no fuera por el marco político y el clima en que tuvo lugar.

Una mañana super lluviosa que, en otro momento, hubiera sido un seguro pretexto para seguir de largo en la cama. Esta vez, a las 10 de la mañana ya había más de mil quinientos compañeros. Formalmente se inició la jornada y se pasó a las comisiones de trabajo, numerosísimas por cierto. La de jóvenes eran más de cien, cuestión que dificultaba un poco el trabajo pero todo se superaba con ganas.

Conversando con algunos de los organizadores, se manifestaban sorprendidos por la cantidad de compañeros que se dieron cita. Como en los festejos del bicentenario, nadie esperaba semejante «marea humana», salvando las distancias. Es más, algunos decían como chiste que muchos habían seguido de largo de los festejos.

¿Puede ser que los dirigentes no tengan una acabada lectura de lo que está pasando en la calle? Esa fue la pregunta que rondó toda la mañana del sábado.

Me atrevería a decir que por lo menos no hay una lectura completa y política de la etapa que se viene. Hay sí miradas y opiniones políticas parciales, o con cristales muy ahumados, pero que a fuerza de vocación van afilando la puntería.

Como ejemplo, en el cierre de esta jornada había en el escenario ministros, secretarios de Estado, subsecretarios, diputados, senadores, dirigentes de peso del peronismo y, sin embargo, nadie se mató por cerrar. Se leyó un documento por intermedio de un locutor. En otros tiempos, definir el orador final era materia de fragmentación. Esta vez fue un símbolo de unidad.

Apenas es el principio, solo eso. Pero es imprescindible para marcar el rumbo político que queremos llevar adelante para ser alternativa de gobierno en una ciudad que, por otra parte, debe denodadamente enmendar el gravísimo error de haber apoyado a una derecha que, apenas asumió, demostró lo único que sabe hacer: destruir y dilapidar el patrimonio del Estado y sus políticas sociales y culturales, que tanto esfuerzo nos costaron a cada uno de los ciudadanos.

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