Un salpicón agridulce

Ayer por la noche un dúo de picaros promocionaba la supuesta decisión del Colo-Colo (Colorado-colombiano) de competir en la internas adentro del Partido Justicialista como la noticia más importante del día. Del modo en que la presentaban, quedaba implícito que se trataba de una mojada de oreja para Néstor Kirchner. Me pregunté si el Colo-Colo estará afiliado al PJ, y si es lógico considerarlo peronista sólo porque tuvo el dinero suficiente como para comprarse el último uniforme del General y algunos de sus libros. Del mismo modo en que Macri podría haber pedido participar en las internas de Ríver o Santilli en las de Boca a condición de haber comprado una camiseta de su rival. Escuchando anoche al dúo podría darse por supuesto que el Colo-Colo (colorado, colombiano, co…) desafiaba a K en la interna pejotista luego de haberlo batido en la provincia. Pero hoy, leyendo el diario, veo que no es así, que se trata de que Colo-Colo apenas si plantea que, reforma política mediante, como mantiene su ilusión de alcanzar la gobernación de la provincia, se verá obligado a presentarse a las internas del PJ bonaerense, única manera en que considera que puede lograrlo.

Su falta absoluta de respuesta al hecho de haber llamado varias veces al teléfono de un capo del narcotráfico conocido como “El rey de la efedrina” hace que al Colo-Colo algunos lo llamen Cococo. Los que así lo hacen suelen agregar que “sólo le falta ser puto”. Exageran: si de algo no es sospechoso el Colorado es de pasividad. Al contrario, se ha vanagloriado públicamente de “haberle roto el culo a los pingüinos”. No es así como se expresa un manfloro, aunque sí acaso lo que los castizos llaman buja y los lunfas bufa, acaso por su característica de soplanucas. Aquella frase es lo único recordable de la actividad del ínclito líder opositor desde su triunfo electoral del 28 de junio hasta ahora. Aunque debe reconocérsele que fue aquél efímero día de gloria cuando exigió que se procediera a una reforma política. Del mismo modo en que hay que reconocerle a los K que prontamente la ejecutaron, satisfaciendo su petición. “¿Querés reforma? ¡Te la vas a comer toda!”, se diría que exclamaron a dúo aquella noche aciaga, cuando Néstor, furioso, se subía por las paredes.

Una noticia verdaderamente importante es que el Senado brasileño se apresta a aprobar, después de larguísimas dilaciones, el ingreso de Venezuela al Mercosur. Que es tanto más importante ahora que el Premio Nobel de la Paz se dispone a meter tropas en nada menos que siete bases militares de Colombia. Es decir, cuando la Venezuela de Chávez tiene un revólver apuntándole a la sien. Que Cristina y el Pepe Mujica hayan resuelto aislar y encapsular el conflicto por la pastera de Botnia y que se relance con fuerte énfasis en las instituciones políticas el proceso de integración suramericano es una gran noticia, que ojalá sea coronada en Chile por la derrota en segunda vuelta de la derecha pinochetista al socaire de la certeza de que la muerte del ex presidente Eduardo Frei en 1982, luego de una operación programada que desembocó en una infección fulminante, fue un asesinato ejecutado por médicos de la Central Nacional de Inteligencia (CNI, ex Dina), es decir, aunque jamás vaya a poder probarse, por orden de Pinochet. Recuerdo que la primera vez que expresé mi parecer de que así habían ocurrido las cosas (después de enterarme qué clases de experimentos se hacían en el laboratorio que regenteaba en el barrio de Las Condes santiaguino el químico Eugenio Berríos –posteriormente asesinado en Montevideo– que se había jactado de que “nadie resiste el golpe de una sola espora dorada”), un querido amigo residente en Nueva York me tachó de “complotista”. ¡Qué dirá cuando quede establecido que lo del 11-S en su querida NY y en Washington DF fue un montaje!

Pero hay que estar muy pero muy atento a lo que pasa en Paraguay. Todas las prevenciones son pocas después de lo que pasó en Honduras. Es prácticamente seguro que después de su éxito allí, los golpigorilas pitiyanquis lo intentarán en Paraguay donde vastos estamentos del Estado son enemigos del presidente Fernando Lugo, que está en minoría en el Congreso y carece de un partido bien organizado. Hay que parar el golpe en marcha y eso se hace con señales claras de Brasil y Argentina de que no se lo tolerará, y que se apoyará por todos los medios al presidente constitucional.

Hay alegrías menores. Como que Adriana Varela cante para las Madres de Plaza de Mayo (lo que nunca haría me temo el admirador de su “garganta de arena”, Cacho Castaña) y que Spinetta, después de haber firmado el documento constitutivo de Carta Abierta, se haya despegado de la prédica derechista de Rozichtner hijo, apodado “El Nono” y asesor de Macri, el factotum de una policía que ya antes de nacer se corrompió hasta los tuétanos, médula o caracú. Un ídolo El Flaco, acaso el único que nunca defraudó.

El otro día, hablando animadamente con dos compañeros treintañeros, uno planteaba que los dirigentes de Montoneros, en particular, y de la guerrilla de los años ’70, en general, hubieran sido más sabios y menos suicidas si alguna vez hubieran fumado un porro. Y tendí a estar de acuerdo, tras recordar que Spinetta y sus amigos Emilio Del Guercio y Edelmiro Molinari fueron radiados de las Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional (Jaen) de Rodolfo Galimberti y Beto Ahumada porque El Flaco no quiso dejar de fumarlos. Pero no me puedo imaginar a Firmenich fumando un porro. Ni a palos.

El nuevo ministro de Educación del Gobierno de la Ciudad es un reaccionario feroz, partidario de la dictadura y misógino perdido. Lo nombraron al mismo tiempo que aparecía una nota suya en La Nación que no tiene desperdicio. Es increíble la manera abyecta en que le chupa las medias a los grandes medios enfrentados a los K. Y por muchas otras cosas. Léanla aquí.

Y si a Abel Posse le gusta arremeter contra los “estupidizados por el rock” (sic), al policía Julio Simón, alías “El Turco Julián”, un feroz torturador, le gustaba poner óperas de Verdi a todo volumen a la hora de golpear, romper huesos, violar. Y otro represor, un tal “Quintana” (cuyo nombre verdadero es Eugenio Pereyra Apestegui) que tenía complejo de petiso, es recordado por sus víctimas como el que en medio de feroces “bailes” militares los obligaba a escuchar discursos de Hitler y canciones de Nino Bravo… ¡Qué horror! (para mí, la música de fondo de la represión son las canciones almibaradas hasta la náusea de Julio Iglesias, que sonaban en casi todos los bares y “confiterías” allá por aquél año aciago de 1976). Todo esto viene a cuento del inicio de los grandes procesos por Campo de Mayo (seguramente el mayor campo de concentración del país, del que apenas hubo sobrevivientes), ESMA y el circuito Club Atlético-Banco-Olimpo, el circuito de campos de la Policía Federal, que siempre tuvo su centro neurálgico en la antigua Coordinación Federal de la calle Moreno 1417, que en la dictadura se llamaba Superintendencia de Seguridad Federal. Los grandes juicios están poniéndose en marcha con muy pobre cobertura por parte de los diarios y canales que en aquellos tiempos eran tan pero tan obsecuentes con la dictadura asesina.

Ahora ya no se mata por política. Pero sí por cualquier pavada. Ha muerto Rubén Carballo, de 17 años, al que policías no sólo le rompieron la crisma cuando se disponía, entrada en mano, a ver el show de Piti Alvarez y Las Viejas Locas en Vélez, sino que además lo tiró a unas cuadras de ahí, negándole una atención que acaso hubiera podido salvar su vida. Carballo es como se llama en gallego a los robles, y el pibe era tan fuerte que agonizó durante 23 días, pero lo cierto es que había ingresado al hospital prácticamente descerebrado. Las versiones más persistentes hablan de que efectivos de la comisaría de Liniers están asociados con la barra brava de Vélez, y que aquél día reprimieron y dispersaron a los que tenían entradas a la vez que abrían paso para que dicha barra brava ingresara al campo. Lo cierto es que miembros de la barra brava de Vélez oficiaban de “trapitos” acomodando los autos de quienes fueron a ver el concierto de Luis Alberto Spinetta y sus bandas eternas. Los acomodaban en abierta infracción (por ejemplo, verticales sobre las ochavas) bajo la mirada de los ocupantes de un patrullero de la seccional, y cobraban de 20 pesos hasta, dicen, 40 pesos (a alguno al que le vieron cara de zonzo). Es de esperar que el caso Carballo se investigue como es debido, y no quede impune, como quedó el homicidio de Walter Bulacio allá por 1991, que fue detenido cuando quería ingresar al estadio de Obras (Sanitarias, hoy Pepsi Music) a ver a Los Redonditos de Ricota.

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