Sube el volumen del duelo verbal entre duhaldistas y kirchneristas. ¿Se trata de dos modelos de país en pugna?

Por Causa Popular.- Luego de las presentaciones de sus respectivas candidatas para alcanzar un puesto en el senado nacional por la provincia de Buenos Aires, kirchneristas y duhaldistas protagonizaron una semana de duelo verbal. Si algo se puede sacar en limpio del cruce, es que se esfuerzan más por ocultar, que transparentar la pelea de fondo entre ambos sectores. Montado sobre una situación macroeconómica que se consolida en forma estable, y sacando todo el jugo a una imagen positiva del presidente luego de dos años de gestión, el kirchnerismo ha decidido dar la tan anunciada, como dudosa, disputa con su no muy lejano aliado, en el terreno que más rédito le ha dado: el mediático. La polarización elegida ya no es contra la década del 90, sino con la vieja política. Pero tanto en una, como en otra, se desataca el lastre con el que arrastra el teatralizado discurso presidencial y sus ministros, las nuevas viejas caras que acompañan cada una de sus declaraciones.

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Última foto: 12 de enero. último encuentro kirchner-duhalde en la Casa Rosada. Con ambos, Alberto Fernández, Julio de Vido y Diaz Bancalari. (foto: presidencia de la nación)
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Los cruces que animaron la política mediática de la semana, confirmaron los gestos que caracterizaron los lanzamientos de las respectivas damas (Hilda González de Duhalde y Cristina Fernández de Kirchner) en un intento más de asumirse como representantes del verdadero peronismo.

Pero el gran ausente de esta escenificación es el debate de fondo que se busca eludir permanentemente: ya no se discute si lo que está en disputa en la interna del peronismo bonaerense son dos modelos de país.

La confrontación se ha reducido hasta aquí en qué dirigencia tiene la altura moral necesaria para encarnar una nueva forma de organizar el destino del pueblo argentino – forma que aún no se sabe bien cual es.

El problema mayor con el que se encuentra el kirchnerismo, no sólo es la matriz desde donde parte para arrogarse esta moral, sino los logros que intenta mostrar de la nueva política que autoproclama. Muchos lectores de este portal de noticias del Campo Nacional y Popular, reconocerán en el presidente su política en derechos humanos, su cambio de discurso respecto a los organismos internacionales de crédito, y la defensa de algunos intereses del país.

Pero en la columna del debe, es muy probable que estén pensando que no ha podido, y a esta altura de la gestión es importante dilucidar si ha querido realmente, atacar la estructura económica profundamente desigual que ha consolidado el partido que lo acompaña en su intento de renovar la política argentina.

Fueron numerosas las notas que se han publicado en este portal dando cuenta, de la brecha que aumenta de manera permanente entre los que más tienen, y los que carecen de todo recurso para llevar adelante una vida digna; la política real que se implementa en la relación con el FMI, más allá de los símbolos nacionalistas utilizados por el gobierno, y la ausencia de un respeto a los derechos humanos del presente con la criminalización de más de 2000 luchasdores populares.

Mientras los sectores más concentrados de la economía ganan 4 veces más que cuando recibían los beneficios de su mayor benefactor Carlos Saúl Menem, los sectores populares ven decaer sus ingresos cada día, debido a una inflación que casi duplica la recuperación salarial que los trabajadores han tenido de la devaluación a esta parte .

Este panorama no ofrece un buen punto de partida. Si el gobierno quisiera dar la disputa real -aunque no por ello dejando de lado la mediática – en términos de proyectos políticos implementados o proyecciones de país, contaría con muy pocos argumentos para continuar sosteniendo que ha llegado para renovar la política argentina.

Más aún si los lugartenientes de esta supuesta cruzada distan mucho, por su propia trayectoria, de ofrecer verdaderas garantías de que el gobierno ha querido cambiar la Argentina pero le ponen trabas permanentemente, como no se cansó de repetir Néstor Kirchner en el último tiempo.

Su ministro de defensa José Pampuro, el ministro- “estrella”- de economía Roberto Lavagna, el ministro del interior Aníbal Fernández, junto al ministro de salud Gines González García, fueron hasta no hace mucho tiempo representantes del duhaldismo, en el gabinete nacional.

De manera progresiva y escalonada, se fueron convirtiendo uno a uno hacia un proyecto que por tan difuso no deja de caerles cómodo a pesar de su origen.

El otrora combativo gremialista, y flamante único secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano es un ejemplo que permite entender como una aparente reconversión de la dirigencia argentina en el fondo no es tal.

¿Qué asiduo observador de la política nacional no se dio cuenta de que a Hugo Moyano y Daer, durante los ’90 sólo los diferenciaba la radicalidad de su discurso?

¿O acaso alguien dudó que el antimenemismo moyanista se expresaba también en la construcción de practicas sindicales a favor de los intereses de los trabajadores del sector que el camionero dice representar?

Como primer orador del acto que lanzó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner, el caudillo de la Matanza, Alberto Balestrini, comparó al Partido Justicialista con la “la madera de un árbol” al que “hay que podar de vez en cuando para que siga creciendo mucho más fuerte”.

En una elíptica referencia a la interna del PJ bonaerense y al enfrentamiento del kirchnerismo con el duhaldismo, Balestrini llamó a “liberar al PJ de todos aquellos que tanto daño le hicieron al movimiento nacional” peronista.

Es posible que muchas de las respuestas a las preguntas que están implícitas en estas líneas, paradójicamente, puedan comenzar a responderse con la misma metáfora utilizada por el intendente del partido más grande del conurbano bonaerense.

Todo aquel que observe como crecen las ramas de los árboles luego de ser podadas, encontrara que los jóvenes brotes adquieren con el tiempo un asombroso parecido a las que antes se encontraban en su lugar.

¿Sepultar al monstruo de mil cabezas, o llevarse algunas de estas para refundar los auténticos valores perdidos?

Será muy difícil que el pueblo argentino pueda mirar hacia el futuro con esperanza si de una vez por todas no acepta el desafío de ir a fondo en este interrogante.

La interna partidaria entre Kirchner y Duhalde cada día se aleja un poco más de este desafío.

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