Textual

A continuación reproducimos un fragmento del libro de Bernardo Neustadt, Escribir sobre el agua. Es un artículo fechado el día 21 de febrero de 2007 escrito —aclara— desde Madrid. Es un texto que, por lo autorreferencial del registro, lo consideramos digno para esta ocasión. Casi casi un homenaje. Vayan sus propias palabras como un saludo final…

Mi primera confesión.

Soy un testigo incómodo, lo sé.

El médico que dice que usted tiene cáncer, también.

Tal vez, equivocadamente, creo que el futuro no es lo que promete el presente.

Otros callan: les va mejor, la pasan “bomba”.

Me siento una conciencia de situación. Me araño y araño.

Hago doler y me duele.

Pero para la historia prefiero ser Churchill y no Chamberlaine (no puedo con el ego).

Neville Chamberlaine volvía de visitar en Berlín a Hitler y les decía a los británicos: “Vamos bien. Hitler es un hombre razonable”. Y Winston Churchill en el Parlamento vociferaba: “Vamos a una guerra mundial. Hitler se quiere quedar con todo.”

Y, lamentablemente, tuvo razón el del “mal agüero”.

Un día despertamos y las tropas de Adolf habían tomado la mitad del mundo.

Chamberlaine, el pacificador, hizo la “comoda”: renunció.

Y el viejo conservador del habano hizo la “incómoda”: lo reemplazó.
Hitler iba ganando, como nosotros… en Las Malvinas.

Balance inhumano: 53 millones de habitantes murieron, entre ellos 9 millones de judíos y 10 millones de alemanes.

Escribir sobre el agua, Bernardo Neustadt, Ed. del autor, Bs. As., Argentina, 2008, pp.59.

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