Sobre la autocrítica por la lucha armada

Tras la publicación de la nota de Gabriel Levinas (que Causa Popular reproduce en esta edición), vale la pena razonar sobre las organizaciones armadas y el golpe militar, la coherencia política de los ex militantes revolucionarios que apoyan a Kirchner y preguntarse si corresponde autocriticarse por la lucha armada. ¿Tiene sentido autocriticarse por la radicalidad que caracterizó y continúa caracterizando la lucha política en Argentina?. Es verdad que no todos los revolucionarios propugnaban la lucha armada, y dentro de los que sí la propugnaban, había distintas estrategias. ¿Pero tiene sentido ponerse hoy a discutir quiénes tenían razón?

El asunto es que la lucha armada fue la opción efectiva para mucha gente, no apenas para un puñado de descarriados.

Fue de hecho una opción tan dominante, que muchos de los que teníamos algunas prevenciones al respecto terminamos apoyándola. En ese sentido, creo que debemos verla como parte importante del conflicto social y político en nuestro país, no como un epifenómeno que podría no haberse manifestado. Yo prefiero pensar en la lucha armada como en una de las formas que adoptó la lucha social y política en nuestro país, y que resultó de su peculiar configuración social, política y económica.

Por otro lado, tampoco fue la lucha armada un componente exclusivo de la lucha revolucionaria en nuestro país.

Estuvo más o menos presente en todo el movimiento revolucionario latinoamericano del siglo XX. Y no puede argumentarse que fue una estrategia equivocada de algún movimiento internacional, porque los PCs eran los únicos que tuvieron una coordinación efectiva a nivel internacional y todos sabemos que no optaron por la lucha armada.

Aunque sí los apoyaron ex post, los cubanos tampoco tuvieron influencia importante en las opciones por la lucha armada de todos estos movimientos. O sea, ésta es otra evidencia que muestra que la lucha armada fue un componente fundamental y estructural de la lucha política en la región.

Es evidente que ciertas experiencias internacionales tuvieron su peso y nos inspiraron, como la revolución china, Vietnam y sobre todo la revolución cubana. Pero es evidente que si no hubiera habido causas, dinámicas y fuerzas internas que llevaran a una extensión de la lucha armada en nuestros países, aquellos modelos no hubieran llamado nuestra atención.

Una vez dicho esto, creo que es legítimo que cada uno, y las distintas vertientes políticas, se pregunten sobre lo acertado de tal o cual estrategia, o incluso sobre lo acertado de haber participado en la lucha armada y haberla fomentado en determinado momento histórico.

Al fin y al cabo, más allá de que la lucha armada fue un rasgo importante de la lucha de clases en nuestro país en determinado período, no todos los revolucionarios la apoyaron y tampoco hubo uniformidad en sus modalidades y objetivos.

Es decir, la contraofensiva montonera, los ataques a Sanidad o Monte Chingolo, la guerrilla de monte en Tucumán o las Brigadas Rojas de OCPO, no eran parte indisoluble de cualquier estrategia política y de lucha armada. Ahí sí caben discusiones y autocríticas.

Las menos son discusiones estrictamente militares, las más son en realidad discusiones sobre estrategias políticas, que tuvieron su expresión militar.

Pero, la verdad, creo que de alguna manera esto último es un balance “casero” sobre los errores cometidos, que ya no le importa demasiado a la sociedad. Por otra parte, me parece que no es a eso a lo que se refiere Levinas.

Pareciera más bien que lo que a él le preocupa es que hagamos un mea culpa por la lucha armada en sí, lo cual, como dije antes, me parece que no tiene ningún sentido.

Otro interrogante que plantea o surge de la nota de Levinas es sobre la responsabilidad de las organizaciones revolucionarias, y de su accionar armado en particular, como catalizador del golpe militar. O también como legitimador del mismo.

Es evidente que son muchas las circunstancias y causas que desembocaron en el golpe del 76. Creer que éste pudo haberse evitado si no se hubieran cometido errores políticos “izquierdistas” o “militaristas”, me parece muy ingenuo.

Es cierto que el golpe buscó prioritariamente destruir a las organizaciones revolucionarias, visualizadas como una amenaza más allá de sus reales capacidades disputar el poder por aquellos años. Pero sobre todo estuvo dirigido a alterar radicalmente la configuración política, social y económica y la dinámica de la lucha de clases.

Claro, sin Monte Chingolo, por citar sólo un ejemplo, el golpe hubiera estado menos legitimado. Creo realmente que la izquierda revolucionaria contribuyó a una polarización que no nos favorecía. Pero una cosa es decir que podríamos haber contribuido mejor a demorar el golpe, o a deslegitimarlo, etc, y otra cosa es pensar que nosotros lo provocamos.

O sea, creo que es equivocada la visión que sugiere una mirada retrospectiva diciendo algo así: “mirá cómo metimos la pata, qué quilombo que armamos y todo lo que nos costó, a nosotros y al país…”. Nosotros no inventamos la lucha de clases, ni la represión, ni la incapacidad de la burguesía argentina para encabezar un proyecto nacional viable e incluyente, entre otras cosas. Tampoco inventamos la violencia. Participamos de un movimiento popular y revolucionario legítimo, en el cual tuvimos aciertos y errores. Y lamentablemente no nos fue bien.

Cuando digo lamentablemente, no me refiero solamente a los compañeros muertos y la represión que sobrevino, sino al sufrimiento y la injusticia que tuvo que seguir padeciendo nuestro pueblo. Es decir, no sólo no conseguimos derrocar al capitalismo, sino que tampoco conseguimos torcer el rumbo de descomposición y de crisis de la sociedad argentina.

Finalmente, hay en la nota de Levinas un cuestionamiento a aquellos ex militantes revolucionarios que participan o apoyan al gobierno de Kirchner. Aquí creo que hay que considerar 2 cosas.

Por un lado, el gobierno de Kirchner es muy heterogéneo y contradictorio. Independientemente de la opinión que cada uno tenga sobre el mismo, es evidente que no expresa intereses abiertamente reaccionarios. Por lo tanto, no veo por qué y desde dónde alguien puede cuestionar éticamente que algunos ex militantes revolucionarios participen del mismo. Se puede disentir, estar en la oposición, etc, pero no tiene sentido un cuestionamiento moral hacia esa gente.

Por otro lado, y más importante, la pretensión de Levinas lleva implícita una gran confusión política. El mundo ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años, y hoy no se puede juzgar comportamientos como si la situación política fuera la misma o parecida.

Se puede concordar o no, pero el horizonte revolucionario se ha alejado mucho y el propio contenido de la utopía socialista hoy se ha puesto en cuestión. Muchos ex revolucionarios hoy ya no nos planteamos la revolución socialista, al menos tal como la imaginábamos, ni menos aún la construcción de un partido revolucionario. Otros puede ser que mantengan ese objetivo en el largo plazo pero reconocen que por el momento se trata de avanzar en transformaciones democráticas y sociales menos radicales.

Ello no quiere decir que no imaginemos alternativas para mejorar la vida de la gente, ya que la injusticia y la exclusión siguen tan o más acentuadas que antes. Pero un dato de la realidad es que hoy no está tan claro como antes, para decirle en términos suaves, cuál es el rumbo de un mundo mejor.

La crisis de la utopía, que le dicen. Lula no es un traidor, tampoco los chinos. Nadie sabe muy bien hacia dónde avanzar y cómo. Por lo tanto, siempre que no se bandeen a la derecha o a la corrupción, no tiene ningún sentido hoy plantear cuestionamientos éticos a la gente que no sigue en una posición de izquierda revolucionaria, o que cree que el gobierno de Kirchner es lo mejor que se puede conseguir hoy o que es un espacio abierto desde donde acumular fuerzas políticas transformadoras.

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