Un país partido en dos (textos)

Con una coincidencia que si no fuera dramática parecería ficción, la Sociedad Rural emitió una solicitada de apoyo a la dictadura militar el mismo día que Rodolfo Walsh fechara la Carta Abierta que desencadenó su secuestro y posterior asesinato. El tenor y contenido de ambos textos contrastados son el terrible testimonio de un país partido expresado en la valentía conmovedora del escritor y la vergonzosa complicidad de los ruralistas con la dictadura genocida.

Frente al conflicto que enfrenta al supuesto “campo” con el Gobierno Nacional, cuando se hace hincapié sobre la tradición golpista de la Sociedad Rural Argentina no se trata de un ejercicio vano. Hay muchos documentos que certifican su entusiasta adhesión al golpe militar de 1976.

Uno de los más nítidos es la solicitada que dicha entidad publicó para el primer aniversario de la dictadura el 24 de marzo de 1977, donde deja bien en claro cuál es su modelo de país para la Argentina. Como contrapunto a esa visión está la Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar del mismo día. Ya se sabe cuál fue el destino de cada uno: la Sociedad Rural recibió los privilegios de su personero José Alfredo Martínez de Hoz, en cambio Rodolfo Walsh fue fusilado por un Grupo de Tareas por su osadía de criticar a la Junta.

Con respecto al balance del primer año dictatorial estas son las conclusiones que hacía, en ese momento, la Sociedad Rural:

Hoy hace un año que el país se debatía en la más profunda de las crisis por las que ha atravesado en su historia. La corrupción, la falta de autoridad, el desgobierno, el crimen como medio político, eran caracteres dominantes de la situación. En lo económico, la inflación descontrolada y el desorden fiscal eran insostenibles. Se estaba al borde de la cesación de pagos; en suma, el país se desintegraba. En esos momentos todos estábamos dispuestos a dar cualquier cosa por tener garantías mínimas de vida y de bienes, por volver a respirar aire puro. (…) Un año después, luego de una ardua labor, varios e importantes son los logros materializados. Quizás mayores aún de lo que nos puedan parecer sin la suficiente perspectiva.

Después de tan “democrática declaración”, ¿será cierto que el Gobierno actual es tan autoritario, según la perspectiva de los señores del campo? Para Walsh la visión sobre ese aniversario era algo diferente:

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades. El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese «ser nacional» que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

La guerrilla apátrida

Para La Sociedad Rural los atropellos denunciados por Walsh eran producto de una campaña antiargentina montada desde el exterior:La guerrilla apátrida y brutal, amparada en buena medida por las anteriores autoridades, ha sufrido rudos golpes y está en franca retirada. Ahora se dedica desde el exterior a atacar al país a través de la prensa izquierdista, cínicamente abusando de la calificación de derechos humanos, que ellos jamás quisieron respetar.

Claro, si ellos eran “Derechos y Humanos” como anunciaba aquella consigna que difundían los genocidas allá por 1979, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llegó al país para saber qué pasaba con los desaparecidos. Una cuestión que Walsh ya ventilaba en 1977. Este es apenas un pequeño fragmento de las valientes denuncias del escritor en la Carta Abierta:

Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados. De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras. La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el «submarino», el soplete de las actualizaciones contemporáneas.

La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

«Sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido»

En sus conclusiones finales deja un testimonio más acabado del horror que montaron los militares, por el que solo se llegaba a la paz a través de los cementerios de los NN.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas. Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles».

Estas terribles atrocidades, que el autor de Operación Masacre denuncia y certifica, son poca cosa para la Sociedad Rural, que no estaba satisfecha del todo por el accionar de las Fuerzas Armadas y pedía más: Sin embargo, queda mucho por hacer. (…) Debemos desarmar el andamiaje creado por casi 35 años de una lenta pero sistemática estatización socializante, que en definitiva ha demostrado su fracaso al empobrecernos a todos y al no haber dado los frutos que algunos sectores ansiosos, confundidos o equivocados, esperaban de su aplicación. Este proceso requiere el apoyo y sacrificio de todos los sectores, sacrificio que deben hacer no sólo los empresarios y los obreros, sino especialmente el Estado, dando el ejemplo a través del reordenamiento presupuestario, que ya ha comenzado la liquidación de las empresas estatales y el redimensionamiento de la burocracia.

Era la letra perfecta para las medidas económicas empleadas por la dictadura y una radiografía exacta del nefasto futuro que le esperaba a la Argentina.

«Apoyo a toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de Marzo de 1976»

Un modelo que se consolidó en la década de los ‘90 y cuyas consecuencias para millones de trabajadores Walsh ya anticipaba en 1977: En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Todas nimiedades para los patrones del “campo”, que prefieren la tranquilidad propia de las botas al juego democrático del disenso, como lo explican en su proclama a favor del golpe: Ahora no debe dominarnos la impaciencia. Volvamos nuestra memoria al 24 de Marzo de 1976 y comparemos la actual situación con aquella, recordemos etapas similares y veremos que las experiencias pasadas nos indican la inconveniencia de actitudes demagógicas, de aperturas políticas prematuras, que pueden entorpecer o demorar una efectiva recuperación del país en todos los órdenes.

Este párrafo deja expuesta la complicidad manifiesta de la Sociedad Rural con la dictadura a nivel político y económico. Un pacto que también denuncia valientemente Walsh en su Carta Abierta: Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales (…) al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete. Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: «Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos.»

Para que no queden dudas de la inescrupulosa connivencia de los señores del “campo”, la solicitada remata con un consejo para todos los argentinos: La Sociedad Rural Argentina reitera frente a los productores y la ciudadanía en general su apoyo a toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de Marzo de 1976, para poder lograr así los fines propuestos, que en definitiva son los grandes objetivos nacionales.

Bien podrían haber dicho nuestros propios objetivos: un país para pocos con alimentos caros, para que ellos los puedan vender al exterior sin problemas y ganar mucha plata. ¿Y el resto de los argentinos? Bien, gracias. Estos eran (son) nuestros “patriotas” de la Sociedad Rural.

Cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia.

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