Toda la polémica

El historiador y escritor Norberto Galasso publicó en Página 12 el pasado 2 de febrero Los aliados posibles y el enemigo principal señalando, entre muchas cosas, la incoveniencia de que sectores políticos como Proyecto Sur se opusieran frontalmente al Gobierno en lugar de criticarlo y cuestionarlo desde la misma vereda. Quince días después, Luis Brunati, cineasta, docente y miembro de la Mesa Nacional de Proyecto Sur, respondió a aquella nota en el mismo diario con El enemigo principal. La polémica continuó a la semana siguiente con otro artículo de Galasso y ¿se cerró? con una segunda nota de Brunati del 7 de marzo pasado que circuló por la web. Ante la imposibilidad de linkearla, la transcribimos aquí.

Creo necesario detenerme en un eje interesante de la segunda nota de Norberto Galasso (Página 12, 23/2/09), en el cual habla de lo pernicioso que sería para la los importantes procesos populares de América Latina, un giro a la derecha en Argentina. Demás está decir que comparto absolutamente el criterio. Lo que no comparto, es que haga falta una derrota electoral K, para que ello se produzca. El giro a la derecha se viene produciendo sin que -hasta el momento- haya hecho falta una derrota electoral del gobierno. Más aún, a diferencia de lo sucedido en Venezuela y Bolivia, donde el creciente respaldo electoral fue correspondido con una profundización en sus definiciones, en el caso de los Kirchner al mayor respaldo popular le siguió un retroceso. O sea que, si el apoyo popular se traduce en mayor espacio para hacer lo que un gobierno siente que debe hacer, es evidente que la pareja presidencial siente para el lado contrario a lo que reclama ese apoyo popular. Como todas las cosas, esto también tiene su historia.

Muchos que, como yo, votamos K y activamos en su favor para la segunda vuelta,lo hicimos pensando en la necesidad de derrotar a Menem. En mi caso personal, la decisión no fue fácil. Había sido testigo directo del apoyo sureño al hijo de La Rioja. ”Aquí está el pueblo de Santa Cruz apoyando el proceso de transformación y cambio que la Argentina debe llevar adelante”, supo decir el entonces gobernador Kirchner para recibir a Menem, a quien no dudó en definir como “El mejor Presidente de la historia” a pesar de los indultos, el desguace de la nación y todo lo que es de conocimiento público. Como una experiencia particularmente grabada en la retina, estuvo siempre presente la bochornosa sesión de la privatización de YPF y el papel especialisimo que jugó en ella, tanto el gobernador como los diputados de Santa Cruz.

Con el triunfo de Menem, en primera vuelta, nuestro modesto grupo entendió que se debía salir a activar, colaborando con todas nuestras fuerzas para evitar que ese triunfo se consumara. Desde esa responsabilidad participamos en diversos foros haciendo pública nuestra posición: “Kirchner no es lo mismo que Menem”.

La verdad es que, ya en el gobierno, nos sorprendieron gratamente sus primeras acciones en materia de derechos humanos. Para bien, las actitudes de este presidente, nada tenían que ver con las de aquel intendente de Río Gallegos. Como tantos otros, creí ver en la “conversión” un vínculo algo oportunista, pero vínculo al fin, con el excepcional momento Latinoamericano y los profundos cambios operados en la sociedad argentina, de los cuales las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, habían sido la expresión más palmaria. De hecho, algo de esa reconsideración de los derechos humanos en las filas del PJ ya habíamos tenido oportunidad de observar durante la brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Sáa, en su reiterada invocación a “la lucha de las Madres de Plaza de Mayo”.

Pero volviendo a Néstor y nuestro espacio, todo aquello reconfortaba y preocupaba a la vez. Reconfortaba por las expectativas que generaba a nivel local y regional. Preocupaba por el durísimo golpe que habría de significar que, cuestiones tan sagradas, pudieran llegar ser implementadas a favor de los intereses de siempre. Asimismo, con dudas y todo, pensamos que se debía privilegiar la esperanza.

Con el correr del tiempo y las no pocas sobreactuaciones típicas de toda conversión, fuimos advirtiendo que la primavera de los derechos humanos se iba restringiendo selectivamente a cuestiones que no afectaran los negocios. Como en la época de Menem-Cavallo-De La Rua, la justicia social debía aguardar por el “derrame”. Con más tiempo, las cosas se hicieron cada vez más nítidas y menos gratas. Al mismo tiempo que en Venezuela y Bolivia se profundizaban el compromiso con el cambio; en nuestro país, una retórica “progresista” anunciaba el extraordinario “logro” de pagarle al FMI. Y con Ecuador ya incorporado a la causa regional, el Congreso Argentino aprobaba la Ley antiterrorista a pedido del gobierno norteamericano, y en la cortina de humo generada por la controversia, se colaba la segunda privatización petrolera extendiendo las concesiones hasta el año 2047, es decir, hasta la extinción total del petróleo, tal como lo afirmara el MORENO y su presidente Pino Solanas.

Cuando comenzó a insinuarse Paraguay como nueva esperanza, la pareja presidencial anunciaba su intención de “honrar la deuda” con el Club de París. Luego supimos del Tren Bala, derribado por la propuesta del Tren Para Todos. Mas tarde surgió la “redistributiva” Resolución 125, que encerraba un negociado del mismo monto que se proponía redistribuir; y cuando aún no se habían acallado los ecos de aquel escándalo, surgía la nacionalización de Aerolíneas por 1 dólar, trasformada recientemente en otro nuevo escándalo al hacerse público el arreglo con Marsans. Y cuando creímos que habíamos llegado al límite con el veto a la Ley de protección de los glaciares a pedido de la Barric Gold, sobrevino el blanqueo, el tarifazo y el desastre de Tartagal ocasionado por los desmontes irracionales y la no reglamentación de la ley de bosques – a pesar de que también se prefirió responsabilizar a la “pobreza estructural y el egoísmo de los que más tienen.”

Pero ¿está todo mal? ¿No hay nada bueno en la gestión K? Por supuesto que sí. Sin embargo, las medidas acertadas no pueden ser consideradas aisladamente y aisladas de su función y costo. ¿Quién podía oponerse, por ejemplo, a la estabilidad menemista, en su momento? El apoyo social que tuvo, fue tan grande, que pocos escuchaban cuando explicábamos los objetivos que perseguía y el doloroso costo que habría de tener su política. ¿Quién duda hoy del valor social de avanzar contra la impunidad de los crímenes de la dictadura?. Pero que duro es el precio, si bajo la condena a los genocidas se impone -a la vez- el indulto a los beneficiarios de aquel saqueo. Esto sí que ni siquiera “Menem lo hizo”. En fin, ¿sabe el amigo Galasso cómo se siente uno con los buenos anuncios de esta gestión?, como cuando llaman de Telefónica para ofrecer un nuevo y ventajoso plan para el usuario.

¿Es posible que no se advierta que los negocios siguen siendo los mismos de siempre? El gobierno nacional continúa favoreciendo al bloque de poder hegemónico. Las agroexportadoras hacen su agosto a costa de los pequeños productores, el “desierto verde”, la extranjerización y contaminación de la tierra. La política petrolera y minera siguen siendo las mismas del menemismo y la ley financiera que garantiza el modelo neoliberal, es aquella que dictó Martínez de Hoz. ¿O será casualidad que los dos sectores que más ganaron, en el 2008, fueron las petroleras y los bancos? Estimado Norberto, creé que en términos de sufrimiento social, desearíamos estar equivocados, pero son demasiados los datos que llevan a pensar lo contrario.

Síntesis

La actitud que compañero Galasso nos reclama en sus notas, es la que sin necesidad de contraprestación alguna siempre hemos tenido y continuaremos teniendo, apoyando todo aquello que tenga algún sentido, denunciando claudicaciones y sobre todo, colocando el acento y toda la fuerza posible, en la construcción de un verdadero proyecto emancipador.

Luis Brunati 7-3-2009

PD: En su primer artículo, el compañero Norberto Galasso inaugura la línea de exhibir errores del peronismo en procura de tolerancia y “comprensión” para el kirchnerismo, pero en el segundo llega a tal extremo en esa misma dirección que daría lugar a la indignación, pero como proviene de alguien que ha realizado tanto aporte al pensamiento nacional, solo me remito a consignar y lamentar el hecho.

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