Un nuevo gabinete para que pocas cosas cambien

Tras la confirmación de un nuevo gabinete que de nuevo solo tiene 4 ministros, del kirchnerismo pareció consolidarse como proyecto político, al delinear un gabinete para la gestión de Cristina Fernández sobre la base de los funcionarios que ya habitaron la Casa Rosada y sin ofrecer cambios ni gestos hacia otros sectores del arco político. La señal de fondo es la continuidad de Alberto Fernández y Julio de Vido, el indicador que confirma que serán pocas las cosas que cambien. Pero, por primera vez desde 2003 cuando Néstor Kirchner asumió en el poder de la mano de Eduardo Duhalde, el kirchnerismo tiene hombres y mujeres propios en el Ejecutivo nacional y en el Congreso Nacional.

Alberto Fernández, Julio De Vido, Aníbal Fernández, Jorge Taiana, Nilda Garré, Alicia Kirchner y Carlos Tomada, son indudablemente kirchneristas. Otro tanto ocurre con el jujeño Eduardo Fellner y el santafesino Agustín Rossi, quienes comandaran la presidencia de la Cámara de Diputados y la jefatura del bloque de legisladores kirchneristas.

Sin embargo, nadie sabe cómo reaccionarán en el futuro inmediato, los peronistas bonaerenses, que fueron despojados de uno de éstos dos cargos que, históricamente, eran destinados a hombres de la provincia de Buenos Aires.

No es casual que a Felipe Solá se lo mencione como candidato a la Embajada argentina en París, en lugar de Eric Calcagno, quien para sorpresa de muchos, figura como suplente de Cristina Fernández en el Senado Nacional.
A esta lista se suman aquellos intendentes bonaerenses que vencieron a los históricos Julio Alak (La Plata), Manuel Quindimil (Lanús), Antonio Arcuri (San Vicente), Jorge Villaverde (Almirante Brown), generando una renovación en el conurbano ex duhaldista.

En ese esquema, el país quedó prácticamente dividido en kirchnerismo y antikirchnerismo. Del otro lado, Elisa Carrió intenta mantener firme su diploma de «Jefa de la oposición» y Roberto Lavagna lucha porque no desaparezca el «lavagnismo», a partir del alejamiento del radicalismo y la dispersión de los peronistas que lo acompañaron y hoy buscan otro liderazgo.

Mientras, Mauricio Macri se prepara para volver a la escena política, como alternativa al gobierno nacional, pero a través de su gestión en la Ciudad de Buenos Aires que arranca con la licuación de todo su capital político.

Cómo gobernar sin Boca y con la mayoría rifada

Para enfrentar ese problema, Macri prepara una batería de anuncios para los primeros días de su gobierno. Así, tiene previsto disponer de unos 3 mil millones de pesos para obra pública. De esa partida, 1.200 millones estarían destinados a mejorar el servicio del subterráneo.

A pocos kilómetros de la sede gubernamental porteña, otro dirigente político se prepara para una nueva empresa. Daniel Scioli asumirá la gobernación bonaerense junto con un gabinete, ya definido, y que alberga a funcionarios felipistas, ex duhaldistas o kirchneristas.

Entre las últimas incorporaciones se destacan las de Alfredo Atanasof (ex duhaldista), Diego Gorgal (hombre de Juan José Alvarez) y, posiblemente, la sobrina nieta de «Evita», Cristina Alvarez Rodríguez. De esa manera, el sciolismo alejó cualquier posibilidad de que Dante Dovena se hiciera cargo del área de Infraestructura, dejada vacante por el radical K, Daniel Katz.

Sin embargo, más allá de los rumores, parece que Scioli hará muchos anuncios, pero muy poca política. Según dicen a su alrededor, su gestión en la Provincia de Buenos Aires será pensada como un trampolín para la presidencia.

Una pena, porque no hay nada peor que la ambición para no ver las necesidades de miles que esperan un armado político para transformar una de las estructuras más conservadoras y corruptas del país. Por lo pronto, su futuro gobernador está sólo preocupado en su futuro y en sus ambiciones.

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