Tony Blair y José María Aznar ante la justicia

Los dos ex aliados más incondicionales servidores del presidente George Bush en la sangrienta aventura colonial petrolera de Medio Oriente, Anthony Blair y José María Aznar, los que fueron Primer Ministro británico y Presidente del Gobierno de España, respectivamente, están siendo objeto de investigaciones judiciales.

Los detalles de ambos casos tomaron estado público tardíamente pero los escándalos crecen lejos de cerrarse, a pesar de algunos esfuerzos por minimizarlos y hasta darlos por justificados. Repetidamente hemos dicho que en Europa los partidos políticos, tanto socialistas como conservadores, en el fondo son la misma cosa. Ahora lo ratificamos con nuevos hechos concretos resonantes.

El caso Blair

Es habitual que anualmente el Primer Ministro inglés eleva una lista a la Reina, nunca objetada, con nombres de personalidades a acordarles títulos de nobleza de Caballeros del Imperio Británico y al uso de las tres letras (sir) que anteponen a sus nombres. Si el beneficiario se llamara Juan Pérez, de inmediato pasa a ser “Sir John”. Aunque el pueblo inglés critica esos privilegios inconsultos, pocos se niegan a recibirlos y hasta pagan por ellos.

En esta oportunidad, como en rarísimas excepciones, no ha recaído dicho “honor” en algún pobre autor de actos heroicos en su trabajo como podría ser una enfermera, un bombero o quien con arrojo evitó una catástrofe. Nada de eso. Siempre son mayoría de ricos y entre ellos figuran hombres y mujeres influyentes por ser propietarios de medios de difusión, banqueros o altos empresarios. Por lo menos a 4 de estos últimos se les ofreció el título nobiliario a cambio de aportes en efectivo. Uno de los acusados es el propio “recaudador” laborista lord Michael Levy, íntimo amigo de confianza del ahora ex primer ministro Tony Blair, a quien representaba como enviado personal permanente en Medio Oriente.

Pruebas suficientes habrán para que Levy haya sido arrestado e interrogado repetidas veces por Scotland Yard, al igual que Ruth Turner, una colaboradora muy cercana a Tony Blair cuando era Jefe del Gobierno inglés, como es el caso de sir Christopher Evans. Este último por “obstrucción a la justicia”. Los tres se encuentran ahora en libertad bajo fianza, a espera de una ampliación de las investigaciones y ser juzgados.

El máximo ente policial inglés, Scotland Yard, ha admitido que Tony Blair, antes de dejar el cargo de Primer Ministro, fue interrogado por dos veces: el 14 de diciembre y el 26 de enero último, “sin darse a conocer hasta ahora por no afectar la investigación”. Luego, por tercera vez, inmediatamente después de dejar la conducción del gobierno y renunciado como miembro de los Comunes. Los medios informan que en diciembre pasado, Tony Blair se convirtió en el único primer ministro en la historia que fuera interrogado policialmente durante el ejercicio del cargo.

El 28 de junio último el Servicio de Procesamientos de la Corona, por medio de un portavoz, confirmó que “había pedido a Scotland Yard nuevas investigaciones, “por ser un hecho normal como parte de la evaluación del proceso”. Esa disposición real es posterior a haber recibido en Palacio en abril un informe de Scotland Yard de 216 páginas, con más de 6.000 documentos y las declaraciones de 136 personas sobre la posible venta de títulos de nobleza.

Este ocultamiento por meses del escándalo y la seguridad de que algún día saldría a la luz del día, es probable que haya influido en la determinación de Tony Blair de dejar el cargo de Primer Ministro antes de cumplir su mandato y anunciarse su nombramiento de representante de Naciones Unidas como observador en el Cercano Oriente, designación muy objetada y con amenaza de veto por parte de la Federación Rusa.

El caso Aznar

Es sabido que las más altas condecoraciones que otorga Estados Unidos deben aprobarlas el Parlamento de ese país y José María Aznar aspiraba a recibir la Medalla de Oro del Congreso a propuesta de George Bush. Evidentemente, la Casa Blanca quería honrar a quien, junto a Tony Blair, por los grandes favores prestados al colonialismo petrolero en su sangrienta aventura en Medio Oriente y es “causa” impopular en sus respectivos pueblos.

Pero hete aquí que, para esa gestión en la casa de los padres de la Unión, llevó al Presidente Aznar a destinar dineros del estado por la increíble suma de nada menos que 2.300.000 euros. Si, decimos bien, dos millones trescientos mil euros. La cifra nos parece cuantiosa y a los españoles les ha disgustado.

Aunque al caso se le diera poca importancia mediática. El tema llegó a Tribunales. Un tal José Luís Mazón querelló al ex presidente y la Audiencia Provincial de Madrid resolvió el sobreseimiento provisional de José Maria Aznar. El tribunal estima que el gasto realizado para lograr la Medalla de Oro del Congreso yanqui “no fue ajeno a la función pública”, pues “se buscaba ayudar al Gobierno de España a estrechar lazos con Estados Unidos”.

No obstante, la justicia considera “sorprendente” el hecho. “Puede parecer -dice la sentencia- un uso ajeno a la función pública, pero no necesariamente es así. En la sociedad mediática en que nos movemos, actos como el que se discute pueden derivar en importantes beneficios para la colectividad”. Y entre otras consideraciones agrega que la medalla “supone también bastante de vanagloria personal para el condecorado y el partido al que representa, aunque al no poder separarse ambas facetas no puede predicarse que los caudales públicos se hayan destinado a usos ajenos a la función pública”.

No satisfecho con esos “argumentos”, el querellante insiste en seguirla y ha presentado un “recursos de súplica” contra la sentencia.

Lo que no se explica es que la obtención de la Medalla de Oro del Congreso deba obligar a “gastos de gestión”, cosa que huele a “obsequios” a quienes deciden su otorgamiento. Nadie puede suponer que un héroe de guerra, o jefe de estado, deba ser forzosamente millonario para obtenerla.

Lo tragicómico de este caso es que el Congreso de Estados Unidos, ahora con mayoría opositora a Bush, y con serias diferencias con éste sobre el drama desastado por las guerras contra Afganistán e Iraq, nunca adjudicó la Medalla de Oro a José María Aznar.

¿Cabrá en estos casos del inglés y el español, aquello de que “Roma no paga traidores”, o la versión napoleónica de “hecha la traición el traidor no importa?”.

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