Tribulaciones de un macho alfa que no fue

El gobernador reelecto de Córdoba pendula entre el armado de una alternativa centrista, sus vínculos con Macri y las chances electorales del peronismo opositor. Antecedentes y repertorio de un frontman que rehuye al liderazgo nacional.

El teórico oriental de la guerra Sun Tzu supo decir que había que ser capaz de aprovechar al máximo los defectos del adversario en beneficio propio. Algo de eso parece haber captado Juan Schiaretti, en el preciso instante en que Mauricio Macri se comportaba a tono con otra cita del consejero oriental: “Para el que escatime recompensas, se niegue a conceder cargos, beneficios o unas cuantas monedas de oro a los espías y agentes secretos, no pudiendo conocer cabalmente la situación de su enemigo, estará condenado al fracaso”. Obviamente, lo primero que uno podría preguntarse es si Macri/Schiaretti son enemigos, puesto que ambos han reconocido en estos años esa “extraña amistad” que sostienen, pero no deja de ser sugerente la “hipótesis oriental”.

 

Es que para la Gestión Cambiemos (que arrasó en Córdoba en las elecciones de 2015 y supo cosechar buena cantidad de votos en las intermedias de 2017) resultaba todo un desafío abordar los comicios de 2019 en la provincia. ¿Era mejor que ganara el principal rival interno dentro de la coalición propia o que se hiciera del triunfo el principal aliado de la fuerza contraria?

 

Si Ramón Mestre encabezaba la lista de Cambiemos en Córdoba, y ganaba, el presidente se iba a encontrar con que un radical poco obediente, con territorio y juventud para exponer, se posicionaría en la interna nacional desde su lugar de gobernador de la segunda provincia del país. En cambio si perdía (como sucedió luego de que Cambiemos se fracturara en Córdoba y compitiera en las elecciones provinciales con dos listas), quien resultara electo (Schiaretti) iba a ser un comprobado buen aliado, mientras que los perdedores en la contienda quedarían sin fuerzas para disputar en el plano interno.

 

Y así fue: el armado peronista que desde hace dos décadas gobierna la provincia logró incorporar a la coalición electoral a sectores progresistas (GEN; Partido Socialista) y además obtener el triunfo en la capital provincial (que el peronismo no ganaba desde 1973).

 

Macri no perdió, y Schiaretti salió beneficiado por todos lados: amplió la base partidaria del “cordobesismo” (el sello electoral de Unión por Córdoba dio paso al de Hacemos por Córdoba); cosechó votos del kirchnerismo luego de que Unidad Ciudadana decidiera “unilateralmente” bajar la lista encabezada por Pablo Carro sin ofrecer nada a cambio y se dio el lujo de afirmar simultáneamente, por un lado, que eso no era cordobesismo, y por el otro, que con el kirchnerismo… “na que ver”.

 

¿Quién es entonces Schiaretti? ¿El gobernador más amigo del presidente Macri o el setentista de la izquierda peronista que conserva en manos del peronismo la principal provincia del país después de Buenos Aires? ¿El gobernador progresista que aprobó el primer programa provincial de la economía popular o el que perfila un peronismo federal de centro cuyo límite es Cristina? ¿El gobernador que reformó el Código del faltas para transformarlo en Código “de convivencia” o el eterno amigo de Cavallo? ¿El gobernador que incorporó a su discurso los derechos humanos o el que lleva adelante medidas e iniciativas legislativas que despiertan fuertes resistencias en los pueblos del interior que defienden el medio ambiente?

 

Desde la izquierda más pura hasta el progresismo más convencido, Schiaretti nunca dejó de ser el socio de José Manuel De La Sota, el líder peronista conservador que manejó los hilos de la política provincial durante los últimos veinte años. El tema es que tras su muerte, y el adverso contexto nacional, hubo quienes comenzaron a ver en el socio de De La Sota al “compañero Juan”. Eso explica algunos pases, guiños y omisiones. Como si todo se resumiera en aquella vieja frase de Perón: “no es que nosotros seamos buenos, es que los otros son peores”.

 

El Flaco Juan

En 1965 Juan Schiaretti egresa del Liceo Militar General Paz con medalla de oro al mejor promedio académico. Su título es el de Subteniente de Reserva. En la agitada coyuntura que va desde mayo de 1969 (Cordobazo) a febrero de 1974 (Navarrazo) fue miembro del Peronismo de Base, y durante la gestión del gobernador Ricardo Obregón Cano ocupó un cargo técnico en la Dirección de Comercio e Industria de la provincia. Luego marchó a la Patagonia, con su familia, dicen que tras recibir amenazas de la derecha peronista. En Neuquén trabajó desde un alto cargo en el Banco de la Provincia, hasta que en 1976 se exilia en Brasil. Desde la época de su partida al exterior datan sus contactos con Domingo Cavallo y en Brasil ingresó a trabajar a la Fiat Automoveis S.A., no como operario sino como profesional, y asciende hasta que llega a ocupar el cargo de vicedirector administrativo. Por aquella época la familia Macri estaba al frente de Sevel, la compañía que representaba a Fiat y a Peugot en América Latina. Ya en “democracia”, regresa de Brasil y trabaja como gerente financiero del Grupo Industrial Astori.

 

En el plano político Schiaretti tiene un extenso recorrido trazado en el peronismo, tanto a nivel provincial como nacional: fue subsecretario de Integración Latinoamericana y secretario de Industria y comercio durante el primer tramo del gobierno de Carlos Saúl Menem; diputado nacional por Córdoba electo en 1993 y luego (tras abandonar el cargo), interventor de Santiago del Estero, cargo que ocupó hasta 1995; ministro de Producción en la primera gestión de José Manuel De La Sota y en 2001 otra vez diputado nacional por Córdoba; en 2002 pasa a ser ministro de Producción y Finanzas provincial y en 2003 vicegobernador, hasta que en 2007 sale electo gobernador, en una reñida elección teñida por denuncias de fraude por parte del entonces progresista Luis Juez. En 2015 vuelve a ser elegido gobernador y reelecto recientemente hasta 2023 (en el medio, entre 2013 y 2015, fue diputado nacional por Córdoba, nuevamente).

 

Junto a José Manuel De La Sota (fallecido el 15 de septiembre del año pasado cuando se estrelló el automóvil que manejaba) Juan Schiaretti había conformado una sociedad política intrigante: juntos lograron gobernar la provincia más radical del país desde 1989, alternándose en los mandatos. La sociedad no carecía de tensiones, división de territorios, preferencias de candidatos y “tropa propia” claramente diferenciada. Pero desde el accidente automovilístico el peronismo cordobés parece ser uno sólo (¿es uno sólo?). Y lejos de los posibles acuerdos que se asomaban a luz pública entre “El “Gallego” y el kirchnerismo, el justicialismo provincial comandado ahora por “El Gringo” parece estar más cerca de la amplia (o cada vez más acotada, según desde dónde se la mire) avenida del medio que parecen querer seguir los muchachos de Alternativa Federal, lejos “la grieta”, con Miguel ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey a la cabeza. ¿Pero es eso posible en esta coyuntura? ¿Y es realmente uno el peronismo cordobés?

 

Cordobesismo y coyuntura nacional

La coyuntura nacional está al rojo vivo. Desde hace meses se discute en el peronismo algo que parece haberse destrabado en las últimas semanas. Si es cierto lo que sostiene ese viejo refrán, que afirma que “del dicho al hecho hay un largo trecho”, también parece ser cierto eso otro de que “una vez que los hechos se producen los melones del carro se acomodan al andar”. Y eso parece estar sucediendo luego de que Cristina anunciara que daba un paso al costado en cuanto a presentarse como candidata a presidenta, y decidiera asumir el lugar de vice en una fórmula encabezada por Alberto Fernández, lo que produjo rápidamente un reordenamiento del mapa nacional, al punto de que incluso Sergio Massa estaría dispuesto a participar de una “Gran Paso Opositora”, como se le viene diciendo a la intención de que la fórmula “Fernández/Fernández” de Unidad Ciudadana compita en agosto con todos los sectores del peronismo que estén dispuestos a hacerlo.

 

Esta situación provocó discusiones y rápidas rectificaciones. Así como el Movimiento Evita venía promocionando la precandidatura presidencial de Felipe Solá y el Frente Patria Grande insistía con la necesidad de que la ex presidenta encabezara la fórmula, hoy ambos sectores han cerrado filas tras la fórmula que repite el apellido y sólo Pichetto –senador y jefe del Interbloque Argentina Federal– y Urtubey –gobernador de la provincia de Salta, que cuenta con el llamativo apoyo del Movimiento Libres del Sur dirigido por Humberto Tumini– parecen querer conservar la distancia absoluta de dicha fórmula. De allí que en las últimas horas haya reaparecido la posibilidad de arribar a un acuerdo con el ex ministro Roberto Lavagna. Pero aún de concretarse, parece ser demasiado poco ante foco de atracción que comienza a ser el polo de unidad peronista.

 

Schiaretti no queda ajeno a dicho proceso, y luego de negarse a ser el mariscal del armado federal del peronismo, ahora se ve presionado por las discusiones internas, sobre todo por las que ya comenzaron a plantear legisladores e intendentes. Es que, por un lado, el peronismo cordobés tiene que renovar dos bancas en octubre, que corre el riesgo de perder en medio de un escenario de polarización. Y por otro lado, si la fórmula Fernández/Fernández se impone en octubre, el schiarettismo correría grandes riesgos de quedar aislado en el rearmado de un peronismo gobernante a nivel nacional, en el cual el kirchnerismo sería una parte y no la totalidad.

 

No haber tenido ningún gesto hacia el “kirchnerismo puro” ante su iniciativa de haber bajado su lista en la elección provincial no parece haber sido un buen indicio. No haberle atendido el teléfono a Alberto Fernández, tampoco.

 

 

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