Transformaciones recientes en el agro y la política

Recorremos la historia de las últimas décadas del sector agro en la Argentina. Sus dinámicas, conflictos e importancia para el Estado Nacional.

POR Andrés Cerón

UNVM – UNSAM

Nota en colaboración con el Programa de Investigación sobre el comportamiento de Actores Sociopolíticos (PICAS) (ICI-UNGS).

“El campo” se ha convertido en un actor político relevante en la vida pública argentina, sobre todo a partir del conflicto por las retenciones en 2008. Muestra importantes líneas de convergencia discursivas e ideológicas, al menos en los representantes de los actores de la cúspide del sector. En general, sus reclamos, protestas y planteos son tenidos en cuenta y difundidos por los medios masivos de comunicación. Si tomamos su articulación vertical, es el sector que más divisas genera por exportaciones, por lo que se constituye en un agente fundamental del actual esquema económico al proveer los dólares que otros sectores productivos necesitan.

Las transformaciones recientes en la producción agro rural pampeana argentina se dieron en consonancia con la difusión mundial de la globalización neoliberal. Algunos de los preceptos de esta última son: la confianza en la vida individual como motor de la vida colectiva y no al revés; la entidad dada al “mercado” y a liberalización de las relaciones económicas, sin intervención activa del Estado; y la globalización económica, mediática, y financiera como articulador de las relaciones de poder mundiales. Más allá de las presiones que las dinámicas políticas y económicas mundiales ejercen, el sector agro argentino posee sus particularidades, sus formas de articular tendencias generales y tradiciones locales.

Un repaso

Vamos un poco para atrás. La década de 1990 es cara a la historia de la pampa húmeda. Si las décadas de 1960, 1970 y 1980 son la modernización agrícola, de la chacra mixta, de los productores pudiendo mudarse a los pueblos y ciudades cercanas al campo, de las primeras camionetas y los primeros tractores nacionales, la década de 1990 guarda más contradicciones. Mientras muchos se endeudaban para lograr capitalizarse y mantenerse dentro de la actividad, la soja RR y la Siembra Directa hacían su aparición en las pampas argentinas. Un Estado desinteresado en dar mínimos márgenes de seguridad, como lo había hecho en las décadas anteriores, incentivaba que las adaptaciones al nuevo modelo se dieran bajo la lógica del capital privado. Los Censos Nacionales Agropecuarios muestran que entre 1988 y 2002 desaparecieron el 39% de los establecimientos agropecuarios pampeanos. Muchos se salieron de la actividad y perdieron sus tierras, muchos otros pasaron a ser arrendatarios. Durante estos años emergen los primeros ganadores del agronegocio. Tres ejemplos: el Tejar hacia 2001 ya incursionaba en Bolivia, los Grobo hacia 1996 producía más de 70 mil hectáreas y Cresud hacia 1998 más de 300 mil hectáreas y cotizaba en la Bolsa de Nasdaq.  

El alza de los precios internacionales de los principales commodities, la liberalización económica, los avances técnicos y tecnológicos acumulados, la devaluación de 2002, y la condonación de deudas del Banco Nación en el gobierno de Néstor Kirchner cambian completamente el panorama para los productores que sobrevivieron a los ‘90. Luego de 2003, un proceso de corrimiento de la actividad todavía continúa, probablemente más lento y por pase al rentismo de la mayoría. Pero los que quedaron dentro de la producción, los medianos y los medianos grandes, aquellos que viven en los pueblos y ciudades del interior, conocieron el boom.

Somos todos

“El campo”, ya se ha dicho, no deja entrever la gran heterogeneidad de formas y organizaciones productivas, incluso en la Pampa Húmeda, que hay entre productores y otros actores ligados a la actividad. Sí deja ver que los debates al interior del sector fueron ganados por unos, mientras fueron desplazadas otras voces que proponían una visión más abarcativa que tuviera en cuenta la diversidad de situaciones y las desigualdades presentes. Pero hubo varios procesos percibidos como comunes que aportaron a la construcción de esta idea de unicidad: una recuperación en la rentabilidad de la producción post 90; una mejora general en las condiciones de vida de los pueblos, mejor que en las grandes urbes a nivel país; un enriquecimiento de muchos actores, medianos y grandes, con niveles de capitalización antes impensados para productores de ese tamaño. También estuvo la apuesta discursiva sobre la confianza en la ciencia, la tecnología, la gestión, las innovaciones, que fue muy fuerte, muy trabajada y extendida; constituyó toda una difusión pública y privada que adjudicó al sector los primeros puestos en usos de tecnologías e innovaciones.

Aunque no a todos, ni para todos igual. Pero el sentimiento generalizado de bienestar durante esos años, y de que la cosa andaba, tenía su razón de ser y una explicación: la soja. En los pueblos y ciudades, donde vivían los descendientes de los reclamos del Grito de Alcorta, del peronismo con sus créditos, y de la motivación de los gringos o los chacareros de hacerse propietarios de las tierras, habían generado una estructura “atomizada” de la propiedad. Muchos habían pasado los ‘90, tenían un pedacito, o ligaban algo por herencia. No la mayoría, pero sí muchos. El efecto, aunque desigual, se sintió. Abogados, contadores, contratistas, arquitectos, trabajadores de plantas de maquinaria agrícola, transportistas, vendedores de maquinaria, ferreterías industriales, vendedores de autos y camionetas, vendedores de materiales de construcción. Hasta 2011 en un contexto de baja inflación y acceso a dólares. El boom.

Cosecha fina

El conflicto del 2008 lanzó a varios actores a disputar la hegemonía. Si “el campo”, que no estaba del todo claro que fuera capaz de aunar esfuerzos conjuntos, debería esperar que surjan las condiciones para la construcción de un proyecto alternativo, el kirchnerismo se lanzó a la construcción inmediata. Cristina ganó las elecciones de 2011 en la zona pampeana, con una soja a 500 dólares la tonelada en Chicago, por debajo de los 600 dólares durante el conflicto, pero por arriba del piso de los 300 de fines de 2008 y principios de 2009. Ese piso sólo se volvería a romper en 2019, con Macri.    

Los vaivenes del precio de la soja no terminan por explicar las dinámicas políticas locales. Hacia fines de 2014, el precio cae. Cercanos a los 300 dólares. Y se mantuvo durante el último año de gobierno de Cristina y durante todo el macrismo allí. Entre 300 y 400. La articulación política del “campo” con un proyecto político particular de la argentina contemporánea, Cambiemos, no puede deducirse sólo de los precios de Chicago, ni de las transformaciones de índole identitaria y simbólica que ofreció el agronegocio. El proceso de construcción de Cambiemos ha conllevado un trabajo arduo de articulación política y estratégica, capaz de aunar partidos con fuerte presencia territorial como la UCR, sectores sociales con demandas y miedos específicos (menos Estado y más mercado), y discursos sociales que antes de ello sobrevolaban la emocionalidad de muchos ciudadanos: las fronteras con los países limítrofes, la república, la inseguridad y el narcotráfico, la corrupción, la “venezolanización” de Argentina. En una conversación de productores agropecuarios con un asesor de empresas, en el interior del país, durante el año 2012, un productor preguntó “si el gobierno ahora venía por los campos». Los discursos de Cristina y Néstor durante el conflicto de 2008, quedaron grabadas en la memoria de los productores. En esta tarea, los armadores de Cambiemos encontraron importantes aliados en el interior, de la mano de referentes locales, fundamentalmente políticos y empresarios, pero también de organizaciones de profesionales, del ámbito de la cultura, de las ONGs, entre otras.

No es casual que la zona núcleo de la producción agrícola por excelencia en Argentina se condice con la “mancha” amarilla del voto al PRO, en las elecciones de 2015, 2017, 2019 y 2021. La construcción de esas identidades, de los productores y actores del agro, extendida a otros sectores sociales de esos pueblos y ciudades del interior, descansa sobre el hecho que un contexto específico, el del agronegocio y el boom de los precios internacionales, ha reconvertido y reeditado la confianza, que parecía haberse perdido en gran parte de la población nacional en los cacerolazos del 2001 y en los primeros años del siglo XXI, en un capitalismo de mercado liberalizado. Roy Hora dirá también que la legitimidad simbólica y política alcanzada por la producción agropecuaria durante el siglo XXI, además de la ampliación de las fronteras productivas que amplió la base social de apoyo del nuevo paradigma, se da en un contexto de relativa pérdida de confianza, sobre todo en las principales clases dirigentes, en los modelos de sustitución de importaciones como principal motor del desarrollo económico nacional.

Debates y desafios

Al sector de la producción agropecuaria no le fue demasiado difícil volcarse a la nueva construcción política del PRO. Aún para aquellos distraídos, las propuestas de Cambiemos de bajar las retenciones, que cerraba por todos lados, no era una medida destinada a durar.

“El campo” hoy orienta sus discursos políticos al Estado, sobre todo en sus aspectos impositivos y cambiarios. Pero existen otros debates que no deberían ser subordinados. Las regulaciones sobre la propiedad intelectual de las semillas, la distribución de la renta al interior de la cadena, la dependencia de mercados, empresas y regulaciones internacionales, la extranjerización de importantes eslabones de la exportación, los impactos ambientales del modelo del agronegocio, la pérdida de materia orgánica de los suelos. Ni que hablar de las resistencias que se han generado en al menos 30 especies vegetales a los herbicidas, en 25 años de producción innovadora. El sector es heterogéneo, diverso, y enfrenta importantes desafíos. Los tiempos dirán como se irán alineando los nuevos conflictos inter e intra sectoriales, y los lineamientos de políticas capaces de orientar el desarrollo hacia nuevos paradigmas.


 1-Luego de la crisis de las hipotecas subprime de 2008 y 2009, sabremos más sobre la especulación del capitalismo financiero sobre los precios de los commodities.

2- Para más lecturas sobre el conflicto de 2008, ver: Panero, Marcelo “Actores, políticas públicas y conflicto agropecuario. A 10 años de la resolución 125”, Eduvim, 2018 // Vommaro, G. y Aronskind, R. “Campos de batalla”, Prometeo, UNGS, 2010.

3- Roy Hora, “La crisis del campo de otoño de 2008”. Desarrollo Económico, vol. 50, Nº 197 (abril-junio 2010).

 4-Ver, por ejemplo, la web de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID).

 


Andres Cerón Nacido y criado en Marcos Juárez, Córdoba. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, donde reside.
Doctorando en Sociologia en la Universidad Nacional de San Martin.

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